Frijoles rojos y arroz estilo Nueva Orleans

File Mar 28, 8 25 54 PM

El otro día, Joha y yo estábamos caminando en uno de los pasillos del supermercado buscando arroz, que por cierto, se ha convertido en un producto esencial en nuestra casa.

 

Al tomar el arroz del estante, noté que había bolsas de frijoles rojos cerca – viviendo en el sur de Luisiana, estos artículos son bastante combinables.

 

Para aquellos que no están familiarizados con este deleite sureño, con influencia netamente criolla (o creole), los frijoles rojos y arroz es una comida muy común en toda Luisiana y Mississippi. En particular, se sirve en las cafeterías de las escuelas, generalmente los lunes.

 

¿Por qué los lunes? Bien, históricamente en el sur, los domingos se hacían comidas grandes para la familia después de la iglesia. Generalmente, consistía en una pieza grande de jamón, cocinado con diferentes tipos de vegetales. Los lunes, cuando los hombres volvían a trabajar, los niños volvían a clases, las mujeres (amas de casa), dedicaban ese día para lavar toda la ropa de la semana. De esta forma, el primer día de la semana, las madres de familia, reutilizaban el hueso del jamón sobrante del domingo, y lo cocinaban con frijoles rojos en la estufa todo el día, mientras estaban afuera de la casa lavado. Es por eso que los frijoles rojos y el arroz son conocidos en el sur como un plato de lunes.

 

Como yo estudie en casa (homeschool) mi educación básica y media-superior, ignoraba la existencia de esta tradición de los lunes, hasta que entre a la universidad y note este patrón.

 

Cada lunes durante cuatro años, frijoles rojos con arroz estaban en la lista del buffet de la cafetería de la Universidad. Todos los lunes. Y aunque no los comí cada semana, me encantaban.

 

Yo crecí en Gulfport, Mississippi – a una hora al este de Nueva Orleans; después de terminar secundaria, preparatoria y dos años de universidad (junior collage), fui a la Universidad Estatal de Luisiana, y me mudé a Baton Rouge – a una hora al oeste de Nueva Orleans.

 

He pasado mucho tiempo en el famoso mundo de Nueva Orleans. Trabajando como músico, – cantando en las populares calles de Frenchmen y Bourbon. También como fotógrafo, capturando la belleza única de la ciudad, y explorando las opciones que la misma ofrece.

 

Es como si Nueva Orleáns tuviera un imán que me atrae hacia ella y sus excentricidades, su música, y especialmente, su comida.

 

Así que mientras estábamos en el pasillo de la tienda entre el arroz y los frijoles rojos, le dije a Joha: “¿Quieres hacer frijoles rojos y arroz?”

 

“¡Sí, hay que hacer eso!”. – Respondió.

 

Sólo había cocinado el plato una vez, y aprendí mucho de esa primera experiencia. Pero estaba decidido a hacer una buena olla y mostrarle a Joha la base de los sabores criollos (creole) que he aprendido a lo largo de los años. Cosas básicas, como el término “trinidad” (que es cebolla, pimiento y apio), así como lo que conforma un “roux” decente (la base de salsa bechamel), y qué especias llevan la mayoría de los “condimentos Cajun” (sal, pimienta negra, cebolla en polvo, ajo en polvo, pimienta de cayena (chile de árbol molido), en diferentes porciones, aumentando o disminuyendo ingredientes al gusto).

 

Para muchos, en el Sur de Estados Unidos, este platillo les recuerda su infancia. Pero a mí (que realmente no crecí en medio de la cultura de frijoles rojos y arroz de los lunes, sino hasta que supe de ella hasta que ya era joven adulto), me recuerda a la música – en particular, el jazz.

 

Recuerdo cuando fui a un estudio de grabación el año pasado, en donde grabamos las pistas vocales para el próximo álbum de la banda de unos amigos.

 

El estudio era como Nueva Orleans. Era pequeño, parecía que alguna vez fue la casa de alguien; tenia montones de historia pegada en las paredes, contada a través de fotos y arte; estaba lleno de música, con instrumentos en todas partes, e incluso plasmado en el arte alrededor del estudio.

 

Cante la canción que inicialmente era mi participación en el álbum, y empezamos a jugar grabando vocales para otras canciones. Pasamos un buen tiempo escuchando partes del nuevo álbum que aun estaba en proceso.

 

Después de eso, salí del lugar y maneje unas cuantas cuadras, hasta donde hay un sitio de comida del que se dice que tiene el mejor pollo frito de Estados Unidos: Willie Mae’s Scotch House. Pedí el pollo con la guarnición de frijoles rojos y arroz, y fue increíble.

 

Los frijoles rojos también me recuerdan el jazz, por la manera en que se cocinan – Cada ingrediente tiene un sabor diferente. A algunos les gustan dulces, a otros les gustan picantes. A mí, depende de mi estado de ánimo mientras estoy cocinando.

 

Esta es otra de esas recetas que tienen miles de variantes, por lo que recomiendo revisarla y tratar de hacerla, pero diferente.

 

¡Haz tuya esta receta y diviértete. Buen provecho!

 

 

 

Frijoles rojos con arroz estilo Nueva Orleans

 

 

INGREDIENTES

 

 

1 Libra de frijoles rojos (aprox. 1/2 kg)

 

1 Hueso de jamón

 

1 Cucharada de manteca (use grasa que suelta el tocino, manteca de cerdo, aceite, etc.)

 

4 Cucharadas de mantequilla

 

1 Cebolla blanca picada

 

1 Pimiento (Pimentón), picado

 

3 Tallos de apio, picados

 

3 Dientes de ajo picados

 

Agua cuando sea necesario

 

1 Litro de caldo de pollo

 

1 Cucharada de sal

 

1 Cucharadita de pimienta negra molida

 

1 Cucharadita de ajo en polvo

 

1 Cucharadita de cebolla en polvo

 

½ Cucharadita de Pimienta Cayena (Chile de árbol molido)

 

1 Cucharadita de tomillo seco y molido

 

½ Taza de perejil fresco picado

 

2 Hojas de laurel

 

1 Paquete de Salchicha (de preferencia Andouille)

 

 

 

Enjuague los frijoles y deje que se remojen en un recipiente con agua que los cubra durante la noche. Deje remojando los frijoles por lo menos 10 horas.

 

Caliente la grasa a fuego medio en una olla grande (si planea usar una olla de cocción lenta para los frijoles rojos, fría los ingredientes en un sartén grande en lugar de una olla). Sofría el ajo, las cebollas, los pimientos, el apio y una pizca de sal y pimienta, cuando la cebolla empiece a tornar traslucida, agregue el hueso de jamón. Agregue la mantequilla y deje que la mezcla se cocine hasta obtener un color dorado.

 

(Si desea agregar hierbas que no se encuentren en la lista de ingredientes, añádalas a esta mezcla). Yo sume albahaca fresca aquí en el pasado u otras hierbas que estaban creciendo en mi jardín.

 

Una vez la mezcla torne dorada, añadir el caldo de pollo, sal, pimienta, ajo en polvo, cebolla en polvo, pimienta de cayena, tomillo y perejil.

 

(Si está usando la olla de cocción lenta, transfiera todo a la olla en este momento)

 

Escurrir el agua de los frijoles rojos y añadir los frijoles en la mezcla que ahora es mayormente liquida. Revuelva y deje hervir (a menos que use olla de cocción lenta).

 

Añadir las hojas de laurel. Cubrir y dejar cocer a fuego medio-bajo durante 3 horas. Si está usando olla de cocción lenta, cubra y deje cocinar todo el día (6-8 horas).

 

Cuando quede alrededor de una hora para terminar de cocinarse, tomar un tenedor o una cuchara y aplastar la mitad de los frijoles rojos presionando contra alguna de las paredes de la olla. Esto le dará a la mezcla un estilo cremoso suave. Si usa olla de cocción lenta, saque la mitad de los frijoles, colocándolos en un tazón separado y aplaste con un tenedor. Una vez que la consistencia sea cremosa, vuelva a colocar en la olla.

 

Agregue la salchicha a la mezcla y continúe cocinando a fuego lento bajo.

 

(Añadir salsa picante o jalapeño si se desea un sabor picante)

 

 

* Pruebe constantemente, durante el proceso de cocción, y añada condimentos según lo desee.

 

** Si usa olla de cocción lenta, abstenerse de abrir mucho la olla una vez que haya empezado a cocinarse. Los profesionales afirman que cada vez que se abre la tapa de la olla, se pierden 30 minutos de tiempo de cocción.

 

Por separado, preparar arroz blanco.

 

Servir los frijoles rojos con arroz.

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New Orleans style Red Beans and Rice

Just the other day, Joha and I were walking through a grocery store aisle to buy some rice, which has become an essential food item in our household.

As we picked up the rice, I noticed bags of red beans placed nearby – living in South Louisiana, these items are synonymous with one another.

For those unfamiliar with this southern, more notably creole, delight, Red Beans and Rice is an extremely common meal throughout Louisiana and Mississippi. It’s served in every school cafeteria, usually on Mondays.

Why Mondays? Well, historically in the South, Sundays were for large meals for the family after church, usually consisting of a Sunday Ham and lots of vegetables and such, while Mondays were when the men went back to work, the children went back to school, and the women washed all the clothes. So on those Mondays, the mothers would repurpose the ham bone and cook it with red beans on the stove all day while they were outside washing. That’s why Red Beans and Rice is known in the South as a Monday dish.

As a homeschool student, I didn’t know about the Monday recurrence until I was in college when I noticed the pattern.

Every Monday for four years, Red Beans and Rice was on the cafeteria buffet line. Every single Monday. And though I didn’t eat it every single week, I loved it.

I grew up in Gulfport, Mississippi – an hour East of New Orleans; then after high school and junior college, I went to Louisiana State University and moved to Baton Rouge – an hour West of New Orleans.

I’ve spent a lot of time in the world famous New Orleans, working as a musician – singing on Frenchmen and Bourbon streets; and as a photographer, catching the unique beauty; and simply exploring what the city has to offer.

It’s almost as though New Orleans is a magnet to me, and I am drawn to it and its eccentricities; its music. And especially its food.

So as we stood in the grocery store aisle between the rice and the red beans, I said, “hey, you want to make red beans and rice?”

“Yeah, let’s do that!” she responded.

I’ve only cooked the dish once before, and I learned a lot from the first experience, so I was determined to make a good pot and show Joha the basics of creole flavors that I’ve learned throughout the years. Basics, like the term “trinity” (which is onion, bell pepper, and celery), what’s in a decent roux, and what spices are in most “Cajun seasonings” (salt, black pepper, onion powder, garlic powder, cayenne pepper in varying proportions, give or take a couple ingredients).

To many around the South, this dish reminds them of their childhoods, but to me (because I really wasn’t completely enveloped in the Red Beans and Rice Mondays culture until later in life) it reminds me of music – in particularly, Jazz music.

I remember going to a recording studio last year and laying down vocal tracks for a friend’s band’s upcoming album.

The studio was just like New Orleans – it was small; felt like it was once someone’s home; it had tons of history plastered on the walls with photos and art; and was filled with music, with instruments everywhere and even embedded in the artwork around the studio’s entirety.

I sang the song I was to be featured on, and then we played around with some vocal parts to other songs, and just had a good time listening to parts of the unreleased album.

Then I left and drove a few blocks away to a place that’s been said to have the best fried chicken in America – Willie Mae’s Scotch House. I ordered the chicken with a side of Red Beans and Rice, and it was incredible.

Red Beans also reminds me of jazz because of the way it’s cooked – everybody’s has a different flavor. Some like it sweet, some like it spicy, but for me it depends on my mood while I’m cooking.

This is another one of those recipes that has tons of variants, so I recommend looking over this recipe and then doing it, but different.

Make this recipe your own, have fun, and enjoy the meal!


New Orleans stlye creamy Red Beans and Rice

1 lb Red Beans

1 ham hock

1 tbsp. grease (use bacon grease, lard, oil, etc)

4 tbsp butter

1 white onion, chopped

1 bell pepper, chopped

3 stalks celery, chopped

3 cloves garlic, minced

Water as needed

1 container (32 oz) Chicken Stock

1 tbsp Salt

1 tsp Black Pepper

1 tsp Garlic Powder

1 tsp Onion Powder

½ tsp Cayenne Pepper

1 tsp Dried Thyme

½ cup chopped fresh Parsley

2 Bay Leaves

1 package of Andouille Sausage

Rinse beans and allow to soak in a bowl filled with water overnight. Once the beans have been soaking for at least 10 hours;

Heat grease on medium heat in a large pot (if you plan to use a crock pot for the red beans, sauté these ingredients in a large pan instead of a pot). Sauté garlic, onions, bell peppers and celery and add a pinch of salt and pepper, then add ham hock. Add butter and allow mixture to cook down to a golden color.

(If you wish to add herbs other than what is listed in ingredients list, add them to this mix. I have added fresh basil here in the past or other herbs that were growing in my garden.)

Once golden brown, add chicken stock, salt, pepper, garlic powder, onion powder, cayenne pepper, thyme and parsley.

(If using crockpot, transfer everything into the crockpot now)

Drain water from red beans and add beans into the soupy mix. Stir and let boil (unless using crockpot).

Add bay leaves. Cover and let cook on low-medium heat for 3 hours. If using crockpot, cover and let cook on low all day (6-8 hours).

With about an hour remaining, take a fork or spoon and smash about half the red beans on side of pot. This will give the mixture a smooth creamy style. If using a crockpot, remove half the beans, placing them in a separate bowl and smash them with a fork. Once creamed, place back into crockpot.

Add sausage to mix and continue to let simmer on low-medium heat.

(Add hot sauce or jalapeño pepper if desired for spice.)

*Continuously taste throughout process and add seasonings as desired.

**If using crockpot, refrain from opening top a lot. Professionals claim that each time the crockpot’s top is opened, it’s like you lose 30 minutes of cook time.

Separately, prepare rice to serve with red beans.

Serve Red Beans with Rice.

Mama Juanita’s Tostadas de Tinga

My husband and I are on a pretty tight budget. We are actually living off of about $80 a week on groceries – that’s like $12 a day for two people; which is like $2 a meal per person, if my math is correct.

One way we’ve found that saves a lot of money on chicken is to purchase a whole frozen chicken and break it down ourselves, instead of buying packs of chicken breasts or wings or some other part already butchered.

I usually take the ribs, neck and other unused bones and boil them to make a stock, and then pick the meat off those bones to use in dishes.

Today, as I started separating good meat from bone and cartilage, I remembered family members doing the same as I was growing up.

I started thinking about my grandma.

Mama Juanita.

Mama Juanita was one of the most loving and caring women I’ve ever known. When my family moved to Mexico from Venezuela, we moved in with her and my grandpa for a few months, and I learned so much from her, and about her, in that time.

I learned that when she got married to my grandpa – whose mother died years prior to their marriage – she took on the responsibility of her husband’s young brothers, who were orphaned. She adopted them, becoming a mother of four immediately upon marriage.

She and Grandpa then went on to have six daughters and a son, and Mama Juanita’s job for most of her life was to be a mother and wife.

She showed love through actions … and through food.

I began thinking of one of the first foods she taught me how to make – Tostadas de Tinga, which is a common dish in Mexico made of shredded chicken and a tomato-based sauce on top of a fried tortilla.

I was a 14-year-old junior high student and had just gotten home from school. I looked around and realized that my mother had already bought groceries and uncooked food was in the kitchen, and I was home alone.

But I was hungry. I didn’t want to wait for mom to come home and cook.

I already knew how to cook rice, so I was pretty sure I could handle any other culinary challenge. So I decided, after seeing the ingredients at my avail, to make Tostadas de Tinga.

But the problem was that I didn’t know how to make the staple dish.

So I called Grandma, then walked about a block to her house, grocery bags in hand, knowing that she would teach me how to prepare the dish. Honestly, I was hoping that she would just cook the meal for me and I’d learn as she cooked.

So I brought the groceries to her kitchen and prepared to help Mama Juanita with the meal she would surely make for me.

Something she always said (and now my mom says) is that “Somebody that helps is always welcome,” and I was sure that I was going to be a good helper.

But Grandma had different plans.

She sat down and explained each step to me as I completed each task, from peeling and cutting onions to placing the meat on the tostada shell.

So that day, I learned how to make Tostadas de Tinga, and I’ve never forgotten.

Mama Juanita passed away in 2012, but she left plenty of great memories and great food. And it’s amazing how those foods can bring back those memories!

I loved my grandma; and she loved me. My name – Johana – actually derived from “Juana,” which I take pride in because I know I will always have a piece of her with me.


 

TINGA

[Tinga can be eaten several ways – in tacos, on tostadas (my preferred way, with sour cream and queso fresco), with rice and beans, or a myriad of different ways.]

 

1 Large chick breast, shredded

3 Tomatoes

½ White Onion

2 Cloves of Garlic

Small bunch of fresh Cilantro (not enough to make the sauce green, just try to use your common cooking sense)

1 Cup Chicken Stock

1 Chipotle Pepper in adobo sauce (canned chipotle or fresh)

Salt, to taste

Pepper, to taste

1 tsp Cumin

 

Cut onion in thin slices and sauté on medium heat

While onions are cooking, blend tomatoes, garlic, cilantro, chipotle and about ½ cup of chicken stock

When onions turn translucent, add blended mix.

Add cumin to sauce and stir.

After about 5 min on medium heat, add chicken to sauce and continue stirring.

Add salt and pepper.

Let cook 5-10 minutes, stirring occasionally.

 

*You will have about ½ cup of Chicken stock left over. This is so if/when the Tinga begins to dry out, add more chicken stock to keep saturated.

**If you want the Tinga spicier, blend more chipotle with some chicken stock and add to mix.

Las tostadas de tinga de Mama Juanita.

File Mar 24, 1 39 36 AM

Mi esposo y yo estamos en un presupuesto bastante ajustado. En realidad, estamos gastando cerca de $80 por semana en comestibles – que son alrededor de $12 al día para dos personas; que a su vez se traduce en $2 por comida por persona, si mis matemáticas son correctas.

 

Una manera que hemos encontrado que ahorra dinero en carne, es comprar un pollo congelado entero, y cortarlo nosotros mismos, en vez de comprar paquetes de pechugas de pollo, alas, o alguna otra parte ya empaquetados.

 

Por lo general, tomo las costillas (huacal), el cuello, cartílago y otros huesos (retazo), que muchos normalmente no usan. Lo hiervo para hacer caldo de pollo; luego tomo los huesos y separo la carne que queda al rededor.

 

Hoy, mientras estaba repitiendo este proceso, recordé momentos de mi infancia en que vi miembros de la familia hacer lo mismo una y otra vez.

 

Pensé en mi abuela:

 

Mama Juanita.

 

Mamá Juanita fue una de las mujeres más cariñosas, llena de amor y cuidado que he conocido. Cuando mi familia se mudó a México desde Venezuela, nos mudamos con ella y mi abuelo por unos meses, y aprendí mucho de ella, y a cerca de ella, en ese tiempo.

 

Aprendí que cuando se casó con mi abuelo -cuya madre había muerto años previos a su matrimonio- asumió la responsabilidad de los hermanos menores de su marido, que habían quedado huérfanos. Los adoptó. Convirtiéndose en madre de cuatro hijos inmediatamente después del matrimonio.

 

Ella y mi abuelito tuvieron seis hijas y un hijo, y el trabajo de mamá Juanita durante la mayor parte de su vida fue ser madre y esposa.

 

Ella mostró amor a través de acciones … y, por supuesto, a través de la comida.

 

Comencé a pensar en uno de los primeros platillos que ella me enseñó a hacer: Tostadas de Tinga, que es un plato común en México hecho de pollo desmenuzado y una salsa a base de tomate encima de una tortilla frita.

 

Yo era estudiante de secundaria de 14 años de edad y acababa de volver a casa después de clases. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que mi madre ya había comprado víveres, yo estaba sola en casa y no había comida cocinada.

 

Tenía hambre, y no quería esperar a que mamá volviera a casa a cocinar.

 

Ya sabía como cocinar el arroz, así que estaba bastante segura de que podría manejar cualquier otro desafío culinario. Así que decidí, después de ver los ingredientes a mi alcance, hacer Tostadas de Tinga.

 

Pero el problema era que no sabía como preparar ese platillo tan típico.

 

Así que llamé a mi abuela, caminé una cuadra hasta llegar a su casa, con las bolsas de supermercado en mano, sabiendo que ella me enseñaría a preparar el deseado platillo. Honestamente, esperaba que ella lo cocinara, y yo aprendiera mientras ella lo hacia.

 

Puse los víveres en su cocina lista para ayudar a mamá Juanita a preparar la comida para mi.

 

Algo que ella siempre decía (y ahora mi mamá dice), es que “Una persona acomedida cabe en todas partes“, y yo estaba segura de que iba a ser una buena ayudante “acomedida” en su cocina.

 

Pero ella tenía otros planes.

 

Se sentó y me explicó paso a paso mientras yo terminaba cada parte de la receta, desde pelar y cortar cebollas hasta colocar la tinga ya preparada en la tostada.

 

Así que ese día, aprendí a hacer Tostadas de Tinga, y nunca he olvidado su receta.

 

Mama Juanita falleció en 2012, pero dejó una gran cantidad de recuerdos y buena comida. Es maravilloso como ciertas comidas pueden traer de vuelta a nuestra mente tantos recuerdos!

 

Yo amaba profundamente a mi abuela; Y ella me amaba también. De hecho, mi nombre – Johana – deriva de “Juana”, que porto con orgullo, porque sé que con el, siempre llevaré un pedacito de ella conmigo.

 


 

TINGA

 

[Tinga se puede comer de varias maneras – en tacos, en tostadas (mi forma preferida, con crema y queso fresco), con arroz y frijoles, o de diferentes formas.]

 

1 Pechuga grande de pollo cocida y desmenuzada (despechada)

 

3 Tomates grandes

 

½ Cebolla blanca/amarilla

 

2 Dientes de ajo

 

Pequeño racimo de Cilantro fresco (no tanto como para hacer que la salsa torne verde, sólo trate de usar su sentido común de cocina)

 

1 Taza de caldo de pollo

 

1 Chipotle en salsa de adobo (chipotle enlatado o fresco)

 

Sal al gusto

 

Pimienta al gusto

 

1 Cucharadita de comino

 

1 Cucharadita de aceite de maíz (o el que use normalmente en su cocina)

 

INSTRUCCIONES

 

Corta la cebolla en rodajas finas y saltea a fuego medio con un poco de aceite.

Mientras cebolla se esta cociendo, licua los tomates, ajo, cilantro, chipotle y aproximadamente ½ taza de caldo de pollo

Cuando las cebollas se tornen translúcidas, agrega la mezcla de tomates que se licuaron.

Añade el comino a la salsa y revuelve.

Después de unos 5 minutos a fuego medio, agrega el pollo a la salsa y continúa agitando.

Añade sal y pimienta.

Deja cocinar 5-10 minutos, revolviendo de vez en cuando.

Prueba la tinga y sirve.

 

* Usa la ½ taza de caldo de pollo que sobra, si la Tinga comienza a secarse mientras cocina. Añade más caldo de pollo para mantenerla jugosa.

** Si se quiere hacer mas picante la Tinga, licua más chipotle con un poco de caldo de pollo y agrega a la mezcla mientras se cocina.

 

Indian Curry and Naan

My husband loves words. He’s spent the majority of his professional career as a journalist in Mississippi and Louisiana.

He also loves games.

So naturally, he enjoys a good crossword puzzle – which he was doing last week when he had a “tip of the tongue” moment.

“Babe, what’s that Indian bread called? Nam? Nan?” he asked, adding that it was a 3-letter word beginning with N.

Suddenly, I was transported to my first time in India, and I smelled the smells and tasted the flavors … it made me want to make curry.

My first trip to India was in 2010. I spent six weeks in Mumbai working in an orphanage and the eunuch community.

My first day in the country, I was served meat and curry with nan (or naan) bread. That bread was heavenly. My Mexican-Venezuelan heritage had me thinking the nan was a fluffy version of the tortilla. Watching the people spin the dough overhead like a pizza, and the way they manipulated the not-yet-baked bread … it was just so beautiful.

The curry was … not so beautiful. At first.

We ate curry every day. For every meal. And I wasn’t extremely fond of it from the start. It just wasn’t my taste. But I ate it and was grateful for those serving us. But to be candid, I dreaded meal-time because I knew it was just going to be another type of curry.

During this same trip to Mumbai, I had the opportunity to see the magnificence that is the Taj Majal. And I don’t regret much in my life, but one thing I regret still to this day is not going to see the Taj Majal when I had the chance.

The truth is, I wanted to go. But after I expressed interest in going to walk around the beautiful palace, my traveling partner at the time said, “ehh, it’s just a building. I don’t want to go.”

So we didn’t.

::sad face::

Then the six weeks ended and I left India and went back to Singapore, where I was living at the time.

One day while in Singapore, I was told that I could get a hold of plantains – a Mexican and Venezuelan food staple – at the Tekah Market in Little India, a well known area of Singapore.

Because I love cooking, especially cooking plantains, I boarded the MRT and headed to Little India one Saturday.

While I was there, the smells of Indian food permeated the food court area – the powerful flavors hit my nose and so many other senses and I not only remembered India and the food, I started missing it.

That’s when I fell in love with Indian food. Not while in India, but in Singapore.

So I rode to the market in Little India every Saturday, watching closely to what the chefs were putting in their curries. Every time I had an opportunity to try someone’s curry, I took advantage of the chance and tried to pinpoint the different flavor profiles.

I tried curry in Singapore. In Malaysia. In Thailand. And then I remembered something – I remember a moment when the woman who cooked at the orphanage while I was in India explained to me how to make curry!

I didn’t care at the time (though I listened with a big smile), because I didn’t really like it – I think my reason for not enjoying it at the time was because I was dealing with culture shock and the curry was a big part of it – but in this season, as I was falling in love with the flavors of Indian food, I cared. I cared a lot. And that’s when I started cooking curry.

“Oh, nevermind. I got it. It’s nan.” My husband said, referring to his crossword puzzle.

“Oh yeah! It’s nan!” I repeated.

So I decided to make curry and nan.

I’m usually terrible with presenting recipes, and rarely follow them anyway, but I’m going to do my best to give you my recipe for my curry, and also nan bread.

The beauty of curry – and one of the reasons this is my first blog post – is that there’s no strict recipe; there’s simply a guide.

The Southern region of India tends to be more aggressive and spicy with their seasonings. The coconut milk added in the recipe gives more balance and mellows out the dish – but if you want powerful flavors, add less Coconut milk, and add more spice.

So, here’s what’s in curry (and I’ll do my best to give portions of each ingredient), and my nan recipe is below that:


CURRY

Coconut Oil

Chicken (or whatever meat you want, or make it vegan with potatoes and/or tofu)

2 tbsp Curry Powder

3 cloves

1 tbsn Cardamom (I substituted nutmeg, because we didn’t have Cardamom – which is a spice similar to a mix of nutmeg, cinnamon and ginger)

1 tbsn Nutmeg (which was my substitute)

1 tsp Cinnamon

1 tsp Corriander

dash of Turmeric – don’t add too much. It tends to make the curry bitter after a while cooking. The coriander I added was to balance this effect

2 Tomatoes, blended

3 Garlic cloves, minced

small piece of Ginger root, minced

½ white Onion, chopped well

1 Green Onion stalk, chopped well (Shallots can be used instead of Green Onion. I didn’t have Shallots, so I substituted that with the Green Onion)

¼ cup plain Yogurt (This is a substitution for Coconut Milk that I was told about in Malaysia. But be careful, if you cook the yogurt too long, it will have a reaction with the turmeric and make things bitter. To avoid this, use only Coconut Milk)

1/6 cup Coconut Milk. I didn’t have it when I started cooking, but my husband was gracious enough to go grab some from the store. Make sure it’s Coconut Milk, not Coconut milk drink or Coconut Water.

Salt, to taste

Pepper, to taste

——

Mix dry ingredients, making a powder and set aside.

Season chicken with salt and pepper and in coconut oil until it browns – don’t cook thoroughly – we will cook it further later in the recipe.

Leave oil in pan and sauté onion, ginger and garlic. Once they become golden brown, mix dry powder to create a paste-like substance, then add the blended tomatoes. Stir continuously as it cooks.

Stir in yogurt, then coconut milk and then add chicken and let simmer.

I also added potatoes.

Add salt and pepper, to taste and let simmer on medium/low heat, stirring occasionally.

Taste it! If the curry tastes bitter, add a little more coconut milk and a dollop of sour cream, or a bit of lime juice.

Spoon onto rice and enjoy!


NAN

1 tsp sugar

½ cup warm water

1 ½ tsp active dry yeast

2 ½ cups all-purpose flour

¼ cup plain yogurt

1 tbsp olive oil

dash of salt, to taste

Add sugar and water in bowl, and yeast – and let rest, covered, for 10 minutes.

Take flour and make volcano structure on counter surface, then pour water mixture slowly into the mouth of the “volcano.”

Mix with your hands until it is dough. Add flour if needed for desired doughy-ness.

Add yogurt, salt and oil and continue mixing until dough is no longer sticky.

Take the dough and cover it with a towel and let rest in a warm place for 45-60 minutes to allow yeast to work.

Knead dough further.

Tear dough into at least 12 balls of dough.

Flatten dough. Cook in pan with oil until desired browning is accomplished.

 

Curry indio y Naan (Pan)

File Mar 20, 11 36 01 PM

A mi esposo le encantan jugar con letras y palabras. Ha pasado la mayor parte de su carrera profesional como periodista en Mississippi y Louisiana.

 

Le gustan mucho los pasatiempos.

 

Por esa razón, disfruta mucho llenar crucigramas, que era lo que estaba haciendo la semana pasada, cuando tuvo uno de esos momentos de: “tengo la palabra en la punta de la lengua”.

 

“Amor, como se llama el pan indio? Nam? Nan?” – Me pregunto diciéndome también que era una palabra de tres letras que comenzaba con la letra “N”.

 

De pronto, mi mente se transporto a mi primer viaje a India, y empecé a oler todos aquellos diferentes aromas y sabores… me provoco ganas de preparar curry.

 

Mi primer viaje a India fue en 2010, y estuve alrededor de 6 semanas en Mumbai, trabajando en un orfanato y con la comunidad de eunucos.

 

En mi primer día en el país, me sirvieron curry, y pan indio “nan” (o naan). Mi primer bocado a aquel pan fue una experiencia celestial. Mi herencia venezolana-mexicana me llevo a describir nan como una versión mas inflada de las tortillas. Ver a la gente que preparaba la masa, maniobrando sobre sus cabezas como si fuera masa de pizza fue una hermosa experiencia para mi.

 

Por el contrario, mi experiencia con el curry… no fue tan hermosa al principio.

 

Come curry todos los días, a todas horas. Por alguna razón, no era del gusto de mi paladar. A pesar de eso, lo comí con una sonrisa, agradecida por quienes nos servían. Aunque honestamente, contaba las horas para la siguiente hora de comida, porque sabia que seria otro tipo de curry.

 

Durante ese mismo viaje a Mumbai, consideramos la posibilidad de disfrutar y ver la magnificencia del Taj Majal. No me arrepiento de muchas cosas en la vida, pero una de ellas (hasta el día de hoy), es no haber ido a verlo cuando tuve la oportunidad.

 

La verdad, es que quería ir. Pero después de expresar mi interés de ir y caminar alrededor de aquel maravilloso palacio, mi compañera de viaje en aquel tiempo me dijo “ah, es solo un edificio. No quiero ir.”

 

Así que no fuimos…

 

::carita triste::

 

Las seis semanas de viaje terminaron y deje India, regrese a Singapur, en donde estaba viviendo en aquel tiempo.

 

Un día en Singapur, alguien me dijo que podía conseguir plátanos (plátanos machos)- que es un alimento común en la comida mexicana y venezolana – en Tekah Market, in Little India, un área muy concurrida en Singapur.

 

Así que, como disfruto mucho cocinar, en especial platinos, tome el MRT en dirección a Little India un Sábado por la mañana.

 

Mientras estaba ahí, el olor de comida india siendo cocinada lleno el área de comida del mercado – la combinación de esos poderosos aromas lleno mi sentido del olfato y otros de mis sentidos, haciéndome recordar no solo India y su comida, sino que me hizo empezar a extrañar.

 

Fue en ese momento cuando me enamore de la comida india. No mientras estaba en India, sino en Singapur.

 

Así que, empecé a ir al mercado en Little India todos los sábados, observando con mas atención lo que los cocineros ponían en sus diferentes tipos de curry. Cada vez que tuve la oportunidad de hacerlo, probé curry de diferentes personas y aproveche las diferencias para empezar a definir perfiles en los sabores.

 

Probé curry en Singapur, Malasia y Tailandia. Y tiempo después recordé algo – Recordé un día mientras estaba en el orfanato en India, cuando la persona que cocinaba me explico como hacer curry!

 

En aquel momento no me importaba (aunque escuche la explicación de la mujer con una sonrisa de oreja a oreja), porque como mencione antes, el curry no era de mi interés en aquel tiempo – Creo que la razón por la que no lo disfrutaba, es porque estaba pasando por una etapa fuerte de choque cultural, y el curry tuvo mucho que ver con eso – Pero en esa nueva etapa, empecé a encontrar un nuevo amor por los sabores de la comida india, así que ahora me importaba, me importaba mucho. Y fue así como empecé a cocinar curry.

 

“Oh, olvídalo, ya me acorde. Es “nan”. Dijo mi esposo, refiriéndose a su crucigrama.

 

“Si! Es nan!” – Repetí.

 

Así que decidí hacer curry y nan.

 

Normalmente soy terrible para dar recetas, pocas veces las sigo. Pero hare mi mayor esfuerzo para compartir la receta del curry, y también del “nan”.

 

Una de las bellezas del curry – y una de las razones por las que este fue mi primer articulo – Es porque no existe una receta estricta a seguir; es únicamente una guía.

 

En la zona sur de India tienden a cocinar con condimentos y sabores mas fuertes. La leche de coco añadida en la receta ayuda a dar balance y condensar todos los condimentos uniformemente en el platillo – pero si te interesa sabores mas fuertes, añade menos leche de coco y poco mas de picante.

 

A continuación se encuentran los ingredientes del curry (como dije, hare mi mejor esfuerzo en dar las porciones aproximadas para cada ingrediente). También la receta del pan se encuentra a continuación :

 


 

CURRY

 

Aceite de coco

 

Pollo (o cualquier carne que se desee cocinar. Si es vegetariano, papas y/o tofu)

 

2 Cucharadas de curry en polvo

 

3 Dientes de ajo

 

1 Cucharada de Cardamom (sustituí con nuez moscada, porque no teníamos cardamom – que es una especia similar a una mezcla de nuez moscada, canela y jengibre)

 

1 Cucharada de nuez moscada (que fue mi sustituto)

 

1 Cucharadita de canela

 

1 Cucharadita de semillas de Cilantro (o un ramito fresco)

 

1 Pista de Cúrcuma – no añadir demasiado. Tiende a hacer el curry amargo después de un tiempo de cocción. El cilantro que agregué fue para equilibrar este efecto

 

2 Tomates, licuados

 

3 Dientes de ajo picados

 

1 Pedazo pequeño de raíz de jengibre, picada

 

½ Cebolla blanca bien picada

 

1 Tallo de Cebollín (Cebolla cambray), bien picado (se puede usar chalote en lugar de cebollín. Yo no tenía, así que lo sustituí)

 

¼ Taza de yogurt natural (Esto es una sustitución de la leche de coco que alguien me dijo en Malasia. Pero con cocina cuidado, si se cocina el yogurt demasiado tiempo, tendrá una reacción con la cúrcuma y amargara el platillo. Si es posible, sustituye la misma porción con leche de coco)

 

1/6 Taza de leche de coco. (No tenia cuando empecé a cocinar, pero mi esposo, amablemente fue a la tienda a comprar.) Asegúrate de que es leche de coco, no agua de coco.

 

Sal al gusto

 

Pimienta al gusto

 

 

Mezcla los ingredientes secos, hacerlos polvo y reservar.

 

Sazone el pollo con sal y pimienta y en aceite de coco. En un sartén a fuego medio-alto cocine hasta que se dore la superficie – no cocine a fondo – lo terminaremos de cocinar más adelante en la receta.

 

Saca y escurre la carne, deja reposando a un lado. Deja el aceite en el sartén y saltea la cebolla, el cebollín, el jengibre y el ajo. Una vez que tornen un color marrón dorado, añade el polvo seco para crear una masa pegajosa, después agrega los tomates ya licuados con cilantro (si es fresco). Revuelve continuamente mientras cocina a fuego bajo-medio.

 

Agrega el yogurt, luego la leche de coco. A continuación, añade el pollo y deje que hierva a fuego lento hasta que la carne este completamente cocida.

 

(También añadí papas a mi curry).

 

Agrega la sal y la pimienta, al gusto y deja cocer a fuego medio / bajo, revolviendo de vez en cuando.

 

¡Prueba! Si el curry sabe amargo, agrega un poco más de leche de coco y una cucharada de crema agria, o un poco de jugo de limón.

 

Sirve sobre arroz y buen provecho!

 

 

NAN

 

1 Cucharadita de azúcar

 

½ Taza de agua tibia

 

1 ½ Cucharadita de levadura seca activa

 

2 ½ Tazas de harina de trigo

 

¼ Taza de yogurt natural

 

1 Cucharada de aceite de oliva

 

Sal al gusto

 

 

Añade en un tazón el azúcar, el agua y la levadura – Deja reposar, cubierto en un lugar tibio sin mover, durante 10 minutos.

 

Toma la harina y esparce en una superficie plana en donde se amasara la masa. Haz un volcán, luego, vierte la mezcla de agua lentamente en la boca del “volcán”.

 

Mezcle con las manos hasta que se convierta en masa. Agregue mas harina si es necesario para lograr la consistencia deseada.

 

Añade yogurt, sal y aceite y continuar mezclando hasta que la masa ya no sea pegajosa.

 

Toma la masa y cubre con una toalla y deja reposar en un lugar cálido durante 45-60 minutos para permitir que la levadura surta efecto.

 

Amasa la masa un poco más.

 

Divide la masa en por lo menos 12 bolas de masa.

 

Aplana con un rodillo cada una de las bolitas de masa en forma circular. Coloca la masa aplanada en un sartén previamente calentado en la estufa con unas gotas de aceite. Cocina por ambos lados hasta que estén cocidas.

Introductions

 

 

Hi! I’m Johana Williams, and this is Joha’s Table!

I decided to start this blog after my husband persisted that I share my stories and recipes with the world – and the name, “Joha’s Table?” Well, what better place is there to talk about life and food than at the dinner table?

So why are my stories and recipes worth sharing? Well, I think it’s because of my unique experiences in travel and the styles with food that I’ve learned. I’ve been all over the world – growing up in Barquisimeto, Venezuela and Mexico City, Mexico; and I spent six years in Southeast Asia and have traveled throughout Europe.

My husband grew up in the Southeast region of the United States feasting on soul food and has spent a lot of time in New Orleans, Louisiana, a city known for their food and stories. He has traveled to and from Africa and has picked up on many different flavor profiles everywhere he’s gone, as he too loves to cook.

So if you’re interested in food and learning new recipes (or old recipes with a new twist), or you love different cultures and stories of travel, then stay tuned to Joha’s Table!