Pizza Margarita en Florencia, Italia.

Tratar de no estancarme en la misma rutina culinaria, muchas veces puede convertirse en un verdadero desafío., porque cocinando bajo presupuesto, es muy fácil caer en la misma rutina repitiendo platillos.

 

Pollo y arroz, por ejemplo, representa zona de comodidad para mí (y creo también lo es que para muchas otras personas que cocinan comida casera).

 

Para ahorrar, compramos pollos enteros y los corto en partes. Siento que puedo sacar mas provecho del pollo que yo misma desmenuzo, que del que viene empaquetado en partes (paquetes de pechuga, piernas, muslos, etc.). He notado que regularmente termino cocinando algún platillo que incluye pollo y arroz por lo menos una vez a la semana.

 

Así que, hace unas noches, para salir de la rutina, decidimos divertirnos un poco con la cena y hacer pizza casera.

 

Mientras mi esposo y yo extendíamos la masa, en su debida forma circular, no muy perfecta, por cierto, recordé el viaje que hice con mi mamá por toda Europa hace un par de años; específicamente, recordé nuestro tiempo en Italia.

 

Comenzamos nuestra jornada italiana en Roma. Luego viajamos a Florencia por tren; después fuimos a Pisa y, finalmente, a Venecia. Pero fue nuestro tiempo en Florencia el que causó el mayor impacto en mi mamá y en mí.

 

Me di cuenta desde el principio que, a pesar de que mi mamá estaba en medio de una aventura viajando por Europa, no estaba tan dispuesta a aventurarse fuera de su zona de comodidad en un detalle. Estábamos en Roma cuando nos sentamos a comer y le pregunté si ella quería comer un trozo de pizza.

 

-¡Estamos en Italia, mamá! ¡Tenemos que probar pizza!

 

Pero ella simplemente se negó a comer pizza de cualquier tipo. Dijo que no le gustaba.

 

Así que en Roma, disfrutamos de otros platillos italianos – pastas, panes, calzones, carbonara, etc.

 

En Florencia, nos alojamos en un hotel que estaba en una zona céntrica, en donde pudimos salir y caminar a donde quisiéramos.

 

Entramos a diferentes tiendas y la gente local hablaba con nosotros – sin saber si hablábamos italiano – . Ayudaba un poco que yo he estudiado el idioma, y la única palabra que mi mamá sabía decir era “ciao”, así que ella constantemente saludaba y se despedía de la gente.

 

Un día, mientras caminábamos, viendo la hermosa arquitectura de Florencia, entramos a una tienda, y entablamos conversación con el dueño del establecimiento. Le dije que mi madre me había llevado a viajar por Italia; y el me dijo cuanto deseaba poder llevar a su madre a pasear por México.

 

Así que en mi italiano a medias, le pedí que nos recomendara un lugar en el que mamá y yo podíamos ir a comer. Le dije que quería ir a un restaurante que la gente local disfrutaba – no sólo a donde van turistas.

 

Nos dijo que en la “Piazza del Duomo” – la plaza junto a la Catedral de Santa María del Fiori (el Duomo), – habia un restaurante del que su amiga era la dueña, y que a menudo come ahí, nos prometió que disfrutaríamos la experiencia.

 

El chico nos acompañó a la zona de la plaza – a nuestra derecha estaba el Duomo, y a la izquierda había restaurantes, todos con mesas y sillas afuera de los locales, al aire libre, era tan “Italia”, tan perfecto, en un día con un clima tan precioso.

 

Cuando entramos en la explanada, hice lo que siempre hago cuando busco un buen lugar para comer: Busqué el restaurante con mas gente.

 

Qué coincidencia – el lugar con la mayoría de los clientes era el mismo lugar que nuestro nuevo amigo nos había recomendado.

 

Así que mamá y yo encontramos una mesa libre y nos sentamos.

 

Cuando nuestra camarera vino a tomar la orden, nos dijo de las ofertas del día, una de las cuales, era un descuento especial en pizzas. Me emocioné y voltee a mi mamá y le dije: “Mami, esta es tu oportunidad! Puedes probar su pizza!”

 

Ella finalmente empezó a ceder. Mi objetivo durante nuestro tiempo en Florencia era conseguir que mi mama probara pizza, y puedo decir que en ese momento lo estaba logrando.

 

“Si pruebo la pizza,” ella explicó. “Tiene que ser una sencilla.”

 

Asentí con la cabeza mostrando mi acuerdo.

 

“No me gustan todas esas capas de condimentos”, agregó. “Y la masa tiene que ser delgada. No me gusta la masa gruesa.”

 

Ella ni siquiera sabía que estaba describiendo un artículo con el que ya estaba familiarizada, pero la dejé que me explicara, y luego le dije que en el menú tenían Pizza Margherita (Margarita), que es una masa fina y crujiente con salsa de tomate, queso mozzarella y albahaca.

 

Ella pidió algún tipo de pasta, pero dijo que probaría mi plato e íbamos a compartir.

 

La camarera notó la vacilación de mi mamá cuando mencionamos la pizza, e inmediatamente le dijo: “Le va a gustar esta pizza!… Si no le gusta, no tiene que pagarla. Le prometo que le gustará.”

 

Cuando la comida llegó a la mesa, todavía tuve que hacer un poco de labor para convencer a mi mamá para probar la pizza, pero cuando ella finalmente dió la primera mordida a una rebanada, sus ojos se iluminaron como una noche de luna llena en Roma.

 

“¡Esto no es pizza!” Exclamó. “Esto es algo que nunca había probado antes.”

 

Era perfecta, desde la superficie de la masa, hasta la salsa y los condimentos; todo era como una sinfonía culinaria.

 

La salsa era dulce, pero perfectamente equilibrada, fusionando todos los ingredientes frescos, era una explosión de deliciosos sabores. La base era increíblemente crujiente.

 

Cuando la mesera regresó y nos preguntó sobre nuestra experiencia, mi mama le respondió con algunas nuevas palabras en italiano que había aprendido en el pasado.

 

“Bella!” Gritó ella. “Bellísima!”

 

La mesera quedo encantada por su respuesta, lo que provocó una especie de amistad entre nosotras tres. Mi mamá tendía a conseguir esa reacción por todas partes a donde íbamos – todo el mundo parecía genuinamente amarla y mostrarle mucho respeto en cuanto la conocían.

 

La mesera regresó con un postre especial, diciendo que era cortesía de la casa.

 

Después de otra breve conversación con ella, nos dimos cuenta de que la mujer que nos había atendido todo el tiempo era la dueña del restaurante – la misma persona, amiga del hombre que habíamos conocido mas temprano ese día.

 

Desde ese punto en el viaje hacia adelante, mi mama no quiso comer ninguna otra cosa, sino la Pizza Margherita, por todas partes a donde fuimos.

 

Volvimos al mismo restaurante varias veces antes de nuestra salida de Florencia, de hecho, mi mamá fue tratada como “Super Estrella” cada vez que regresamos. Ella tuvo una conexión especial con la gente de Florencia, aunque no hablaba el idioma, fue hermoso ver cómo la comunicación trasciende las palabras.

 

Yo estaba feliz de ver a mi mamá feliz. Me hace sonreír el solo recordarlo.

 

Nuestro tiempo en Florencia fue algo que nunca olvidare, y me ayudo a entender que la simplicidad de las cosas, muchas veces muestran otras cosas mas complejas.

 

Las comidas con los mas simples ingredientes, son muchas veces los mejores. En el mundo de las pizzas, en la vida. Puede ser que pienses que no tienes mucho que dar, no importa, mientras lo que sea que tengas, sea de la mejor calidad.

 

Igual que esta receta de Pizza Margarita!

 

Disfrútala!

 


 

Pizza Margherita (Margarita)

Masa:

 

1 Paquete de levadura activa

2 1/4 Tazas de harina de trigo

3/4 Tazas de Agua tibia

1 Cucharadita de sal

½ Cucharada de Aceite de oliva

 

Salsa:

 

5 Tomates pelados enteros o una lata de puré de tomate

2 Dientes de ajo

Un manojo de albahaca fresca

Un manojo de Perejil fresco finamente cortado

Un manojo Orégano fresco finamente cortado

1/4 Taza de Azúcar

2 Cucharada de aceite de oliva

Sal

Pimienta

1/3 Taza de queso Mozzarella. Si es fresco, córtalo en rodajas

 

PREPARACIÓN:

 

Masa: 

En un tazón mezcla la levadura, 1 Cucharada de harina y 1/4 Taza de agua tibia, cubre, dejando reposar durante unos 10 minutos (la mezcla debe obtener una textura cremosa pasados los 10 minutos).

 

Agregue lentamente la otra 1/2 Taza de agua, 2 Tazas de harina, aceite de oliva y sal, mezcle hasta que quede suave y un poco pegajoso. Si estas haciéndolo a mano, revuelve mezclando bien los ingredientes, amasando durante unos 5 minutos. La textura debe ser suave, elástica y un poco pegajosa.

 

Coloca en un recipiente engrasado y cubre con trozo de plástico. Deja reposar en un lugar fresco durante aproximadamente 2 horas.

 

Pre calienta el horno y ajusta a 475 * F, dejando las rejillas lo más bajo posible en el horno.

 

Si tiene piedra para hornear pizza, colócala en el horno de precalentamiento (475 * F)

 

Si no tienes piedra para hornear pizza, puedes utilizar una bandeja grande para hornear. Colocala en el horno para que se caliente mientras preparas la pizza afuera.

 

Corta una hoja de papel de horno (también llamado papel vegetal o papel sulfurizado), que sea del mismo tamaño de la bandeja en una superficie plana (en donde prepararas la pizza). Espolvorea un poco de maicena en el fondo y colocar la masa ya aplanada y con forma circular en la parte superior de la misma.

 

Si el borde de la masa se empalma con los bordes de la bandeja para hornear, intenta colocar la bandeja al revés (dejando la parte hueca hacia abajo).

 

Salsa de tomate:

 

En un sartén grande calienta (calor medio) el aceite de oliva. Saltea la cebolla y el perejil hasta que estén dorados, luego añade el ajo y el orégano durante unos segundos. Añade los tomates, aplastándolos, agrega sal y pimienta. Revuelve y deja hervir hasta que espese. (5-7 minutos)

 

Formación de la masa:

 

Una vez que esté listo para hornear la masa. Amásala, formando en una bola y aplástala, moldeándola y sobándola con tus dedos, estirándola en un forma circular delgada. Si es necesario, pon un poco mas de harina tus dedos. Trata de hacer la masa tan delgada como sea posible, alrededor de 1/16-inch o menos.

 

Extiéndela sobre el para hornear y deja reposar durante unos 10 minutos.

 

Montaje de la pizza:

 

Extiende la salsa, no en exceso, cuidando las orillas. A continuación, extiende el queso alrededor de la pizza, y hornear de 10-15 minutos.

 

Cuando la masa de la base se ha dorado (se ve crujiente), el queso es dorado y esta burbujeando está lista!

 

Cuidadosamente, saca la pizza del horno y transfiérela a una tabla de cortar. Dejar enfriar durante varios minutos.

 

Espolvorea las hojas de albahaca antes de cortar y a disfrutar!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia con #johastable 

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Johambalaya – Primer viaje a Estados Unidos (Louisiana)

Hoy, estaba revisando dentro de la nevera, pensando en ideas para la cena. Había algunos productos que sabía que tenía que usar pronto, antes de que expiraran, así que decidí experimentar poniendo verduras frescas de nuestro jardín, con arroz, salchichas y algunos otros artículos.

 

Cuando mi esposo volvió a casa del trabajo, entró a la cocina y abrí la olla para mostrarle mi “experimento”.

 

Vio dentro de la olla, y me dijo con indiferencia: “oh, hiciste jambalaya”.

 

“No”, pensé. No hice jambalaya. Acabo de cocinar arroz con tomates frescos, salchichas y otros artículos que tenía en la nevera.

 

Entonces pensé un poco más en su afirmación – me di cuenta que esa mezcla era básicamente jambalaya: una combinación de sabores “cajún” con arroz y carne.

 

Así que comencé a pensar en mis primeras visitas a los Estados Unidos.

 

En 2010, dejé mi trabajo como analista político para una firma de cabildeo en la Ciudad de México para convertirme en misionera. Asistí a un entrenamiento misionero en Singapur. La primera etapa de ese viaje inicial tuvo una parada de tres semanas en Louisiana – mi primera visita a Estados Unidos.

 

Fue de hecho, durante ese viaje que conocí al hombre que años mas tarde se convertiría en mi esposo.

 

Como una de los tres misioneros en nuestro camino de México a Singapur, fuimos invitados a un almuerzo/entrevista para el periódico local con “Mr. Williams.

 

Una adolescente de una de las iglesias que visitamos, Shelbi, nos dijo que había estado tomando clases de periodismo con el editor del periódico local, el Señor Williams.

 

En mi mente, cuando oí hablar del profesor / periodista, me imagine a un hombre viejo, probablemente aburrido. Sin embargo, cuando llegamos a la casa para el almuerzo me di cuenta que estaba muy equivocada – él era de la misma edad que yo, y no tenia nada que ver con lo que mi imagine.

 

Rápidamente nos hicimos amigos y nos mantuvimos en contacto a través de los años. Cada vez que yo regresaba a los Estados Unidos, el estaba en mi lista de amigos con los que trataba de encontrarme. También nos mantuvimos en contacto a través de Skype, correo electrónico, postales y FaceTime.

 

En ese momento, mi inglés no era muy bueno y me faltaba confianza en el idioma, así que no pensé que podría pronunciar correctamente su nombre de pila, “Aaron” (En ingles), así que simplemente siempre lo llamaba “Mr. Williams.

 

Durante ese viaje inicial a Louisiana, había una larga lista de cosas que los locales me dijeron que necesitaba hacer – y entre las prioridades de mi lista estaba comer ciertos alimentos, uno de los cuales era “jambalaya”.

 

También fuimos a un pantano, visitamos una plantación, probamos cocodrilo, disfrutamos beignets en Nueva Orleans, visitamos Louisiana State University (La Universidad Estatal de Louisiana), y vimos su mascota, Mike, el tigre que vive en el campus, entre otras cosas.

 

Aprendí que la gente en el sur de los Estados Unidos, especialmente en Louisiana, se enorgullece de su comida. Y Louisiana ofrece una mezcla única de sabores y alimentos. La primera vez que probé jambalaya fue en la ciudad de Gonzales, con una buena amiga, la señora Carolyn. Ella nos llevo a un pequeño lugar llamado “The Jambalaya Shoppe”, y no pude evitar ver el plato de arroz, su color y textura, y debatir mentalmente si debía o no meter la cuchara al plato.

 

Me recordó un poco al Arroz Con Pollo (un plato venezolano muy común en toda casa a lo largo del país), aunque su aspecto era un poco seco. El color tampoco era el mismo. Venia servido con pan como guarnición – no tenía sentido para mí, era arroz seco con pan seco… Ninguna de mis experiencias culinarias previas me decía que iba a disfrutar esto.

 

Pero como en cualquier otro momento que he probado nuevos alimentos en otros países, volteé a ver a mi alrededor cómo otros disfrutaban sus platos. Algunos añadían sal y pimienta, otros salsa picante, salsa Tabasco (Que por cierto es de aquí de Louisiana!), otros incluso colocaban el arroz en el pan. Pero una cosa que pareció unánime, es que lo disfrutaban y hacían verlo como un buen platillo. Así que tome una cuchara y comí, y para mi sorpresa, estaba húmedo y explotó en mi paladar un muy buen sabor.

 

Unos días más tarde, fui invitada a asistir a una reunión con otras personas de una iglesia en la misma ciudad de Gonzales. Cuando llegué allí y vi la variedad de alimentos, vi jambalaya de nuevo.

 

La probé, y aunque era diferente de la que había comido pocos días antes, también fue deliciosa. El color era más rojo que la primera, y parecía tener más carnes.

 

Me encontré comiendo jambalaya en casi todos los eventos que asistí a la zona de Baton Rouge durante ese viaje, y durante mis estancias en Louisiana en los últimos años.

 

Me di cuenta de que cada jambalaya era diferente. Cada vez que probaba el platillo, había algo nuevo, algo diferente – al igual que las personalidades de los chefs/cocineros que las prepararon.

 

Así que cuando mi esposo vio mi recién hecho platillo, y dijo que pensaba que parecía jambalaya, le dije que eso no era lo que había cocinado. Era un plato con muchas similitudes, aunque tenia toquecitos de mi ascendencia mexicano-venezolana, una pizca de mi propia personalidad, y un montón de “esto es lo único que teníamos en la nevera”! jaja

 

Se rió y dijo, “Oh, entonces es ‘Joha’-mbalaya.”

 

Así que aquí está la receta de jambalaya con mi toquecito personal… esto es Johambalaya!

 

 

JOHAMBALAYA

(2-3 personas)

 

½ Kg de Salchicha ahumada, cortada en rodajas

1/2 Cebolla roja, cortada en julianas

2 Tallos de cebollín picada finamente

2 Diente de ajo finamente picado

1 Tomate, picado en pedacitos

1 Tallo de apio

¼ Kg de Champiñones limpiados y cortados en mitades.

1 Taza de arroz

½ Taza de caldo de pollo

Una pizca de comino

Una pizca de pimienta de Cayena

1 cucharadita de Salsa inglesa

Un ramito de Perejil fresco

Sal

Pimienta negra

 

INSTRUCCIONES:

 

En un sartén grande, a fuego medio-alto, saltea la salchicha ahumada hasta que esté dorada por todos los lados. Saca del sartén y mantener a un lado.

En una olla separada, vierte 2 tazas de agua y lleva a punto de ebullición. Cuando el agua comience a hervir, agrega el arroz, agrega un poco de sal, baja la llama, y pon una tapa en la olla. Deja cocinar por unos 10 minutos. Una vez que es suave, retira del fuego.

En la sartén donde se cocinó la salchicha, con la grasa de la salchicha todavía en el sartén, saltea la cebolla roja y el cebollín, el apio y los champiñones por cerca de 4 minutos.

A continuación, agrega el ajo (no lo añadí al principio porque tiende a quemarse si se fríe durante demasiado tiempo). Cocina hasta que las verduras cambien a un color dorado (no quemado).

Agrega el tomate, el comino, la pimienta de cayena, la salsa inglesa, el perejil fresco, sal, pimienta, y aproximadamente 2 cucharadas de caldo de pollo.

Combina cuidadosamente el arroz cocido y la mezcla vegetal. Si la mezcla parece demasiado seca, añade poco a poco el caldo de pollo, dándole tiempo para ser absorbido. Pon la tapa durante unos 5 minutos a fuego lento.

Prueba para confirmar si es el sabor y la consistencia deseada.

Retira del fuego, agrega más sal si es necesario y sirve acompañado de pan de maíz si es posible, y la salsa picante!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia a través de #johastable

 

Dulce Tailandia, Dulce arroz con mango

Amo Tailandia!

 

Todo sobre ella: su gente, sus paisajes, la comida… Si… especialmente, la comida.

 

Hace unas semanas – a principios de Abril – cuando se acercaban las fechas en que se celebra el Año nuevo Tailandés, quise celebrar con uno de mis platillos tailandeses favorito: Mango Sticky Rice (Postre hecho a base de Arroz con mango y leche de coco)

 

En 2011, pase un poco mas de un mes en Tailandia. En aquel tiempo, acababa de llegar a Singapur, y tenia un contacto en Tailandia que estaba encargada de un orfanato, a quien decidí ir a ayudar, y también para explorar el país, con la intención de mudarme como misionera ahí.

 

Y déjame contarte que de verdad tuve la oportunidad de explorar.

 

Cuando llegue a Bangkok, llame desde el aeropuerto a mi único contacto en la ciudad, para confirmar en donde nos veríamos. Ella contesto, y me dijo que no estaba en la ciudad por el momento “regresa después”.

 

“Regresa después??” Como si se tratara de mi llegando después del horario de apertura de un supermercado. Esto era mas serio que llegar después de que cerraron la tienda – Yo estaba en un país completamente nuevo y mi único contacto me acababa de decir “regresa después”.

 

Sentí mucho miedo. Este era mi primer viaje a un lugar completamente desconocido.

 

Me sentí frustrada, y tiendo a culparme cuando las cosas no funcionan.

 

Enmudecí y me quede paralizada. Pensando “vete”, pero no tenia dinero para pagar un viaje de regreso. No sabia que hacer, a donde ir, a quien llamar.

 

Ni siquiera sabia como salir del aeropuerto.

 

Mi plan había fracasado.

 

Volví a la realidad – Necesitaba hacer algo. No podía solamente sentarme en el aeropuerto de Bangkok.

 

Todos mis miedos de pronto tornaron repentinamente en una nueva fuerza.

 

No se si tu que estas leyendo, crees en Dios, pero en ese momento, sentí una fuerza tan grande desde mis entrañas que la única palabra para explicarla es Dios.

El me dijo “Viniste hasta acá desde México. Saca el mejor provecho de esta oportunidad”. Sabia que Dios me había llevado a Tailandia con un propósito.

 

Los planes cambian, pero siempre hay un propósito, y normalmente, es bueno.

 

Y fue así como las cosas empezaron pasar.

 

Mis primeros días en Bangkok me aloje en una habitación en donde el único sonido que podía oír durante la noche, fueron las ratas corriendo por toda la habitación.

 

Pero sabia que de alguna manera, las cosas iban a mejorar.

 

Pocos días después de mi llegada, una muy buena amiga mía, vio una publicación que hice en Facebook y me contacto. Me dijo que se había mudado recientemente a Tailandia y vio que estábamos en la misma ciudad, así que me ofreció hospedaje, para que me quedara con ella y su bella familia.

 

En ese momento, pase de dormir en una habitación junto a ratas, a dormir en una casa junto al lago!

 

Los acontecimientos que tuvieron lugar en ese tiempo son lo que dieron forma al amor que siento por Tailandia.

 

Me di cuenta de que no necesitas pasar un tiempo muy largo con alguien para convertirte en alguien notable en su vida.

 

Pase varias semanas entre Bangkok – La mega ciudad, Chiang Mai – las áreas extremadamente turísticas, Mae Sot – la frontera con Myanmar, y Korat – la zona de campos del país.

 

Decidí que me mudaría a Tailandia.

 

Mi idea era volver a Singapur, recoger mis maletas y volver a Korat en dos semanas.

 

Ciertas circunstancias cambiaron mis planes y nunca volví. Hasta el día de hoy, me persigue esa idea… preguntándome que habría sido aquello que no sucedió.

 

Pero como dije antes, los planes cambian. Y siempre he sido del tipo de persona que sigue caminando a pesar de la tormenta.

 

Pensé en los altos y bajos de aquel viaje a Tailandia. Desde el temor aterrador que me paralizo al principio de mi viaje, hasta el primer día que salí a explorar la ciudad de Bangkok, comiendo Mango Sticky Rice (Dulce de Arroz y mango con leche de coco), ese viaje fue colorido con belleza total.

 

Recuerdo caminar por la ciudad, tomando tuk tuks, perdiéndome y encontrándome de nuevo una y otra vez. Me encontré un mercado en la calle (tianguis). Y me arriesgue a ordenar ese postre de arroz y mango.

 

Fue tan delicioso que cada que pude pedí el mismo postre en cada restaurante tailandés (probablemente si lo encuentro en el menú de algún restaurante local lo pido).

 

Todos estos pensamientos inundaron mi mente, supe que tenia que preparar este postre, solamente para satisfacer mi propio antojo.

 

No pude hacer el platillo inmediatamente. Porque se necesita equipo especial para prepararlo correctamente. Necesitaba comprar un Vaporizador de Bambú.

 

Encontré uno en oferta en un mercadito asiático local, pero se puede conseguir en línea por menos de 10 dólares.

 

Prueba esta receta y enamórate de Tailandia como yo lo hice. La preparación de este platillo requiere un poquito mas de dificultad que para otras recetas que he compartido (porque son varias cosas al mismo tiempo). Trata, valdrá la pena hacerlo.

 


 

DULCE DE ARROZ Y MANGO CON LECHE DE COCO – Mango Sticky Rice

(3 personas)

Ingredientes:

Salsa de coco dulce y Arroz:

1 Taza de arroz dulce glutinoso

2/3 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1/2 Taza de azúcar

Salsa de coco salada:

1/2 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1 Cucharadita de harina de arroz / Maicena

1 Cucharadas de agua

2 Cucharadas de Mung beans tostados/ Semillas de sésamo tostadas.

2 Mango fresco pelado y cortado cuidadosamente en rodajas gruesas.

INSTRUCCIONES:

[Arroz glutinoso y Salsa Dulce]

Enjuaga el arroz en un tazón y disipar el agua hasta que el agua sea clara.

Déjalo remojando en agua durante la noche (o por unas pocas horas antes de cocinar).

A la mañana siguiente, cuela y escurre muy bien el agua.

Pon el arroz a cocer en la vaporear de bambú. Coloca una tapa encima del arroz para guardar el vapor.
(Nota: Yo tenia un pedazo de gasa en la cocina y lo puse en la parte superior del arroz antes de poner la tapa, sólo para asegurarme de que mantenía el vapor.)

Cuece a vapor sobre el agua hirviendo durante unos 30 minutos.

Mientras se cuece el arroz, en una olla pequeña a parte, a fuego medio, mezcla la leche de coco, el azúcar y la sal. Revuelve hasta que el azúcar se disuelva y apaga el fuego.

(No quieres cocinarlo durante mucho tiempo, usa el calor sólo para mezclar los ingredientes. Una vez terminado, ponlo a un lado y mantenlo caliente con su tapa puesta).

Una vez que el arroz se ha cocido, vacíalo en un recipiente y vierte inmediatamente la mezcla del dulce de leche. Revuelve y tápalo muy bien.

Es importante trabajar tan rápido como sea posible para mantener el arroz caliente.

De esta manera, mientras descansa, el arroz absorberá todo el líquido del dulce de leche.

Deja reposar durante unos 20 minutos. Después de que el tiempo haya pasado, abre y revuelve cuidadosamente otra vez. Déjalo reposar por lo menos otros 20 minutos.

Si no tienes vaporera de bambú, utiliza una vaporera de metal con una gaza alrededor del arroz para evitar que caiga en el agua hirviendo al fondo de la olla. O puedes tratar en la estufa.

Yo nunca he tratado de hacerlo de esta manera, pero aquí es una sugerencia:

Por cada 1 taza de arroz añade 1 y 1/4 Taza de agua.

Deja hervir con la tapa hasta que haya absorbido el agua (No agitar). Una vez que ha absorbido toda el agua, retíralo del calor con la tapa puesta y dejarlo reposar durante 10 minutos.

Salsa de Coco Salada:

Mezcle la harina de arroz / Maicena en agua hasta que ese disuelva.

En una olla pequeña, agrega la leche de coco, la sal y la mezcla de harina con agua. Cocina a fuego medio-bajo

Revuelve hasta que comience a hervir y a espesarse.

Apaga el fuego y déjalo enfriar.

(No lo cocines demasiado tiempo, sólo hasta que hierve la primera vez y comienza a engrosar, de lo contrario la leche de coco se disolverá y tendrás que empezar todo de nuevo!)

¡Si tus Mung beans (Moon beans) o las semillas del sésamo no están tostadas, tu puedes tostarlas!

Para los Mung beans: Hierve en una olla pequeña hasta que estén suaves.

Una vez suaves. Cuela el agua y colocarlos en toallas de papel, para que absorba el exceso de agua.

Tuéstalos en una sartén seco a fuego medio durante 3-5 minutos o hasta que estén ligeramente dorados, revolviendo de vez en cuando.

Semillas de sésamo: solo tuéstalos en el sartén hasta que doren.

Sirve una porción del dulce de arroz junto a algunas rebanadas de mango y añade un poco de la salsa de coco salado en la parte superior del arroz.

Espolvorea algunas de las semillas tostadas de Mung beans/ semillas de sésamo.

¡Disfruta!

Sopa de Pollo- Inspiración asiática

File Apr 25, 12 18 32 AM

Hay ocasiones en que sabes con exactitud que cocinar y buscas los ingredientes necesarios para preparar la comida. Otras, lo que sea que hay en el refrigerador (nevera) lo determina.

 

Eso me ha estado pasando mucho últimamente.

 

Hoy, abrí el refrigerador y chequee entre los compartimentos tratando de pensar en que cocinaría para la cena, de pronto, note que en el fondo de una de las repisas había dejado olvidado algo que compre la semana pasada en el mercado – una cabeza de “Bok Choy” (conocido también como Taisai, col china, repollo chino).

 

Inmediatamente, mis pensamientos se transportaron a Asia, en donde recuerdo que lo probé por primera vez; y particularmente en Malasia, en donde seguido comí esta verdura en sopas.

 

Hace unos siete años, estaba viviendo en Singapur y un día estaba fuera de casa en la noche, ya muy tarde, y fui a un “Hawker Centre” (un lugar de comida con muchas opciones). Tenia hambre, pero como era tarde, el único lugar abierto en la sección de comida era un sitio en el que servían sopas.

 

En este tipo de lugares, el cliente elige, coloca los vegetales y carnes que desea en una bandeja, creando así su propia versión. (Para aquellos en el nuevo mundo, es similar a los sitios en donde uno elige los ingredientes de su propio sándwich, pero en sopa).

 

Vi el estante lleno de vegetales – hermosos colores vibrantes y diferentes fragancias – Enseguida, me di cuenta de que la mayoría de los productos mostrados en ese estante no me eran familiares. De hecho, eran incómodamente muy poco familiares.

 

Así que hice lo que había aprendido a lo largo de mis pocos años como viajera – un truquito que sigo aplicando de vez en cuando, cuando me encuentro en lugares poco familiares – Simplemente, pido lo mismo que pidió la persona que esta adelante de mi en la fila.

 

No estaba segura de los nombres de los ingredientes de la sopa, aun en este momento no los se, pero recuerdo que tenia colores vibrantes: verde, blanco rosado, amarillo, morado y rojo.

 

Aunque no me acuerdo de todo lo que tenia esa primera sopa, recuerdo que me gusto en un 90 por ciento.

 

Fue hasta unos meses después, que una de mis mas queridas amigas en Singapur, Anne, me enseño que era cada uno de los vegetales/carnes que estaban en el aparador. Me dijo también cuales seleccionar para hacer una sopa deliciosa. Al final de su selección, mi sopa fue excelente.

 

Viajé a través del Sureste Asiático a lo largo de muchos años. Una vez, durante una visita a Malasia, vimos a una amiga quien cocino una cena para nosotros.

 

Me asombre en descubrir que la sopa que hizo era muy familiar en sabores a lo que recordaba de aquella experiencia con mi sopa en Singapur. Tenia brotes de soya (bean sprouts), espinacas, Bok Choy, huevos cocidos, un tipo de salchicha, albóndigas de pescado, tallarines, tofu, y otros ingredientes que ahora no recuerdo.

 

Por alguna razón, el sabor mas memorable de la sopa que hizo mi amiga fue el Bok Choy.

 

Y aunque la primera vez que lo probé fue en Singapur, Bok Choy es uno de los sabores que relaciono con Malasia.

 

Así que cuando abrí el refrigerador hoy, y encontré el Bok Choy, me sentí abrazada por aquel amor y cariño que me une a la gente de Malasia, que visité tan seguido durante mi tiempo allá.

 

Malasia es un país acogedor, del que me enamore casi inmediatamente. Su gente es amable, la comida es deliciosa y el malayo (su idioma), se pronuncia muy similar al español, que es mi lengua nativa.

 

Por todo esto, termine pasando mucho tiempo ahí, haciendo muchos amigos, comiendo mucha comida… en Malasia. De hecho, los amigos que hice allá se han convertido en mi familia a lo largo de los años.

 

Vi el Bok choy, y junto a el un par de zanahorias, una raíz de jengibre y un pollo desmenuzado – en ese momento supe que los ingredientes en mi nevera, y esa memoria latente de sabores, habían decidido que prepararía para la cena.

 


 

Sopa de Pollo- Inspiración asiática

(2 Personas)

3 Tazas de agua

2 Cucharas de raíz de jengibre fresco bien picadito.

2 Tallos de cebollines bien picaditos. (cebolla de cambray)

4 Tallos de Bok Choy picado (Tiras de alrededor de 3 cm de espesor)

2 Dientes de ajo

1 Cucharadita de Tahini (Pasta de sésamo) (Opcional)

½ Pechuga de Pollo

1 Zanahoria, pelada y cortada en finas tiritas

1 Paquete de Fideos de huevo (Tallarines)

Sal, al gusto

Pimienta, al gusto

Opcional: Salsa de soya y/o Sriracha (salsa picante). (Añádelo en los platos ya servidos). En lo personal me gusta con Sriracha. No me gusta con salsa de soya, porque siento que el sabor de la salsa de soya es muy fuerte y cubre todos los demás sabores del platillo

 

INSTRUCCIONES

 

Hierve el pollo en las 3 tazas de agua (o hasta que el pollo esté cubierto)

Retira el pollo para que se enfríe después de que esté cocido y desmenúzalo.

En el agua restante (que ahora es caldo de pollo), agrega el ajo, los cebollines, el jengibre y el Tahini, lleva a punto de ebullición.

Reduce el fuego a medio-bajo, tapa la olla y deja cocinar por 10 minutos.

En una olla separada, hierve agua para los tallarines/ fideos de huevo y cocínalos.

Pasados los 10 minutos, destapa la sopa. Agrega sal y pimienta.

Prueba. (Agrega más sal y pimienta si es necesario)

Retira la sopa del calor y cuidadosamente, usa un colador para retirar los pedacitos de jengibre, el ajo y la cebolla, dejando solo el caldo. Si te gustan los trozos de jengibre, ajo y cebolla verde en la sopa, puedes saltarte este paso con libertad y continuar con el resto de las instrucciones.

Después de colar el caldo, añade las zanahorias y Bok Choy.

Transferir los tallarines/fideos de huevo ya cocidos de su olla a la olla de sopa y dejar cocer a fuego lento 5 minutos.

La intención es cocer la sopa en esta ultima etapa para fusionar los sabores, pero no por mucho tiempo para que el Bok Choy no pierda sus propiedades crujientes, y su color verde vibrante.

Prueba. Si se necesita mas sal y pimienta, agrega.

Sirve la sopa en el tazón y agrega el pollo desmenuzado.

Añade Sriracha a un plato de sopa para añadir más sabor.

 

Nota: Si quieres cocinar esta receta con tofu. Sofríe los trocitos de tofu en un sartén hasta que esté dorado por todos los lados, agrega al caldo después de que lo colaste, y cocina durante 5 minutos, antes de añadir Bok Choy. Después de añadirlo, cocina a fuego lento 5 minutos más.

Pasticho: La lasaña venezolana

File Apr 04, 12 20 45 AM

Mientras estaba revisando mi Facebook, encontré un mensaje de un amigo mío que vive -o eso pensaba- en Venezuela. En su mensaje, informaba a sus amigos que se había mudado recientemente a Europa, y se disculpaba con todas las personas de las que no pudo despedirse.

 

Me puse un poco sentimental y dije: “No. Es el último de los muchachos. ¡No puede irse!

 

Este amigo – Pedro – es mi amigo de infancia; uno de varios parte de un grupo de niños que vivíamos en el mismo complejo residencial de apartamentos. Todos, de una u otra forma, hemos seguido manteniéndonos en contacto a lo largo de los años.

 

Viví los primeros 13 años de mi vida en Venezuela, antes de mudarme a México. La mayoría de los otros aquel grupo de amigos en Venezuela, se mudaron también. Pedro fue el último de nosotros que quedó.

 

Empecé a pensar en aquellos días de mi infancia, viviendo en ese complejo residencial. No teníamos necesidad que salir a jugar a la calle, sólo nos reuníamos abajo en el “salón de fiestas” todos los día después de llegar a casa de la escuela y hacer la tarea. Es por eso que este grupo se hizo tan cercano.

 

El edificio contaba con 12 apartamentos, cuatro en cada piso, y todas las familias se conocían entre si.

 

Recuerdo haber hecho amigos con la familia italiana en el apartamento en el piso arriba del nuestro. No estoy exactamente segura de si sus antepasados llegaron al país con propósitos de negocios, por familia, o por alguna otra razón, pero me alegraba de que estuvieran ahí.

 

Venezuela, en esa época, tenía una industria petrolera próspera, y muchos europeos emigraron allí en las décadas de los cuarenta y principios de los ochenta, cuando abandonaron sus países desgarrados por la guerra, buscando asilo y una vida mejor para sus familias.

 

Teníamos muchos inmigrantes de Italia, Francia, España, Portugal y naciones árabes. Una de las cosas más bellas de Venezuela es la combinación de las personas y sus tradiciones, y el hecho de que sin importar el color de la piel de una persona, o la acento de la lengua, estamos orgullosos de ser venezolanos.

 

A medida que he crecido, me he dado cuenta de la influencia que otros países han tenido en Venezuela a través de muchos años, especialmente en la comida.

 

Hace un par de años tuve la oportunidad de viajar por Europa. Mi madre y yo visitamos varios países, incluyendo Francia, Reino Unido, España e Italia.

 

La primera comida que comimos al llegar a Italia fue lasaña. Cuando tuve ese primer bocado de auténtica lasaña italiana, mi primer pensamiento fue, “¡Wow, esto sabe como pasticho!”

 

Así que, hace un par de días, cuando mi amigo avisó que él estaría saliendo de Venezuela, muchos pensamientos pasaron por mi cabeza, que terminaron llevándome al mismo punto: quiero pasticho.

 

Pasticho, es básicamente una lasaña venezolana, pero en lugar de marinara, utilizamos una salsa béchamel, que se elabora con un ‘roux’ a base de leche.

 

Esta fue una de mis comidas favoritas cuando era niña – y sigue siendo uno de mis favoritas-

 

Mamá cocinaba este platillo cada año para mi cumpleaños. Me recuerda un tiempo más simple; algunos de los mejores años de mi vida. Me recuerda a mí misma – una mezcla de sabores, algunos fuertes, algunos suaves; una fusión de culturas, pero muy venezolana. Un lío perfecto.

 

De hecho, la palabra “Pasticho” traducido del italiano al español significa “lío”.

 

Así que hoy hice Pasticho. Es similar a la lasaña, pero hecha con una salsa de crema. Inténtalo. Creo que te gustará. Es Venezuela.

 


 

Pasticho

 

(3-4 personas)

 

Bechamel:

 

2 Tazas de leche

 

1 Cucharadita de fécula de maíz (maicena)

 

1 Cucharadita de harina de trigo*

 

4 Cucharaditas de mantequilla

 

1 Pizca de nuez moscada

 

1 Pizca de sal

 

* Si no se cuenta con maicena, sustituir la porción con harina de trigo.

 

Derrite la mantequilla en la cacerola, a fuego medio. Cuando comienza a dorar, agrega la maicena y la harina. Continua removiendo constantemente, y agrega la leche hasta que la mezcla se disuelva y se vuelva suave.

 

Añadir nuez moscada y sal.

 

Una vez que obtengas la consistencia deseada, quita de la estufa y deja reposando. (Hay que tener en cuenta que cuando se enfríe la mezcla, la consistencia será mas espesa que cuando recién se aparto del calor).

 

** Si la salsa béchamel es demasiado espesa, añade un poco más de leche. Si es demasiado ligera, deja que hierva a fuego lento, revolviendo constantemente.

 

 

Salsa para la carne y pasticho:

 

2 Cucharadas de aceite de oliva

 

1 Caja de pasta de lasaña

 

1 lb de carne de res molida (aprox. 1/2 Kg)

 

5 Tomates picados

 

1 Diente de ajo picado

 

1 Cebolla picada finamente

 

1 Pimiento rojo finamente picado (opcional)

 

1/2 Taza de vino tinto (Esta vez use brandy porque no teníamos vino tinto, y me gustó mucho el resultado, es un poco mas dulce)

 

2 Cucharaditas de salsa inglesa (Worcestershire)

 

7-10 Tallos de perejil fresco, finamente picado

 

10-12 Hojas grandes de albahaca fresca, finamente picada

 

1 Cucharadita de orégano

 

1 Hoja de laurel

 

1 Pizca de comino

 

Pimienta al gusto

 

Sal al gusto

 

2 Tazas de queso mozzarella

 

Queso parmesano rayado

 

 

INSTRUCCIONES

 

Precalentar el horno a 350 grados Fahrenheit (180*C)

En la estufa, calienta el aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio y saltea el ajo, la cebolla y el pimiento rojo. Añadir los tomates. Cuando los vegetales empiecen a cambiar un poco de color, toma la mitad de la mezcla y licúala.

Agrega la mezcla licuada de nuevo al sartén con el resto, sigue moviendo.

Agrega la carne molida, mezcla bien y deja que se cocine.

Añade el vino tinto y deje que hierva a fuego lento durante unos 10 minutos para cocinar el alcohol.

Añade la salsa inglesa, las hierbas, el comino, la sal, la pimienta y la hoja de laurel. Deja hervir a fuego lento durante unos 15 minutos.

En un traste para hornear cuadrado, engrasa las paredes del molde con mantequilla y vacía un par de cucharadas de salsa béchamel en el fondo del plato.

Coloca las laminas de lasaña en la parte inferior del molde, haciendo una capa que cubra todo el fondo. Corta y suma pedazos de laminas de pasta si es necesario, o corte si sobra.

Cubre la capa de lasaña con una capa de salsa béchamel, seguida de otra capa de carne y otra de queso. Seguidas de otra capa de pasta, otra de bechamel, una mas de carne y una de queso – hasta que los ingredientes se terminen o llegue al tope de su molde (normalmente a mi me caben 3 capas de cada ingrediente).

La última capa debe ser salsa bechamel con una gruesa capa de queso mozzarella y queso parmesano.

Cubre con papel de aluminio y hornear a 350*F (180*C) durante 25 minutos.

Retira el papel de aluminio y cuidadosamente, coloque el molde descubierto nuevamente en el horno. Esta vez solo por 5 minutos para permitir que el queso de arriba se dore.

Pasados los 5 minutos, retíralo del horno. Deja reposar por 10 minutos.

Sírvela.

 

Frijoles rojos y arroz estilo Nueva Orleans

File Mar 28, 8 25 54 PM

El otro día, Joha y yo estábamos caminando en uno de los pasillos del supermercado buscando arroz, que por cierto, se ha convertido en un producto esencial en nuestra casa.

 

Al tomar el arroz del estante, noté que había bolsas de frijoles rojos cerca – viviendo en el sur de Luisiana, estos artículos son bastante combinables.

 

Para aquellos que no están familiarizados con este deleite sureño, con influencia netamente criolla (o creole), los frijoles rojos y arroz es una comida muy común en toda Luisiana y Mississippi. En particular, se sirve en las cafeterías de las escuelas, generalmente los lunes.

 

¿Por qué los lunes? Bien, históricamente en el sur, los domingos se hacían comidas grandes para la familia después de la iglesia. Generalmente, consistía en una pieza grande de jamón, cocinado con diferentes tipos de vegetales. Los lunes, cuando los hombres volvían a trabajar, los niños volvían a clases, las mujeres (amas de casa), dedicaban ese día para lavar toda la ropa de la semana. De esta forma, el primer día de la semana, las madres de familia, reutilizaban el hueso del jamón sobrante del domingo, y lo cocinaban con frijoles rojos en la estufa todo el día, mientras estaban afuera de la casa lavado. Es por eso que los frijoles rojos y el arroz son conocidos en el sur como un plato de lunes.

 

Como yo estudie en casa (homeschool) mi educación básica y media-superior, ignoraba la existencia de esta tradición de los lunes, hasta que entre a la universidad y note este patrón.

 

Cada lunes durante cuatro años, frijoles rojos con arroz estaban en la lista del buffet de la cafetería de la Universidad. Todos los lunes. Y aunque no los comí cada semana, me encantaban.

 

Yo crecí en Gulfport, Mississippi – a una hora al este de Nueva Orleans; después de terminar secundaria, preparatoria y dos años de universidad (junior collage), fui a la Universidad Estatal de Luisiana, y me mudé a Baton Rouge – a una hora al oeste de Nueva Orleans.

 

He pasado mucho tiempo en el famoso mundo de Nueva Orleans. Trabajando como músico, – cantando en las populares calles de Frenchmen y Bourbon. También como fotógrafo, capturando la belleza única de la ciudad, y explorando las opciones que la misma ofrece.

 

Es como si Nueva Orleáns tuviera un imán que me atrae hacia ella y sus excentricidades, su música, y especialmente, su comida.

 

Así que mientras estábamos en el pasillo de la tienda entre el arroz y los frijoles rojos, le dije a Joha: “¿Quieres hacer frijoles rojos y arroz?”

 

“¡Sí, hay que hacer eso!”. – Respondió.

 

Sólo había cocinado el plato una vez, y aprendí mucho de esa primera experiencia. Pero estaba decidido a hacer una buena olla y mostrarle a Joha la base de los sabores criollos (creole) que he aprendido a lo largo de los años. Cosas básicas, como el término “trinidad” (que es cebolla, pimiento y apio), así como lo que conforma un “roux” decente (la base de salsa bechamel), y qué especias llevan la mayoría de los “condimentos Cajun” (sal, pimienta negra, cebolla en polvo, ajo en polvo, pimienta de cayena (chile de árbol molido), en diferentes porciones, aumentando o disminuyendo ingredientes al gusto).

 

Para muchos, en el Sur de Estados Unidos, este platillo les recuerda su infancia. Pero a mí (que realmente no crecí en medio de la cultura de frijoles rojos y arroz de los lunes, sino hasta que supe de ella hasta que ya era joven adulto), me recuerda a la música – en particular, el jazz.

 

Recuerdo cuando fui a un estudio de grabación el año pasado, en donde grabamos las pistas vocales para el próximo álbum de la banda de unos amigos.

 

El estudio era como Nueva Orleans. Era pequeño, parecía que alguna vez fue la casa de alguien; tenia montones de historia pegada en las paredes, contada a través de fotos y arte; estaba lleno de música, con instrumentos en todas partes, e incluso plasmado en el arte alrededor del estudio.

 

Cante la canción que inicialmente era mi participación en el álbum, y empezamos a jugar grabando vocales para otras canciones. Pasamos un buen tiempo escuchando partes del nuevo álbum que aun estaba en proceso.

 

Después de eso, salí del lugar y maneje unas cuantas cuadras, hasta donde hay un sitio de comida del que se dice que tiene el mejor pollo frito de Estados Unidos: Willie Mae’s Scotch House. Pedí el pollo con la guarnición de frijoles rojos y arroz, y fue increíble.

 

Los frijoles rojos también me recuerdan el jazz, por la manera en que se cocinan – Cada ingrediente tiene un sabor diferente. A algunos les gustan dulces, a otros les gustan picantes. A mí, depende de mi estado de ánimo mientras estoy cocinando.

 

Esta es otra de esas recetas que tienen miles de variantes, por lo que recomiendo revisarla y tratar de hacerla, pero diferente.

 

¡Haz tuya esta receta y diviértete. Buen provecho!

 

 

 

Frijoles rojos con arroz estilo Nueva Orleans

 

 

INGREDIENTES

 

 

1 Libra de frijoles rojos (aprox. 1/2 kg)

 

1 Hueso de jamón

 

1 Cucharada de manteca (use grasa que suelta el tocino, manteca de cerdo, aceite, etc.)

 

4 Cucharadas de mantequilla

 

1 Cebolla blanca picada

 

1 Pimiento (Pimentón), picado

 

3 Tallos de apio, picados

 

3 Dientes de ajo picados

 

Agua cuando sea necesario

 

1 Litro de caldo de pollo

 

1 Cucharada de sal

 

1 Cucharadita de pimienta negra molida

 

1 Cucharadita de ajo en polvo

 

1 Cucharadita de cebolla en polvo

 

½ Cucharadita de Pimienta Cayena (Chile de árbol molido)

 

1 Cucharadita de tomillo seco y molido

 

½ Taza de perejil fresco picado

 

2 Hojas de laurel

 

1 Paquete de Salchicha (de preferencia Andouille)

 

 

 

Enjuague los frijoles y deje que se remojen en un recipiente con agua que los cubra durante la noche. Deje remojando los frijoles por lo menos 10 horas.

 

Caliente la grasa a fuego medio en una olla grande (si planea usar una olla de cocción lenta para los frijoles rojos, fría los ingredientes en un sartén grande en lugar de una olla). Sofría el ajo, las cebollas, los pimientos, el apio y una pizca de sal y pimienta, cuando la cebolla empiece a tornar traslucida, agregue el hueso de jamón. Agregue la mantequilla y deje que la mezcla se cocine hasta obtener un color dorado.

 

(Si desea agregar hierbas que no se encuentren en la lista de ingredientes, añádalas a esta mezcla). Yo sume albahaca fresca aquí en el pasado u otras hierbas que estaban creciendo en mi jardín.

 

Una vez la mezcla torne dorada, añadir el caldo de pollo, sal, pimienta, ajo en polvo, cebolla en polvo, pimienta de cayena, tomillo y perejil.

 

(Si está usando la olla de cocción lenta, transfiera todo a la olla en este momento)

 

Escurrir el agua de los frijoles rojos y añadir los frijoles en la mezcla que ahora es mayormente liquida. Revuelva y deje hervir (a menos que use olla de cocción lenta).

 

Añadir las hojas de laurel. Cubrir y dejar cocer a fuego medio-bajo durante 3 horas. Si está usando olla de cocción lenta, cubra y deje cocinar todo el día (6-8 horas).

 

Cuando quede alrededor de una hora para terminar de cocinarse, tomar un tenedor o una cuchara y aplastar la mitad de los frijoles rojos presionando contra alguna de las paredes de la olla. Esto le dará a la mezcla un estilo cremoso suave. Si usa olla de cocción lenta, saque la mitad de los frijoles, colocándolos en un tazón separado y aplaste con un tenedor. Una vez que la consistencia sea cremosa, vuelva a colocar en la olla.

 

Agregue la salchicha a la mezcla y continúe cocinando a fuego lento bajo.

 

(Añadir salsa picante o jalapeño si se desea un sabor picante)

 

 

* Pruebe constantemente, durante el proceso de cocción, y añada condimentos según lo desee.

 

** Si usa olla de cocción lenta, abstenerse de abrir mucho la olla una vez que haya empezado a cocinarse. Los profesionales afirman que cada vez que se abre la tapa de la olla, se pierden 30 minutos de tiempo de cocción.

 

Por separado, preparar arroz blanco.

 

Servir los frijoles rojos con arroz.

Las tostadas de tinga de Mama Juanita.

File Mar 24, 1 39 36 AM

Mi esposo y yo estamos en un presupuesto bastante ajustado. En realidad, estamos gastando cerca de $80 por semana en comestibles – que son alrededor de $12 al día para dos personas; que a su vez se traduce en $2 por comida por persona, si mis matemáticas son correctas.

 

Una manera que hemos encontrado que ahorra dinero en carne, es comprar un pollo congelado entero, y cortarlo nosotros mismos, en vez de comprar paquetes de pechugas de pollo, alas, o alguna otra parte ya empaquetados.

 

Por lo general, tomo las costillas (huacal), el cuello, cartílago y otros huesos (retazo), que muchos normalmente no usan. Lo hiervo para hacer caldo de pollo; luego tomo los huesos y separo la carne que queda al rededor.

 

Hoy, mientras estaba repitiendo este proceso, recordé momentos de mi infancia en que vi miembros de la familia hacer lo mismo una y otra vez.

 

Pensé en mi abuela:

 

Mama Juanita.

 

Mamá Juanita fue una de las mujeres más cariñosas, llena de amor y cuidado que he conocido. Cuando mi familia se mudó a México desde Venezuela, nos mudamos con ella y mi abuelo por unos meses, y aprendí mucho de ella, y a cerca de ella, en ese tiempo.

 

Aprendí que cuando se casó con mi abuelo -cuya madre había muerto años previos a su matrimonio- asumió la responsabilidad de los hermanos menores de su marido, que habían quedado huérfanos. Los adoptó. Convirtiéndose en madre de cuatro hijos inmediatamente después del matrimonio.

 

Ella y mi abuelito tuvieron seis hijas y un hijo, y el trabajo de mamá Juanita durante la mayor parte de su vida fue ser madre y esposa.

 

Ella mostró amor a través de acciones … y, por supuesto, a través de la comida.

 

Comencé a pensar en uno de los primeros platillos que ella me enseñó a hacer: Tostadas de Tinga, que es un plato común en México hecho de pollo desmenuzado y una salsa a base de tomate encima de una tortilla frita.

 

Yo era estudiante de secundaria de 14 años de edad y acababa de volver a casa después de clases. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que mi madre ya había comprado víveres, yo estaba sola en casa y no había comida cocinada.

 

Tenía hambre, y no quería esperar a que mamá volviera a casa a cocinar.

 

Ya sabía como cocinar el arroz, así que estaba bastante segura de que podría manejar cualquier otro desafío culinario. Así que decidí, después de ver los ingredientes a mi alcance, hacer Tostadas de Tinga.

 

Pero el problema era que no sabía como preparar ese platillo tan típico.

 

Así que llamé a mi abuela, caminé una cuadra hasta llegar a su casa, con las bolsas de supermercado en mano, sabiendo que ella me enseñaría a preparar el deseado platillo. Honestamente, esperaba que ella lo cocinara, y yo aprendiera mientras ella lo hacia.

 

Puse los víveres en su cocina lista para ayudar a mamá Juanita a preparar la comida para mi.

 

Algo que ella siempre decía (y ahora mi mamá dice), es que “Una persona acomedida cabe en todas partes“, y yo estaba segura de que iba a ser una buena ayudante “acomedida” en su cocina.

 

Pero ella tenía otros planes.

 

Se sentó y me explicó paso a paso mientras yo terminaba cada parte de la receta, desde pelar y cortar cebollas hasta colocar la tinga ya preparada en la tostada.

 

Así que ese día, aprendí a hacer Tostadas de Tinga, y nunca he olvidado su receta.

 

Mama Juanita falleció en 2012, pero dejó una gran cantidad de recuerdos y buena comida. Es maravilloso como ciertas comidas pueden traer de vuelta a nuestra mente tantos recuerdos!

 

Yo amaba profundamente a mi abuela; Y ella me amaba también. De hecho, mi nombre – Johana – deriva de “Juana”, que porto con orgullo, porque sé que con el, siempre llevaré un pedacito de ella conmigo.

 


 

TINGA

 

[Tinga se puede comer de varias maneras – en tacos, en tostadas (mi forma preferida, con crema y queso fresco), con arroz y frijoles, o de diferentes formas.]

 

1 Pechuga grande de pollo cocida y desmenuzada (despechada)

 

3 Tomates grandes

 

½ Cebolla blanca/amarilla

 

2 Dientes de ajo

 

Pequeño racimo de Cilantro fresco (no tanto como para hacer que la salsa torne verde, sólo trate de usar su sentido común de cocina)

 

1 Taza de caldo de pollo

 

1 Chipotle en salsa de adobo (chipotle enlatado o fresco)

 

Sal al gusto

 

Pimienta al gusto

 

1 Cucharadita de comino

 

1 Cucharadita de aceite de maíz (o el que use normalmente en su cocina)

 

INSTRUCCIONES

 

Corta la cebolla en rodajas finas y saltea a fuego medio con un poco de aceite.

Mientras cebolla se esta cociendo, licua los tomates, ajo, cilantro, chipotle y aproximadamente ½ taza de caldo de pollo

Cuando las cebollas se tornen translúcidas, agrega la mezcla de tomates que se licuaron.

Añade el comino a la salsa y revuelve.

Después de unos 5 minutos a fuego medio, agrega el pollo a la salsa y continúa agitando.

Añade sal y pimienta.

Deja cocinar 5-10 minutos, revolviendo de vez en cuando.

Prueba la tinga y sirve.

 

* Usa la ½ taza de caldo de pollo que sobra, si la Tinga comienza a secarse mientras cocina. Añade más caldo de pollo para mantenerla jugosa.

** Si se quiere hacer mas picante la Tinga, licua más chipotle con un poco de caldo de pollo y agrega a la mezcla mientras se cocina.