Escuela en casa / Tomates verdes fritos

Ayer, mientras estaba contándole a un amigo sobre este blog, me pregunto ¿Qué significa “Joha’s Table” (la Mesa de Joha)? ¿Por qué ese nombre para el blog?

 

Mi reacción inicial fue responder con un poco de sarcasmo y broma – quería recalcar que el nombre de mi esposa es Joha, y la comida se pone sobre una mesa.

 

Cuando estaba a punto de responder, me detuve y decidí ir en diferente dirección. “La mesa es el lugar en donde regularmente encuentras comida”, comenté. “Pero también es un lugar donde las familias se sientan y hablan de su día. Un lugar donde los amigos comparten historias. ”

 

Ocurren tantas cosas en la mesa. Muchas veces, es donde pasa la vida – y eso es realmente lo que este blog se supone que debe ser. No sólo sobre comida, sino sobre la vida.

 

Cuando era niño, la mesa del comedor estaba completamente limpia y sin nada sobre ella contadas veces al año. – Día de Acción de Gracias, Navidad, Semana Santa, cuando alguien importante venia a visitarnos. Pero la mayor parte del tiempo estaba llena de libros escolares, tareas y proyectos en desarrollo.

 

La mesa estaba cubierta con esos artículos porque mi hermano mayor, mi hermana menor y yo estábamos siendo educados en casa (Escuela en casa o conocido en ingles como “homeschool”).

 

Todas las mañanas, mi padre se iba a trabajar – ya que teníamos un negocio de limpieza de alfombras -. Mi madre nos despertaba e íbamos a la sala y teníamos un tiempo devocional y de oración diario, desayunábamos, y luego empezábamos nuestros trabajos escolares, (a veces todavía en pijama, pero por lo general nos cambiábamos).

Mis padres decidieron, incluso antes de que tuviera edad para empezar escuela, que querían educarnos en casa (homeschool).

 

Ellos aluden al hecho de que querían que creciéramos en un ambiente controlado de aprendizaje, en el que pudieran concentrar sus esfuerzos en las áreas en donde necesitábamos mas, y permitirnos maximizar nuestras destrezas académicas en áreas en las que éramos destacados.

 

Habían hecho investigaciones sobre los planes de estudios para diferentes asignaturas, y cuál sería el que mejor se adaptaría a nuestras necesidades individuales.

 

A menudo, cuando le comento a la gente que fui educado en casa, desde Preescolar hasta Preparatoria, no pueden creerlo, porque “parezco tan normal”, o “soy muy sociable”.

 

Yo atribuyo eso a que la razón por la que mis padres eligieron este método de educación, no fueron razones religiosas. No era para mantenernos alejados de la gente, o grupos sociales, o “peligro”. Fue principalmente por razones académicas. (probablemente también por razones financieras, pues mandar tres hijos a escuelas privadas mientras eres dueño de una pequeña empresa quizás no augura mucha libertad financiera).

 

Yo establecí y mantuve relaciones con otros niños en mi vecindario a través de actividades extracurriculares, como deportes en mi comunidad, y mi participación en organizaciones como 4-H, mi iglesia y el grupo de jóvenes.

 

Creo que si a mi mama le preguntaran cuál fue la mayor ventaja de educar a sus hijos en casa, diría que a veces podía crear su propia currícula (materias), basándose en los criterios del estado en donde vivíamos para que aprendiéramos un tema específico.

 

Como es el caso de la materia de “Economía en el Hogar”. En las escuelas de todo Mississippi, los estudiantes tomaban “Economía en el Hogar” y aprendían a cocinar, a coser y otras cosas mas. Mi madre usó la materia de Economía en el Hogar como una oportunidad para enseñarnos a cocinar algo – y luego, nos hacía cocinar la cena.

A medida que crecíamos, ella trabajaba menos. Su plan de estudios comenzó a liberar su tiempo, porque nuestra escuela era cocinar y limpiar!

 

Debería existir una ley contra eso, ¿Verdad? Jaja

 

Recuerdo que plantamos un jardín en el patio trasero de nuestra casa. Comenzamos a cultivar tomates, pepinos, calabazas, pimientos, okra y otras verduras. Todos los días lo cuidábamos, regando las plantas, quitando la maleza, y tuvimos buenas cosechas de el.

 

Esos jardines, fueron incorporados a un plan de estudios creado por mi mama, y nos enseñaron mucho. Aprendimos sobre preparación y planificación. Teníamos que cultivar la tierra; así como planear qué plantar, y en dónde hacerlo.

 

La plantación, mantenimiento y la responsabilidad en general, porque teniamosque poner la semilla en el suelo y cuidar de cada una de ellas, todos los días, regándolas y eliminando las malas hierbas que crecían alrededor.

 

Vimos fracaso y éxito – tuvimos cosechas abundantes en muchas ocasiones, mientras que otras, las plantas no crecieron o murieron.

 

Aprendimos mucho a través de esos jardines.

 

Muchas veces fue el jardín en sí que nos enseñó lecciones, otras veces mamá nos compartió su conocimiento. Como cuando las cosechas empezaron a aparecer, ella nos mostró cómo cocinar las diferentes verduras y hortalizas.

 

Había años en los que teníamos tantos frutos del jardín, que comenzamos a llevar verduras a la iglesia para compartir con otras familias – Eso nos enseñó la importancia de dar, y generosidad.

 

Recuerdo que algunas calabacitas llegaban a mediar hasta casi dos pies de largo. (aprox. 60 centímetros). En las temporadas en que las hortalizas crecían tanto, y teníamos cosechas grandes, mi mama cocinaba recetas con tantas verduras como podía. Por algunos años, recuerdo que parecía que todo lo que contenía su comida eran calabacitas, calabaza (ahuyama) y berenjena.

 

Espagueti con calabacitas, calabaza y berenjena. Sopa con calabacitas, calabaza y berenjena. Pizza con calabacitas, calabaza y berenjena. Pollo con una guarnición de calabacitas fritas, calabaza y berenjena.

 

Aunque a decir verdad, aprendimos a cocinar con esos frutos, y a disfrutar de la creatividad al cocinar variaciones de los mismos vegetales presentados de diferentes formas.

 

Los tomates eran un pilar en el jardín, por lo que siempre hicimos ensaladas y, a menudo, simplemente combinamos tomates y pepinos en un tazón con vinagre, sal, pimienta y hierbas, resultando en una botana saludable.

 

Durante esos tiempos cuando los tomates empezaban a crecer, mamá recogía algunos de los tomates verdes para freírlos. Los Tomates verdes fritos son un platillo popular en el sur de los Estados Unidos.

 

La consistencia de una rodaja de tomate inmaduro permanece intacta mientras se fríe. A diferencia de un tomate maduro, que se deshace a medida que comienza a calentarse. El sabor dulce y amargo del tomate inmaduro frito, es indudablemente delicioso a muchos paladares.

 

De hecho, solo pensar en los tomates verdes fritos de mi madre, me hace tener hambre.

 

No tengo su receta específica, pero he cocinado el platillo y lo he llevado a otro nivel de “sureñez” (sé que no es una palabra como tal, pero entiendes lo que quiero decir), con unos camarones asados en el sartén, salpicados con una salsa “remoulade” (salsa rosada, típica de la comida sureña).

 


 

TOMATES VERDES FRITOS

(2 personas)

 

2 Tomates verdes (en realidad se puede hacer más de 2 tomates con esta cantidad de mezcla de harina)

1 Huevo

½ Taza de suero de mantequilla (Se puede substituir con leche regular con una cucharadita de vinagre o limón, y deja reposar por 10 minutos antes de usarla)

½ Taza de harina

½ Taza de maicena

1 Cucharadita de sal

½ Cucharadita de pimienta

½ Cucharadita de comino

¼ Cucharadita de paprika

Un poquito de orégano

Un poquito de albahaca

Aceite vegetal

Sal al gusto

 

INSTRUCCIONES:

Coloca el aceite vegetal en una sartén y calienta a fuego medio-alto

Corta los tomates verdes hasta el grosor deseado

En un tazón mediano mezcla el huevo y el suero de leche.

En otro tazón o sartén, combina todos los ingredientes secos.

Sumerge las rebanadas de tomate en la mezcla de huevo (Para capearlo doble y hacerlo mas crujiente sumerge las rebanadas de tomate en harina de trigo, antes de meterlas al huevo, después procede a sumergirlas a la mezcla de huevo)

Transfiere el tomate a la mezcla de harina de trigo, maicena e ingredientes secos, y cubre bien las rodajas de tomate.

Coloca las rebanadas en el aceite caliente precalentado en la estufa y cocina durante aproximadamente 2 minutos por cada lado (4 minutos en total), o hasta que estén doradas.

Retira la rebanada de tomate del aceite y colócala en un plato cubierto con una toalla de papel para recoger el aceite que gotea.

Espolvorea sal, al gusto en los tomates calientes.

 

REMOULADE SAUCE

 

½ Taza de Mayonesa

1 Cucharada de Mostaza de Dijon (Si es en grano es mejor)

1 Cucharada de Kétchup (cátsup)

1 Cucharada de salsa inglesa

1 Cucharada de Jugo de limón

1 Cucharadita de azúcar morena

1 Cucharadita de paprika

1 Cucharadita de ajo en polvo

2 Tallos de perejil fresco finamente cortado

1 Tallo de cebollín (fresco picado en rodajas finas)

½ Cucharadita de pimienta

Una pizca de tu salsa picante favorita

 

INSTRUCCIONES:

Combinar todos los ingredientes y dejar reposar durante una hora para obtener mejores resultados. Aunque, en realidad puede utilizarse de inmediato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Created Curriculum/Fried Green Tomatoes

 

Just yesterday, I was telling a friend about this blog and they asked me what “Joha’s Table” means. Why name the blog that?

And my initial reaction was one of sarcasm and silliness – I wanted to snidely remark that my wife’s name in Joha and food is on a table. And as the words fell out of my mouth, I stopped and decided to answer in a different way.

“The table is about food, sure,” I remarked. “But it’s also a place where families sit and talk about their day. A place where friends share stories.”

So many things happen at the table. Many times, it’s where life is – and that’s really what this blog is supposed to be about. Not just food, but life.

When I was growing up, the dining room table was cleaned and removed of debris only a handful of times throughout the year – Thanksgiving, Christmas, Easter, when important people came to visit. But most of the time it was full of schoolbooks, homework and projects in development.

The table was covered with these items because my older brother, my younger sister, and I were homeschooled.

Every morning, my father would venture off to work – as we owned a carpet cleaning business – and my mother would wake us up. We would go to the living room and have a daily devotion and prayer, we would eat breakfast, and then get to school work (sometimes still in our pajamas, but we usually got dressed).

My parents decided, even before my schooling had begun, that they wanted to homeschool us. They cite the fact that they wanted a controlled environment of learning where they could focus efforts on needed areas, and allow us to spread our academic wings in areas where we were advanced. They had done their research on curriculums for different subjects and what would best suit our individual needs.

People often tell me, when I tell them I was homeschooled from kindergarten through high school, that they can’t believe it because I “seem so normal,” or I “have people skills.”

I attribute that to the reason my parents chose to school us at home. It wasn’t for religious reasons. It wasn’t to keep us away from people or groups or “danger.” It was mostly for academic reasons (probably some financial reasons as well, as sending three kids to private school while owning your own small business doesn’t bode well on the pocketbook).

I maintained relationships with other children in my neighborhood, through extracurricular activities such as community sports, and my involvement is organizations like 4-H and my church and youth group.

I think if my mother were asked what was a great advantage of homeschooling, she would mention the fact that sometimes she could create a curriculum based on the state’s criteria for learning in a specific subject.

Like Home Economics. In schools all across Mississippi, students took Home Ec and learned about cooking and food and sewing and whatever they teach in those classes.

My mom used Home Ec as an opportunity to teach us about cooking – and then she’d make us cook dinner. As we got older, she worked less. Her curriculum began freeing up her time because our schooling was to cook and clean!

There’s got to be some kind of law against that, right?! haha

I remember we started a garden in our backyard. We started growing tomatoes, cucumbers, squash, peppers, okra and several other vegetables. We watered and weeded and cared for the garden everyday and saw great harvests.

Those gardens were incorporated into a curriculum created by my mom, and they taught us so much. Those gardens taught us about preparation and planning – we had to till the ground and plan what to plant and where to plant it; planting , maintaining and overall responsibility – we had to put the seed in the ground and take care of each of them every single day by watering and removing weeds; failure and success – we had bountiful harvests many times, while other times things didn’t grow at all or died.

We learned a lot through those gardens.

Many times it was the garden itself that taught us lessons, other times mom dished out the knowledge. Like when the harvests began to flow, she showed us how to cook different vegetables.

There were years where we had so much coming from the garden, we began taking vegetables to church to give to other families – she taught us the importance of giving and generosity.

I remember growing zucchinis that measured out to be nearly two-feet in length. When these massive vegetables and great harvests would occur, my mother would plan meals with as many vegetables as possible. For a few years, I remember it seemed like everything had zucchini, squash and eggplant in it.

Spaghetti with zucchini, squash and eggplant. Soup with zucchini, squash and eggplant. Pizza with zucchini, squash and eggplant. Chicken with a side of fried zucchini, squash and eggplant.

But we learned to cook with these items, and learned to enjoy show creativity in the kitchen by cooking certain vegetables in a variety of ways.

Tomatoes were a mainstay in the garden, so we always made salads and often simply combined tomatoes and cucumbers in a bowl with vinegar, salt, pepper and herbs and had a healthy snack.

During those times when the tomatoes started growing, mom would pick some of the green tomatoes to fry them. Fried Green Tomatoes is somewhat of a popular southern (United States) dish. The unripe tomato slice stays intact while being fried, unlike a ripe tomato that would fall apart as it begins to heat up; and the sweet and sour flavor of the unripe fruit when fried is undeniably delicious to many palates.

In fact, the thought of my mother’s fried green tomatoes makes me hungry. I don’t have her specific recipe, but I cooked the dish and brought it to another level of southernry (I know it’s not a word, but you understand what I mean when I say it) with some pan-seared shrimp, all drizzled with a remoulade sauce.


 

FRIED GREEN TOMATOES (feeds 2)

 

2 Green tomatoes (Actually you can make more than 2 tomatoes with this amount of flour mixture)

1 egg

½ cup buttermilk

½ cup flour

½ cup cornmeal

1 tsp salt

½ tsp pepper

½ tsp cumin

¼ tsp paprika

dash of oregano

dash of basil

vegetable oil

salt, to taste

 

Place vegetable oil in a skillet and heat to medium-high heat

Slice green tomatoes to desired thickness

In a bowl, mix egg and buttermilk.

In a separate shallow bowl or pan, combine all dry ingredients

 

Dip tomato slices in egg mixture (to double coat, which makes it more crispy, drudge tomatoes in all-purpose flour, then dip in egg mixture)

Transfer dipped tomato into flour/corn meal mixture and coat tomato slices.

Place slices in heated oil and cook for about 2 minutes on each side (4 minutes total), or until golden brown.

Remove tomato slice from oil and place on a paper towel-covered plate to catch dripping oil.

Sprinkle salt, to taste, on hot tomatoes.


 

REMOULADE SAUCE

 

½ cup Mayonaisse

1 TBSP brown mustard (whole grain is best)

1 TBSP ketchup

1 TBSP Worcestershire sauce

1 TBSP Lemon juice

1 tsp brown sugar

1 tsp paprika

1 tsp garlic powder

2 stalks of freshly chopped parsley

1 strand of thinly sliced fresh green onion

½ tsp pepper

dash of your favorite hot sauce

 

combine all ingredients and chill for an hour for best results, but you can actually use the sauce right away.

 

Frijoles rojos y arroz estilo Nueva Orleans

File Mar 28, 8 25 54 PM

El otro día, Joha y yo estábamos caminando en uno de los pasillos del supermercado buscando arroz, que por cierto, se ha convertido en un producto esencial en nuestra casa.

 

Al tomar el arroz del estante, noté que había bolsas de frijoles rojos cerca – viviendo en el sur de Luisiana, estos artículos son bastante combinables.

 

Para aquellos que no están familiarizados con este deleite sureño, con influencia netamente criolla (o creole), los frijoles rojos y arroz es una comida muy común en toda Luisiana y Mississippi. En particular, se sirve en las cafeterías de las escuelas, generalmente los lunes.

 

¿Por qué los lunes? Bien, históricamente en el sur, los domingos se hacían comidas grandes para la familia después de la iglesia. Generalmente, consistía en una pieza grande de jamón, cocinado con diferentes tipos de vegetales. Los lunes, cuando los hombres volvían a trabajar, los niños volvían a clases, las mujeres (amas de casa), dedicaban ese día para lavar toda la ropa de la semana. De esta forma, el primer día de la semana, las madres de familia, reutilizaban el hueso del jamón sobrante del domingo, y lo cocinaban con frijoles rojos en la estufa todo el día, mientras estaban afuera de la casa lavado. Es por eso que los frijoles rojos y el arroz son conocidos en el sur como un plato de lunes.

 

Como yo estudie en casa (homeschool) mi educación básica y media-superior, ignoraba la existencia de esta tradición de los lunes, hasta que entre a la universidad y note este patrón.

 

Cada lunes durante cuatro años, frijoles rojos con arroz estaban en la lista del buffet de la cafetería de la Universidad. Todos los lunes. Y aunque no los comí cada semana, me encantaban.

 

Yo crecí en Gulfport, Mississippi – a una hora al este de Nueva Orleans; después de terminar secundaria, preparatoria y dos años de universidad (junior collage), fui a la Universidad Estatal de Luisiana, y me mudé a Baton Rouge – a una hora al oeste de Nueva Orleans.

 

He pasado mucho tiempo en el famoso mundo de Nueva Orleans. Trabajando como músico, – cantando en las populares calles de Frenchmen y Bourbon. También como fotógrafo, capturando la belleza única de la ciudad, y explorando las opciones que la misma ofrece.

 

Es como si Nueva Orleáns tuviera un imán que me atrae hacia ella y sus excentricidades, su música, y especialmente, su comida.

 

Así que mientras estábamos en el pasillo de la tienda entre el arroz y los frijoles rojos, le dije a Joha: “¿Quieres hacer frijoles rojos y arroz?”

 

“¡Sí, hay que hacer eso!”. – Respondió.

 

Sólo había cocinado el plato una vez, y aprendí mucho de esa primera experiencia. Pero estaba decidido a hacer una buena olla y mostrarle a Joha la base de los sabores criollos (creole) que he aprendido a lo largo de los años. Cosas básicas, como el término “trinidad” (que es cebolla, pimiento y apio), así como lo que conforma un “roux” decente (la base de salsa bechamel), y qué especias llevan la mayoría de los “condimentos Cajun” (sal, pimienta negra, cebolla en polvo, ajo en polvo, pimienta de cayena (chile de árbol molido), en diferentes porciones, aumentando o disminuyendo ingredientes al gusto).

 

Para muchos, en el Sur de Estados Unidos, este platillo les recuerda su infancia. Pero a mí (que realmente no crecí en medio de la cultura de frijoles rojos y arroz de los lunes, sino hasta que supe de ella hasta que ya era joven adulto), me recuerda a la música – en particular, el jazz.

 

Recuerdo cuando fui a un estudio de grabación el año pasado, en donde grabamos las pistas vocales para el próximo álbum de la banda de unos amigos.

 

El estudio era como Nueva Orleans. Era pequeño, parecía que alguna vez fue la casa de alguien; tenia montones de historia pegada en las paredes, contada a través de fotos y arte; estaba lleno de música, con instrumentos en todas partes, e incluso plasmado en el arte alrededor del estudio.

 

Cante la canción que inicialmente era mi participación en el álbum, y empezamos a jugar grabando vocales para otras canciones. Pasamos un buen tiempo escuchando partes del nuevo álbum que aun estaba en proceso.

 

Después de eso, salí del lugar y maneje unas cuantas cuadras, hasta donde hay un sitio de comida del que se dice que tiene el mejor pollo frito de Estados Unidos: Willie Mae’s Scotch House. Pedí el pollo con la guarnición de frijoles rojos y arroz, y fue increíble.

 

Los frijoles rojos también me recuerdan el jazz, por la manera en que se cocinan – Cada ingrediente tiene un sabor diferente. A algunos les gustan dulces, a otros les gustan picantes. A mí, depende de mi estado de ánimo mientras estoy cocinando.

 

Esta es otra de esas recetas que tienen miles de variantes, por lo que recomiendo revisarla y tratar de hacerla, pero diferente.

 

¡Haz tuya esta receta y diviértete. Buen provecho!

 

 

 

Frijoles rojos con arroz estilo Nueva Orleans

 

 

INGREDIENTES

 

 

1 Libra de frijoles rojos (aprox. 1/2 kg)

 

1 Hueso de jamón

 

1 Cucharada de manteca (use grasa que suelta el tocino, manteca de cerdo, aceite, etc.)

 

4 Cucharadas de mantequilla

 

1 Cebolla blanca picada

 

1 Pimiento (Pimentón), picado

 

3 Tallos de apio, picados

 

3 Dientes de ajo picados

 

Agua cuando sea necesario

 

1 Litro de caldo de pollo

 

1 Cucharada de sal

 

1 Cucharadita de pimienta negra molida

 

1 Cucharadita de ajo en polvo

 

1 Cucharadita de cebolla en polvo

 

½ Cucharadita de Pimienta Cayena (Chile de árbol molido)

 

1 Cucharadita de tomillo seco y molido

 

½ Taza de perejil fresco picado

 

2 Hojas de laurel

 

1 Paquete de Salchicha (de preferencia Andouille)

 

 

 

Enjuague los frijoles y deje que se remojen en un recipiente con agua que los cubra durante la noche. Deje remojando los frijoles por lo menos 10 horas.

 

Caliente la grasa a fuego medio en una olla grande (si planea usar una olla de cocción lenta para los frijoles rojos, fría los ingredientes en un sartén grande en lugar de una olla). Sofría el ajo, las cebollas, los pimientos, el apio y una pizca de sal y pimienta, cuando la cebolla empiece a tornar traslucida, agregue el hueso de jamón. Agregue la mantequilla y deje que la mezcla se cocine hasta obtener un color dorado.

 

(Si desea agregar hierbas que no se encuentren en la lista de ingredientes, añádalas a esta mezcla). Yo sume albahaca fresca aquí en el pasado u otras hierbas que estaban creciendo en mi jardín.

 

Una vez la mezcla torne dorada, añadir el caldo de pollo, sal, pimienta, ajo en polvo, cebolla en polvo, pimienta de cayena, tomillo y perejil.

 

(Si está usando la olla de cocción lenta, transfiera todo a la olla en este momento)

 

Escurrir el agua de los frijoles rojos y añadir los frijoles en la mezcla que ahora es mayormente liquida. Revuelva y deje hervir (a menos que use olla de cocción lenta).

 

Añadir las hojas de laurel. Cubrir y dejar cocer a fuego medio-bajo durante 3 horas. Si está usando olla de cocción lenta, cubra y deje cocinar todo el día (6-8 horas).

 

Cuando quede alrededor de una hora para terminar de cocinarse, tomar un tenedor o una cuchara y aplastar la mitad de los frijoles rojos presionando contra alguna de las paredes de la olla. Esto le dará a la mezcla un estilo cremoso suave. Si usa olla de cocción lenta, saque la mitad de los frijoles, colocándolos en un tazón separado y aplaste con un tenedor. Una vez que la consistencia sea cremosa, vuelva a colocar en la olla.

 

Agregue la salchicha a la mezcla y continúe cocinando a fuego lento bajo.

 

(Añadir salsa picante o jalapeño si se desea un sabor picante)

 

 

* Pruebe constantemente, durante el proceso de cocción, y añada condimentos según lo desee.

 

** Si usa olla de cocción lenta, abstenerse de abrir mucho la olla una vez que haya empezado a cocinarse. Los profesionales afirman que cada vez que se abre la tapa de la olla, se pierden 30 minutos de tiempo de cocción.

 

Por separado, preparar arroz blanco.

 

Servir los frijoles rojos con arroz.

New Orleans style Red Beans and Rice

Just the other day, Joha and I were walking through a grocery store aisle to buy some rice, which has become an essential food item in our household.

As we picked up the rice, I noticed bags of red beans placed nearby – living in South Louisiana, these items are synonymous with one another.

For those unfamiliar with this southern, more notably creole, delight, Red Beans and Rice is an extremely common meal throughout Louisiana and Mississippi. It’s served in every school cafeteria, usually on Mondays.

Why Mondays? Well, historically in the South, Sundays were for large meals for the family after church, usually consisting of a Sunday Ham and lots of vegetables and such, while Mondays were when the men went back to work, the children went back to school, and the women washed all the clothes. So on those Mondays, the mothers would repurpose the ham bone and cook it with red beans on the stove all day while they were outside washing. That’s why Red Beans and Rice is known in the South as a Monday dish.

As a homeschool student, I didn’t know about the Monday recurrence until I was in college when I noticed the pattern.

Every Monday for four years, Red Beans and Rice was on the cafeteria buffet line. Every single Monday. And though I didn’t eat it every single week, I loved it.

I grew up in Gulfport, Mississippi – an hour East of New Orleans; then after high school and junior college, I went to Louisiana State University and moved to Baton Rouge – an hour West of New Orleans.

I’ve spent a lot of time in the world famous New Orleans, working as a musician – singing on Frenchmen and Bourbon streets; and as a photographer, catching the unique beauty; and simply exploring what the city has to offer.

It’s almost as though New Orleans is a magnet to me, and I am drawn to it and its eccentricities; its music. And especially its food.

So as we stood in the grocery store aisle between the rice and the red beans, I said, “hey, you want to make red beans and rice?”

“Yeah, let’s do that!” she responded.

I’ve only cooked the dish once before, and I learned a lot from the first experience, so I was determined to make a good pot and show Joha the basics of creole flavors that I’ve learned throughout the years. Basics, like the term “trinity” (which is onion, bell pepper, and celery), what’s in a decent roux, and what spices are in most “Cajun seasonings” (salt, black pepper, onion powder, garlic powder, cayenne pepper in varying proportions, give or take a couple ingredients).

To many around the South, this dish reminds them of their childhoods, but to me (because I really wasn’t completely enveloped in the Red Beans and Rice Mondays culture until later in life) it reminds me of music – in particularly, Jazz music.

I remember going to a recording studio last year and laying down vocal tracks for a friend’s band’s upcoming album.

The studio was just like New Orleans – it was small; felt like it was once someone’s home; it had tons of history plastered on the walls with photos and art; and was filled with music, with instruments everywhere and even embedded in the artwork around the studio’s entirety.

I sang the song I was to be featured on, and then we played around with some vocal parts to other songs, and just had a good time listening to parts of the unreleased album.

Then I left and drove a few blocks away to a place that’s been said to have the best fried chicken in America – Willie Mae’s Scotch House. I ordered the chicken with a side of Red Beans and Rice, and it was incredible.

Red Beans also reminds me of jazz because of the way it’s cooked – everybody’s has a different flavor. Some like it sweet, some like it spicy, but for me it depends on my mood while I’m cooking.

This is another one of those recipes that has tons of variants, so I recommend looking over this recipe and then doing it, but different.

Make this recipe your own, have fun, and enjoy the meal!


New Orleans stlye creamy Red Beans and Rice

1 lb Red Beans

1 ham hock

1 tbsp. grease (use bacon grease, lard, oil, etc)

4 tbsp butter

1 white onion, chopped

1 bell pepper, chopped

3 stalks celery, chopped

3 cloves garlic, minced

Water as needed

1 container (32 oz) Chicken Stock

1 tbsp Salt

1 tsp Black Pepper

1 tsp Garlic Powder

1 tsp Onion Powder

½ tsp Cayenne Pepper

1 tsp Dried Thyme

½ cup chopped fresh Parsley

2 Bay Leaves

1 package of Andouille Sausage

Rinse beans and allow to soak in a bowl filled with water overnight. Once the beans have been soaking for at least 10 hours;

Heat grease on medium heat in a large pot (if you plan to use a crock pot for the red beans, sauté these ingredients in a large pan instead of a pot). Sauté garlic, onions, bell peppers and celery and add a pinch of salt and pepper, then add ham hock. Add butter and allow mixture to cook down to a golden color.

(If you wish to add herbs other than what is listed in ingredients list, add them to this mix. I have added fresh basil here in the past or other herbs that were growing in my garden.)

Once golden brown, add chicken stock, salt, pepper, garlic powder, onion powder, cayenne pepper, thyme and parsley.

(If using crockpot, transfer everything into the crockpot now)

Drain water from red beans and add beans into the soupy mix. Stir and let boil (unless using crockpot).

Add bay leaves. Cover and let cook on low-medium heat for 3 hours. If using crockpot, cover and let cook on low all day (6-8 hours).

With about an hour remaining, take a fork or spoon and smash about half the red beans on side of pot. This will give the mixture a smooth creamy style. If using a crockpot, remove half the beans, placing them in a separate bowl and smash them with a fork. Once creamed, place back into crockpot.

Add sausage to mix and continue to let simmer on low-medium heat.

(Add hot sauce or jalapeño pepper if desired for spice.)

*Continuously taste throughout process and add seasonings as desired.

**If using crockpot, refrain from opening top a lot. Professionals claim that each time the crockpot’s top is opened, it’s like you lose 30 minutes of cook time.

Separately, prepare rice to serve with red beans.

Serve Red Beans with Rice.