Vámonos de Pinta / Elote Cocido

 

Hace un par de semanas compramos maíz fresco de un mercado local. Mi marido tenía la intención de cocinar algo con él – ya fuera el pan de maíz de su bisabuela, o grits, o algo más. Honestamente, no recuerdo lo que estaba planeando cocinar; Pero a medida que la semana progresaba y la vida siguió avanzando, el maíz permaneció sobre la mesa, sin cocer.

 

El otro día estaba viendo las mazorcas y decidí hacer un bocadillo que atañe a mis raíces mexicanas – Elote Cocido.

 

Elote cocido (maíz cocido) es una merienda que se puede comprar en las calles mexicanas. A menudo consumida durante las celebraciones patrias. Es el maíz hervido en una mezcla cremosa, con queso, picante, insertado en un palillo.

 

Mi decisión de hacer esta botanita (pasapalo) trajo a mi mente, un recuerdo particular que inundo mis pensamientos: Recordé la única vez que “me fui de pinta” (me jubile/falte a clases) – cuando estaba en octavo grado (Segundo de Secundaria).

 

Nunca fui mala estudiante durante la secundaria – no tuve malas calificaciones; Nunca reprobé alguna materia. Yo era social; me llevaba bien con mis compañeros y maestros; participe en actividades extracurriculares, e incluso inicie un grupo de música (tocaba el “cuatro venezolano,’ un instrumento de cuerda muy parecido al ukulele).

 

Fui estudiante un poquito arriba del promedio, pero, sobresaliente hasta mi ultimo año de secundaria (noveno grado), cuando mis calificaciones tuvieron una mejora muy notable.

 

Un día, mi amiga Paty y yo decidimos irnos de pinta. Nadie sospecharía de nuestro plan.

 

Tenía que ser perfecto. Así que tomamos una semana para planear y preparar.

 

Podrías estar preguntándote ahora mismo, “¿Por qué saltar escuela?”.

 

Yo era una chica de iglesia que se llevaba bien con todo el mundo y trataba de portarme bien… pero siempre me ha gustado aventurarme, y he disfrutado los desafíos. Yo sabía que esto, haría subir mi adrenalina.

 

Así que después de nuestra semana de preparación, llegó el viernes cuando haríamos nuestra huida a la libertad. Fue sólo unas pocas semanas antes de los finales, por lo que el año escolar estaba por terminar.

 

Aquella era la semana de la “Feria de Ciencias” – por lo que había muchas caras de estudiantes y maestros ausentes en las aulas de clases, así que sería difícil para los prefectos saber por qué no estábamos en la escuela.

 

Salimos de nuestras casas vestidas con los uniformes escolares y nos reunimos afuera de la escuela. Nos subimos a un autobús y tomamos el metro, dirigiéndonos al tradicional lugar donde los niños se iban de pinta en aquel tiempo (no se si ahora lo sigan haciendo): Chapultepec.

 

Chapultepec está en el centro de la Ciudad de México, y alberga un bosque, parques, un zoológico, un castillo en una colina, un lago, un museo – un montón de cosas divertidas que hacer mientras no estas en clases. A veces, es referido como los “pulmones de la ciudad”, debido a sus vastas zonas verdes.

 

Cuando llegamos, vimos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta que muchos niños de otras escuelas tuvieron la misma idea que nosotras. Había un montón de niños, vestidos con uniformes de secundarias de todos los extremos de la ciudad.

 

Ciudad de México es la ciudad más grande del mundo, alrededor de 30 millones de personas viven allí, por lo que la probabilidad de que hubiera otros niños que decidieron saltar escuela ese mismo día era bastante alta.

 

Era un lugar fresco para simplemente ir a esconderse por un día.

 

Caminamos súper felices. Nos sentamos y tuvimos un picnic, comiendo lo que se suponía que era nuestros almuerzos para el desayuno.

 

Fuimos al zoológico y pasamos un par de horas ahí. Pasamos el tiempo simplemente caminando por el parque.

 

Después, llegamos al lago, y decidimos alquilar una canoa. Se veía divertido.

 

Pero alquilar una canoa resultó ser caro para nosotras.

 

Afortunadamente, mientras estábamos esperando que nos atendieran, empezamos a hablar con un grupo de muchachas que estaban formadas y venían de la parte sur de Ciudad de México. También se habían ido de pinta ese día.

 

Nos dijeron que necesitaban meter dos personas más en las dos canoas que ellas estaban alquilando, así que bien contentas saltamos dentro de su canoa!

 

Mientras estuvimos remando alrededor del lago con nuestras nuevas amigas, un grupo de niños de nuestra edad que venia en otra canoa nos vieron, y comenzaron a hablarnos.

 

Empezamos a bromear con ellos. Nuestras bromas eran inocentes y amistosas, y los muchachos nos preguntaron si queríamos cambiar de barco; algunas de nosotras entrar en su canoa, y algunos de ellos saltar a las nuestras.
La idea era que nuestro grupo se hiciera mas grande, y sumando a los chicos pasar el resto del día juntos con mas diversión.

 

Por alguna razón no me gustó esa idea. Yo era muy escéptica.

 

Eran buena onda (chéveres), pero yo no los conocía.

 

Así que yo, junto con algunas de las otras chicas, nos quedamos en nuestra canoa, mientras las chicas que querían mezclarse con ellos, se pasaron al otro bote. Nos pasaron sus mochilas, y otras pertenencias para hacer espacio, para la gente extra que estaría en su canoa. Paty era una de ellas.

 

Cuando los muchachos y las muchachas comenzaron a mezclarse en las canoas, un par de los chicos se pararon entre los dos botes y comenzaron a sacudir la canoa de las chicas.

 

Las otras chicas y yo vimos a una distancia segura, mientras su bote se sacudía y todas cayeron al lago. Incluyendo a mi amiga Paty!

 

El lago estaba asqueroso. El agua tenía un olor terrible, y una gruesa capa de algas verdes.

 

Después de que cayeron, tuvimos que rescatarlas. Las miradas de algunas de las caras de las chicas estaban llenas de devastación.

 

Yo no estaba tan devastada… Aunque fue feo para ellas, moría de risa!

 

Finalmente salieron del agua. Con un olor terrible… No pudimos rescatar su bote.

 

Encontramos algunos rociadores que se prendían automáticamente para regar los jardines alrededor del parque. En los que las chicas, incluyendo Paty, pudieron limpiarse un poco. Por suerte, Paty trajo una blusa extra ese día, y pudo al menos cambiarsela. Así, seguimos caminando un poco más, hasta encontrar algo de comida.

 

Teníamos mucha hambre, así que nos detuvimos en un puestecito para comprar elote cocido. Ese fue el aperitivo perfecto para terminar nuestro día en Chapultepec, y nos dirigimos a casa.

 

Por supuesto, en el camino a casa, pasamos a la Feria de Ciencias. Nos aseguramos de ser vistas por varios amigos y maestros, para así tener una coartada perfecta.

 

Fue un día divertido y memorable para mí. Y lo mejor de todo es que no nos cacharon!

 

Nuestro plan había funcionado, y tuvimos un día de libertad, hicimos nuevas amigas, tuvimos un montón de risas y una buena merienda.

 

Por desgracia, Paty tuvo una reacción alérgica grave en su piel, por la asquerosa agua del lago en la que cayo; por lo que no pudo salir de su casa por varios días.

 

Aun así, el recuerdo del día en que nos fuimos de pinta estará siempre en nuestros corazones.

 


 

ELOTE COCIDO

 

Esta botana es súper fácil de hacer. Estos son los sabores base de muchos platillos mexicanos, y hay muchas variaciones. Así que pruébalo, y se creativo!

 

Ingredientes:

 

Mazorcas de maíz.

 

Agua

 

Mantequilla

 

Mayonesa

 

Queso Fresco rallado (Si no puedes encontrar queso fresco, usa queso parmesano)

 

Chile en polvo (Chile piquín)

 

Limón

 

Sal

 

Pimienta

 

Palillos para brochetas (para insertar y sostener las mazorcas) – Yo no tenia palillos para brochetas, así que usé palillos chinos.

 

INSTRUCCIONES

 

Limpia el maíz

 

En una olla lo suficientemente grande en el que se puedan sumergir las mazorcas completamente en el agua. Hierva el maíz por cerca de 15 minutos, o hasta que el grano esté blando.

 

En un tazón o una bandeja, esparce el queso

 

Saca el maíz del agua con unas pinzas de cocina. Sostenlo con una toalla (para que no te quemes la mano) e inserta el palillo/brocheta en el centro de la mazorca.

 

Sosteniendo ahora por el palillo, extiende la mantequilla sobre el maíz y luego cúbrelo con una fina capa de mayonesa.

 

Coloca el maíz en el queso y ruédalo para cubrir todos los lados.

 

Sazona con sal, pimienta y chile piquín, al gusto.

 

Exprime el limón sobre el Elote y a disfrutar!

Skipping School / Elote Cocido

A couple of weeks ago we bought some fresh corn from a local market. My husband intended on cooking something with it – either his great-grandmother’s cornbread, or corn grits, or something else. Honestly, I don’t remember what he was planning to cook; but as the week progressed and life ensued, the corn remained on the countertop, uncooked.

So, the other day I was looking at that corn and decided to make a snack that speaks to my Mexican roots – Elote cocido

Elote cocido (cooked corn) is a Mexican street snack often consumed during national celebrations. It is boiled corn covered in a creamy, cheesy, spicy mix, eaten on a stick.

As my decision to make this snack recurred in my mind, one particular memory flooded into my thoughts: I remembered the only time I ever skipped school – back in my eighth grade year.

I was never really a bad student throughout prep school – I didn’t make bad grades; never failed a course. I was social; well-liked by classmates and teachers; participated in extracurricular activities; I even had a music group (I played the quatro, a stringed instrument like the ukelele).

I was an above-average student that made average grades – up until my ninth grade year when my grades began showing marked improvements.

One day, my friend, Paty, and I decided to plan a day of deceit. We were going to play hooky.

But it had to be perfect.

So we took a week to plan and prepare.

“Why skip school?” you may be asking. I was a church girl who got along with everyone and always played nice … but I loved adventures and challenges, and this, I knew, would get my adrenaline pumping.

So after our week of preparation, the Friday came when we would make our escape into freedom. It was just a few weeks before finals, so the school year was winding down. The week of the science fair – so there were many faces missing from classrooms. It would be hard for administrators to know that why we were not in class.

We left our homes dressed in our school uniforms and met outside of the school. We boarded a bus, and headed to the traditional hang out spot when kids would skip school at that time, Chapultepec.

Chapultepec is in the middle of Mexico City, and hosts a forest, parks, a zoo, a castle sitting atop a hill, a lake, a museum – plenty of fun things for us to do while not in class. It’s sometimes referred to as the “lungs of the city,” due to its vast green areas.

When we arrived, we looked around and realized a lot of other school kids had the same idea as us. There were tons of kids, clad in uniforms from schools on every end of the city.

Mexico City is the largest city in the world, with 30 million people living there, so the likelihood that there would be other kids deciding to skip school on that day was pretty high.

It was a cool place to simply go hide away for a day.

We walked around excitedly. We sat and had a picnic, eating what was supposed to be our lunches for breakfast.

We went to the zoo for a couple hours, and spent hours simply walking around the park.

Then we came upon the lake and decided to rent a canoe. It seemed like it would be a lot of fun. But renting one canoe proved to be expensive for us.

Luckily for us, while in line we had made friends with a group of girls from the southern part of Mexico City who were also skipping school that day.

They told us they could fit two more people in the two canoes they were renting, so we happily jumped in!

As we canoed around the lake with our new friends, a group of canoeing boys our age took notice of us and started talking to us. Our banter was innocent and friendly, and the boys asked if we wanted to switch boats – some of us go into their canoe, and some of them come into ours.

The idea was that the group of guys and the group of girls would hang out together the rest of the day.

I didn’t like that idea. I was skeptical. They were friendly, but I didn’t know them.

So I, along with a few of the other girls stayed in our canoe while the girls that wanted to mingle with the boys were in the other. They passed us their backpacks and other belongings to make room for the extra people that would be in the canoe. Pati was one of them.

As the boys and girls started intermingling in the canoes, a couple of the guys stood up and began rocking the boat.

I watched from a safe distance as the boat tipped over and everyone fell into the lake.

Including my friend, Paty.

Mind you, the lake was disgusting. It had a terrible smell and a thick layer of green algae.

After they fell in, we had to rescue them, which we did. The looks on some of the girls’ faces were filled with devastation.

I was less than devastated. Actually, I was laughing really hard!

They finally got out of the water. Very stinky. And we found some sprinklers around the park where all the girls, including Paty, were able to spray themselves clean.

Luckily, Paty brought an extra shirt that day, and she was able to change, so we walked around a little bit more before finding our way to get some food.

We were very hungry, so we stopped at a street vendor to have elote cocido. That was the perfect snack to end our day at Chapultepec, and we headed home.

Of course, on the way home, we made our way over the science fair. We made sure that we were seen so we’d have an alibi.

It was such a fun, memorable day for me. And what made it all the better is that we didn’t get caught! Our plan had worked, and we had a day of freedom, new friends, lots of laughs and a great snack.

Unfortunately, Paty had a bad allergic reaction on her skin from the disgusting lake water she had fallen in, so she was unable to leave her house for several days, but the memory of the day we skipped school will forever be forged into our memories.


 

ELOTE COCIDO

This one is really easy to make, but the flavors are the base of many Mexican foods, and there’s many different variations. So try it, and be creative!

 

Corn on the cob

Water

Salt

Pepper

Butter

Mayonnaise

Shredded Queso Fresco (If you can’t find queso fresco, use Parmesan cheese)

Chile Powder

Lime

Skewers to stick through the corn – I didn’t have skewers, so I used chopsticks

 

Shuck, clean and boil corn for about 15 minutes, or until corn is tender.

In separate shallow bowl or cookie sheet, place cheese

Remove corn from water and with a towel (so you don’t burn your hand) insert skewer into the cob. Holding with the skewer, spread butter on the corn then coat corn with a thin layer of mayonnaise.

Place corn in cheese and roll to coat.

Season with salt, pepper and chile powder, to taste.

Squirt fresh lime onto the elote cocido and enjoy!

Las Arepas de Maita: 10 pasos fáciles para hacer arepas

Las Arepas de Maita

 

Hay un mercado cerca de nuestra casa, en donde venden hortalizas frescas cultivadas localmente, por muy buenos precios. Por ejemplo, pimientos verdes, rojos y amarillos por $ 0.69 cada uno, o bolsas de zanahorias grandes por solo $ 1.

 

Es genial para mi esposo y para mí, porque presupuestamos una cierta cantidad de dinero cada semana para comida, y también porque nos permite comprar productos frescos para alimentarnos saludablemente.

 

La semana pasada compramos maíz dulce fresco – mi esposo tenía la intención de hacer “grits” o pan de maíz.

 

No lo hizo.

 

Sin embargo, cuando vi las mazorcas me recordó un tiempo en mi niñez, cuando viví en Venezuela. Me recordó a mi abuela, Isabel. Nosotros la llamábamos “Maita”.

 

Recuerdo visitar a Maita sabiendo que iba a cocinar arepas, un pan venezolano hecho con harina de maíz, más grueso que una tortilla, pero más delgado que un bísquet.

 

Ella cocinaba algo diferente cada visita, pero algo que permaneció constante en su cocina fueron: las arepas. Y cuando Maita cocinaba arepas, las hacía desde cero.

 

Maita era una mujer de campo, pero vivía en una pequeña ciudad, Cabudare; así que su casa no era como el campo en donde creció. Pero tenía un tipo “granja miniatura” en el patio trasero de la casa. Tenía patos y gallinas, todo tipo de hierbas y verduras, varios árboles frutales… Todo en pequeña escala, en comparación con la parcela que ella y mi abuelo, Abuelito Gabino, poseían en otra zona. Tenía un molino en la esquina de la pesada mesa de madera roja en el área del comedor. Lo usaba para moler café, maíz, carnes y granos frescos.

 

Mis hermanos y yo peleábamos por ver a quién le tocaría moler maíz y café para ella. Cada vez que llegamos a su casa, y veíamos el maíz o los granos de cafe sobre la mesa, nos emocionábamos con la idea de usar el molino! Ahora veo que sutilmente nos estaba haciendo trabajar para ella, pero en ese momento, sólo pensamos que era divertido.

 

Así que una vez que el maíz se molía, ella hacía una especie de masa (harina de maíz), a la que le agregaba un poco de agua salada y la mezclaba. Nunca utilizó medidas, cocinaba “a ojo de buen cubero”, siguiendo solamente olores y sabores. Incluso si hubiera habido una receta, ella no la habría podido leer. Maita creció en una era de dictadura en Venezuela. Una época en la que a las mujeres no se les permitía asistir a la escuela, por lo que nunca aprendió a leer ni a escribir.

 

Pero no era ninguna tonta, y NADIE podía tratar de hacerla tonta. Aunque no podía leer frases de un libro, podía leer a la gente, y sabía cuando otros trataban de engañarla o “pasarse de vivos”; lo cual, conforme fue envejeciendo, muy rara vez ocurrió. La gente empezó a respetarla (y algunos a temerla ja!) por su franqueza, firmeza y obstinación.

 

Ella, para mí, era la prueba de que nada puede limitarte excepto tu mismo, y tu actitud ante la vida.

 

Así que, una vez que la mezcla ya molida se convirtió en masa, la moldeaba en pequeñas bolas, y las aplastaba dándole forma circular a la arepa con sus manos. Sus manos eran como décadas de lecciones de vida, y grandes reuniones familiares.

 

Como una mujer joven, adoptó cuatro de sus sobrinos y sobrinas, después de que su madre – su hermana Licha – murió. Así, durante sus veintes, Maita cuido a su madre y cuatro hijos, todo por sí misma. Luego, se casó con mi abuelito Gabino, alrededor de sus 30 años de edad. Durante años, antes del matrimonio, perfeccionó sus habilidades culinarias por necesidad. Usaba las manos para todo.

 

Recuerdo que cada una de sus arepas, tenía marcas de los pequeños pero fuertes dedos de Maita. Sus dedos eran tan fuertes como su voluntad – una voluntad que decidió, que la vida no iba a determinar su éxito, o el éxito de sus hijos. Una voluntad que nunca le permitió renunciar. De hecho, una vez casada, ella y abuelito Gabino tuvieron 3 hijos y una hija. (Uno de ellos mi padre). De los cuales, Todos fueron a la universidad, se graduaron y formaron sus propias familias.

 

Ella me demostró, que tus propias limitaciones no tienen que ser las limitaciones de tus generaciones venideras. Ella cocinaba las arepas en un “budare” (sartén seco o plancha), y nunca usaba una espátula, recuerdo que volteaba cada arepa con sus manos.

 

Incluso, utilizaba sus manos para distinguir si las arepas estaban bien cocidas. Ella tenía una manera especial para saber cuando cada arepa estaba lista, – las tomaba con sus manos, y les daba golpecitos con su dedo. Determinaba el grado de cocción de acuerdo al sonido que emitían al golpe.

 

Siempre hacía 2 arepas gigantes para el almuerzo de mi Abuelito, e incluso, cuando no estábamos allí para “ayudarla” a cocinar, comíamos sus arepas porque cada día nos enviaba una porción de ellas con mi padre. Ella vivió hasta sus ochentas, y murió el 29 de agosto de 2007, sólo unos años después de que mi familia se mudó a México.

 

A Maita le gustaba cocinar. Le encantaba cocinar arepas. Pero sobre todo, le encantaba cocinar arepas para nosotros. Era una de sus muchas maneras de demostrar cuánto nos amaba… Siempre la llevo conmigo en mi corazón.

 

Ahora, voy a darte un tutorial rápido de cómo hacer arepas como Maita (sin el maíz molido fresco)!

 

 

* (En Estados Unidos o en otros paises: Busca harina PAN en tiendas con productos latinoamericanos, o en cadenas de supermercado grandes con extensa selección de productos internacionales).


Cómo hacer arepas en 10 pasos sencillos (Tutorial con guía en fotos)

1. 1 Taza de agua tibia (esto es suficiente arepas para 2 personas) en un tazón de mezclar de tamaño mediano.

2. Agrega una cucharadita de sal al agua tibia.

3. Mezcla lentamente Harina PAN. En el agua

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Amasa hasta que este suave sin grumos.

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Hasta que espese (en la consistencia como puré de papas).

4. Deja reposar durante unos minutos mientras enciendes la estufa o la plancha a fuego medio-bajo y preparas el sartén antiadherente

5. Forma bolitas con la masa

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6. Aplana la bolita formando la arepa.

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7. Coloca las arepas sobre un “budare” (plancha o sartén) a fuego medio-bajo

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8. Cocina aprox. 7 minutos en cada lado (esto realmente depende del sartén.

Compara con la foto abajo, para que la arepa se parezca)

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y tápalas para mantener la humedad

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9. Retira del fuego una vez que estén listas. Sabrás que lo están cuando al darles golpecitos en el centro emiten un sonido hueco (Vee el video)

Cuando las arepas están listas 

10. Toma una arepa. Córtala por una de las orillas con un cuchillo, abriendo con cuidado, rellena con mantequilla, queso, carne, o cualquier cosa que desees y buen provecho!

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Maita’s Arepas; How to make Arepas in 10 easy steps

Maita’s Arepas

We have a market near our home that sells locally grown fresh vegetables for great prices. Like green, red and yellow bell peppers for $ 0.69 each, or bags of large carrots for just $1.

It’s wonderful to my husband and I, because we budget a certain amount of money each week for groceries and also because it allows us to purchase great fresh produce for healthy meals.

Last week we bought some fresh sweet corn – my husband intended to either make grits or cornbread with it.

He didn’t.

But seeing the ears of corn reminded me of a time in my youth, when I lived in Venezuela. And they reminded me of my grandmother, Isabel. We called her “Maita.”

I remember visiting Maita knowing that she was going to cook arepas, a Venezuelan bread made from corn meal, thicker than a tortilla, but thinner than a biscuit. She would cook something different each visit, but one thing always remained a constant in her kitchen – the arepas. And when Maita cooked arepas, she made them from scratch.

Maita was from the countryside, but lived in a town, so her house was not like the countryside she grew up in. But she had a miniature farm of sorts.

She had ducks and chickens, all kinds of herbs and vegetables, several fruit trees – all on a small scale compared to the farm she and my grandfather, Abuelito Gabino, owned in another area.

She had a grinder on the corner of the heavy, red, wooden dining room table. She would use it to grind fresh coffee, corn, meats, and grains.

My brothers and I would fight over who would get to grind corn and coffee for her. Anytime we arrived at her home and saw the corn sitting on the table, we would get excited at the prospect of using the grinder!

I see now that she was subtly making us work, but at the time, we just thought it was fun.

So once the corn was ground, she would make corn flour, then would add the flour to some salt water and mix it. She never used measures, but cooked on sight, scents and tastes alone. Even if there were a recipe, she may not have been able to read it anyway.

Maita grew up in an era of dictatorship in Venezuela; an era when women were not permitted to attend school, so she never learned to read or write. But she was no fool, and nobody could make a fool of her.

Though she couldn’t read words, she could read people, and knew when others were trying to cheat her, which, as she grew older, rarely happened. People actually began to fear her because of her straightforwardness, sternness and stubbornness.

She, to me, was proof that nothing can limit you except yourself and your attitude toward life.

So, once the flour became a dough, she rolled the dough into balls and formed the arepa discs with her hands. Her hands were like decades of life lessons and large family gatherings.

As a young woman, she adopted four of her nieces and nephews after their mother – her sister – died. So while in her early-to-mid 20s, Maita was caring for her mother and four children, all by herself. She went on to marry Gabino by age 30.

For years before marriage, she honed her culinary skills out of necessity.

She used her hands for everything.

I remember each arepa having indentions of Maita’s small-but-strong fingers.

Her fingers were as strong as her will – a will that decided life wasn’t going to determine her success or her children’s success. A will that never allowed her to give up.

In fact, once married, she and Gabino had 3 sons and a daughter. All of whom went to college, graduated and had families.

She proved to me that your limitations don’t have to be your offspring’s limitations.

She would cook the arepas on a dry skillet and never used a spatula. She would flip each arepa by hand.

She even used her hands to discern if the arepas were ready. She had a way to tell when each arepa was finished – she would pick them up and slap them with her finger. She’d determine the arepa’s readiness based on the thumping sound it made.

She always made 2 giant arepas for Abuelito’s lunch, and even when we weren’t there to help her cook, we would eat her arepas because every day she’d send a basketful home to us by way of my father.

She lived into her 80’s and died in 2007, just a couple of years after my family moved to Mexico.

Maita loved cooking. She loved cooking arepas. But most of all, she loved cooking arepas for us. It was one of her many ways of showing how much she loved us.

 

Now, I’ll give you a quick tutorial of how to make arepas like Maita (without the fresh ground corn)!

 

* (In the US or other countries: You can find “Harina PAN” -A special Corn meal for arepas- in Latino stores or supermarkets with a wide variety of international items).


 

How to make arepas in 10 easy steps (tutorial with picture guide)

  1. 1 Cup of warm water (this is for enough arepas for 2 people) in a medium-sized mixing bowl.
  2. Add a teaspoon of salt to warm water.
  3. Slowly mix Harina P.A.N. into water

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until smooth

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until it thickens (into mashed potato-like consistency).

4. Let sit for a few minutes while you turn on the stovetop or griddle to medium-low heat and prepare your non-stick pan.

5. Roll dough into balls

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6. Flatten dough ball into arepa

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7. Place arepas on cooking surface on medium-low heat

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8. Cook approx. 7 minutes on each side (this really depends on the pan, but see photo below for what arepa should look like)

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and cover to keep moisture in

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9. Remove from heat once they are ready. You’ll know they’re ready when they make a hollow sound when thumped in the center (see video below)

When arepas are ready

10. Cut open and fill with cheese, meat, or anything you want and enjoy!

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Dulce Tailandia, Dulce arroz con mango

Amo Tailandia!

 

Todo sobre ella: su gente, sus paisajes, la comida… Si… especialmente, la comida.

 

Hace unas semanas – a principios de Abril – cuando se acercaban las fechas en que se celebra el Año nuevo Tailandés, quise celebrar con uno de mis platillos tailandeses favorito: Mango Sticky Rice (Postre hecho a base de Arroz con mango y leche de coco)

 

En 2011, pase un poco mas de un mes en Tailandia. En aquel tiempo, acababa de llegar a Singapur, y tenia un contacto en Tailandia que estaba encargada de un orfanato, a quien decidí ir a ayudar, y también para explorar el país, con la intención de mudarme como misionera ahí.

 

Y déjame contarte que de verdad tuve la oportunidad de explorar.

 

Cuando llegue a Bangkok, llame desde el aeropuerto a mi único contacto en la ciudad, para confirmar en donde nos veríamos. Ella contesto, y me dijo que no estaba en la ciudad por el momento “regresa después”.

 

“Regresa después??” Como si se tratara de mi llegando después del horario de apertura de un supermercado. Esto era mas serio que llegar después de que cerraron la tienda – Yo estaba en un país completamente nuevo y mi único contacto me acababa de decir “regresa después”.

 

Sentí mucho miedo. Este era mi primer viaje a un lugar completamente desconocido.

 

Me sentí frustrada, y tiendo a culparme cuando las cosas no funcionan.

 

Enmudecí y me quede paralizada. Pensando “vete”, pero no tenia dinero para pagar un viaje de regreso. No sabia que hacer, a donde ir, a quien llamar.

 

Ni siquiera sabia como salir del aeropuerto.

 

Mi plan había fracasado.

 

Volví a la realidad – Necesitaba hacer algo. No podía solamente sentarme en el aeropuerto de Bangkok.

 

Todos mis miedos de pronto tornaron repentinamente en una nueva fuerza.

 

No se si tu que estas leyendo, crees en Dios, pero en ese momento, sentí una fuerza tan grande desde mis entrañas que la única palabra para explicarla es Dios.

El me dijo “Viniste hasta acá desde México. Saca el mejor provecho de esta oportunidad”. Sabia que Dios me había llevado a Tailandia con un propósito.

 

Los planes cambian, pero siempre hay un propósito, y normalmente, es bueno.

 

Y fue así como las cosas empezaron pasar.

 

Mis primeros días en Bangkok me aloje en una habitación en donde el único sonido que podía oír durante la noche, fueron las ratas corriendo por toda la habitación.

 

Pero sabia que de alguna manera, las cosas iban a mejorar.

 

Pocos días después de mi llegada, una muy buena amiga mía, vio una publicación que hice en Facebook y me contacto. Me dijo que se había mudado recientemente a Tailandia y vio que estábamos en la misma ciudad, así que me ofreció hospedaje, para que me quedara con ella y su bella familia.

 

En ese momento, pase de dormir en una habitación junto a ratas, a dormir en una casa junto al lago!

 

Los acontecimientos que tuvieron lugar en ese tiempo son lo que dieron forma al amor que siento por Tailandia.

 

Me di cuenta de que no necesitas pasar un tiempo muy largo con alguien para convertirte en alguien notable en su vida.

 

Pase varias semanas entre Bangkok – La mega ciudad, Chiang Mai – las áreas extremadamente turísticas, Mae Sot – la frontera con Myanmar, y Korat – la zona de campos del país.

 

Decidí que me mudaría a Tailandia.

 

Mi idea era volver a Singapur, recoger mis maletas y volver a Korat en dos semanas.

 

Ciertas circunstancias cambiaron mis planes y nunca volví. Hasta el día de hoy, me persigue esa idea… preguntándome que habría sido aquello que no sucedió.

 

Pero como dije antes, los planes cambian. Y siempre he sido del tipo de persona que sigue caminando a pesar de la tormenta.

 

Pensé en los altos y bajos de aquel viaje a Tailandia. Desde el temor aterrador que me paralizo al principio de mi viaje, hasta el primer día que salí a explorar la ciudad de Bangkok, comiendo Mango Sticky Rice (Dulce de Arroz y mango con leche de coco), ese viaje fue colorido con belleza total.

 

Recuerdo caminar por la ciudad, tomando tuk tuks, perdiéndome y encontrándome de nuevo una y otra vez. Me encontré un mercado en la calle (tianguis). Y me arriesgue a ordenar ese postre de arroz y mango.

 

Fue tan delicioso que cada que pude pedí el mismo postre en cada restaurante tailandés (probablemente si lo encuentro en el menú de algún restaurante local lo pido).

 

Todos estos pensamientos inundaron mi mente, supe que tenia que preparar este postre, solamente para satisfacer mi propio antojo.

 

No pude hacer el platillo inmediatamente. Porque se necesita equipo especial para prepararlo correctamente. Necesitaba comprar un Vaporizador de Bambú.

 

Encontré uno en oferta en un mercadito asiático local, pero se puede conseguir en línea por menos de 10 dólares.

 

Prueba esta receta y enamórate de Tailandia como yo lo hice. La preparación de este platillo requiere un poquito mas de dificultad que para otras recetas que he compartido (porque son varias cosas al mismo tiempo). Trata, valdrá la pena hacerlo.

 


 

DULCE DE ARROZ Y MANGO CON LECHE DE COCO – Mango Sticky Rice

(3 personas)

Ingredientes:

Salsa de coco dulce y Arroz:

1 Taza de arroz dulce glutinoso

2/3 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1/2 Taza de azúcar

Salsa de coco salada:

1/2 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1 Cucharadita de harina de arroz / Maicena

1 Cucharadas de agua

2 Cucharadas de Mung beans tostados/ Semillas de sésamo tostadas.

2 Mango fresco pelado y cortado cuidadosamente en rodajas gruesas.

INSTRUCCIONES:

[Arroz glutinoso y Salsa Dulce]

Enjuaga el arroz en un tazón y disipar el agua hasta que el agua sea clara.

Déjalo remojando en agua durante la noche (o por unas pocas horas antes de cocinar).

A la mañana siguiente, cuela y escurre muy bien el agua.

Pon el arroz a cocer en la vaporear de bambú. Coloca una tapa encima del arroz para guardar el vapor.
(Nota: Yo tenia un pedazo de gasa en la cocina y lo puse en la parte superior del arroz antes de poner la tapa, sólo para asegurarme de que mantenía el vapor.)

Cuece a vapor sobre el agua hirviendo durante unos 30 minutos.

Mientras se cuece el arroz, en una olla pequeña a parte, a fuego medio, mezcla la leche de coco, el azúcar y la sal. Revuelve hasta que el azúcar se disuelva y apaga el fuego.

(No quieres cocinarlo durante mucho tiempo, usa el calor sólo para mezclar los ingredientes. Una vez terminado, ponlo a un lado y mantenlo caliente con su tapa puesta).

Una vez que el arroz se ha cocido, vacíalo en un recipiente y vierte inmediatamente la mezcla del dulce de leche. Revuelve y tápalo muy bien.

Es importante trabajar tan rápido como sea posible para mantener el arroz caliente.

De esta manera, mientras descansa, el arroz absorberá todo el líquido del dulce de leche.

Deja reposar durante unos 20 minutos. Después de que el tiempo haya pasado, abre y revuelve cuidadosamente otra vez. Déjalo reposar por lo menos otros 20 minutos.

Si no tienes vaporera de bambú, utiliza una vaporera de metal con una gaza alrededor del arroz para evitar que caiga en el agua hirviendo al fondo de la olla. O puedes tratar en la estufa.

Yo nunca he tratado de hacerlo de esta manera, pero aquí es una sugerencia:

Por cada 1 taza de arroz añade 1 y 1/4 Taza de agua.

Deja hervir con la tapa hasta que haya absorbido el agua (No agitar). Una vez que ha absorbido toda el agua, retíralo del calor con la tapa puesta y dejarlo reposar durante 10 minutos.

Salsa de Coco Salada:

Mezcle la harina de arroz / Maicena en agua hasta que ese disuelva.

En una olla pequeña, agrega la leche de coco, la sal y la mezcla de harina con agua. Cocina a fuego medio-bajo

Revuelve hasta que comience a hervir y a espesarse.

Apaga el fuego y déjalo enfriar.

(No lo cocines demasiado tiempo, sólo hasta que hierve la primera vez y comienza a engrosar, de lo contrario la leche de coco se disolverá y tendrás que empezar todo de nuevo!)

¡Si tus Mung beans (Moon beans) o las semillas del sésamo no están tostadas, tu puedes tostarlas!

Para los Mung beans: Hierve en una olla pequeña hasta que estén suaves.

Una vez suaves. Cuela el agua y colocarlos en toallas de papel, para que absorba el exceso de agua.

Tuéstalos en una sartén seco a fuego medio durante 3-5 minutos o hasta que estén ligeramente dorados, revolviendo de vez en cuando.

Semillas de sésamo: solo tuéstalos en el sartén hasta que doren.

Sirve una porción del dulce de arroz junto a algunas rebanadas de mango y añade un poco de la salsa de coco salado en la parte superior del arroz.

Espolvorea algunas de las semillas tostadas de Mung beans/ semillas de sésamo.

¡Disfruta!

Sweet Thailand, Sweet Sticky Rice

I love Thailand.

Everything about it, I love: the people, the scenery, the food. Oh, the food … I especially love the food.

So, a few weeks ago – toward the beginning of April – when the Thai New Year rang in, I wanted to celebrate with one of my favorite dishes from Thailand: Mango Sticky Rice.

In 2011, I spent a little more than a month in Thailand. I was living in Singapore at the time and had a contact in Thailand who ran an orphanage, so I decided to go help at the orphanage, but also to explore the country with the intention of moving there as a missionary.

And let me tell you – I really got the opportunity to explore.

When I landed in Bangkok, I called my sole Thailand connection from the airport to find where and when we could meet. She told me she had left. She wasn’t there. She told me to “come back later.”

Come back later?? As if I had just missed the open hours of a grocery store? But this was more serious than a store closing before you arrive – I was in an entirely new country and my only contact just told me to “come back later.”

I became afraid. This was my first trip alone to an unknown place.

I became frustrated. I tend to blame myself when things don’t work out.

I became numb. I thought – “go back,” but I didn’t have the money to go back. I just didn’t know what to do. Where to go. Who to call.

I didn’t even know how to get out of the airport.

My plan had failed.

Then I snapped back into reality – I needed to do something. I couldn’t just sit in the airport in Bangkok.

All my fears suddenly became a strength.

I don’t know if you who are reading this believe in God, but I felt an extreme courage come from within that can only be explained as a word from God. He said, “You came all the way here from Mexico. You better do something with the opportunity.” I knew God had brought me to Thailand for a purpose.

Plans change, but there’s always a purpose in it. And it’s usually good.

And just like that, things started happening.

The first few days in Bangkok I stayed in a room where all I could hear at night were rats scurrying around the room.

But I knew it was going to get better.

A couple of days after my arrival, a good friend saw a post I’d made on Facebook and contacted me. She said she had recently moved to Thailand and saw that I was near her and wanted me to come stay with her.

In a mere moment, I went from rats bedside to a house lakeside!

The events that took place in that time are what shaped my love for Thailand.

I realized that you don’t need to spend a long time with someone to be remarkable in their life.

I spent several weeks in Bangkok – the big city, Chiang Mai – the extremely touristic area, Mae Sot – bordering Myanmar, and Korat – the true Thailand countryside.

I decided I would move to Thailand.

The idea was for me to go back to Singapore, pick up my bags and return to Korat in two weeks.

But through certain circumstances, I never went back. To this day, that idea haunts me … wondering what could have been and what never was.

But like I said earlier, plans change. And I’ve always been the type of person who rolls with the punches.

I thought about all the highs and lows of that trip to Thailand. From the rigid fear that stunned me at the trip’s beginning to the first day exploring Bangkok and eating Mango Sticky Rice, the trip was full of beauty.

I remember walking around, taking “tuk tuk” rides, getting lost and finding myself over and over again, I stumbled upon a wet market. I took a chance and ordered the sticky rice dessert with mango.

It was so delicious that I ordered Mango Sticky Rice at every Thai restaurant (and I would probably buy it if I find it on a menu locally too).

So as these thoughts flooded my mind, I knew that I had to make this sweet treat, if for nothing else than to quench my own craving.

I wasn’t able to make the dish right away. It takes special equipment to do it properly. I needed to purchase a Bamboo Steamer.

I found one for sale locally at an Asian Market, but you can easily purchase one online for less than $10.

So try this recipe and fall in love with Thailand as I did. This one has a higher difficulty level than most other recipes I post. But push through … it’s worth it.


 

MANGO STICKY RICE

(feeds 3 people)

[Sweet coconut sticky rice:]

1 cup glutinous sweet rice

2/3 cup coconut milk

1/4 tsp Salt

1/2 cup sugar

[Salted coconut sauce:]

1/2 cup coconut milk

1/4 tsp Salt

1 tsp rice flour / corn starch

1Tbsp water

2 Tbsp roasted split Mung beans / Sesame seeds

2 Fresh mango peeled and carefully cut in thick slices.

[Sweet sticky rice]

Rinse rice in a bowl and dispel water until water is no longer foggy.

Allow to soak in water over night (or for a few hours before cooking).

Drain the water very well and put rice in the bamboo steamer.  Put a lid on top of the rice. (Note: I had a piece of cheesecloth, and put it on top of the rice before putting the lid, just to make sure it kept the vapor.)

Steam over boiling water for about 30 minutes.

In a separate small pot, on medium heat, mix the coconut milk, sugar and salt. Stir until the sugar is dissolved and turn off heat. (You don’t want to cook it for a long time. Use the heat only to mix the ingredients and set a side and keep it warm.)

Once the rice is done cooking, put it in a container and immediately pour the sweet milky mix.

Stir and cover very well.

It is important to work as fast as possible in order to keep the rice warm. This way, while it rests, the rice will absorb all the liquid.

Let sit for about 20 minutes.

After that time has passed, open and carefully stir again and let it sit for at least another 20 minutes.

If you don’t have a bamboo steamer, use a steamer with a cheese cloth to prevent the rice from falling to the bottom of the pot into the water.

Or you can try on the stove. I have never tried to make it this way, but here it is a suggestion:

1 Cup of rice: 1 1/4 Cup of water. Letting it boil with the lid on until it has absorbs all the water (Do not stir). Once it has absorbed all the water, take it out of the heat with the lid on and let it rest for more 10 minutes.

[Salted coconut sauce:]

Mix the rice flour/corn starch in water until it is smooth.

In a small pot, add the coconut milk, salt and flour mix and cook over medium-low heat

Stir until it starts boiling and thickening.

Turn off heat and let it cool.

(You don’t want to cook it too long, only until it boils the first time and starts thickening, otherwise the coconut milk will break down and you will have to start all over again!)

If your Mung beans or Sesame seeds are not roasted you can roast them!

To roast split Mung beans:

In a small pot, boil the split Mung beans until soft.

Once soft. Strain the water and place them on paper towels, the excess water can be absorbed. Roast beans in a dry skillet over medium heat for 3-5 minutes or until lightly browned, stirring occasionally.

Plate a portion of sweet sticky rice next to slices of mango and add some of the salted coconut sauce on top of the rice.

Sprinkle some of the roasted Split Mung beans/Sesame seeds.

 

Enjoy!

Cocinando en Frances – Coq Au Vin

File May 05, 12 35 19 AM

Me pare en mi cocina el Domingo por la tarde y empecé a acomodar los trastes que se habían quedado desde la noche anterior secando. Teníamos amigos que nos visitarían para la cena y quería asegurarme de que todo estuviera en orden.

 

Mi esposo acababa de prender la televisión en la sala y vino a la cocina a preparar una “botanita” (pasapalo) que nos mantuviera sin tanta hambre hasta la hora que nuestros invitados llegaran para la cena.

 

Abrió el refrigerador y buscando entre los gabinetes, encontró los restos de un trozo de salami ruso que compramos la semana pasada en una tienda europea que encontramos en Baton Rouge. Después, encontró y abrió un paquete de queso de chivo y se fue a la alacena buscando galletas saladas.

File May 05, 12 35 34 AM

Corto en rebanadas delgadas el salami, apretó el plástico que cubría el queso, tomo las galletas, acomodando todo sobre nuestra tabla de madera camboyana Vandywood, convirtiéndola en una tabla de queso y charcutería, y me pregunto si quería un poco antes de que se regresara a la sala, para lo que indudablemente seria su “siesta dominguera”. Mi esposo necesita tomar una “siesta” los domingos por la tarde… Aparentemente que siente la necesidad de hacerlo, como un niño.

 

Mientras veía la preciosa bandeja de charcutería que Aarón hizo, recordé que hace un tiempo no muy largo, cuando mi mama y yo viajamos a por España, Italia y Francia, en nuestro camino para visitar a unos queridos amigos en el Reino Unido. Fue en Francia, que descubrí la esencia de la degustación de vinos y quesos.

 

Ese viaje fue hace cerca de dos años. Rente una habitación en un hotel muy pintoresco para mi madre y para mi en Paris.

 

El hotel era pequeño, pero lo suficientemente grande para tener un elevador, muy antiguo por cierto. Cuando hice la reservación, elegí la opción menos costosa porque estábamos viajando bajo presupuesto. Sin embargo, una vez que llegamos, el personal del hotel fue caluroso y atento; cuando nos vieron, nos ascendieron a una habitación con vista a la Torre Eiffel. Quizás, fue el hecho de que éramos una madre y su hija viajando y explorando vida juntas lo que los hizo ser mas generosos con nosotras.

 

El hotel ofrecía una degustación de vino y quesos cada noche. Yo había estado en degustaciones de vino y queso antes en mi vida, pero esta vez fue muy diferente! El queso era cremoso y muy sabroso; y el vino, emparejado con el queso, tenia sabores que nunca había notado antes en vino.

 

Siempre había oído a gente describiendo vinos – diciendo cosas como “es acido, o afrutado, o con sabor a nuez – honestamente, esta fue la primera vez que detecte esos sabores por mi misma. O tal vez, fue solo el hecho de que estaba en Paris, y la idea romántica del vino, queso y pan me envolvió… soy una romántica empedernida!

 

Durante ese tiempo, me acerque mas a mi mama, de una manera inexplicable. Reímos juntas, aprendimos sobre otras culturas juntas, conocimos a gente nueva juntas … y todo en un viaje en el que yo no estaba incluida.

 

Inicialmente, mi papa viajaría con mamá, pero debido a una situación con su pasaporte venezolano y retardos en una visa, no pudo ir, así que tome su lugar. (también fue bueno, porque hablo inglés y estudié francés e italiano en la escuela.)

 

Acomode el último de los platos, preparándome para nuestros invitados a la cena, me serví otra galleta con salami y queso de cabra, y empecé a recordar mi primera vez cocinando comida francesa – en la universidad, mientras estudiaba francés.

 

En la escuela a la que asistí en la Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al estudiar una lengua extranjera, nos sumergíamos en la cultura de esa lengua.

 

Así que para francés, aprendimos el idioma y entre otras cosas, algo de cocina francesa. Aunque mis habilidades en el idioma francés se han desmoronado con el paso del tiempo en mi memoria (ahora estoy tratando de recuperarlo), no creo olvidar jamás algo que una de mis profesoras nos enseñó a cocinar.

 

Coq Au Vin – Pollo al vino

 

Quizás por lo sabroso que fue, o, probablemente, lo recuerdo muy bien por las risas y la diversión que tuvimos durante su preparación con mis compañeros de clase. Como cuando supe que mi amiga/compañera de clase había contrabandeado dos botellas de vino al salón de clases para poder preparar el platillo.

 

Cuando empecé a recordar aquel Coq Au Vin, los ingredientes comenzaron a volver a mi memoria, y decidí tratar de reconstruir aquella deliciosa comida francesa… claro, sin el contrabando de vino!

 


Coq Au Vin

(Para 2 personas)

 

(Todas las medidas son aproximaciones. Yo fui ajustando las medidas conforme fui cocinando)

 

Ingredientes:

2 Piezas de muslo con piernas con hueso y piel

1 Taza de vino tinto. Tradicionalmente Burgundy (No teníamos Burgundy, así que usé Merlot – pero cualquier vino tinto seco esta bien.)

3 Tiras de Bacon cortadas en trozos (Aprox. 1/2 pulgada)

¼ Libra (1 Taza) de Champiñones, cortados en mitades

½ Cebolla amarilla picada finamente

1 Cucharadita de Aceite de oliva

1 Cucharadita de Tomillo seco (Usa un par de tallos de tomillo fresco en lugar de si puedes!!)

4 Cucharadas de mantequilla (media barra de mantequilla)

1 Cucharada de harina

½ Taza de caldo de pollo

Pimienta al gusto

Sal al gusto

 

INSTRUCCIONES:

 

Sazona el pollo con sal y pimienta. Déjalo a un lado reposando.

Precalienta el horno a 375* F (190*C)

En la estufa coloca el tocino en una cacerola – o sartén amplio – (Debe ser sartén/olla para hornear, porque mas adelante en la receta la meterás al horno)

Una vez cocido y crujiente, retira el tocino del fuego, escurriéndolo y dejando grasa en el sartén. (Si notas exceso de grasa, puedes retirar un poco)

Coloca el pollo en el sartén con la grasa del tocino. Cocina a fuego medio-alto hasta que la piel esté dorada y crujiente – no te preocupes por cocinar el pollo completamente en este paso. Se cocinará más tarde. Por ahora solo queremos darle color al pollo.

Una vez dorado, retira el pollo y colócalo a un lado.

En el mismo aceite, saltea la cebolla hasta que quede translúcida. Agrega los champiñones y cuece hasta que estén ligeramente dorados.

Añade la mantequilla hasta que se derrita y agrega la harina. Mezcla. Este paso engrosará su salsa.

Una vez muy bien mezclado, agrega el vino mientras que la cacerola esté a fuego medio por cerca de 5 minutos (en lo que se consume el alcohol). Añadir el tomillo y dejar cocer durante otros 5 minutos.

Agregue el tocino que se dejó a un lado. Vierte poco a poco el caldo de pollo, y deja cocinar unos minutos, moviéndolo según sea necesario. Prueba el caldo, añade mas sal o tomillo si es necesario.

Añade el pollo, sube la flama a fuego alto y baña (vierte cucharadas de la mezcla liquida sobre la carne) durante aprox. 2 minutos. Toma el sartén y con cuidado, colócalo en el horno en 375*F durante unos 45 minutos.

A los 30 minutos, abre el horno y con cuidado, de nuevo baña el pollo con cucharadas del jugo. Cierra el horno y déjalo terminar la cocción. Si ves que el pollo está listo antes de que los 45 minutos, sácalo del horno – El horno de cada casa trabaja diferente!

Retira del horno y dejar enfriar un poco.

¡Sírvelo con verduras frescas y Bon Appetite!