Pizza Margarita en Florencia, Italia.

Tratar de no estancarme en la misma rutina culinaria, muchas veces puede convertirse en un verdadero desafío., porque cocinando bajo presupuesto, es muy fácil caer en la misma rutina repitiendo platillos.

 

Pollo y arroz, por ejemplo, representa zona de comodidad para mí (y creo también lo es que para muchas otras personas que cocinan comida casera).

 

Para ahorrar, compramos pollos enteros y los corto en partes. Siento que puedo sacar mas provecho del pollo que yo misma desmenuzo, que del que viene empaquetado en partes (paquetes de pechuga, piernas, muslos, etc.). He notado que regularmente termino cocinando algún platillo que incluye pollo y arroz por lo menos una vez a la semana.

 

Así que, hace unas noches, para salir de la rutina, decidimos divertirnos un poco con la cena y hacer pizza casera.

 

Mientras mi esposo y yo extendíamos la masa, en su debida forma circular, no muy perfecta, por cierto, recordé el viaje que hice con mi mamá por toda Europa hace un par de años; específicamente, recordé nuestro tiempo en Italia.

 

Comenzamos nuestra jornada italiana en Roma. Luego viajamos a Florencia por tren; después fuimos a Pisa y, finalmente, a Venecia. Pero fue nuestro tiempo en Florencia el que causó el mayor impacto en mi mamá y en mí.

 

Me di cuenta desde el principio que, a pesar de que mi mamá estaba en medio de una aventura viajando por Europa, no estaba tan dispuesta a aventurarse fuera de su zona de comodidad en un detalle. Estábamos en Roma cuando nos sentamos a comer y le pregunté si ella quería comer un trozo de pizza.

 

-¡Estamos en Italia, mamá! ¡Tenemos que probar pizza!

 

Pero ella simplemente se negó a comer pizza de cualquier tipo. Dijo que no le gustaba.

 

Así que en Roma, disfrutamos de otros platillos italianos – pastas, panes, calzones, carbonara, etc.

 

En Florencia, nos alojamos en un hotel que estaba en una zona céntrica, en donde pudimos salir y caminar a donde quisiéramos.

 

Entramos a diferentes tiendas y la gente local hablaba con nosotros – sin saber si hablábamos italiano – . Ayudaba un poco que yo he estudiado el idioma, y la única palabra que mi mamá sabía decir era “ciao”, así que ella constantemente saludaba y se despedía de la gente.

 

Un día, mientras caminábamos, viendo la hermosa arquitectura de Florencia, entramos a una tienda, y entablamos conversación con el dueño del establecimiento. Le dije que mi madre me había llevado a viajar por Italia; y el me dijo cuanto deseaba poder llevar a su madre a pasear por México.

 

Así que en mi italiano a medias, le pedí que nos recomendara un lugar en el que mamá y yo podíamos ir a comer. Le dije que quería ir a un restaurante que la gente local disfrutaba – no sólo a donde van turistas.

 

Nos dijo que en la “Piazza del Duomo” – la plaza junto a la Catedral de Santa María del Fiori (el Duomo), – habia un restaurante del que su amiga era la dueña, y que a menudo come ahí, nos prometió que disfrutaríamos la experiencia.

 

El chico nos acompañó a la zona de la plaza – a nuestra derecha estaba el Duomo, y a la izquierda había restaurantes, todos con mesas y sillas afuera de los locales, al aire libre, era tan “Italia”, tan perfecto, en un día con un clima tan precioso.

 

Cuando entramos en la explanada, hice lo que siempre hago cuando busco un buen lugar para comer: Busqué el restaurante con mas gente.

 

Qué coincidencia – el lugar con la mayoría de los clientes era el mismo lugar que nuestro nuevo amigo nos había recomendado.

 

Así que mamá y yo encontramos una mesa libre y nos sentamos.

 

Cuando nuestra camarera vino a tomar la orden, nos dijo de las ofertas del día, una de las cuales, era un descuento especial en pizzas. Me emocioné y voltee a mi mamá y le dije: “Mami, esta es tu oportunidad! Puedes probar su pizza!”

 

Ella finalmente empezó a ceder. Mi objetivo durante nuestro tiempo en Florencia era conseguir que mi mama probara pizza, y puedo decir que en ese momento lo estaba logrando.

 

“Si pruebo la pizza,” ella explicó. “Tiene que ser una sencilla.”

 

Asentí con la cabeza mostrando mi acuerdo.

 

“No me gustan todas esas capas de condimentos”, agregó. “Y la masa tiene que ser delgada. No me gusta la masa gruesa.”

 

Ella ni siquiera sabía que estaba describiendo un artículo con el que ya estaba familiarizada, pero la dejé que me explicara, y luego le dije que en el menú tenían Pizza Margherita (Margarita), que es una masa fina y crujiente con salsa de tomate, queso mozzarella y albahaca.

 

Ella pidió algún tipo de pasta, pero dijo que probaría mi plato e íbamos a compartir.

 

La camarera notó la vacilación de mi mamá cuando mencionamos la pizza, e inmediatamente le dijo: “Le va a gustar esta pizza!… Si no le gusta, no tiene que pagarla. Le prometo que le gustará.”

 

Cuando la comida llegó a la mesa, todavía tuve que hacer un poco de labor para convencer a mi mamá para probar la pizza, pero cuando ella finalmente dió la primera mordida a una rebanada, sus ojos se iluminaron como una noche de luna llena en Roma.

 

“¡Esto no es pizza!” Exclamó. “Esto es algo que nunca había probado antes.”

 

Era perfecta, desde la superficie de la masa, hasta la salsa y los condimentos; todo era como una sinfonía culinaria.

 

La salsa era dulce, pero perfectamente equilibrada, fusionando todos los ingredientes frescos, era una explosión de deliciosos sabores. La base era increíblemente crujiente.

 

Cuando la mesera regresó y nos preguntó sobre nuestra experiencia, mi mama le respondió con algunas nuevas palabras en italiano que había aprendido en el pasado.

 

“Bella!” Gritó ella. “Bellísima!”

 

La mesera quedo encantada por su respuesta, lo que provocó una especie de amistad entre nosotras tres. Mi mamá tendía a conseguir esa reacción por todas partes a donde íbamos – todo el mundo parecía genuinamente amarla y mostrarle mucho respeto en cuanto la conocían.

 

La mesera regresó con un postre especial, diciendo que era cortesía de la casa.

 

Después de otra breve conversación con ella, nos dimos cuenta de que la mujer que nos había atendido todo el tiempo era la dueña del restaurante – la misma persona, amiga del hombre que habíamos conocido mas temprano ese día.

 

Desde ese punto en el viaje hacia adelante, mi mama no quiso comer ninguna otra cosa, sino la Pizza Margherita, por todas partes a donde fuimos.

 

Volvimos al mismo restaurante varias veces antes de nuestra salida de Florencia, de hecho, mi mamá fue tratada como “Super Estrella” cada vez que regresamos. Ella tuvo una conexión especial con la gente de Florencia, aunque no hablaba el idioma, fue hermoso ver cómo la comunicación trasciende las palabras.

 

Yo estaba feliz de ver a mi mamá feliz. Me hace sonreír el solo recordarlo.

 

Nuestro tiempo en Florencia fue algo que nunca olvidare, y me ayudo a entender que la simplicidad de las cosas, muchas veces muestran otras cosas mas complejas.

 

Las comidas con los mas simples ingredientes, son muchas veces los mejores. En el mundo de las pizzas, en la vida. Puede ser que pienses que no tienes mucho que dar, no importa, mientras lo que sea que tengas, sea de la mejor calidad.

 

Igual que esta receta de Pizza Margarita!

 

Disfrútala!

 


 

Pizza Margherita (Margarita)

Masa:

 

1 Paquete de levadura activa

2 1/4 Tazas de harina de trigo

3/4 Tazas de Agua tibia

1 Cucharadita de sal

½ Cucharada de Aceite de oliva

 

Salsa:

 

5 Tomates pelados enteros o una lata de puré de tomate

2 Dientes de ajo

Un manojo de albahaca fresca

Un manojo de Perejil fresco finamente cortado

Un manojo Orégano fresco finamente cortado

1/4 Taza de Azúcar

2 Cucharada de aceite de oliva

Sal

Pimienta

1/3 Taza de queso Mozzarella. Si es fresco, córtalo en rodajas

 

PREPARACIÓN:

 

Masa: 

En un tazón mezcla la levadura, 1 Cucharada de harina y 1/4 Taza de agua tibia, cubre, dejando reposar durante unos 10 minutos (la mezcla debe obtener una textura cremosa pasados los 10 minutos).

 

Agregue lentamente la otra 1/2 Taza de agua, 2 Tazas de harina, aceite de oliva y sal, mezcle hasta que quede suave y un poco pegajoso. Si estas haciéndolo a mano, revuelve mezclando bien los ingredientes, amasando durante unos 5 minutos. La textura debe ser suave, elástica y un poco pegajosa.

 

Coloca en un recipiente engrasado y cubre con trozo de plástico. Deja reposar en un lugar fresco durante aproximadamente 2 horas.

 

Pre calienta el horno y ajusta a 475 * F, dejando las rejillas lo más bajo posible en el horno.

 

Si tiene piedra para hornear pizza, colócala en el horno de precalentamiento (475 * F)

 

Si no tienes piedra para hornear pizza, puedes utilizar una bandeja grande para hornear. Colocala en el horno para que se caliente mientras preparas la pizza afuera.

 

Corta una hoja de papel de horno (también llamado papel vegetal o papel sulfurizado), que sea del mismo tamaño de la bandeja en una superficie plana (en donde prepararas la pizza). Espolvorea un poco de maicena en el fondo y colocar la masa ya aplanada y con forma circular en la parte superior de la misma.

 

Si el borde de la masa se empalma con los bordes de la bandeja para hornear, intenta colocar la bandeja al revés (dejando la parte hueca hacia abajo).

 

Salsa de tomate:

 

En un sartén grande calienta (calor medio) el aceite de oliva. Saltea la cebolla y el perejil hasta que estén dorados, luego añade el ajo y el orégano durante unos segundos. Añade los tomates, aplastándolos, agrega sal y pimienta. Revuelve y deja hervir hasta que espese. (5-7 minutos)

 

Formación de la masa:

 

Una vez que esté listo para hornear la masa. Amásala, formando en una bola y aplástala, moldeándola y sobándola con tus dedos, estirándola en un forma circular delgada. Si es necesario, pon un poco mas de harina tus dedos. Trata de hacer la masa tan delgada como sea posible, alrededor de 1/16-inch o menos.

 

Extiéndela sobre el para hornear y deja reposar durante unos 10 minutos.

 

Montaje de la pizza:

 

Extiende la salsa, no en exceso, cuidando las orillas. A continuación, extiende el queso alrededor de la pizza, y hornear de 10-15 minutos.

 

Cuando la masa de la base se ha dorado (se ve crujiente), el queso es dorado y esta burbujeando está lista!

 

Cuidadosamente, saca la pizza del horno y transfiérela a una tabla de cortar. Dejar enfriar durante varios minutos.

 

Espolvorea las hojas de albahaca antes de cortar y a disfrutar!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia con #johastable 

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Johambalaya

Today, I was going through the refrigerator figuring out dinner ideas. There were several items that I knew I was going to have to use soon and decided to experiment by throwing together fresh vegetables from our backyard garden, with rice, sausage and a few other items.

When my husband returned home from work and settled in, I opened the pot and showed him my “experiment.”

He looked down and nonchalantly said, “oh, you made jambalaya.”

“No,” I thought. I didn’t make jambalaya. I just cooked rice with fresh tomatoes, sausage and other items I had available.

Then I thought a little more about his assessment – that’s basically what jambalaya is: a cacophony of Cajun flavors with rice and meat.

And then I started thinking about my first couple of visits to the United States. In 2010, I quit my job as a political analyst for a lobbying firm in Mexico City to become a missionary. I attended a missionary training in Singapore. The first leg of that initial trip made a three-week stop in Louisiana – my first trip to the states.

It was actually during that trip that I met the man that would become my husband.

As one of three missionaries on our way from Mexico to Singapore, we were invited to a lunch/newspaper interview with “Mr. Williams.”

A teenage homeschooled girl, Shelbi, from one of the churches we visited told us that she had been taking journalism classes given by the local newspaper’s editor, Mr Williams. In my mind, when I heard about the teacher/newspaperman, I pictured an old, probably boring, man, but when we arrived at the house for lunch I realized I was very wrong – he was around the same age as me, and not at all what I imagined. We quickly became friends and stayed in touch throughout the years. Every time I came back to the U.S., he was on my list of friends I would try to meet up with. We also stayed in touch through Skype, emails, postcards and FaceTime.

At the time, my English was not very good and I lacked any confidence in the language, so I didn’t think I could correctly pronounce his first name, Aaron, so I simply always called him “Mr. Williams.”

So during that initial trip to Louisiana, there was a long list of things locals told me I needed to do – and on the top of that list was to eat certain foods, one of which was jambalaya. We also went on a swamp tour, visited a plantation, tasted alligator, enjoyed beignets in New Orleans, visited Louisiana State University and saw their mascot, Mike, the live tiger on campus, and more.

I learned that people in the South, especially in Louisiana, take pride in their food. And Louisiana offers a unique blend of flavors and foods.

The first time I tried jambalaya was in the city of Gonzales, with a good friend, Mrs. Carolyn. She brought us to a little place called The Jambalaya Shoppe, and I couldn’t help but to simply look at the rice dish, its color and texture, and debate whether or not I should just dig in.

It reminded me a little bit of Arroz Con Pollo, a Venezuelan dish, but its appearance was a bit dry. The color wasn’t the same either. And it came with bread – it didn’t make sense to me. None of my food experiences told me I would enjoy this.

But just like any other time I’ve tried new foods in other countries, I looked around to see how others enjoy the dish. Some added salt and pepper, some added hot sauce, some Tabasco sauce, some even placed the rice in the bread; but one thing seemed unanimous, it was good. So I grabbed a spoon and ate it, and to my surprise, it was moist and exploded with flavor.

A few days later, I was invited to attend a party with some people from a church in the same city of Gonzales. When I got there and looked at the array of foods, I saw jambalaya again.

I tasted this one, and though it was different than the one I had eaten just a few days prior, it too was delicious. The color was redder than the first, and it seemed to have more meats.

I found myself eating jambalaya at nearly every event I attended around the Baton Rouge area during that trip and throughout my stays in Louisiana over the years.

I realized that every jambalaya was different. Every time I had a taste of the dish, there was something new, something different and beautiful – just like the personalities of the chefs that prepared them.

So when my husband looked at my dish and said he thought it looked like jambalaya, I told him that wasn’t what it was. It was a dish with lots of similarities, but I threw in hints of my Mexican-Venezuelan ancestry and a dash of personality, and a lot of “this is just what we had in the refrigerator.” Haha

He laughed and said, “Oh, so it’s ‘Joha’-mbalaya.”

So, here’s a recipe for my twist on jambalaya; it’s Johambalaya!


 

JOHAMBALAYA

(feeds 2-3 people)

 

1 lb of Smoked Sausage, sliced

1/2 Red Onion, cut

2 Stalks of Green Onion finely chopped

2 Cloves of Garlic finely chopped

1 Tomato, cut

1 Stalk of celery

1/2 lb Mushrooms cleaned and cut in half.

1 Cup of rice

1 Cup of Chicken Stock

A pinch of Cumin

A pinch of Cayenne pepper

1 tsp of Worcestershire Sauce

Fresh Parsley

Salt

Black Pepper

 

In a big pan, on medium-high heat, sauté the smoked sausage until browned on all sides. Take out of the pan and keep aside.

In a separate pot, pour 2 cups of water and bring to boil. When the water starts boiling, add rice, add some salt, and bring the heat to low and put a lid on the pot. Let it cook for about 10 minutes. Once it is soft, turn off the heat.

In the pan where the sausage was cooked, with the sausage’s grease still in the pan, sauté the red and green onion, celery and mushrooms for about 4 minutes. Then add the garlic (I didn’t add it at the beginning because it tends to burn if it is fried for too long). Cook down to give vegetables a brownish (not burnt) color.

Add tomatoes, cumin, cayenne pepper, Worcestershire sauce, fresh parsley, salt and pepper and about 2 Tbsp of chicken stock.

Carefully combine the cooked rice and vegetable mix. If the mix seems too dry, add more chicken stock little by little, giving it time to be absorbed. Put the lid on for about 5 minutes on low heat. Taste to check flavor and consistency.

Take it off the heat, add more salt if necessary and serve with some cornbread, if possible, and hot sauce!

Vacaciones Espontáneas / Arroz con piña

File Jun 14, 12 15 10 AMEstábamos en el mercado el otro día y mientras buscaba entre las frutas y verduras frescas, noté un lote de piñas en uno de los estantes que lucían deliciosas.

 

He escogido piña fresca en el pasado, pero la verdad siempre me ha costado elegir una buena.

 

Mientras estaba allí tocando una de las espinosas frutas, mi esposo regresó del otro lado de la tienda con un galón de leche en la mano. Colocó la leche en nuestro carro y se dio cuenta de que yo estaba viendo fijamente las piñas.

 

“¡Me encanta la piña!” Dijo, como si estuviera leyendo mi mente. “Deberíamos comprar una.”

 

Se acercó al estante en donde estaban las piñas, y tomó una que se veía más amarilla, que verde o marrón, la acercó a su rostro y la olió, y luego jaló suavemente la hoja del centro de la cabeza de la fruta.

 

Explicó – y busqué más tarde en Google para verificar: Cómo elegir una piña madura.

 

Se puede determinar la madurez de una piña por su color, olor y, suavemente jalando una hoja.

 

Cuanto más madura este la piña, más fuerte es el olor. El olor de una piña inmadura es débil.

 

Además, la hoja central superior se extrae fácilmente cuando la fruta esta totalmente madura.

 

Así que trajimos a casa una buena piña madura, mi esposo emocionado la cortó tan pronto como llegamos y comenzó a comer la dulce delicia tropical.

 

Pero yo tenía más en mente que simplemente comer la piña sola. Yo estaba pensando en mi tiempo en el sudeste asiático, y en un plato que rápidamente se convirtió en un favorito – Arroz con piña.

 

El arroz con piña es básicamente arroz frito con piña y camarones.

 

Es conocido popularmente como un platillo tailandés. No obstante, algo que supe de primera mano, fue que aunque su popularidad no está en cuestión, no es realmente un platillo de Tailandia. Hecho que en su momento me confundió, porque casi cada restaurante tailandés en el que he estado sirven el platillo.

 

Durante mis viajes, pasé un tiempo en Tailandia, en donde mis amigos locales me dijeron que el famoso arroz con piña no es parte de su dieta, ni lo consideran un platillo tailandés real. De hecho, una vez teniendo esa información, observe con detenimiento y me di cuenta que sólo vi el plato en restaurantes de zonas turísticas.

 

La primera vez que probé el arroz con piña fue en Singapur, en “Golden Mile Complex” – el mercado tailandés en la ciudad. Y lo comí frecuentemente durante mi tiempo en Asia.

 

Cuando pienso en el platillo, pienso en mi querida amiga Bere.

 

Hace varios años, Bere y yo viajamos juntas a Indonesia, en unas espontaneas mini vacaciones/celebración de cumpleaños.

 

Yo acababa de volver a Singapur de un largo viaje de trabajo, y estaba en casa cuando mi amiga, Bere, me envió un mensaje de texto. Después de saludarnos, le dije que estaba en casa, y le pregunté qué estaba haciendo.

Era un lunes como cualquier otro, y me extraño que se comunicara conmigo en horas de trabajo.

 

“Me tomé esta semana de vacaciones”, me dijo. A lo que respondí:

 

“¡Deberíamos ir a algún lugar!”

 

Ella sugirió: “¡Vamos a la playa!”

 

Era mediados de diciembre, y mi cumpleaños seria sólo en un par de días, yo había trabajado exhaustivamente las semanas previas, y estaba planeando tomar el resto de la semana libre, por lo que su idea me cayo como anillo al dedo.

 

Y así, decidimos irnos a la playa; Bere sugirió la isla Bintan en Indonesia, que esta a dos horas en ferri de Singapur.

 

Una hora después de nuestra conversación nos encontramos en la terminal de ferri, compramos boletos, y nos dirigimos a Indonesia. En el camino, Bere hizo reservas de hotel, y estábamos listas.

 

En el lugar en donde nos alojamos, no había mucho alrededor, así que la mayor parte de nuestros días, la pasamos durmiendo en la habitación, leyendo, o a la orilla de la playa.

 

La playa era preciosa, con aguas cristalinas y arenas doradas.

 

Al día de hoy, ese viaje sigue siendo uno de los momentos más relajantes de mi vida adulta.

 

Pasamos un par de días descansando y relajándonos en una de las playas más hermosas en esa área. Recuerdo haber comido mucho arroz con piña.

 

Bere es vegetariana, así que ella comió este platillo – solo quitando el camarón. Recuerdo que probamos otros platillos durante ese viaje, y no fueron nada impresionantes; Pero el arroz frito con piña fue una delicia continua.

 

Así que ahora, cuando pienso en Arroz con piña (y arroz frito), pienso en Bere, la diversión de nuestro viaje espontáneo a Indonesia, y cómo ella sigue siendo una de mis mejores amigas y compañeras de viaje favoritas.


 

ARROZ FRITO CON PIÑA

2 -3 Personas

(Todos los ingredientes son aproximaciones, añade o cambia los ingredientes a tu gusto)

 

1 Taza de arroz blanco cocido (frío de preferencia y es perfecto si es un par de días viejo)   (Checa cómo hacer un mejor arroz)

10 Camarones

1 Huevo

1/2 Cebolla amarilla finamente cortada en trozos pequeños

2 Cebollas verdes picadas (Cebollines)

1-2 Tomates medianos, sin semilla y picados en trozos de aprox. 2 centímetros.

2/3 Taza de piña fresca, cortada en trozos de 2 centímetros

(* Si no puede encontrar la piña fresca, usa piña al almíbar asegurándote de secar el almíbar lo mejor que puedas)

1/2 Taza de nueces de la india tostadas sin sal

1 Cucharada de salsa de soya

1 Cucharada de salsa de pescado

1 Cucharadita de curry en polvo

1 Cucharadita de azúcar

1 Pepino en rodajas para adornar

1 Pizca de pimienta blanca

1 Pizca de sal

2 Cucharaditas de aceite de cocina (vegetal, de oliva o lo que sea que usas regularmente en tu cocina)

 

PREPARACIÓN

 

Antes de comenzar, mezcla todos los ingredientes secos (curry, azúcar, pimienta blanca, sal) en una taza pequeña. Mezcla los ingredientes húmedos (salsa de soya y salsa de pescado) en una taza pequeña separada. Déjalos a un lado.

(Con libertad puedes saltar este paso y servir directamente mientras cocinas.)

En un sartén grande, calienta a fuego medio-alto y saltea los camarones hasta que estén rosados ​por todos lados.

Una vez que están listos, sácalos del sartén, y escurre el exceso de aceite, ponlos a un lado.

Usando el aceite restante (y agregando un poco más si es necesario), agrega el huevo y bátelo ligeramente. Cuando el huevo empiece a cambiar de color y este medio cocido, agrega el arroz y revuelve con la cuchara hasta que este bien mezclado (alrededor de 2 minutos).

Agrega los trozos de cebollas y mezcla durante aproximadamente 2 minutos. Agregue los ingredientes secos (curry, azúcar, pimienta blanca, sal) y la mitad de la mezcla de ingredientes húmedos (salsa de soya y salsa de pescado), continua removiendo hasta que los granos de arroz se separen y los condimentos cubran todo el plato (unos 3 minutos) .

Agrega la piña, camarones, las nueces de la india y la otra mitad de la mezcla de ingredientes húmedos. Revuelve aproximadamente por 3 minutos.

Una vez que la piña se oscurezca y el arroz este seco, apaga el fuego. Añade los trozos de tomates y cebollín.

Sirve el arroz en un plato colocando con los camarones completos sobre el arroz, y las rebanadas de pepino a un lado como decoración.

 

Versión vegetariana:

Omite el camarón

(y el huevo en el caso de los veganos)

Usa aceite de coco y agrega un poco de ajo y jengibre fresco para acentuar los sabores!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia a través de #johastable

Spontaneous Vacation/Pineapple Rice

We were at the grocery store the other day and I was perusing through the fresh produce when I noticed some delicious looking pineapples.

I’ve selected fresh pineapple before, but the truth is I didn’t know how to pick out a good one. As I stood there fondling the prickly fruit, my husband returned from the other side of the store with a gallon of milk in hand. He placed the milk in our cart and realized I was staring at pineapples.

“I love pineapples!” he said, seemingly reading my mind. “We should get one.”

He reached into the pineapple display and grabbed a more-yellow-than-green-or-brown pineapple, brought it close to his face and smelled it, and then gently tugged at the leaf at the fruit’s top center.

He explained – and I later googled his facts to verify – how to pick out a ripe pineapple.

You can tell a pineapple’s ripeness by its color, scent and by gently tugging on a leaf.

The closer to ripe the pineapple gets, the more robust the scent. An unripe pineapple’s scent is faint.

Also, the top center leaf will easily pull from the fruit when fully ripened.

So we brought home a good, ripe pineapple, and my excited husband cut it open as soon as we got home and began eating the sweet tropical delight.

But I had more in mind than simply eating the pineapple alone. I was thinking of my time in Southeast Asia, and a dish that quickly became a favorite – Pineapple Rice. Pineapple Rice is basically fried rice with pineapple and shrimp.

Pineapple Rice is known as a popular Thai dish, but something I found out firsthand is the fact that, though it’s popularity is not in question, it’s not actually a Thai dish; which really confused me because nearly every Thai restaurant I’ve ever been to serves the dish.

But during my travels, I spent time in Thailand, where locals told me that Pineapple Rice is not part of their diet, nor do they consider it an actual Thai dish. In fact, I only saw the dish in restaurants in touristic areas.

I first tried Pineapple Rice in Singapore, in Golden Mile Complex – the Thai market in the city. And I ate the dish often during my time in Asia.

When I think about the dish, I think of my dear friend Bere.

Several years ago, Bere and I traveled together to Indonesia on a whim for a several days, for a relaxing miniature birthday vacation.

I had just gotten back to Singapore from a long work trip and was at home when my friend, Bere, began texting me.

After our greetings, I told her I was back at home and asked what she was doing.

It was a random Monday for her, so it was strange that she was able to communicate with me during work hours.

“I took the week off work,” she told me.

I replied, saying, “We should go somewhere!”

She upped the ante with a suggestion: “We should go to the beach!”

It was the middle of December, and my birthday was only a couple of days away and I had been gone for work, so I was planning to take the rest of the week off, so I agreed.

And just like that, we decided to leave and go to the beach; Bere suggested Bintan Island in Indonesia, which was a two-hour ferry ride from Singapore.

Within an hour after texting, we met at the ferry terminal, bought tickets and headed to Indonesia.

On the way, Bere made hotel reservations, and we were set.

At the hotel where we stayed, there wasn’t much around, so most of our days were spent napping in the room or lying on the beach.

The beach was beautiful, with crystal clear waters and golden sands.

To this day, that trip remains one of the most relaxing times of my adult life.

We spent a couple of days resting and relaxing at one of the most beautiful beaches in that area. And I ate lots of Pineapple Rice.

Bere is a vegetarian, so she was able to eat the dish as well – she just picked the shrimp out.

I remember trying other foods during that trip, and wasn’t impressed; but the Pineapple Rice was a continual delight.

So now, when I think of Pineapple Rice, I think about Bere and our spontaneous trip to Indonesia and how she remains one of my best friends and favorite travel partners.


 

PINEAPPLE FRIED RICE

2 -3 People

(All the ingredients are approximation, add or change ingredients to taste)

 

1 Cup of cooked white rice (cold, or day old if possible) – Check how to make a better rice

10 Shrimp

1 egg

1/2 Yellow onion finely cut in small pieces

2 Green Onions chopped

1-2 Medium-sized Tomatoes, seeded and chopped in 1/2 inches pieces.

2/3 Cup Fresh Pineapple, cut into 1/2 inches pieces. (*If you can’t find fresh pineapple, use canned pineapple drying with a napkin as much juice as you can.)

1/2 Cup of roasted unsalted cashews

1 tsp Soy sauce

1 tsp Fish sauce

1 tsp Curry powder

1 tsp Sugar

1 Sliced Cucumber for garnish

1 dash of White Pepper

1 dash of Salt

2 tsp Cooking oil (vegetable, olive or whatever you regularly use in your kitchen)

 

PREPARATION

Before starting, mix all the dry ingredients (curry, sugar, white pepper, salt) in a small cup. Mix wet ingredients (Soy sauce and Fish sauce) in a separate small cup. Set aside.

(You are free to skip this step and serve direct while cooking.)

In a big frying pan, heat on medium-high and sear the shrimp until pink and on all sides. Once it is ready, take it out of the pan, and drain the excess oil and set a side.

Using the remaining oil (and adding a little more if necessary), add the egg and scramble. When the egg starts changing color (half way cooked) add the rice and stir until it is mixed (around 2 minutes).

Add onions and mix for approximately 2 minutes.

Add dry ingredients (curry, sugar, white pepper, salt) and half of the wet ingredient mix (soy sauce and fish sauce), keep stirring until the rice grains are separated, and the seasoning has covered all the dish (about 3 minutes).

Add pineapple, shrimp, cashews and the other half of the wet ingredient mix. Stir approximately 3 minutes.

Once the pineapple is darkened and the rice is dry, turn off heat. Add tomatoes and the green onions.

Serve the rice garnishing with the whole shrimp on top and cucumber on the side as garnish.

 

Vegetarian version:

Omit the shrimp and egg (vegan)

Use coconut oil and add spice it up with some garlic and fresh ginger.

 

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Vámonos de Pinta / Elote Cocido

 

Hace un par de semanas compramos maíz fresco de un mercado local. Mi marido tenía la intención de cocinar algo con él – ya fuera el pan de maíz de su bisabuela, o grits, o algo más. Honestamente, no recuerdo lo que estaba planeando cocinar; Pero a medida que la semana progresaba y la vida siguió avanzando, el maíz permaneció sobre la mesa, sin cocer.

 

El otro día estaba viendo las mazorcas y decidí hacer un bocadillo que atañe a mis raíces mexicanas – Elote Cocido.

 

Elote cocido (maíz cocido) es una merienda que se puede comprar en las calles mexicanas. A menudo consumida durante las celebraciones patrias. Es el maíz hervido en una mezcla cremosa, con queso, picante, insertado en un palillo.

 

Mi decisión de hacer esta botanita (pasapalo) trajo a mi mente, un recuerdo particular que inundo mis pensamientos: Recordé la única vez que “me fui de pinta” (me jubile/falte a clases) – cuando estaba en octavo grado (Segundo de Secundaria).

 

Nunca fui mala estudiante durante la secundaria – no tuve malas calificaciones; Nunca reprobé alguna materia. Yo era social; me llevaba bien con mis compañeros y maestros; participe en actividades extracurriculares, e incluso inicie un grupo de música (tocaba el “cuatro venezolano,’ un instrumento de cuerda muy parecido al ukulele).

 

Fui estudiante un poquito arriba del promedio, pero, sobresaliente hasta mi ultimo año de secundaria (noveno grado), cuando mis calificaciones tuvieron una mejora muy notable.

 

Un día, mi amiga Paty y yo decidimos irnos de pinta. Nadie sospecharía de nuestro plan.

 

Tenía que ser perfecto. Así que tomamos una semana para planear y preparar.

 

Podrías estar preguntándote ahora mismo, “¿Por qué saltar escuela?”.

 

Yo era una chica de iglesia que se llevaba bien con todo el mundo y trataba de portarme bien… pero siempre me ha gustado aventurarme, y he disfrutado los desafíos. Yo sabía que esto, haría subir mi adrenalina.

 

Así que después de nuestra semana de preparación, llegó el viernes cuando haríamos nuestra huida a la libertad. Fue sólo unas pocas semanas antes de los finales, por lo que el año escolar estaba por terminar.

 

Aquella era la semana de la “Feria de Ciencias” – por lo que había muchas caras de estudiantes y maestros ausentes en las aulas de clases, así que sería difícil para los prefectos saber por qué no estábamos en la escuela.

 

Salimos de nuestras casas vestidas con los uniformes escolares y nos reunimos afuera de la escuela. Nos subimos a un autobús y tomamos el metro, dirigiéndonos al tradicional lugar donde los niños se iban de pinta en aquel tiempo (no se si ahora lo sigan haciendo): Chapultepec.

 

Chapultepec está en el centro de la Ciudad de México, y alberga un bosque, parques, un zoológico, un castillo en una colina, un lago, un museo – un montón de cosas divertidas que hacer mientras no estas en clases. A veces, es referido como los “pulmones de la ciudad”, debido a sus vastas zonas verdes.

 

Cuando llegamos, vimos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta que muchos niños de otras escuelas tuvieron la misma idea que nosotras. Había un montón de niños, vestidos con uniformes de secundarias de todos los extremos de la ciudad.

 

Ciudad de México es la ciudad más grande del mundo, alrededor de 30 millones de personas viven allí, por lo que la probabilidad de que hubiera otros niños que decidieron saltar escuela ese mismo día era bastante alta.

 

Era un lugar fresco para simplemente ir a esconderse por un día.

 

Caminamos súper felices. Nos sentamos y tuvimos un picnic, comiendo lo que se suponía que era nuestros almuerzos para el desayuno.

 

Fuimos al zoológico y pasamos un par de horas ahí. Pasamos el tiempo simplemente caminando por el parque.

 

Después, llegamos al lago, y decidimos alquilar una canoa. Se veía divertido.

 

Pero alquilar una canoa resultó ser caro para nosotras.

 

Afortunadamente, mientras estábamos esperando que nos atendieran, empezamos a hablar con un grupo de muchachas que estaban formadas y venían de la parte sur de Ciudad de México. También se habían ido de pinta ese día.

 

Nos dijeron que necesitaban meter dos personas más en las dos canoas que ellas estaban alquilando, así que bien contentas saltamos dentro de su canoa!

 

Mientras estuvimos remando alrededor del lago con nuestras nuevas amigas, un grupo de niños de nuestra edad que venia en otra canoa nos vieron, y comenzaron a hablarnos.

 

Empezamos a bromear con ellos. Nuestras bromas eran inocentes y amistosas, y los muchachos nos preguntaron si queríamos cambiar de barco; algunas de nosotras entrar en su canoa, y algunos de ellos saltar a las nuestras.
La idea era que nuestro grupo se hiciera mas grande, y sumando a los chicos pasar el resto del día juntos con mas diversión.

 

Por alguna razón no me gustó esa idea. Yo era muy escéptica.

 

Eran buena onda (chéveres), pero yo no los conocía.

 

Así que yo, junto con algunas de las otras chicas, nos quedamos en nuestra canoa, mientras las chicas que querían mezclarse con ellos, se pasaron al otro bote. Nos pasaron sus mochilas, y otras pertenencias para hacer espacio, para la gente extra que estaría en su canoa. Paty era una de ellas.

 

Cuando los muchachos y las muchachas comenzaron a mezclarse en las canoas, un par de los chicos se pararon entre los dos botes y comenzaron a sacudir la canoa de las chicas.

 

Las otras chicas y yo vimos a una distancia segura, mientras su bote se sacudía y todas cayeron al lago. Incluyendo a mi amiga Paty!

 

El lago estaba asqueroso. El agua tenía un olor terrible, y una gruesa capa de algas verdes.

 

Después de que cayeron, tuvimos que rescatarlas. Las miradas de algunas de las caras de las chicas estaban llenas de devastación.

 

Yo no estaba tan devastada… Aunque fue feo para ellas, moría de risa!

 

Finalmente salieron del agua. Con un olor terrible… No pudimos rescatar su bote.

 

Encontramos algunos rociadores que se prendían automáticamente para regar los jardines alrededor del parque. En los que las chicas, incluyendo Paty, pudieron limpiarse un poco. Por suerte, Paty trajo una blusa extra ese día, y pudo al menos cambiarsela. Así, seguimos caminando un poco más, hasta encontrar algo de comida.

 

Teníamos mucha hambre, así que nos detuvimos en un puestecito para comprar elote cocido. Ese fue el aperitivo perfecto para terminar nuestro día en Chapultepec, y nos dirigimos a casa.

 

Por supuesto, en el camino a casa, pasamos a la Feria de Ciencias. Nos aseguramos de ser vistas por varios amigos y maestros, para así tener una coartada perfecta.

 

Fue un día divertido y memorable para mí. Y lo mejor de todo es que no nos cacharon!

 

Nuestro plan había funcionado, y tuvimos un día de libertad, hicimos nuevas amigas, tuvimos un montón de risas y una buena merienda.

 

Por desgracia, Paty tuvo una reacción alérgica grave en su piel, por la asquerosa agua del lago en la que cayo; por lo que no pudo salir de su casa por varios días.

 

Aun así, el recuerdo del día en que nos fuimos de pinta estará siempre en nuestros corazones.

 


 

ELOTE COCIDO

 

Esta botana es súper fácil de hacer. Estos son los sabores base de muchos platillos mexicanos, y hay muchas variaciones. Así que pruébalo, y se creativo!

 

Ingredientes:

 

Mazorcas de maíz.

 

Agua

 

Mantequilla

 

Mayonesa

 

Queso Fresco rallado (Si no puedes encontrar queso fresco, usa queso parmesano)

 

Chile en polvo (Chile piquín)

 

Limón

 

Sal

 

Pimienta

 

Palillos para brochetas (para insertar y sostener las mazorcas) – Yo no tenia palillos para brochetas, así que usé palillos chinos.

 

INSTRUCCIONES

 

Limpia el maíz

 

En una olla lo suficientemente grande en el que se puedan sumergir las mazorcas completamente en el agua. Hierva el maíz por cerca de 15 minutos, o hasta que el grano esté blando.

 

En un tazón o una bandeja, esparce el queso

 

Saca el maíz del agua con unas pinzas de cocina. Sostenlo con una toalla (para que no te quemes la mano) e inserta el palillo/brocheta en el centro de la mazorca.

 

Sosteniendo ahora por el palillo, extiende la mantequilla sobre el maíz y luego cúbrelo con una fina capa de mayonesa.

 

Coloca el maíz en el queso y ruédalo para cubrir todos los lados.

 

Sazona con sal, pimienta y chile piquín, al gusto.

 

Exprime el limón sobre el Elote y a disfrutar!

Skipping School / Elote Cocido

A couple of weeks ago we bought some fresh corn from a local market. My husband intended on cooking something with it – either his great-grandmother’s cornbread, or corn grits, or something else. Honestly, I don’t remember what he was planning to cook; but as the week progressed and life ensued, the corn remained on the countertop, uncooked.

So, the other day I was looking at that corn and decided to make a snack that speaks to my Mexican roots – Elote cocido

Elote cocido (cooked corn) is a Mexican street snack often consumed during national celebrations. It is boiled corn covered in a creamy, cheesy, spicy mix, eaten on a stick.

As my decision to make this snack recurred in my mind, one particular memory flooded into my thoughts: I remembered the only time I ever skipped school – back in my eighth grade year.

I was never really a bad student throughout prep school – I didn’t make bad grades; never failed a course. I was social; well-liked by classmates and teachers; participated in extracurricular activities; I even had a music group (I played the quatro, a stringed instrument like the ukelele).

I was an above-average student that made average grades – up until my ninth grade year when my grades began showing marked improvements.

One day, my friend, Paty, and I decided to plan a day of deceit. We were going to play hooky.

But it had to be perfect.

So we took a week to plan and prepare.

“Why skip school?” you may be asking. I was a church girl who got along with everyone and always played nice … but I loved adventures and challenges, and this, I knew, would get my adrenaline pumping.

So after our week of preparation, the Friday came when we would make our escape into freedom. It was just a few weeks before finals, so the school year was winding down. The week of the science fair – so there were many faces missing from classrooms. It would be hard for administrators to know that why we were not in class.

We left our homes dressed in our school uniforms and met outside of the school. We boarded a bus, and headed to the traditional hang out spot when kids would skip school at that time, Chapultepec.

Chapultepec is in the middle of Mexico City, and hosts a forest, parks, a zoo, a castle sitting atop a hill, a lake, a museum – plenty of fun things for us to do while not in class. It’s sometimes referred to as the “lungs of the city,” due to its vast green areas.

When we arrived, we looked around and realized a lot of other school kids had the same idea as us. There were tons of kids, clad in uniforms from schools on every end of the city.

Mexico City is the largest city in the world, with 30 million people living there, so the likelihood that there would be other kids deciding to skip school on that day was pretty high.

It was a cool place to simply go hide away for a day.

We walked around excitedly. We sat and had a picnic, eating what was supposed to be our lunches for breakfast.

We went to the zoo for a couple hours, and spent hours simply walking around the park.

Then we came upon the lake and decided to rent a canoe. It seemed like it would be a lot of fun. But renting one canoe proved to be expensive for us.

Luckily for us, while in line we had made friends with a group of girls from the southern part of Mexico City who were also skipping school that day.

They told us they could fit two more people in the two canoes they were renting, so we happily jumped in!

As we canoed around the lake with our new friends, a group of canoeing boys our age took notice of us and started talking to us. Our banter was innocent and friendly, and the boys asked if we wanted to switch boats – some of us go into their canoe, and some of them come into ours.

The idea was that the group of guys and the group of girls would hang out together the rest of the day.

I didn’t like that idea. I was skeptical. They were friendly, but I didn’t know them.

So I, along with a few of the other girls stayed in our canoe while the girls that wanted to mingle with the boys were in the other. They passed us their backpacks and other belongings to make room for the extra people that would be in the canoe. Pati was one of them.

As the boys and girls started intermingling in the canoes, a couple of the guys stood up and began rocking the boat.

I watched from a safe distance as the boat tipped over and everyone fell into the lake.

Including my friend, Paty.

Mind you, the lake was disgusting. It had a terrible smell and a thick layer of green algae.

After they fell in, we had to rescue them, which we did. The looks on some of the girls’ faces were filled with devastation.

I was less than devastated. Actually, I was laughing really hard!

They finally got out of the water. Very stinky. And we found some sprinklers around the park where all the girls, including Paty, were able to spray themselves clean.

Luckily, Paty brought an extra shirt that day, and she was able to change, so we walked around a little bit more before finding our way to get some food.

We were very hungry, so we stopped at a street vendor to have elote cocido. That was the perfect snack to end our day at Chapultepec, and we headed home.

Of course, on the way home, we made our way over the science fair. We made sure that we were seen so we’d have an alibi.

It was such a fun, memorable day for me. And what made it all the better is that we didn’t get caught! Our plan had worked, and we had a day of freedom, new friends, lots of laughs and a great snack.

Unfortunately, Paty had a bad allergic reaction on her skin from the disgusting lake water she had fallen in, so she was unable to leave her house for several days, but the memory of the day we skipped school will forever be forged into our memories.


 

ELOTE COCIDO

This one is really easy to make, but the flavors are the base of many Mexican foods, and there’s many different variations. So try it, and be creative!

 

Corn on the cob

Water

Salt

Pepper

Butter

Mayonnaise

Shredded Queso Fresco (If you can’t find queso fresco, use Parmesan cheese)

Chile Powder

Lime

Skewers to stick through the corn – I didn’t have skewers, so I used chopsticks

 

Shuck, clean and boil corn for about 15 minutes, or until corn is tender.

In separate shallow bowl or cookie sheet, place cheese

Remove corn from water and with a towel (so you don’t burn your hand) insert skewer into the cob. Holding with the skewer, spread butter on the corn then coat corn with a thin layer of mayonnaise.

Place corn in cheese and roll to coat.

Season with salt, pepper and chile powder, to taste.

Squirt fresh lime onto the elote cocido and enjoy!

Escuela en casa / Tomates verdes fritos

Ayer, mientras estaba contándole a un amigo sobre este blog, me pregunto ¿Qué significa “Joha’s Table” (la Mesa de Joha)? ¿Por qué ese nombre para el blog?

 

Mi reacción inicial fue responder con un poco de sarcasmo y broma – quería recalcar que el nombre de mi esposa es Joha, y la comida se pone sobre una mesa.

 

Cuando estaba a punto de responder, me detuve y decidí ir en diferente dirección. “La mesa es el lugar en donde regularmente encuentras comida”, comenté. “Pero también es un lugar donde las familias se sientan y hablan de su día. Un lugar donde los amigos comparten historias. ”

 

Ocurren tantas cosas en la mesa. Muchas veces, es donde pasa la vida – y eso es realmente lo que este blog se supone que debe ser. No sólo sobre comida, sino sobre la vida.

 

Cuando era niño, la mesa del comedor estaba completamente limpia y sin nada sobre ella contadas veces al año. – Día de Acción de Gracias, Navidad, Semana Santa, cuando alguien importante venia a visitarnos. Pero la mayor parte del tiempo estaba llena de libros escolares, tareas y proyectos en desarrollo.

 

La mesa estaba cubierta con esos artículos porque mi hermano mayor, mi hermana menor y yo estábamos siendo educados en casa (Escuela en casa o conocido en ingles como “homeschool”).

 

Todas las mañanas, mi padre se iba a trabajar – ya que teníamos un negocio de limpieza de alfombras -. Mi madre nos despertaba e íbamos a la sala y teníamos un tiempo devocional y de oración diario, desayunábamos, y luego empezábamos nuestros trabajos escolares, (a veces todavía en pijama, pero por lo general nos cambiábamos).

Mis padres decidieron, incluso antes de que tuviera edad para empezar escuela, que querían educarnos en casa (homeschool).

 

Ellos aluden al hecho de que querían que creciéramos en un ambiente controlado de aprendizaje, en el que pudieran concentrar sus esfuerzos en las áreas en donde necesitábamos mas, y permitirnos maximizar nuestras destrezas académicas en áreas en las que éramos destacados.

 

Habían hecho investigaciones sobre los planes de estudios para diferentes asignaturas, y cuál sería el que mejor se adaptaría a nuestras necesidades individuales.

 

A menudo, cuando le comento a la gente que fui educado en casa, desde Preescolar hasta Preparatoria, no pueden creerlo, porque “parezco tan normal”, o “soy muy sociable”.

 

Yo atribuyo eso a que la razón por la que mis padres eligieron este método de educación, no fueron razones religiosas. No era para mantenernos alejados de la gente, o grupos sociales, o “peligro”. Fue principalmente por razones académicas. (probablemente también por razones financieras, pues mandar tres hijos a escuelas privadas mientras eres dueño de una pequeña empresa quizás no augura mucha libertad financiera).

 

Yo establecí y mantuve relaciones con otros niños en mi vecindario a través de actividades extracurriculares, como deportes en mi comunidad, y mi participación en organizaciones como 4-H, mi iglesia y el grupo de jóvenes.

 

Creo que si a mi mama le preguntaran cuál fue la mayor ventaja de educar a sus hijos en casa, diría que a veces podía crear su propia currícula (materias), basándose en los criterios del estado en donde vivíamos para que aprendiéramos un tema específico.

 

Como es el caso de la materia de “Economía en el Hogar”. En las escuelas de todo Mississippi, los estudiantes tomaban “Economía en el Hogar” y aprendían a cocinar, a coser y otras cosas mas. Mi madre usó la materia de Economía en el Hogar como una oportunidad para enseñarnos a cocinar algo – y luego, nos hacía cocinar la cena.

A medida que crecíamos, ella trabajaba menos. Su plan de estudios comenzó a liberar su tiempo, porque nuestra escuela era cocinar y limpiar!

 

Debería existir una ley contra eso, ¿Verdad? Jaja

 

Recuerdo que plantamos un jardín en el patio trasero de nuestra casa. Comenzamos a cultivar tomates, pepinos, calabazas, pimientos, okra y otras verduras. Todos los días lo cuidábamos, regando las plantas, quitando la maleza, y tuvimos buenas cosechas de el.

 

Esos jardines, fueron incorporados a un plan de estudios creado por mi mama, y nos enseñaron mucho. Aprendimos sobre preparación y planificación. Teníamos que cultivar la tierra; así como planear qué plantar, y en dónde hacerlo.

 

La plantación, mantenimiento y la responsabilidad en general, porque teniamosque poner la semilla en el suelo y cuidar de cada una de ellas, todos los días, regándolas y eliminando las malas hierbas que crecían alrededor.

 

Vimos fracaso y éxito – tuvimos cosechas abundantes en muchas ocasiones, mientras que otras, las plantas no crecieron o murieron.

 

Aprendimos mucho a través de esos jardines.

 

Muchas veces fue el jardín en sí que nos enseñó lecciones, otras veces mamá nos compartió su conocimiento. Como cuando las cosechas empezaron a aparecer, ella nos mostró cómo cocinar las diferentes verduras y hortalizas.

 

Había años en los que teníamos tantos frutos del jardín, que comenzamos a llevar verduras a la iglesia para compartir con otras familias – Eso nos enseñó la importancia de dar, y generosidad.

 

Recuerdo que algunas calabacitas llegaban a mediar hasta casi dos pies de largo. (aprox. 60 centímetros). En las temporadas en que las hortalizas crecían tanto, y teníamos cosechas grandes, mi mama cocinaba recetas con tantas verduras como podía. Por algunos años, recuerdo que parecía que todo lo que contenía su comida eran calabacitas, calabaza (ahuyama) y berenjena.

 

Espagueti con calabacitas, calabaza y berenjena. Sopa con calabacitas, calabaza y berenjena. Pizza con calabacitas, calabaza y berenjena. Pollo con una guarnición de calabacitas fritas, calabaza y berenjena.

 

Aunque a decir verdad, aprendimos a cocinar con esos frutos, y a disfrutar de la creatividad al cocinar variaciones de los mismos vegetales presentados de diferentes formas.

 

Los tomates eran un pilar en el jardín, por lo que siempre hicimos ensaladas y, a menudo, simplemente combinamos tomates y pepinos en un tazón con vinagre, sal, pimienta y hierbas, resultando en una botana saludable.

 

Durante esos tiempos cuando los tomates empezaban a crecer, mamá recogía algunos de los tomates verdes para freírlos. Los Tomates verdes fritos son un platillo popular en el sur de los Estados Unidos.

 

La consistencia de una rodaja de tomate inmaduro permanece intacta mientras se fríe. A diferencia de un tomate maduro, que se deshace a medida que comienza a calentarse. El sabor dulce y amargo del tomate inmaduro frito, es indudablemente delicioso a muchos paladares.

 

De hecho, solo pensar en los tomates verdes fritos de mi madre, me hace tener hambre.

 

No tengo su receta específica, pero he cocinado el platillo y lo he llevado a otro nivel de “sureñez” (sé que no es una palabra como tal, pero entiendes lo que quiero decir), con unos camarones asados en el sartén, salpicados con una salsa “remoulade” (salsa rosada, típica de la comida sureña).

 


 

TOMATES VERDES FRITOS

(2 personas)

 

2 Tomates verdes (en realidad se puede hacer más de 2 tomates con esta cantidad de mezcla de harina)

1 Huevo

½ Taza de suero de mantequilla (Se puede substituir con leche regular con una cucharadita de vinagre o limón, y deja reposar por 10 minutos antes de usarla)

½ Taza de harina

½ Taza de maicena

1 Cucharadita de sal

½ Cucharadita de pimienta

½ Cucharadita de comino

¼ Cucharadita de paprika

Un poquito de orégano

Un poquito de albahaca

Aceite vegetal

Sal al gusto

 

INSTRUCCIONES:

Coloca el aceite vegetal en una sartén y calienta a fuego medio-alto

Corta los tomates verdes hasta el grosor deseado

En un tazón mediano mezcla el huevo y el suero de leche.

En otro tazón o sartén, combina todos los ingredientes secos.

Sumerge las rebanadas de tomate en la mezcla de huevo (Para capearlo doble y hacerlo mas crujiente sumerge las rebanadas de tomate en harina de trigo, antes de meterlas al huevo, después procede a sumergirlas a la mezcla de huevo)

Transfiere el tomate a la mezcla de harina de trigo, maicena e ingredientes secos, y cubre bien las rodajas de tomate.

Coloca las rebanadas en el aceite caliente precalentado en la estufa y cocina durante aproximadamente 2 minutos por cada lado (4 minutos en total), o hasta que estén doradas.

Retira la rebanada de tomate del aceite y colócala en un plato cubierto con una toalla de papel para recoger el aceite que gotea.

Espolvorea sal, al gusto en los tomates calientes.

 

REMOULADE SAUCE

 

½ Taza de Mayonesa

1 Cucharada de Mostaza de Dijon (Si es en grano es mejor)

1 Cucharada de Kétchup (cátsup)

1 Cucharada de salsa inglesa

1 Cucharada de Jugo de limón

1 Cucharadita de azúcar morena

1 Cucharadita de paprika

1 Cucharadita de ajo en polvo

2 Tallos de perejil fresco finamente cortado

1 Tallo de cebollín (fresco picado en rodajas finas)

½ Cucharadita de pimienta

Una pizca de tu salsa picante favorita

 

INSTRUCCIONES:

Combinar todos los ingredientes y dejar reposar durante una hora para obtener mejores resultados. Aunque, en realidad puede utilizarse de inmediato.