Escuela en casa / Tomates verdes fritos

Ayer, mientras estaba contándole a un amigo sobre este blog, me pregunto ¿Qué significa “Joha’s Table” (la Mesa de Joha)? ¿Por qué ese nombre para el blog?

 

Mi reacción inicial fue responder con un poco de sarcasmo y broma – quería recalcar que el nombre de mi esposa es Joha, y la comida se pone sobre una mesa.

 

Cuando estaba a punto de responder, me detuve y decidí ir en diferente dirección. “La mesa es el lugar en donde regularmente encuentras comida”, comenté. “Pero también es un lugar donde las familias se sientan y hablan de su día. Un lugar donde los amigos comparten historias. ”

 

Ocurren tantas cosas en la mesa. Muchas veces, es donde pasa la vida – y eso es realmente lo que este blog se supone que debe ser. No sólo sobre comida, sino sobre la vida.

 

Cuando era niño, la mesa del comedor estaba completamente limpia y sin nada sobre ella contadas veces al año. – Día de Acción de Gracias, Navidad, Semana Santa, cuando alguien importante venia a visitarnos. Pero la mayor parte del tiempo estaba llena de libros escolares, tareas y proyectos en desarrollo.

 

La mesa estaba cubierta con esos artículos porque mi hermano mayor, mi hermana menor y yo estábamos siendo educados en casa (Escuela en casa o conocido en ingles como “homeschool”).

 

Todas las mañanas, mi padre se iba a trabajar – ya que teníamos un negocio de limpieza de alfombras -. Mi madre nos despertaba e íbamos a la sala y teníamos un tiempo devocional y de oración diario, desayunábamos, y luego empezábamos nuestros trabajos escolares, (a veces todavía en pijama, pero por lo general nos cambiábamos).

Mis padres decidieron, incluso antes de que tuviera edad para empezar escuela, que querían educarnos en casa (homeschool).

 

Ellos aluden al hecho de que querían que creciéramos en un ambiente controlado de aprendizaje, en el que pudieran concentrar sus esfuerzos en las áreas en donde necesitábamos mas, y permitirnos maximizar nuestras destrezas académicas en áreas en las que éramos destacados.

 

Habían hecho investigaciones sobre los planes de estudios para diferentes asignaturas, y cuál sería el que mejor se adaptaría a nuestras necesidades individuales.

 

A menudo, cuando le comento a la gente que fui educado en casa, desde Preescolar hasta Preparatoria, no pueden creerlo, porque “parezco tan normal”, o “soy muy sociable”.

 

Yo atribuyo eso a que la razón por la que mis padres eligieron este método de educación, no fueron razones religiosas. No era para mantenernos alejados de la gente, o grupos sociales, o “peligro”. Fue principalmente por razones académicas. (probablemente también por razones financieras, pues mandar tres hijos a escuelas privadas mientras eres dueño de una pequeña empresa quizás no augura mucha libertad financiera).

 

Yo establecí y mantuve relaciones con otros niños en mi vecindario a través de actividades extracurriculares, como deportes en mi comunidad, y mi participación en organizaciones como 4-H, mi iglesia y el grupo de jóvenes.

 

Creo que si a mi mama le preguntaran cuál fue la mayor ventaja de educar a sus hijos en casa, diría que a veces podía crear su propia currícula (materias), basándose en los criterios del estado en donde vivíamos para que aprendiéramos un tema específico.

 

Como es el caso de la materia de “Economía en el Hogar”. En las escuelas de todo Mississippi, los estudiantes tomaban “Economía en el Hogar” y aprendían a cocinar, a coser y otras cosas mas. Mi madre usó la materia de Economía en el Hogar como una oportunidad para enseñarnos a cocinar algo – y luego, nos hacía cocinar la cena.

A medida que crecíamos, ella trabajaba menos. Su plan de estudios comenzó a liberar su tiempo, porque nuestra escuela era cocinar y limpiar!

 

Debería existir una ley contra eso, ¿Verdad? Jaja

 

Recuerdo que plantamos un jardín en el patio trasero de nuestra casa. Comenzamos a cultivar tomates, pepinos, calabazas, pimientos, okra y otras verduras. Todos los días lo cuidábamos, regando las plantas, quitando la maleza, y tuvimos buenas cosechas de el.

 

Esos jardines, fueron incorporados a un plan de estudios creado por mi mama, y nos enseñaron mucho. Aprendimos sobre preparación y planificación. Teníamos que cultivar la tierra; así como planear qué plantar, y en dónde hacerlo.

 

La plantación, mantenimiento y la responsabilidad en general, porque teniamosque poner la semilla en el suelo y cuidar de cada una de ellas, todos los días, regándolas y eliminando las malas hierbas que crecían alrededor.

 

Vimos fracaso y éxito – tuvimos cosechas abundantes en muchas ocasiones, mientras que otras, las plantas no crecieron o murieron.

 

Aprendimos mucho a través de esos jardines.

 

Muchas veces fue el jardín en sí que nos enseñó lecciones, otras veces mamá nos compartió su conocimiento. Como cuando las cosechas empezaron a aparecer, ella nos mostró cómo cocinar las diferentes verduras y hortalizas.

 

Había años en los que teníamos tantos frutos del jardín, que comenzamos a llevar verduras a la iglesia para compartir con otras familias – Eso nos enseñó la importancia de dar, y generosidad.

 

Recuerdo que algunas calabacitas llegaban a mediar hasta casi dos pies de largo. (aprox. 60 centímetros). En las temporadas en que las hortalizas crecían tanto, y teníamos cosechas grandes, mi mama cocinaba recetas con tantas verduras como podía. Por algunos años, recuerdo que parecía que todo lo que contenía su comida eran calabacitas, calabaza (ahuyama) y berenjena.

 

Espagueti con calabacitas, calabaza y berenjena. Sopa con calabacitas, calabaza y berenjena. Pizza con calabacitas, calabaza y berenjena. Pollo con una guarnición de calabacitas fritas, calabaza y berenjena.

 

Aunque a decir verdad, aprendimos a cocinar con esos frutos, y a disfrutar de la creatividad al cocinar variaciones de los mismos vegetales presentados de diferentes formas.

 

Los tomates eran un pilar en el jardín, por lo que siempre hicimos ensaladas y, a menudo, simplemente combinamos tomates y pepinos en un tazón con vinagre, sal, pimienta y hierbas, resultando en una botana saludable.

 

Durante esos tiempos cuando los tomates empezaban a crecer, mamá recogía algunos de los tomates verdes para freírlos. Los Tomates verdes fritos son un platillo popular en el sur de los Estados Unidos.

 

La consistencia de una rodaja de tomate inmaduro permanece intacta mientras se fríe. A diferencia de un tomate maduro, que se deshace a medida que comienza a calentarse. El sabor dulce y amargo del tomate inmaduro frito, es indudablemente delicioso a muchos paladares.

 

De hecho, solo pensar en los tomates verdes fritos de mi madre, me hace tener hambre.

 

No tengo su receta específica, pero he cocinado el platillo y lo he llevado a otro nivel de “sureñez” (sé que no es una palabra como tal, pero entiendes lo que quiero decir), con unos camarones asados en el sartén, salpicados con una salsa “remoulade” (salsa rosada, típica de la comida sureña).

 


 

TOMATES VERDES FRITOS

(2 personas)

 

2 Tomates verdes (en realidad se puede hacer más de 2 tomates con esta cantidad de mezcla de harina)

1 Huevo

½ Taza de suero de mantequilla (Se puede substituir con leche regular con una cucharadita de vinagre o limón, y deja reposar por 10 minutos antes de usarla)

½ Taza de harina

½ Taza de maicena

1 Cucharadita de sal

½ Cucharadita de pimienta

½ Cucharadita de comino

¼ Cucharadita de paprika

Un poquito de orégano

Un poquito de albahaca

Aceite vegetal

Sal al gusto

 

INSTRUCCIONES:

Coloca el aceite vegetal en una sartén y calienta a fuego medio-alto

Corta los tomates verdes hasta el grosor deseado

En un tazón mediano mezcla el huevo y el suero de leche.

En otro tazón o sartén, combina todos los ingredientes secos.

Sumerge las rebanadas de tomate en la mezcla de huevo (Para capearlo doble y hacerlo mas crujiente sumerge las rebanadas de tomate en harina de trigo, antes de meterlas al huevo, después procede a sumergirlas a la mezcla de huevo)

Transfiere el tomate a la mezcla de harina de trigo, maicena e ingredientes secos, y cubre bien las rodajas de tomate.

Coloca las rebanadas en el aceite caliente precalentado en la estufa y cocina durante aproximadamente 2 minutos por cada lado (4 minutos en total), o hasta que estén doradas.

Retira la rebanada de tomate del aceite y colócala en un plato cubierto con una toalla de papel para recoger el aceite que gotea.

Espolvorea sal, al gusto en los tomates calientes.

 

REMOULADE SAUCE

 

½ Taza de Mayonesa

1 Cucharada de Mostaza de Dijon (Si es en grano es mejor)

1 Cucharada de Kétchup (cátsup)

1 Cucharada de salsa inglesa

1 Cucharada de Jugo de limón

1 Cucharadita de azúcar morena

1 Cucharadita de paprika

1 Cucharadita de ajo en polvo

2 Tallos de perejil fresco finamente cortado

1 Tallo de cebollín (fresco picado en rodajas finas)

½ Cucharadita de pimienta

Una pizca de tu salsa picante favorita

 

INSTRUCCIONES:

Combinar todos los ingredientes y dejar reposar durante una hora para obtener mejores resultados. Aunque, en realidad puede utilizarse de inmediato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Created Curriculum/Fried Green Tomatoes

 

Just yesterday, I was telling a friend about this blog and they asked me what “Joha’s Table” means. Why name the blog that?

And my initial reaction was one of sarcasm and silliness – I wanted to snidely remark that my wife’s name in Joha and food is on a table. And as the words fell out of my mouth, I stopped and decided to answer in a different way.

“The table is about food, sure,” I remarked. “But it’s also a place where families sit and talk about their day. A place where friends share stories.”

So many things happen at the table. Many times, it’s where life is – and that’s really what this blog is supposed to be about. Not just food, but life.

When I was growing up, the dining room table was cleaned and removed of debris only a handful of times throughout the year – Thanksgiving, Christmas, Easter, when important people came to visit. But most of the time it was full of schoolbooks, homework and projects in development.

The table was covered with these items because my older brother, my younger sister, and I were homeschooled.

Every morning, my father would venture off to work – as we owned a carpet cleaning business – and my mother would wake us up. We would go to the living room and have a daily devotion and prayer, we would eat breakfast, and then get to school work (sometimes still in our pajamas, but we usually got dressed).

My parents decided, even before my schooling had begun, that they wanted to homeschool us. They cite the fact that they wanted a controlled environment of learning where they could focus efforts on needed areas, and allow us to spread our academic wings in areas where we were advanced. They had done their research on curriculums for different subjects and what would best suit our individual needs.

People often tell me, when I tell them I was homeschooled from kindergarten through high school, that they can’t believe it because I “seem so normal,” or I “have people skills.”

I attribute that to the reason my parents chose to school us at home. It wasn’t for religious reasons. It wasn’t to keep us away from people or groups or “danger.” It was mostly for academic reasons (probably some financial reasons as well, as sending three kids to private school while owning your own small business doesn’t bode well on the pocketbook).

I maintained relationships with other children in my neighborhood, through extracurricular activities such as community sports, and my involvement is organizations like 4-H and my church and youth group.

I think if my mother were asked what was a great advantage of homeschooling, she would mention the fact that sometimes she could create a curriculum based on the state’s criteria for learning in a specific subject.

Like Home Economics. In schools all across Mississippi, students took Home Ec and learned about cooking and food and sewing and whatever they teach in those classes.

My mom used Home Ec as an opportunity to teach us about cooking – and then she’d make us cook dinner. As we got older, she worked less. Her curriculum began freeing up her time because our schooling was to cook and clean!

There’s got to be some kind of law against that, right?! haha

I remember we started a garden in our backyard. We started growing tomatoes, cucumbers, squash, peppers, okra and several other vegetables. We watered and weeded and cared for the garden everyday and saw great harvests.

Those gardens were incorporated into a curriculum created by my mom, and they taught us so much. Those gardens taught us about preparation and planning – we had to till the ground and plan what to plant and where to plant it; planting , maintaining and overall responsibility – we had to put the seed in the ground and take care of each of them every single day by watering and removing weeds; failure and success – we had bountiful harvests many times, while other times things didn’t grow at all or died.

We learned a lot through those gardens.

Many times it was the garden itself that taught us lessons, other times mom dished out the knowledge. Like when the harvests began to flow, she showed us how to cook different vegetables.

There were years where we had so much coming from the garden, we began taking vegetables to church to give to other families – she taught us the importance of giving and generosity.

I remember growing zucchinis that measured out to be nearly two-feet in length. When these massive vegetables and great harvests would occur, my mother would plan meals with as many vegetables as possible. For a few years, I remember it seemed like everything had zucchini, squash and eggplant in it.

Spaghetti with zucchini, squash and eggplant. Soup with zucchini, squash and eggplant. Pizza with zucchini, squash and eggplant. Chicken with a side of fried zucchini, squash and eggplant.

But we learned to cook with these items, and learned to enjoy show creativity in the kitchen by cooking certain vegetables in a variety of ways.

Tomatoes were a mainstay in the garden, so we always made salads and often simply combined tomatoes and cucumbers in a bowl with vinegar, salt, pepper and herbs and had a healthy snack.

During those times when the tomatoes started growing, mom would pick some of the green tomatoes to fry them. Fried Green Tomatoes is somewhat of a popular southern (United States) dish. The unripe tomato slice stays intact while being fried, unlike a ripe tomato that would fall apart as it begins to heat up; and the sweet and sour flavor of the unripe fruit when fried is undeniably delicious to many palates.

In fact, the thought of my mother’s fried green tomatoes makes me hungry. I don’t have her specific recipe, but I cooked the dish and brought it to another level of southernry (I know it’s not a word, but you understand what I mean when I say it) with some pan-seared shrimp, all drizzled with a remoulade sauce.


 

FRIED GREEN TOMATOES (feeds 2)

 

2 Green tomatoes (Actually you can make more than 2 tomatoes with this amount of flour mixture)

1 egg

½ cup buttermilk

½ cup flour

½ cup cornmeal

1 tsp salt

½ tsp pepper

½ tsp cumin

¼ tsp paprika

dash of oregano

dash of basil

vegetable oil

salt, to taste

 

Place vegetable oil in a skillet and heat to medium-high heat

Slice green tomatoes to desired thickness

In a bowl, mix egg and buttermilk.

In a separate shallow bowl or pan, combine all dry ingredients

 

Dip tomato slices in egg mixture (to double coat, which makes it more crispy, drudge tomatoes in all-purpose flour, then dip in egg mixture)

Transfer dipped tomato into flour/corn meal mixture and coat tomato slices.

Place slices in heated oil and cook for about 2 minutes on each side (4 minutes total), or until golden brown.

Remove tomato slice from oil and place on a paper towel-covered plate to catch dripping oil.

Sprinkle salt, to taste, on hot tomatoes.


 

REMOULADE SAUCE

 

½ cup Mayonaisse

1 TBSP brown mustard (whole grain is best)

1 TBSP ketchup

1 TBSP Worcestershire sauce

1 TBSP Lemon juice

1 tsp brown sugar

1 tsp paprika

1 tsp garlic powder

2 stalks of freshly chopped parsley

1 strand of thinly sliced fresh green onion

½ tsp pepper

dash of your favorite hot sauce

 

combine all ingredients and chill for an hour for best results, but you can actually use the sauce right away.

 

Las Arepas de Maita: 10 pasos fáciles para hacer arepas

Las Arepas de Maita

 

Hay un mercado cerca de nuestra casa, en donde venden hortalizas frescas cultivadas localmente, por muy buenos precios. Por ejemplo, pimientos verdes, rojos y amarillos por $ 0.69 cada uno, o bolsas de zanahorias grandes por solo $ 1.

 

Es genial para mi esposo y para mí, porque presupuestamos una cierta cantidad de dinero cada semana para comida, y también porque nos permite comprar productos frescos para alimentarnos saludablemente.

 

La semana pasada compramos maíz dulce fresco – mi esposo tenía la intención de hacer “grits” o pan de maíz.

 

No lo hizo.

 

Sin embargo, cuando vi las mazorcas me recordó un tiempo en mi niñez, cuando viví en Venezuela. Me recordó a mi abuela, Isabel. Nosotros la llamábamos “Maita”.

 

Recuerdo visitar a Maita sabiendo que iba a cocinar arepas, un pan venezolano hecho con harina de maíz, más grueso que una tortilla, pero más delgado que un bísquet.

 

Ella cocinaba algo diferente cada visita, pero algo que permaneció constante en su cocina fueron: las arepas. Y cuando Maita cocinaba arepas, las hacía desde cero.

 

Maita era una mujer de campo, pero vivía en una pequeña ciudad, Cabudare; así que su casa no era como el campo en donde creció. Pero tenía un tipo “granja miniatura” en el patio trasero de la casa. Tenía patos y gallinas, todo tipo de hierbas y verduras, varios árboles frutales… Todo en pequeña escala, en comparación con la parcela que ella y mi abuelo, Abuelito Gabino, poseían en otra zona. Tenía un molino en la esquina de la pesada mesa de madera roja en el área del comedor. Lo usaba para moler café, maíz, carnes y granos frescos.

 

Mis hermanos y yo peleábamos por ver a quién le tocaría moler maíz y café para ella. Cada vez que llegamos a su casa, y veíamos el maíz o los granos de cafe sobre la mesa, nos emocionábamos con la idea de usar el molino! Ahora veo que sutilmente nos estaba haciendo trabajar para ella, pero en ese momento, sólo pensamos que era divertido.

 

Así que una vez que el maíz se molía, ella hacía una especie de masa (harina de maíz), a la que le agregaba un poco de agua salada y la mezclaba. Nunca utilizó medidas, cocinaba “a ojo de buen cubero”, siguiendo solamente olores y sabores. Incluso si hubiera habido una receta, ella no la habría podido leer. Maita creció en una era de dictadura en Venezuela. Una época en la que a las mujeres no se les permitía asistir a la escuela, por lo que nunca aprendió a leer ni a escribir.

 

Pero no era ninguna tonta, y NADIE podía tratar de hacerla tonta. Aunque no podía leer frases de un libro, podía leer a la gente, y sabía cuando otros trataban de engañarla o “pasarse de vivos”; lo cual, conforme fue envejeciendo, muy rara vez ocurrió. La gente empezó a respetarla (y algunos a temerla ja!) por su franqueza, firmeza y obstinación.

 

Ella, para mí, era la prueba de que nada puede limitarte excepto tu mismo, y tu actitud ante la vida.

 

Así que, una vez que la mezcla ya molida se convirtió en masa, la moldeaba en pequeñas bolas, y las aplastaba dándole forma circular a la arepa con sus manos. Sus manos eran como décadas de lecciones de vida, y grandes reuniones familiares.

 

Como una mujer joven, adoptó cuatro de sus sobrinos y sobrinas, después de que su madre – su hermana Licha – murió. Así, durante sus veintes, Maita cuido a su madre y cuatro hijos, todo por sí misma. Luego, se casó con mi abuelito Gabino, alrededor de sus 30 años de edad. Durante años, antes del matrimonio, perfeccionó sus habilidades culinarias por necesidad. Usaba las manos para todo.

 

Recuerdo que cada una de sus arepas, tenía marcas de los pequeños pero fuertes dedos de Maita. Sus dedos eran tan fuertes como su voluntad – una voluntad que decidió, que la vida no iba a determinar su éxito, o el éxito de sus hijos. Una voluntad que nunca le permitió renunciar. De hecho, una vez casada, ella y abuelito Gabino tuvieron 3 hijos y una hija. (Uno de ellos mi padre). De los cuales, Todos fueron a la universidad, se graduaron y formaron sus propias familias.

 

Ella me demostró, que tus propias limitaciones no tienen que ser las limitaciones de tus generaciones venideras. Ella cocinaba las arepas en un “budare” (sartén seco o plancha), y nunca usaba una espátula, recuerdo que volteaba cada arepa con sus manos.

 

Incluso, utilizaba sus manos para distinguir si las arepas estaban bien cocidas. Ella tenía una manera especial para saber cuando cada arepa estaba lista, – las tomaba con sus manos, y les daba golpecitos con su dedo. Determinaba el grado de cocción de acuerdo al sonido que emitían al golpe.

 

Siempre hacía 2 arepas gigantes para el almuerzo de mi Abuelito, e incluso, cuando no estábamos allí para “ayudarla” a cocinar, comíamos sus arepas porque cada día nos enviaba una porción de ellas con mi padre. Ella vivió hasta sus ochentas, y murió el 29 de agosto de 2007, sólo unos años después de que mi familia se mudó a México.

 

A Maita le gustaba cocinar. Le encantaba cocinar arepas. Pero sobre todo, le encantaba cocinar arepas para nosotros. Era una de sus muchas maneras de demostrar cuánto nos amaba… Siempre la llevo conmigo en mi corazón.

 

Ahora, voy a darte un tutorial rápido de cómo hacer arepas como Maita (sin el maíz molido fresco)!

 

 

* (En Estados Unidos o en otros paises: Busca harina PAN en tiendas con productos latinoamericanos, o en cadenas de supermercado grandes con extensa selección de productos internacionales).


Cómo hacer arepas en 10 pasos sencillos (Tutorial con guía en fotos)

1. 1 Taza de agua tibia (esto es suficiente arepas para 2 personas) en un tazón de mezclar de tamaño mediano.

2. Agrega una cucharadita de sal al agua tibia.

3. Mezcla lentamente Harina PAN. En el agua

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Amasa hasta que este suave sin grumos.

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Hasta que espese (en la consistencia como puré de papas).

4. Deja reposar durante unos minutos mientras enciendes la estufa o la plancha a fuego medio-bajo y preparas el sartén antiadherente

5. Forma bolitas con la masa

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6. Aplana la bolita formando la arepa.

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7. Coloca las arepas sobre un “budare” (plancha o sartén) a fuego medio-bajo

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8. Cocina aprox. 7 minutos en cada lado (esto realmente depende del sartén.

Compara con la foto abajo, para que la arepa se parezca)

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y tápalas para mantener la humedad

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9. Retira del fuego una vez que estén listas. Sabrás que lo están cuando al darles golpecitos en el centro emiten un sonido hueco (Vee el video)

Cuando las arepas están listas 

10. Toma una arepa. Córtala por una de las orillas con un cuchillo, abriendo con cuidado, rellena con mantequilla, queso, carne, o cualquier cosa que desees y buen provecho!

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