Vacaciones Espontáneas / Arroz con piña

File Jun 14, 12 15 10 AMEstábamos en el mercado el otro día y mientras buscaba entre las frutas y verduras frescas, noté un lote de piñas en uno de los estantes que lucían deliciosas.

 

He escogido piña fresca en el pasado, pero la verdad siempre me ha costado elegir una buena.

 

Mientras estaba allí tocando una de las espinosas frutas, mi esposo regresó del otro lado de la tienda con un galón de leche en la mano. Colocó la leche en nuestro carro y se dio cuenta de que yo estaba viendo fijamente las piñas.

 

“¡Me encanta la piña!” Dijo, como si estuviera leyendo mi mente. “Deberíamos comprar una.”

 

Se acercó al estante en donde estaban las piñas, y tomó una que se veía más amarilla, que verde o marrón, la acercó a su rostro y la olió, y luego jaló suavemente la hoja del centro de la cabeza de la fruta.

 

Explicó – y busqué más tarde en Google para verificar: Cómo elegir una piña madura.

 

Se puede determinar la madurez de una piña por su color, olor y, suavemente jalando una hoja.

 

Cuanto más madura este la piña, más fuerte es el olor. El olor de una piña inmadura es débil.

 

Además, la hoja central superior se extrae fácilmente cuando la fruta esta totalmente madura.

 

Así que trajimos a casa una buena piña madura, mi esposo emocionado la cortó tan pronto como llegamos y comenzó a comer la dulce delicia tropical.

 

Pero yo tenía más en mente que simplemente comer la piña sola. Yo estaba pensando en mi tiempo en el sudeste asiático, y en un plato que rápidamente se convirtió en un favorito – Arroz con piña.

 

El arroz con piña es básicamente arroz frito con piña y camarones.

 

Es conocido popularmente como un platillo tailandés. No obstante, algo que supe de primera mano, fue que aunque su popularidad no está en cuestión, no es realmente un platillo de Tailandia. Hecho que en su momento me confundió, porque casi cada restaurante tailandés en el que he estado sirven el platillo.

 

Durante mis viajes, pasé un tiempo en Tailandia, en donde mis amigos locales me dijeron que el famoso arroz con piña no es parte de su dieta, ni lo consideran un platillo tailandés real. De hecho, una vez teniendo esa información, observe con detenimiento y me di cuenta que sólo vi el plato en restaurantes de zonas turísticas.

 

La primera vez que probé el arroz con piña fue en Singapur, en “Golden Mile Complex” – el mercado tailandés en la ciudad. Y lo comí frecuentemente durante mi tiempo en Asia.

 

Cuando pienso en el platillo, pienso en mi querida amiga Bere.

 

Hace varios años, Bere y yo viajamos juntas a Indonesia, en unas espontaneas mini vacaciones/celebración de cumpleaños.

 

Yo acababa de volver a Singapur de un largo viaje de trabajo, y estaba en casa cuando mi amiga, Bere, me envió un mensaje de texto. Después de saludarnos, le dije que estaba en casa, y le pregunté qué estaba haciendo.

Era un lunes como cualquier otro, y me extraño que se comunicara conmigo en horas de trabajo.

 

“Me tomé esta semana de vacaciones”, me dijo. A lo que respondí:

 

“¡Deberíamos ir a algún lugar!”

 

Ella sugirió: “¡Vamos a la playa!”

 

Era mediados de diciembre, y mi cumpleaños seria sólo en un par de días, yo había trabajado exhaustivamente las semanas previas, y estaba planeando tomar el resto de la semana libre, por lo que su idea me cayo como anillo al dedo.

 

Y así, decidimos irnos a la playa; Bere sugirió la isla Bintan en Indonesia, que esta a dos horas en ferri de Singapur.

 

Una hora después de nuestra conversación nos encontramos en la terminal de ferri, compramos boletos, y nos dirigimos a Indonesia. En el camino, Bere hizo reservas de hotel, y estábamos listas.

 

En el lugar en donde nos alojamos, no había mucho alrededor, así que la mayor parte de nuestros días, la pasamos durmiendo en la habitación, leyendo, o a la orilla de la playa.

 

La playa era preciosa, con aguas cristalinas y arenas doradas.

 

Al día de hoy, ese viaje sigue siendo uno de los momentos más relajantes de mi vida adulta.

 

Pasamos un par de días descansando y relajándonos en una de las playas más hermosas en esa área. Recuerdo haber comido mucho arroz con piña.

 

Bere es vegetariana, así que ella comió este platillo – solo quitando el camarón. Recuerdo que probamos otros platillos durante ese viaje, y no fueron nada impresionantes; Pero el arroz frito con piña fue una delicia continua.

 

Así que ahora, cuando pienso en Arroz con piña (y arroz frito), pienso en Bere, la diversión de nuestro viaje espontáneo a Indonesia, y cómo ella sigue siendo una de mis mejores amigas y compañeras de viaje favoritas.


 

ARROZ FRITO CON PIÑA

2 -3 Personas

(Todos los ingredientes son aproximaciones, añade o cambia los ingredientes a tu gusto)

 

1 Taza de arroz blanco cocido (frío de preferencia y es perfecto si es un par de días viejo)   (Checa cómo hacer un mejor arroz)

10 Camarones

1 Huevo

1/2 Cebolla amarilla finamente cortada en trozos pequeños

2 Cebollas verdes picadas (Cebollines)

1-2 Tomates medianos, sin semilla y picados en trozos de aprox. 2 centímetros.

2/3 Taza de piña fresca, cortada en trozos de 2 centímetros

(* Si no puede encontrar la piña fresca, usa piña al almíbar asegurándote de secar el almíbar lo mejor que puedas)

1/2 Taza de nueces de la india tostadas sin sal

1 Cucharada de salsa de soya

1 Cucharada de salsa de pescado

1 Cucharadita de curry en polvo

1 Cucharadita de azúcar

1 Pepino en rodajas para adornar

1 Pizca de pimienta blanca

1 Pizca de sal

2 Cucharaditas de aceite de cocina (vegetal, de oliva o lo que sea que usas regularmente en tu cocina)

 

PREPARACIÓN

 

Antes de comenzar, mezcla todos los ingredientes secos (curry, azúcar, pimienta blanca, sal) en una taza pequeña. Mezcla los ingredientes húmedos (salsa de soya y salsa de pescado) en una taza pequeña separada. Déjalos a un lado.

(Con libertad puedes saltar este paso y servir directamente mientras cocinas.)

En un sartén grande, calienta a fuego medio-alto y saltea los camarones hasta que estén rosados ​por todos lados.

Una vez que están listos, sácalos del sartén, y escurre el exceso de aceite, ponlos a un lado.

Usando el aceite restante (y agregando un poco más si es necesario), agrega el huevo y bátelo ligeramente. Cuando el huevo empiece a cambiar de color y este medio cocido, agrega el arroz y revuelve con la cuchara hasta que este bien mezclado (alrededor de 2 minutos).

Agrega los trozos de cebollas y mezcla durante aproximadamente 2 minutos. Agregue los ingredientes secos (curry, azúcar, pimienta blanca, sal) y la mitad de la mezcla de ingredientes húmedos (salsa de soya y salsa de pescado), continua removiendo hasta que los granos de arroz se separen y los condimentos cubran todo el plato (unos 3 minutos) .

Agrega la piña, camarones, las nueces de la india y la otra mitad de la mezcla de ingredientes húmedos. Revuelve aproximadamente por 3 minutos.

Una vez que la piña se oscurezca y el arroz este seco, apaga el fuego. Añade los trozos de tomates y cebollín.

Sirve el arroz en un plato colocando con los camarones completos sobre el arroz, y las rebanadas de pepino a un lado como decoración.

 

Versión vegetariana:

Omite el camarón

(y el huevo en el caso de los veganos)

Usa aceite de coco y agrega un poco de ajo y jengibre fresco para acentuar los sabores!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia a través de #johastable

Spontaneous Vacation/Pineapple Rice

We were at the grocery store the other day and I was perusing through the fresh produce when I noticed some delicious looking pineapples.

I’ve selected fresh pineapple before, but the truth is I didn’t know how to pick out a good one. As I stood there fondling the prickly fruit, my husband returned from the other side of the store with a gallon of milk in hand. He placed the milk in our cart and realized I was staring at pineapples.

“I love pineapples!” he said, seemingly reading my mind. “We should get one.”

He reached into the pineapple display and grabbed a more-yellow-than-green-or-brown pineapple, brought it close to his face and smelled it, and then gently tugged at the leaf at the fruit’s top center.

He explained – and I later googled his facts to verify – how to pick out a ripe pineapple.

You can tell a pineapple’s ripeness by its color, scent and by gently tugging on a leaf.

The closer to ripe the pineapple gets, the more robust the scent. An unripe pineapple’s scent is faint.

Also, the top center leaf will easily pull from the fruit when fully ripened.

So we brought home a good, ripe pineapple, and my excited husband cut it open as soon as we got home and began eating the sweet tropical delight.

But I had more in mind than simply eating the pineapple alone. I was thinking of my time in Southeast Asia, and a dish that quickly became a favorite – Pineapple Rice. Pineapple Rice is basically fried rice with pineapple and shrimp.

Pineapple Rice is known as a popular Thai dish, but something I found out firsthand is the fact that, though it’s popularity is not in question, it’s not actually a Thai dish; which really confused me because nearly every Thai restaurant I’ve ever been to serves the dish.

But during my travels, I spent time in Thailand, where locals told me that Pineapple Rice is not part of their diet, nor do they consider it an actual Thai dish. In fact, I only saw the dish in restaurants in touristic areas.

I first tried Pineapple Rice in Singapore, in Golden Mile Complex – the Thai market in the city. And I ate the dish often during my time in Asia.

When I think about the dish, I think of my dear friend Bere.

Several years ago, Bere and I traveled together to Indonesia on a whim for a several days, for a relaxing miniature birthday vacation.

I had just gotten back to Singapore from a long work trip and was at home when my friend, Bere, began texting me.

After our greetings, I told her I was back at home and asked what she was doing.

It was a random Monday for her, so it was strange that she was able to communicate with me during work hours.

“I took the week off work,” she told me.

I replied, saying, “We should go somewhere!”

She upped the ante with a suggestion: “We should go to the beach!”

It was the middle of December, and my birthday was only a couple of days away and I had been gone for work, so I was planning to take the rest of the week off, so I agreed.

And just like that, we decided to leave and go to the beach; Bere suggested Bintan Island in Indonesia, which was a two-hour ferry ride from Singapore.

Within an hour after texting, we met at the ferry terminal, bought tickets and headed to Indonesia.

On the way, Bere made hotel reservations, and we were set.

At the hotel where we stayed, there wasn’t much around, so most of our days were spent napping in the room or lying on the beach.

The beach was beautiful, with crystal clear waters and golden sands.

To this day, that trip remains one of the most relaxing times of my adult life.

We spent a couple of days resting and relaxing at one of the most beautiful beaches in that area. And I ate lots of Pineapple Rice.

Bere is a vegetarian, so she was able to eat the dish as well – she just picked the shrimp out.

I remember trying other foods during that trip, and wasn’t impressed; but the Pineapple Rice was a continual delight.

So now, when I think of Pineapple Rice, I think about Bere and our spontaneous trip to Indonesia and how she remains one of my best friends and favorite travel partners.


 

PINEAPPLE FRIED RICE

2 -3 People

(All the ingredients are approximation, add or change ingredients to taste)

 

1 Cup of cooked white rice (cold, or day old if possible) – Check how to make a better rice

10 Shrimp

1 egg

1/2 Yellow onion finely cut in small pieces

2 Green Onions chopped

1-2 Medium-sized Tomatoes, seeded and chopped in 1/2 inches pieces.

2/3 Cup Fresh Pineapple, cut into 1/2 inches pieces. (*If you can’t find fresh pineapple, use canned pineapple drying with a napkin as much juice as you can.)

1/2 Cup of roasted unsalted cashews

1 tsp Soy sauce

1 tsp Fish sauce

1 tsp Curry powder

1 tsp Sugar

1 Sliced Cucumber for garnish

1 dash of White Pepper

1 dash of Salt

2 tsp Cooking oil (vegetable, olive or whatever you regularly use in your kitchen)

 

PREPARATION

Before starting, mix all the dry ingredients (curry, sugar, white pepper, salt) in a small cup. Mix wet ingredients (Soy sauce and Fish sauce) in a separate small cup. Set aside.

(You are free to skip this step and serve direct while cooking.)

In a big frying pan, heat on medium-high and sear the shrimp until pink and on all sides. Once it is ready, take it out of the pan, and drain the excess oil and set a side.

Using the remaining oil (and adding a little more if necessary), add the egg and scramble. When the egg starts changing color (half way cooked) add the rice and stir until it is mixed (around 2 minutes).

Add onions and mix for approximately 2 minutes.

Add dry ingredients (curry, sugar, white pepper, salt) and half of the wet ingredient mix (soy sauce and fish sauce), keep stirring until the rice grains are separated, and the seasoning has covered all the dish (about 3 minutes).

Add pineapple, shrimp, cashews and the other half of the wet ingredient mix. Stir approximately 3 minutes.

Once the pineapple is darkened and the rice is dry, turn off heat. Add tomatoes and the green onions.

Serve the rice garnishing with the whole shrimp on top and cucumber on the side as garnish.

 

Vegetarian version:

Omit the shrimp and egg (vegan)

Use coconut oil and add spice it up with some garlic and fresh ginger.

 

Try this recipe and share with us through #johastable

Vámonos de Pinta / Elote Cocido

 

Hace un par de semanas compramos maíz fresco de un mercado local. Mi marido tenía la intención de cocinar algo con él – ya fuera el pan de maíz de su bisabuela, o grits, o algo más. Honestamente, no recuerdo lo que estaba planeando cocinar; Pero a medida que la semana progresaba y la vida siguió avanzando, el maíz permaneció sobre la mesa, sin cocer.

 

El otro día estaba viendo las mazorcas y decidí hacer un bocadillo que atañe a mis raíces mexicanas – Elote Cocido.

 

Elote cocido (maíz cocido) es una merienda que se puede comprar en las calles mexicanas. A menudo consumida durante las celebraciones patrias. Es el maíz hervido en una mezcla cremosa, con queso, picante, insertado en un palillo.

 

Mi decisión de hacer esta botanita (pasapalo) trajo a mi mente, un recuerdo particular que inundo mis pensamientos: Recordé la única vez que “me fui de pinta” (me jubile/falte a clases) – cuando estaba en octavo grado (Segundo de Secundaria).

 

Nunca fui mala estudiante durante la secundaria – no tuve malas calificaciones; Nunca reprobé alguna materia. Yo era social; me llevaba bien con mis compañeros y maestros; participe en actividades extracurriculares, e incluso inicie un grupo de música (tocaba el “cuatro venezolano,’ un instrumento de cuerda muy parecido al ukulele).

 

Fui estudiante un poquito arriba del promedio, pero, sobresaliente hasta mi ultimo año de secundaria (noveno grado), cuando mis calificaciones tuvieron una mejora muy notable.

 

Un día, mi amiga Paty y yo decidimos irnos de pinta. Nadie sospecharía de nuestro plan.

 

Tenía que ser perfecto. Así que tomamos una semana para planear y preparar.

 

Podrías estar preguntándote ahora mismo, “¿Por qué saltar escuela?”.

 

Yo era una chica de iglesia que se llevaba bien con todo el mundo y trataba de portarme bien… pero siempre me ha gustado aventurarme, y he disfrutado los desafíos. Yo sabía que esto, haría subir mi adrenalina.

 

Así que después de nuestra semana de preparación, llegó el viernes cuando haríamos nuestra huida a la libertad. Fue sólo unas pocas semanas antes de los finales, por lo que el año escolar estaba por terminar.

 

Aquella era la semana de la “Feria de Ciencias” – por lo que había muchas caras de estudiantes y maestros ausentes en las aulas de clases, así que sería difícil para los prefectos saber por qué no estábamos en la escuela.

 

Salimos de nuestras casas vestidas con los uniformes escolares y nos reunimos afuera de la escuela. Nos subimos a un autobús y tomamos el metro, dirigiéndonos al tradicional lugar donde los niños se iban de pinta en aquel tiempo (no se si ahora lo sigan haciendo): Chapultepec.

 

Chapultepec está en el centro de la Ciudad de México, y alberga un bosque, parques, un zoológico, un castillo en una colina, un lago, un museo – un montón de cosas divertidas que hacer mientras no estas en clases. A veces, es referido como los “pulmones de la ciudad”, debido a sus vastas zonas verdes.

 

Cuando llegamos, vimos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta que muchos niños de otras escuelas tuvieron la misma idea que nosotras. Había un montón de niños, vestidos con uniformes de secundarias de todos los extremos de la ciudad.

 

Ciudad de México es la ciudad más grande del mundo, alrededor de 30 millones de personas viven allí, por lo que la probabilidad de que hubiera otros niños que decidieron saltar escuela ese mismo día era bastante alta.

 

Era un lugar fresco para simplemente ir a esconderse por un día.

 

Caminamos súper felices. Nos sentamos y tuvimos un picnic, comiendo lo que se suponía que era nuestros almuerzos para el desayuno.

 

Fuimos al zoológico y pasamos un par de horas ahí. Pasamos el tiempo simplemente caminando por el parque.

 

Después, llegamos al lago, y decidimos alquilar una canoa. Se veía divertido.

 

Pero alquilar una canoa resultó ser caro para nosotras.

 

Afortunadamente, mientras estábamos esperando que nos atendieran, empezamos a hablar con un grupo de muchachas que estaban formadas y venían de la parte sur de Ciudad de México. También se habían ido de pinta ese día.

 

Nos dijeron que necesitaban meter dos personas más en las dos canoas que ellas estaban alquilando, así que bien contentas saltamos dentro de su canoa!

 

Mientras estuvimos remando alrededor del lago con nuestras nuevas amigas, un grupo de niños de nuestra edad que venia en otra canoa nos vieron, y comenzaron a hablarnos.

 

Empezamos a bromear con ellos. Nuestras bromas eran inocentes y amistosas, y los muchachos nos preguntaron si queríamos cambiar de barco; algunas de nosotras entrar en su canoa, y algunos de ellos saltar a las nuestras.
La idea era que nuestro grupo se hiciera mas grande, y sumando a los chicos pasar el resto del día juntos con mas diversión.

 

Por alguna razón no me gustó esa idea. Yo era muy escéptica.

 

Eran buena onda (chéveres), pero yo no los conocía.

 

Así que yo, junto con algunas de las otras chicas, nos quedamos en nuestra canoa, mientras las chicas que querían mezclarse con ellos, se pasaron al otro bote. Nos pasaron sus mochilas, y otras pertenencias para hacer espacio, para la gente extra que estaría en su canoa. Paty era una de ellas.

 

Cuando los muchachos y las muchachas comenzaron a mezclarse en las canoas, un par de los chicos se pararon entre los dos botes y comenzaron a sacudir la canoa de las chicas.

 

Las otras chicas y yo vimos a una distancia segura, mientras su bote se sacudía y todas cayeron al lago. Incluyendo a mi amiga Paty!

 

El lago estaba asqueroso. El agua tenía un olor terrible, y una gruesa capa de algas verdes.

 

Después de que cayeron, tuvimos que rescatarlas. Las miradas de algunas de las caras de las chicas estaban llenas de devastación.

 

Yo no estaba tan devastada… Aunque fue feo para ellas, moría de risa!

 

Finalmente salieron del agua. Con un olor terrible… No pudimos rescatar su bote.

 

Encontramos algunos rociadores que se prendían automáticamente para regar los jardines alrededor del parque. En los que las chicas, incluyendo Paty, pudieron limpiarse un poco. Por suerte, Paty trajo una blusa extra ese día, y pudo al menos cambiarsela. Así, seguimos caminando un poco más, hasta encontrar algo de comida.

 

Teníamos mucha hambre, así que nos detuvimos en un puestecito para comprar elote cocido. Ese fue el aperitivo perfecto para terminar nuestro día en Chapultepec, y nos dirigimos a casa.

 

Por supuesto, en el camino a casa, pasamos a la Feria de Ciencias. Nos aseguramos de ser vistas por varios amigos y maestros, para así tener una coartada perfecta.

 

Fue un día divertido y memorable para mí. Y lo mejor de todo es que no nos cacharon!

 

Nuestro plan había funcionado, y tuvimos un día de libertad, hicimos nuevas amigas, tuvimos un montón de risas y una buena merienda.

 

Por desgracia, Paty tuvo una reacción alérgica grave en su piel, por la asquerosa agua del lago en la que cayo; por lo que no pudo salir de su casa por varios días.

 

Aun así, el recuerdo del día en que nos fuimos de pinta estará siempre en nuestros corazones.

 


 

ELOTE COCIDO

 

Esta botana es súper fácil de hacer. Estos son los sabores base de muchos platillos mexicanos, y hay muchas variaciones. Así que pruébalo, y se creativo!

 

Ingredientes:

 

Mazorcas de maíz.

 

Agua

 

Mantequilla

 

Mayonesa

 

Queso Fresco rallado (Si no puedes encontrar queso fresco, usa queso parmesano)

 

Chile en polvo (Chile piquín)

 

Limón

 

Sal

 

Pimienta

 

Palillos para brochetas (para insertar y sostener las mazorcas) – Yo no tenia palillos para brochetas, así que usé palillos chinos.

 

INSTRUCCIONES

 

Limpia el maíz

 

En una olla lo suficientemente grande en el que se puedan sumergir las mazorcas completamente en el agua. Hierva el maíz por cerca de 15 minutos, o hasta que el grano esté blando.

 

En un tazón o una bandeja, esparce el queso

 

Saca el maíz del agua con unas pinzas de cocina. Sostenlo con una toalla (para que no te quemes la mano) e inserta el palillo/brocheta en el centro de la mazorca.

 

Sosteniendo ahora por el palillo, extiende la mantequilla sobre el maíz y luego cúbrelo con una fina capa de mayonesa.

 

Coloca el maíz en el queso y ruédalo para cubrir todos los lados.

 

Sazona con sal, pimienta y chile piquín, al gusto.

 

Exprime el limón sobre el Elote y a disfrutar!

Skipping School / Elote Cocido

A couple of weeks ago we bought some fresh corn from a local market. My husband intended on cooking something with it – either his great-grandmother’s cornbread, or corn grits, or something else. Honestly, I don’t remember what he was planning to cook; but as the week progressed and life ensued, the corn remained on the countertop, uncooked.

So, the other day I was looking at that corn and decided to make a snack that speaks to my Mexican roots – Elote cocido

Elote cocido (cooked corn) is a Mexican street snack often consumed during national celebrations. It is boiled corn covered in a creamy, cheesy, spicy mix, eaten on a stick.

As my decision to make this snack recurred in my mind, one particular memory flooded into my thoughts: I remembered the only time I ever skipped school – back in my eighth grade year.

I was never really a bad student throughout prep school – I didn’t make bad grades; never failed a course. I was social; well-liked by classmates and teachers; participated in extracurricular activities; I even had a music group (I played the quatro, a stringed instrument like the ukelele).

I was an above-average student that made average grades – up until my ninth grade year when my grades began showing marked improvements.

One day, my friend, Paty, and I decided to plan a day of deceit. We were going to play hooky.

But it had to be perfect.

So we took a week to plan and prepare.

“Why skip school?” you may be asking. I was a church girl who got along with everyone and always played nice … but I loved adventures and challenges, and this, I knew, would get my adrenaline pumping.

So after our week of preparation, the Friday came when we would make our escape into freedom. It was just a few weeks before finals, so the school year was winding down. The week of the science fair – so there were many faces missing from classrooms. It would be hard for administrators to know that why we were not in class.

We left our homes dressed in our school uniforms and met outside of the school. We boarded a bus, and headed to the traditional hang out spot when kids would skip school at that time, Chapultepec.

Chapultepec is in the middle of Mexico City, and hosts a forest, parks, a zoo, a castle sitting atop a hill, a lake, a museum – plenty of fun things for us to do while not in class. It’s sometimes referred to as the “lungs of the city,” due to its vast green areas.

When we arrived, we looked around and realized a lot of other school kids had the same idea as us. There were tons of kids, clad in uniforms from schools on every end of the city.

Mexico City is the largest city in the world, with 30 million people living there, so the likelihood that there would be other kids deciding to skip school on that day was pretty high.

It was a cool place to simply go hide away for a day.

We walked around excitedly. We sat and had a picnic, eating what was supposed to be our lunches for breakfast.

We went to the zoo for a couple hours, and spent hours simply walking around the park.

Then we came upon the lake and decided to rent a canoe. It seemed like it would be a lot of fun. But renting one canoe proved to be expensive for us.

Luckily for us, while in line we had made friends with a group of girls from the southern part of Mexico City who were also skipping school that day.

They told us they could fit two more people in the two canoes they were renting, so we happily jumped in!

As we canoed around the lake with our new friends, a group of canoeing boys our age took notice of us and started talking to us. Our banter was innocent and friendly, and the boys asked if we wanted to switch boats – some of us go into their canoe, and some of them come into ours.

The idea was that the group of guys and the group of girls would hang out together the rest of the day.

I didn’t like that idea. I was skeptical. They were friendly, but I didn’t know them.

So I, along with a few of the other girls stayed in our canoe while the girls that wanted to mingle with the boys were in the other. They passed us their backpacks and other belongings to make room for the extra people that would be in the canoe. Pati was one of them.

As the boys and girls started intermingling in the canoes, a couple of the guys stood up and began rocking the boat.

I watched from a safe distance as the boat tipped over and everyone fell into the lake.

Including my friend, Paty.

Mind you, the lake was disgusting. It had a terrible smell and a thick layer of green algae.

After they fell in, we had to rescue them, which we did. The looks on some of the girls’ faces were filled with devastation.

I was less than devastated. Actually, I was laughing really hard!

They finally got out of the water. Very stinky. And we found some sprinklers around the park where all the girls, including Paty, were able to spray themselves clean.

Luckily, Paty brought an extra shirt that day, and she was able to change, so we walked around a little bit more before finding our way to get some food.

We were very hungry, so we stopped at a street vendor to have elote cocido. That was the perfect snack to end our day at Chapultepec, and we headed home.

Of course, on the way home, we made our way over the science fair. We made sure that we were seen so we’d have an alibi.

It was such a fun, memorable day for me. And what made it all the better is that we didn’t get caught! Our plan had worked, and we had a day of freedom, new friends, lots of laughs and a great snack.

Unfortunately, Paty had a bad allergic reaction on her skin from the disgusting lake water she had fallen in, so she was unable to leave her house for several days, but the memory of the day we skipped school will forever be forged into our memories.


 

ELOTE COCIDO

This one is really easy to make, but the flavors are the base of many Mexican foods, and there’s many different variations. So try it, and be creative!

 

Corn on the cob

Water

Salt

Pepper

Butter

Mayonnaise

Shredded Queso Fresco (If you can’t find queso fresco, use Parmesan cheese)

Chile Powder

Lime

Skewers to stick through the corn – I didn’t have skewers, so I used chopsticks

 

Shuck, clean and boil corn for about 15 minutes, or until corn is tender.

In separate shallow bowl or cookie sheet, place cheese

Remove corn from water and with a towel (so you don’t burn your hand) insert skewer into the cob. Holding with the skewer, spread butter on the corn then coat corn with a thin layer of mayonnaise.

Place corn in cheese and roll to coat.

Season with salt, pepper and chile powder, to taste.

Squirt fresh lime onto the elote cocido and enjoy!

Escuela en casa / Tomates verdes fritos

Ayer, mientras estaba contándole a un amigo sobre este blog, me pregunto ¿Qué significa “Joha’s Table” (la Mesa de Joha)? ¿Por qué ese nombre para el blog?

 

Mi reacción inicial fue responder con un poco de sarcasmo y broma – quería recalcar que el nombre de mi esposa es Joha, y la comida se pone sobre una mesa.

 

Cuando estaba a punto de responder, me detuve y decidí ir en diferente dirección. “La mesa es el lugar en donde regularmente encuentras comida”, comenté. “Pero también es un lugar donde las familias se sientan y hablan de su día. Un lugar donde los amigos comparten historias. ”

 

Ocurren tantas cosas en la mesa. Muchas veces, es donde pasa la vida – y eso es realmente lo que este blog se supone que debe ser. No sólo sobre comida, sino sobre la vida.

 

Cuando era niño, la mesa del comedor estaba completamente limpia y sin nada sobre ella contadas veces al año. – Día de Acción de Gracias, Navidad, Semana Santa, cuando alguien importante venia a visitarnos. Pero la mayor parte del tiempo estaba llena de libros escolares, tareas y proyectos en desarrollo.

 

La mesa estaba cubierta con esos artículos porque mi hermano mayor, mi hermana menor y yo estábamos siendo educados en casa (Escuela en casa o conocido en ingles como “homeschool”).

 

Todas las mañanas, mi padre se iba a trabajar – ya que teníamos un negocio de limpieza de alfombras -. Mi madre nos despertaba e íbamos a la sala y teníamos un tiempo devocional y de oración diario, desayunábamos, y luego empezábamos nuestros trabajos escolares, (a veces todavía en pijama, pero por lo general nos cambiábamos).

Mis padres decidieron, incluso antes de que tuviera edad para empezar escuela, que querían educarnos en casa (homeschool).

 

Ellos aluden al hecho de que querían que creciéramos en un ambiente controlado de aprendizaje, en el que pudieran concentrar sus esfuerzos en las áreas en donde necesitábamos mas, y permitirnos maximizar nuestras destrezas académicas en áreas en las que éramos destacados.

 

Habían hecho investigaciones sobre los planes de estudios para diferentes asignaturas, y cuál sería el que mejor se adaptaría a nuestras necesidades individuales.

 

A menudo, cuando le comento a la gente que fui educado en casa, desde Preescolar hasta Preparatoria, no pueden creerlo, porque “parezco tan normal”, o “soy muy sociable”.

 

Yo atribuyo eso a que la razón por la que mis padres eligieron este método de educación, no fueron razones religiosas. No era para mantenernos alejados de la gente, o grupos sociales, o “peligro”. Fue principalmente por razones académicas. (probablemente también por razones financieras, pues mandar tres hijos a escuelas privadas mientras eres dueño de una pequeña empresa quizás no augura mucha libertad financiera).

 

Yo establecí y mantuve relaciones con otros niños en mi vecindario a través de actividades extracurriculares, como deportes en mi comunidad, y mi participación en organizaciones como 4-H, mi iglesia y el grupo de jóvenes.

 

Creo que si a mi mama le preguntaran cuál fue la mayor ventaja de educar a sus hijos en casa, diría que a veces podía crear su propia currícula (materias), basándose en los criterios del estado en donde vivíamos para que aprendiéramos un tema específico.

 

Como es el caso de la materia de “Economía en el Hogar”. En las escuelas de todo Mississippi, los estudiantes tomaban “Economía en el Hogar” y aprendían a cocinar, a coser y otras cosas mas. Mi madre usó la materia de Economía en el Hogar como una oportunidad para enseñarnos a cocinar algo – y luego, nos hacía cocinar la cena.

A medida que crecíamos, ella trabajaba menos. Su plan de estudios comenzó a liberar su tiempo, porque nuestra escuela era cocinar y limpiar!

 

Debería existir una ley contra eso, ¿Verdad? Jaja

 

Recuerdo que plantamos un jardín en el patio trasero de nuestra casa. Comenzamos a cultivar tomates, pepinos, calabazas, pimientos, okra y otras verduras. Todos los días lo cuidábamos, regando las plantas, quitando la maleza, y tuvimos buenas cosechas de el.

 

Esos jardines, fueron incorporados a un plan de estudios creado por mi mama, y nos enseñaron mucho. Aprendimos sobre preparación y planificación. Teníamos que cultivar la tierra; así como planear qué plantar, y en dónde hacerlo.

 

La plantación, mantenimiento y la responsabilidad en general, porque teniamosque poner la semilla en el suelo y cuidar de cada una de ellas, todos los días, regándolas y eliminando las malas hierbas que crecían alrededor.

 

Vimos fracaso y éxito – tuvimos cosechas abundantes en muchas ocasiones, mientras que otras, las plantas no crecieron o murieron.

 

Aprendimos mucho a través de esos jardines.

 

Muchas veces fue el jardín en sí que nos enseñó lecciones, otras veces mamá nos compartió su conocimiento. Como cuando las cosechas empezaron a aparecer, ella nos mostró cómo cocinar las diferentes verduras y hortalizas.

 

Había años en los que teníamos tantos frutos del jardín, que comenzamos a llevar verduras a la iglesia para compartir con otras familias – Eso nos enseñó la importancia de dar, y generosidad.

 

Recuerdo que algunas calabacitas llegaban a mediar hasta casi dos pies de largo. (aprox. 60 centímetros). En las temporadas en que las hortalizas crecían tanto, y teníamos cosechas grandes, mi mama cocinaba recetas con tantas verduras como podía. Por algunos años, recuerdo que parecía que todo lo que contenía su comida eran calabacitas, calabaza (ahuyama) y berenjena.

 

Espagueti con calabacitas, calabaza y berenjena. Sopa con calabacitas, calabaza y berenjena. Pizza con calabacitas, calabaza y berenjena. Pollo con una guarnición de calabacitas fritas, calabaza y berenjena.

 

Aunque a decir verdad, aprendimos a cocinar con esos frutos, y a disfrutar de la creatividad al cocinar variaciones de los mismos vegetales presentados de diferentes formas.

 

Los tomates eran un pilar en el jardín, por lo que siempre hicimos ensaladas y, a menudo, simplemente combinamos tomates y pepinos en un tazón con vinagre, sal, pimienta y hierbas, resultando en una botana saludable.

 

Durante esos tiempos cuando los tomates empezaban a crecer, mamá recogía algunos de los tomates verdes para freírlos. Los Tomates verdes fritos son un platillo popular en el sur de los Estados Unidos.

 

La consistencia de una rodaja de tomate inmaduro permanece intacta mientras se fríe. A diferencia de un tomate maduro, que se deshace a medida que comienza a calentarse. El sabor dulce y amargo del tomate inmaduro frito, es indudablemente delicioso a muchos paladares.

 

De hecho, solo pensar en los tomates verdes fritos de mi madre, me hace tener hambre.

 

No tengo su receta específica, pero he cocinado el platillo y lo he llevado a otro nivel de “sureñez” (sé que no es una palabra como tal, pero entiendes lo que quiero decir), con unos camarones asados en el sartén, salpicados con una salsa “remoulade” (salsa rosada, típica de la comida sureña).

 


 

TOMATES VERDES FRITOS

(2 personas)

 

2 Tomates verdes (en realidad se puede hacer más de 2 tomates con esta cantidad de mezcla de harina)

1 Huevo

½ Taza de suero de mantequilla (Se puede substituir con leche regular con una cucharadita de vinagre o limón, y deja reposar por 10 minutos antes de usarla)

½ Taza de harina

½ Taza de maicena

1 Cucharadita de sal

½ Cucharadita de pimienta

½ Cucharadita de comino

¼ Cucharadita de paprika

Un poquito de orégano

Un poquito de albahaca

Aceite vegetal

Sal al gusto

 

INSTRUCCIONES:

Coloca el aceite vegetal en una sartén y calienta a fuego medio-alto

Corta los tomates verdes hasta el grosor deseado

En un tazón mediano mezcla el huevo y el suero de leche.

En otro tazón o sartén, combina todos los ingredientes secos.

Sumerge las rebanadas de tomate en la mezcla de huevo (Para capearlo doble y hacerlo mas crujiente sumerge las rebanadas de tomate en harina de trigo, antes de meterlas al huevo, después procede a sumergirlas a la mezcla de huevo)

Transfiere el tomate a la mezcla de harina de trigo, maicena e ingredientes secos, y cubre bien las rodajas de tomate.

Coloca las rebanadas en el aceite caliente precalentado en la estufa y cocina durante aproximadamente 2 minutos por cada lado (4 minutos en total), o hasta que estén doradas.

Retira la rebanada de tomate del aceite y colócala en un plato cubierto con una toalla de papel para recoger el aceite que gotea.

Espolvorea sal, al gusto en los tomates calientes.

 

REMOULADE SAUCE

 

½ Taza de Mayonesa

1 Cucharada de Mostaza de Dijon (Si es en grano es mejor)

1 Cucharada de Kétchup (cátsup)

1 Cucharada de salsa inglesa

1 Cucharada de Jugo de limón

1 Cucharadita de azúcar morena

1 Cucharadita de paprika

1 Cucharadita de ajo en polvo

2 Tallos de perejil fresco finamente cortado

1 Tallo de cebollín (fresco picado en rodajas finas)

½ Cucharadita de pimienta

Una pizca de tu salsa picante favorita

 

INSTRUCCIONES:

Combinar todos los ingredientes y dejar reposar durante una hora para obtener mejores resultados. Aunque, en realidad puede utilizarse de inmediato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las Arepas de Maita: 10 pasos fáciles para hacer arepas

Las Arepas de Maita

 

Hay un mercado cerca de nuestra casa, en donde venden hortalizas frescas cultivadas localmente, por muy buenos precios. Por ejemplo, pimientos verdes, rojos y amarillos por $ 0.69 cada uno, o bolsas de zanahorias grandes por solo $ 1.

 

Es genial para mi esposo y para mí, porque presupuestamos una cierta cantidad de dinero cada semana para comida, y también porque nos permite comprar productos frescos para alimentarnos saludablemente.

 

La semana pasada compramos maíz dulce fresco – mi esposo tenía la intención de hacer “grits” o pan de maíz.

 

No lo hizo.

 

Sin embargo, cuando vi las mazorcas me recordó un tiempo en mi niñez, cuando viví en Venezuela. Me recordó a mi abuela, Isabel. Nosotros la llamábamos “Maita”.

 

Recuerdo visitar a Maita sabiendo que iba a cocinar arepas, un pan venezolano hecho con harina de maíz, más grueso que una tortilla, pero más delgado que un bísquet.

 

Ella cocinaba algo diferente cada visita, pero algo que permaneció constante en su cocina fueron: las arepas. Y cuando Maita cocinaba arepas, las hacía desde cero.

 

Maita era una mujer de campo, pero vivía en una pequeña ciudad, Cabudare; así que su casa no era como el campo en donde creció. Pero tenía un tipo “granja miniatura” en el patio trasero de la casa. Tenía patos y gallinas, todo tipo de hierbas y verduras, varios árboles frutales… Todo en pequeña escala, en comparación con la parcela que ella y mi abuelo, Abuelito Gabino, poseían en otra zona. Tenía un molino en la esquina de la pesada mesa de madera roja en el área del comedor. Lo usaba para moler café, maíz, carnes y granos frescos.

 

Mis hermanos y yo peleábamos por ver a quién le tocaría moler maíz y café para ella. Cada vez que llegamos a su casa, y veíamos el maíz o los granos de cafe sobre la mesa, nos emocionábamos con la idea de usar el molino! Ahora veo que sutilmente nos estaba haciendo trabajar para ella, pero en ese momento, sólo pensamos que era divertido.

 

Así que una vez que el maíz se molía, ella hacía una especie de masa (harina de maíz), a la que le agregaba un poco de agua salada y la mezclaba. Nunca utilizó medidas, cocinaba “a ojo de buen cubero”, siguiendo solamente olores y sabores. Incluso si hubiera habido una receta, ella no la habría podido leer. Maita creció en una era de dictadura en Venezuela. Una época en la que a las mujeres no se les permitía asistir a la escuela, por lo que nunca aprendió a leer ni a escribir.

 

Pero no era ninguna tonta, y NADIE podía tratar de hacerla tonta. Aunque no podía leer frases de un libro, podía leer a la gente, y sabía cuando otros trataban de engañarla o “pasarse de vivos”; lo cual, conforme fue envejeciendo, muy rara vez ocurrió. La gente empezó a respetarla (y algunos a temerla ja!) por su franqueza, firmeza y obstinación.

 

Ella, para mí, era la prueba de que nada puede limitarte excepto tu mismo, y tu actitud ante la vida.

 

Así que, una vez que la mezcla ya molida se convirtió en masa, la moldeaba en pequeñas bolas, y las aplastaba dándole forma circular a la arepa con sus manos. Sus manos eran como décadas de lecciones de vida, y grandes reuniones familiares.

 

Como una mujer joven, adoptó cuatro de sus sobrinos y sobrinas, después de que su madre – su hermana Licha – murió. Así, durante sus veintes, Maita cuido a su madre y cuatro hijos, todo por sí misma. Luego, se casó con mi abuelito Gabino, alrededor de sus 30 años de edad. Durante años, antes del matrimonio, perfeccionó sus habilidades culinarias por necesidad. Usaba las manos para todo.

 

Recuerdo que cada una de sus arepas, tenía marcas de los pequeños pero fuertes dedos de Maita. Sus dedos eran tan fuertes como su voluntad – una voluntad que decidió, que la vida no iba a determinar su éxito, o el éxito de sus hijos. Una voluntad que nunca le permitió renunciar. De hecho, una vez casada, ella y abuelito Gabino tuvieron 3 hijos y una hija. (Uno de ellos mi padre). De los cuales, Todos fueron a la universidad, se graduaron y formaron sus propias familias.

 

Ella me demostró, que tus propias limitaciones no tienen que ser las limitaciones de tus generaciones venideras. Ella cocinaba las arepas en un “budare” (sartén seco o plancha), y nunca usaba una espátula, recuerdo que volteaba cada arepa con sus manos.

 

Incluso, utilizaba sus manos para distinguir si las arepas estaban bien cocidas. Ella tenía una manera especial para saber cuando cada arepa estaba lista, – las tomaba con sus manos, y les daba golpecitos con su dedo. Determinaba el grado de cocción de acuerdo al sonido que emitían al golpe.

 

Siempre hacía 2 arepas gigantes para el almuerzo de mi Abuelito, e incluso, cuando no estábamos allí para “ayudarla” a cocinar, comíamos sus arepas porque cada día nos enviaba una porción de ellas con mi padre. Ella vivió hasta sus ochentas, y murió el 29 de agosto de 2007, sólo unos años después de que mi familia se mudó a México.

 

A Maita le gustaba cocinar. Le encantaba cocinar arepas. Pero sobre todo, le encantaba cocinar arepas para nosotros. Era una de sus muchas maneras de demostrar cuánto nos amaba… Siempre la llevo conmigo en mi corazón.

 

Ahora, voy a darte un tutorial rápido de cómo hacer arepas como Maita (sin el maíz molido fresco)!

 

 

* (En Estados Unidos o en otros paises: Busca harina PAN en tiendas con productos latinoamericanos, o en cadenas de supermercado grandes con extensa selección de productos internacionales).


Cómo hacer arepas en 10 pasos sencillos (Tutorial con guía en fotos)

1. 1 Taza de agua tibia (esto es suficiente arepas para 2 personas) en un tazón de mezclar de tamaño mediano.

2. Agrega una cucharadita de sal al agua tibia.

3. Mezcla lentamente Harina PAN. En el agua

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Amasa hasta que este suave sin grumos.

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Hasta que espese (en la consistencia como puré de papas).

4. Deja reposar durante unos minutos mientras enciendes la estufa o la plancha a fuego medio-bajo y preparas el sartén antiadherente

5. Forma bolitas con la masa

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6. Aplana la bolita formando la arepa.

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7. Coloca las arepas sobre un “budare” (plancha o sartén) a fuego medio-bajo

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8. Cocina aprox. 7 minutos en cada lado (esto realmente depende del sartén.

Compara con la foto abajo, para que la arepa se parezca)

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y tápalas para mantener la humedad

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9. Retira del fuego una vez que estén listas. Sabrás que lo están cuando al darles golpecitos en el centro emiten un sonido hueco (Vee el video)

Cuando las arepas están listas 

10. Toma una arepa. Córtala por una de las orillas con un cuchillo, abriendo con cuidado, rellena con mantequilla, queso, carne, o cualquier cosa que desees y buen provecho!

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Dulce Tailandia, Dulce arroz con mango

Amo Tailandia!

 

Todo sobre ella: su gente, sus paisajes, la comida… Si… especialmente, la comida.

 

Hace unas semanas – a principios de Abril – cuando se acercaban las fechas en que se celebra el Año nuevo Tailandés, quise celebrar con uno de mis platillos tailandeses favorito: Mango Sticky Rice (Postre hecho a base de Arroz con mango y leche de coco)

 

En 2011, pase un poco mas de un mes en Tailandia. En aquel tiempo, acababa de llegar a Singapur, y tenia un contacto en Tailandia que estaba encargada de un orfanato, a quien decidí ir a ayudar, y también para explorar el país, con la intención de mudarme como misionera ahí.

 

Y déjame contarte que de verdad tuve la oportunidad de explorar.

 

Cuando llegue a Bangkok, llame desde el aeropuerto a mi único contacto en la ciudad, para confirmar en donde nos veríamos. Ella contesto, y me dijo que no estaba en la ciudad por el momento “regresa después”.

 

“Regresa después??” Como si se tratara de mi llegando después del horario de apertura de un supermercado. Esto era mas serio que llegar después de que cerraron la tienda – Yo estaba en un país completamente nuevo y mi único contacto me acababa de decir “regresa después”.

 

Sentí mucho miedo. Este era mi primer viaje a un lugar completamente desconocido.

 

Me sentí frustrada, y tiendo a culparme cuando las cosas no funcionan.

 

Enmudecí y me quede paralizada. Pensando “vete”, pero no tenia dinero para pagar un viaje de regreso. No sabia que hacer, a donde ir, a quien llamar.

 

Ni siquiera sabia como salir del aeropuerto.

 

Mi plan había fracasado.

 

Volví a la realidad – Necesitaba hacer algo. No podía solamente sentarme en el aeropuerto de Bangkok.

 

Todos mis miedos de pronto tornaron repentinamente en una nueva fuerza.

 

No se si tu que estas leyendo, crees en Dios, pero en ese momento, sentí una fuerza tan grande desde mis entrañas que la única palabra para explicarla es Dios.

El me dijo “Viniste hasta acá desde México. Saca el mejor provecho de esta oportunidad”. Sabia que Dios me había llevado a Tailandia con un propósito.

 

Los planes cambian, pero siempre hay un propósito, y normalmente, es bueno.

 

Y fue así como las cosas empezaron pasar.

 

Mis primeros días en Bangkok me aloje en una habitación en donde el único sonido que podía oír durante la noche, fueron las ratas corriendo por toda la habitación.

 

Pero sabia que de alguna manera, las cosas iban a mejorar.

 

Pocos días después de mi llegada, una muy buena amiga mía, vio una publicación que hice en Facebook y me contacto. Me dijo que se había mudado recientemente a Tailandia y vio que estábamos en la misma ciudad, así que me ofreció hospedaje, para que me quedara con ella y su bella familia.

 

En ese momento, pase de dormir en una habitación junto a ratas, a dormir en una casa junto al lago!

 

Los acontecimientos que tuvieron lugar en ese tiempo son lo que dieron forma al amor que siento por Tailandia.

 

Me di cuenta de que no necesitas pasar un tiempo muy largo con alguien para convertirte en alguien notable en su vida.

 

Pase varias semanas entre Bangkok – La mega ciudad, Chiang Mai – las áreas extremadamente turísticas, Mae Sot – la frontera con Myanmar, y Korat – la zona de campos del país.

 

Decidí que me mudaría a Tailandia.

 

Mi idea era volver a Singapur, recoger mis maletas y volver a Korat en dos semanas.

 

Ciertas circunstancias cambiaron mis planes y nunca volví. Hasta el día de hoy, me persigue esa idea… preguntándome que habría sido aquello que no sucedió.

 

Pero como dije antes, los planes cambian. Y siempre he sido del tipo de persona que sigue caminando a pesar de la tormenta.

 

Pensé en los altos y bajos de aquel viaje a Tailandia. Desde el temor aterrador que me paralizo al principio de mi viaje, hasta el primer día que salí a explorar la ciudad de Bangkok, comiendo Mango Sticky Rice (Dulce de Arroz y mango con leche de coco), ese viaje fue colorido con belleza total.

 

Recuerdo caminar por la ciudad, tomando tuk tuks, perdiéndome y encontrándome de nuevo una y otra vez. Me encontré un mercado en la calle (tianguis). Y me arriesgue a ordenar ese postre de arroz y mango.

 

Fue tan delicioso que cada que pude pedí el mismo postre en cada restaurante tailandés (probablemente si lo encuentro en el menú de algún restaurante local lo pido).

 

Todos estos pensamientos inundaron mi mente, supe que tenia que preparar este postre, solamente para satisfacer mi propio antojo.

 

No pude hacer el platillo inmediatamente. Porque se necesita equipo especial para prepararlo correctamente. Necesitaba comprar un Vaporizador de Bambú.

 

Encontré uno en oferta en un mercadito asiático local, pero se puede conseguir en línea por menos de 10 dólares.

 

Prueba esta receta y enamórate de Tailandia como yo lo hice. La preparación de este platillo requiere un poquito mas de dificultad que para otras recetas que he compartido (porque son varias cosas al mismo tiempo). Trata, valdrá la pena hacerlo.

 


 

DULCE DE ARROZ Y MANGO CON LECHE DE COCO – Mango Sticky Rice

(3 personas)

Ingredientes:

Salsa de coco dulce y Arroz:

1 Taza de arroz dulce glutinoso

2/3 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1/2 Taza de azúcar

Salsa de coco salada:

1/2 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1 Cucharadita de harina de arroz / Maicena

1 Cucharadas de agua

2 Cucharadas de Mung beans tostados/ Semillas de sésamo tostadas.

2 Mango fresco pelado y cortado cuidadosamente en rodajas gruesas.

INSTRUCCIONES:

[Arroz glutinoso y Salsa Dulce]

Enjuaga el arroz en un tazón y disipar el agua hasta que el agua sea clara.

Déjalo remojando en agua durante la noche (o por unas pocas horas antes de cocinar).

A la mañana siguiente, cuela y escurre muy bien el agua.

Pon el arroz a cocer en la vaporear de bambú. Coloca una tapa encima del arroz para guardar el vapor.
(Nota: Yo tenia un pedazo de gasa en la cocina y lo puse en la parte superior del arroz antes de poner la tapa, sólo para asegurarme de que mantenía el vapor.)

Cuece a vapor sobre el agua hirviendo durante unos 30 minutos.

Mientras se cuece el arroz, en una olla pequeña a parte, a fuego medio, mezcla la leche de coco, el azúcar y la sal. Revuelve hasta que el azúcar se disuelva y apaga el fuego.

(No quieres cocinarlo durante mucho tiempo, usa el calor sólo para mezclar los ingredientes. Una vez terminado, ponlo a un lado y mantenlo caliente con su tapa puesta).

Una vez que el arroz se ha cocido, vacíalo en un recipiente y vierte inmediatamente la mezcla del dulce de leche. Revuelve y tápalo muy bien.

Es importante trabajar tan rápido como sea posible para mantener el arroz caliente.

De esta manera, mientras descansa, el arroz absorberá todo el líquido del dulce de leche.

Deja reposar durante unos 20 minutos. Después de que el tiempo haya pasado, abre y revuelve cuidadosamente otra vez. Déjalo reposar por lo menos otros 20 minutos.

Si no tienes vaporera de bambú, utiliza una vaporera de metal con una gaza alrededor del arroz para evitar que caiga en el agua hirviendo al fondo de la olla. O puedes tratar en la estufa.

Yo nunca he tratado de hacerlo de esta manera, pero aquí es una sugerencia:

Por cada 1 taza de arroz añade 1 y 1/4 Taza de agua.

Deja hervir con la tapa hasta que haya absorbido el agua (No agitar). Una vez que ha absorbido toda el agua, retíralo del calor con la tapa puesta y dejarlo reposar durante 10 minutos.

Salsa de Coco Salada:

Mezcle la harina de arroz / Maicena en agua hasta que ese disuelva.

En una olla pequeña, agrega la leche de coco, la sal y la mezcla de harina con agua. Cocina a fuego medio-bajo

Revuelve hasta que comience a hervir y a espesarse.

Apaga el fuego y déjalo enfriar.

(No lo cocines demasiado tiempo, sólo hasta que hierve la primera vez y comienza a engrosar, de lo contrario la leche de coco se disolverá y tendrás que empezar todo de nuevo!)

¡Si tus Mung beans (Moon beans) o las semillas del sésamo no están tostadas, tu puedes tostarlas!

Para los Mung beans: Hierve en una olla pequeña hasta que estén suaves.

Una vez suaves. Cuela el agua y colocarlos en toallas de papel, para que absorba el exceso de agua.

Tuéstalos en una sartén seco a fuego medio durante 3-5 minutos o hasta que estén ligeramente dorados, revolviendo de vez en cuando.

Semillas de sésamo: solo tuéstalos en el sartén hasta que doren.

Sirve una porción del dulce de arroz junto a algunas rebanadas de mango y añade un poco de la salsa de coco salado en la parte superior del arroz.

Espolvorea algunas de las semillas tostadas de Mung beans/ semillas de sésamo.

¡Disfruta!