Johambalaya – Primer viaje a Estados Unidos (Louisiana)

Hoy, estaba revisando dentro de la nevera, pensando en ideas para la cena. Había algunos productos que sabía que tenía que usar pronto, antes de que expiraran, así que decidí experimentar poniendo verduras frescas de nuestro jardín, con arroz, salchichas y algunos otros artículos.

 

Cuando mi esposo volvió a casa del trabajo, entró a la cocina y abrí la olla para mostrarle mi “experimento”.

 

Vio dentro de la olla, y me dijo con indiferencia: “oh, hiciste jambalaya”.

 

“No”, pensé. No hice jambalaya. Acabo de cocinar arroz con tomates frescos, salchichas y otros artículos que tenía en la nevera.

 

Entonces pensé un poco más en su afirmación – me di cuenta que esa mezcla era básicamente jambalaya: una combinación de sabores “cajún” con arroz y carne.

 

Así que comencé a pensar en mis primeras visitas a los Estados Unidos.

 

En 2010, dejé mi trabajo como analista político para una firma de cabildeo en la Ciudad de México para convertirme en misionera. Asistí a un entrenamiento misionero en Singapur. La primera etapa de ese viaje inicial tuvo una parada de tres semanas en Louisiana – mi primera visita a Estados Unidos.

 

Fue de hecho, durante ese viaje que conocí al hombre que años mas tarde se convertiría en mi esposo.

 

Como una de los tres misioneros en nuestro camino de México a Singapur, fuimos invitados a un almuerzo/entrevista para el periódico local con “Mr. Williams.

 

Una adolescente de una de las iglesias que visitamos, Shelbi, nos dijo que había estado tomando clases de periodismo con el editor del periódico local, el Señor Williams.

 

En mi mente, cuando oí hablar del profesor / periodista, me imagine a un hombre viejo, probablemente aburrido. Sin embargo, cuando llegamos a la casa para el almuerzo me di cuenta que estaba muy equivocada – él era de la misma edad que yo, y no tenia nada que ver con lo que mi imagine.

 

Rápidamente nos hicimos amigos y nos mantuvimos en contacto a través de los años. Cada vez que yo regresaba a los Estados Unidos, el estaba en mi lista de amigos con los que trataba de encontrarme. También nos mantuvimos en contacto a través de Skype, correo electrónico, postales y FaceTime.

 

En ese momento, mi inglés no era muy bueno y me faltaba confianza en el idioma, así que no pensé que podría pronunciar correctamente su nombre de pila, “Aaron” (En ingles), así que simplemente siempre lo llamaba “Mr. Williams.

 

Durante ese viaje inicial a Louisiana, había una larga lista de cosas que los locales me dijeron que necesitaba hacer – y entre las prioridades de mi lista estaba comer ciertos alimentos, uno de los cuales era “jambalaya”.

 

También fuimos a un pantano, visitamos una plantación, probamos cocodrilo, disfrutamos beignets en Nueva Orleans, visitamos Louisiana State University (La Universidad Estatal de Louisiana), y vimos su mascota, Mike, el tigre que vive en el campus, entre otras cosas.

 

Aprendí que la gente en el sur de los Estados Unidos, especialmente en Louisiana, se enorgullece de su comida. Y Louisiana ofrece una mezcla única de sabores y alimentos. La primera vez que probé jambalaya fue en la ciudad de Gonzales, con una buena amiga, la señora Carolyn. Ella nos llevo a un pequeño lugar llamado “The Jambalaya Shoppe”, y no pude evitar ver el plato de arroz, su color y textura, y debatir mentalmente si debía o no meter la cuchara al plato.

 

Me recordó un poco al Arroz Con Pollo (un plato venezolano muy común en toda casa a lo largo del país), aunque su aspecto era un poco seco. El color tampoco era el mismo. Venia servido con pan como guarnición – no tenía sentido para mí, era arroz seco con pan seco… Ninguna de mis experiencias culinarias previas me decía que iba a disfrutar esto.

 

Pero como en cualquier otro momento que he probado nuevos alimentos en otros países, volteé a ver a mi alrededor cómo otros disfrutaban sus platos. Algunos añadían sal y pimienta, otros salsa picante, salsa Tabasco (Que por cierto es de aquí de Louisiana!), otros incluso colocaban el arroz en el pan. Pero una cosa que pareció unánime, es que lo disfrutaban y hacían verlo como un buen platillo. Así que tome una cuchara y comí, y para mi sorpresa, estaba húmedo y explotó en mi paladar un muy buen sabor.

 

Unos días más tarde, fui invitada a asistir a una reunión con otras personas de una iglesia en la misma ciudad de Gonzales. Cuando llegué allí y vi la variedad de alimentos, vi jambalaya de nuevo.

 

La probé, y aunque era diferente de la que había comido pocos días antes, también fue deliciosa. El color era más rojo que la primera, y parecía tener más carnes.

 

Me encontré comiendo jambalaya en casi todos los eventos que asistí a la zona de Baton Rouge durante ese viaje, y durante mis estancias en Louisiana en los últimos años.

 

Me di cuenta de que cada jambalaya era diferente. Cada vez que probaba el platillo, había algo nuevo, algo diferente – al igual que las personalidades de los chefs/cocineros que las prepararon.

 

Así que cuando mi esposo vio mi recién hecho platillo, y dijo que pensaba que parecía jambalaya, le dije que eso no era lo que había cocinado. Era un plato con muchas similitudes, aunque tenia toquecitos de mi ascendencia mexicano-venezolana, una pizca de mi propia personalidad, y un montón de “esto es lo único que teníamos en la nevera”! jaja

 

Se rió y dijo, “Oh, entonces es ‘Joha’-mbalaya.”

 

Así que aquí está la receta de jambalaya con mi toquecito personal… esto es Johambalaya!

 

 

JOHAMBALAYA

(2-3 personas)

 

½ Kg de Salchicha ahumada, cortada en rodajas

1/2 Cebolla roja, cortada en julianas

2 Tallos de cebollín picada finamente

2 Diente de ajo finamente picado

1 Tomate, picado en pedacitos

1 Tallo de apio

¼ Kg de Champiñones limpiados y cortados en mitades.

1 Taza de arroz

½ Taza de caldo de pollo

Una pizca de comino

Una pizca de pimienta de Cayena

1 cucharadita de Salsa inglesa

Un ramito de Perejil fresco

Sal

Pimienta negra

 

INSTRUCCIONES:

 

En un sartén grande, a fuego medio-alto, saltea la salchicha ahumada hasta que esté dorada por todos los lados. Saca del sartén y mantener a un lado.

En una olla separada, vierte 2 tazas de agua y lleva a punto de ebullición. Cuando el agua comience a hervir, agrega el arroz, agrega un poco de sal, baja la llama, y pon una tapa en la olla. Deja cocinar por unos 10 minutos. Una vez que es suave, retira del fuego.

En la sartén donde se cocinó la salchicha, con la grasa de la salchicha todavía en el sartén, saltea la cebolla roja y el cebollín, el apio y los champiñones por cerca de 4 minutos.

A continuación, agrega el ajo (no lo añadí al principio porque tiende a quemarse si se fríe durante demasiado tiempo). Cocina hasta que las verduras cambien a un color dorado (no quemado).

Agrega el tomate, el comino, la pimienta de cayena, la salsa inglesa, el perejil fresco, sal, pimienta, y aproximadamente 2 cucharadas de caldo de pollo.

Combina cuidadosamente el arroz cocido y la mezcla vegetal. Si la mezcla parece demasiado seca, añade poco a poco el caldo de pollo, dándole tiempo para ser absorbido. Pon la tapa durante unos 5 minutos a fuego lento.

Prueba para confirmar si es el sabor y la consistencia deseada.

Retira del fuego, agrega más sal si es necesario y sirve acompañado de pan de maíz si es posible, y la salsa picante!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia a través de #johastable

 

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10 Consejos para hacer un mejor arroz

File Apr 08, 1 45 07 AM

“Eres lo que comes.”

 

Supongo que esta afirmación es verdad, de alguna manera.

 

Muchas veces, la personalidad de alguien puede deducirse por sus comidas favoritas.

 

¿Cuál es tu comida favorita? ¿Que dice sobre ti?

 

Yo, por ejemplo, creo que soy un camaleón.

 

Soy fuerte cuando necesito serlo; cuando el tiempo lo requiere; vibrante y llena de colores, pero neutral al mismo tiempo. Soy muy apasionada y decidida, pero también tengo inseguridades y miedos. A veces, me subestimo, y en otros momentos, tengo el potencial de sacar lo mejor (y lo peor) de mí misma. Me atrevo a hacer cosas locas (muy locas), conquistar mis miedos, y entender que los detalles normalmente, suelen contar una historia más grande.

 

Una de las primeras cosas que aprendí a cocinar, y todavía una de mis cosas favoritas para comer, dice mucho sobre quién soy. Es algo pequeño, algo a menudo considerado como un complemento (guarnición) en lugar del “platillo principal”, algo que se pasa por alto, pero tiene el potencial de ser independiente y ser increíble por sí solo – el arroz.

 

Siempre he comido arroz. En Venezuela es parte de la despensa básica –

 

Arroz, caraotas (frijoles) y tajadas (plátanos fritos). Se encuentran en todos los países del Caribe.

 

Durante mi primer año en México después de habernos mudado a Venezuela, un día decidí hacer arroz.

 

Había visto a mi madre y a mi abuela haciéndolo, así que pensé que sería una tarea bastante simple. Todo lo que necesitaba era arroz, agua y sal. Creí que sería bastante fácil.

 

Así que tome una olla, agregue agua y arroz; puse todo a hervir. Entonces tome del cajón de la despensa lo que pensé que era sal, y deje caer unas cuantas cucharadas sobre la olla, mientras el agua estaba hirviendo.

 

La verdad, es que cometí varios errores terribles en aquel primer intento culinario.

 

En primer lugar, no medir nada … así que terminé haciendo todo el arroz de la bolsa… Todo el arroz! Un kilo entero.

 

Para referencia, 1 kg de arroz equivalía aproximadamente a lo que mi familia de 5 consumía en una semana en diferentes comidas.

 

Comencé a cocinar, y el arroz creció hasta casi salirse de la olla, porque era tanto que la olla no era lo suficientemente grande para un kilogramo entero de arroz.

 

La abuela nunca media, yo la había observado. Pero ahora sé que era sólo práctica; había cocinado por tantos años que lo que hacia se convirtió en un tipo de arte. Hacer arroz era fácil para ella.

 

No añadí suficiente agua, así que al final, gran parte del arroz estaba cocido de mas, mientras que la otra parte estaba crudo. El fondo de la olla estaba quemado, porque yo no tenia idea de que tan alta o baja debía estar la flama.

 

Y lo peor que hice, fue que no usé sal para sazonar el arroz. Accidentalmente lo que vacié fue bicarbonato de sodio!

 

Fue una experiencia verdaderamente vergonzosa.

 

Aun recuerdo que mi papá y mi hermano mayor – Julio – lo comieron solo por respeto (y hambre, yo creo), pero mi mamá y mi hermano menor – Jorge – no lo comieron por sabiduría… o miedo, o tal vez un poco de los dos.

 

Nunca olvidaré sus caras. Julio le puso mayonesa para tratar de cubrir el sabor del arroz tan desagradable y salado.

 

Después de ese día, mi madre decidió enseñarme cómo cocinar el arroz. Comenzó con un método fácil para hacerlo.

 

Doble porción de agua sobre la proporción arroz y añadir cebolla, ajo y sal.

 

Años más tarde, cuando tenía unos 24 años, me mudé a Asia.

 

Una de las primeras veces que, me encontré con una inmensa cantidad de diferentes tipos de arroz en un solo lugar, me sentí abrumada por la variedad, los estilos y los colores del arroz, a lo largo de varios pasillos en un supermercado en la India.

 

Nunca me había dado cuenta de que había tantos tipos de arroz – cientos de variedades.

 

Desde grano largo, grano medio, hasta grano corto; diferentes colores, amarillo, blanco, marrón, jazmín, chino negro, integral, basmati, alborio… y esos son solo los que me vienen a la mente ahorita.

 

Mi amiga y yo entramos a un supermercado para llevar arroz al orfanato en donde estábamos trabajando en aquel tiempo, y le pedimos a un empleado que nos señalara en que pasillo estaba el arroz. Nos preguntó qué tipo de arroz deseábamos y respondimos, “sólo arroz regular”.

 

-¿Qué tipo de arroz regular? -preguntó mientras señalaba hacia los dos pasillos completamente llenos de diferentes tipos de arroz.

 

Ahí fue cuando empezó mi aprendizaje sobre arroz, sus diferentes tipos, estilos, sabores y excentricidades.

 

Ahora, estoy en Estados Unidos, y cuento con más de una década de experiencia cocinando arroz. Aunque nunca he afirmado ser la mejor cocinando, es algo que realmente disfruto hacer.

 

La mayoría de la gente ya sabe cómo cocinar el arroz, así que no voy a compartir una receta en este post, pero he compilado una lista de consejos para cocinar el arroz, ya que puede tomar años para perfeccionar este arte (yo sigo en proceso).

 

Yo no tengo “arrocera eléctrica” – prefiero cocinar mi arroz en una olla en la estufa. Mientras vivía en Singapur, alguien me dio una (rice cooker), pero para ser honesta, simplemente prefiero la estufa.

 

 

Aquí están 10 fáciles consejos para hacer un buen arroz:

 

  1. Respeta el arroz – Deja que el arroz tome el tiempo que necesita para cocinar. No es puré de papas. Pon el arroz en la olla y déjalo cocinar.
  2. Añade exacta doble porción de agua – arroz debe cocinarse en una proporción de 1: 2 con agua.
  3. Cocina a fuego lento – Se paciente. Si se intenta apresurar la cocción del arroz, terminarás quemándolo y cociéndolo a medias.
  4. “No lo batas” – Mi mama y mi abuela constantemente me decían esto, lo cual significa que no se mueva. No quieres terminar haciendo arroz pegajoso o una plasta. Una vez que está en la olla, se debe poner la tapa y dejarlo en paz hasta que esté listo.
  5. No abras la tapa – El secreto para un arroz esponjoso, perfecto, es cultivar vapor. El vapor dentro de la olla con tapa cerrada, mientras se cocina a fuego medio-bajo, es lo que realmente cocina el arroz. No se trata del agua hirviendo, se trata del vapor cocinando el arroz correctamente.
  6. Sofríe o enjuaga el arroz – el arroz tiene mucho almidón. Cuando se saltea (sofríe) con aceite, básicamente, el aceite cubre cada grano, permitiendo que el arroz se cocine y se moje sin pegarse a los demás granos. Es una hermosa reacción química. Asegúrate de no dejarlo en el sartén demasiado tiempo (No quieres quemar el arroz antes de empezarlo a cocinar!). Cuando se enjuaga el arroz, lo mismo sucede porque se está limpiando el almidón. Se aconseja enjuagarlo varias veces, para asegurar que el almidón se enjuaga por completo. Además, después del lavado, el grano es muy sensible, por lo que se debe tener cuidado al ponerlo en la olla para no romper los granos.
  7. Usa caldo de pollo o caldo de carne – Para hacer el arroz más sabroso agrega caldo en lugar de agua. Sazona tu arroz de acuerdo a cada comida, en vez de hacer siempre arroz blanco.

Añade ajo, cebolla y sal – Yo siempre agrego estos ingredientes antes de comenzar a hervir el arroz. Me gusta saltear el arroz (ver la punto 6) con cebolla, un par de dientes de ajo y sal. Me encantan los sabores ligeramente-intensos que resultan de este paso tan sencillo.

  1. Utiliza una buena olla – Asegúrate de que la parte inferior de la olla no es demasiado delgada, y que la olla que usaras, es de un tamaño proporcional a la cantidad de arroz por preparar. Una olla con fondo delgado hará que los granos de arroz del fondo se quemen rápidamente.
  2. Practica – “la practica hace al maestro”, o “la práctica es el camino a la perfección” ¡Sigue intentando! Y trata de añadir sabores personales para darle un toque especial a tu arroz. También, revisa recetas de tipos más avanzados de arroz, como arroz aromático y risotto. En el futuro, publicare recetas de risotto, así que “ojo pelao” a mis futuras publicaciones!

¡Diviértete y disfruta!