Johambalaya – Primer viaje a Estados Unidos (Louisiana)

Hoy, estaba revisando dentro de la nevera, pensando en ideas para la cena. Había algunos productos que sabía que tenía que usar pronto, antes de que expiraran, así que decidí experimentar poniendo verduras frescas de nuestro jardín, con arroz, salchichas y algunos otros artículos.

 

Cuando mi esposo volvió a casa del trabajo, entró a la cocina y abrí la olla para mostrarle mi “experimento”.

 

Vio dentro de la olla, y me dijo con indiferencia: “oh, hiciste jambalaya”.

 

“No”, pensé. No hice jambalaya. Acabo de cocinar arroz con tomates frescos, salchichas y otros artículos que tenía en la nevera.

 

Entonces pensé un poco más en su afirmación – me di cuenta que esa mezcla era básicamente jambalaya: una combinación de sabores “cajún” con arroz y carne.

 

Así que comencé a pensar en mis primeras visitas a los Estados Unidos.

 

En 2010, dejé mi trabajo como analista político para una firma de cabildeo en la Ciudad de México para convertirme en misionera. Asistí a un entrenamiento misionero en Singapur. La primera etapa de ese viaje inicial tuvo una parada de tres semanas en Louisiana – mi primera visita a Estados Unidos.

 

Fue de hecho, durante ese viaje que conocí al hombre que años mas tarde se convertiría en mi esposo.

 

Como una de los tres misioneros en nuestro camino de México a Singapur, fuimos invitados a un almuerzo/entrevista para el periódico local con “Mr. Williams.

 

Una adolescente de una de las iglesias que visitamos, Shelbi, nos dijo que había estado tomando clases de periodismo con el editor del periódico local, el Señor Williams.

 

En mi mente, cuando oí hablar del profesor / periodista, me imagine a un hombre viejo, probablemente aburrido. Sin embargo, cuando llegamos a la casa para el almuerzo me di cuenta que estaba muy equivocada – él era de la misma edad que yo, y no tenia nada que ver con lo que mi imagine.

 

Rápidamente nos hicimos amigos y nos mantuvimos en contacto a través de los años. Cada vez que yo regresaba a los Estados Unidos, el estaba en mi lista de amigos con los que trataba de encontrarme. También nos mantuvimos en contacto a través de Skype, correo electrónico, postales y FaceTime.

 

En ese momento, mi inglés no era muy bueno y me faltaba confianza en el idioma, así que no pensé que podría pronunciar correctamente su nombre de pila, “Aaron” (En ingles), así que simplemente siempre lo llamaba “Mr. Williams.

 

Durante ese viaje inicial a Louisiana, había una larga lista de cosas que los locales me dijeron que necesitaba hacer – y entre las prioridades de mi lista estaba comer ciertos alimentos, uno de los cuales era “jambalaya”.

 

También fuimos a un pantano, visitamos una plantación, probamos cocodrilo, disfrutamos beignets en Nueva Orleans, visitamos Louisiana State University (La Universidad Estatal de Louisiana), y vimos su mascota, Mike, el tigre que vive en el campus, entre otras cosas.

 

Aprendí que la gente en el sur de los Estados Unidos, especialmente en Louisiana, se enorgullece de su comida. Y Louisiana ofrece una mezcla única de sabores y alimentos. La primera vez que probé jambalaya fue en la ciudad de Gonzales, con una buena amiga, la señora Carolyn. Ella nos llevo a un pequeño lugar llamado “The Jambalaya Shoppe”, y no pude evitar ver el plato de arroz, su color y textura, y debatir mentalmente si debía o no meter la cuchara al plato.

 

Me recordó un poco al Arroz Con Pollo (un plato venezolano muy común en toda casa a lo largo del país), aunque su aspecto era un poco seco. El color tampoco era el mismo. Venia servido con pan como guarnición – no tenía sentido para mí, era arroz seco con pan seco… Ninguna de mis experiencias culinarias previas me decía que iba a disfrutar esto.

 

Pero como en cualquier otro momento que he probado nuevos alimentos en otros países, volteé a ver a mi alrededor cómo otros disfrutaban sus platos. Algunos añadían sal y pimienta, otros salsa picante, salsa Tabasco (Que por cierto es de aquí de Louisiana!), otros incluso colocaban el arroz en el pan. Pero una cosa que pareció unánime, es que lo disfrutaban y hacían verlo como un buen platillo. Así que tome una cuchara y comí, y para mi sorpresa, estaba húmedo y explotó en mi paladar un muy buen sabor.

 

Unos días más tarde, fui invitada a asistir a una reunión con otras personas de una iglesia en la misma ciudad de Gonzales. Cuando llegué allí y vi la variedad de alimentos, vi jambalaya de nuevo.

 

La probé, y aunque era diferente de la que había comido pocos días antes, también fue deliciosa. El color era más rojo que la primera, y parecía tener más carnes.

 

Me encontré comiendo jambalaya en casi todos los eventos que asistí a la zona de Baton Rouge durante ese viaje, y durante mis estancias en Louisiana en los últimos años.

 

Me di cuenta de que cada jambalaya era diferente. Cada vez que probaba el platillo, había algo nuevo, algo diferente – al igual que las personalidades de los chefs/cocineros que las prepararon.

 

Así que cuando mi esposo vio mi recién hecho platillo, y dijo que pensaba que parecía jambalaya, le dije que eso no era lo que había cocinado. Era un plato con muchas similitudes, aunque tenia toquecitos de mi ascendencia mexicano-venezolana, una pizca de mi propia personalidad, y un montón de “esto es lo único que teníamos en la nevera”! jaja

 

Se rió y dijo, “Oh, entonces es ‘Joha’-mbalaya.”

 

Así que aquí está la receta de jambalaya con mi toquecito personal… esto es Johambalaya!

 

 

JOHAMBALAYA

(2-3 personas)

 

½ Kg de Salchicha ahumada, cortada en rodajas

1/2 Cebolla roja, cortada en julianas

2 Tallos de cebollín picada finamente

2 Diente de ajo finamente picado

1 Tomate, picado en pedacitos

1 Tallo de apio

¼ Kg de Champiñones limpiados y cortados en mitades.

1 Taza de arroz

½ Taza de caldo de pollo

Una pizca de comino

Una pizca de pimienta de Cayena

1 cucharadita de Salsa inglesa

Un ramito de Perejil fresco

Sal

Pimienta negra

 

INSTRUCCIONES:

 

En un sartén grande, a fuego medio-alto, saltea la salchicha ahumada hasta que esté dorada por todos los lados. Saca del sartén y mantener a un lado.

En una olla separada, vierte 2 tazas de agua y lleva a punto de ebullición. Cuando el agua comience a hervir, agrega el arroz, agrega un poco de sal, baja la llama, y pon una tapa en la olla. Deja cocinar por unos 10 minutos. Una vez que es suave, retira del fuego.

En la sartén donde se cocinó la salchicha, con la grasa de la salchicha todavía en el sartén, saltea la cebolla roja y el cebollín, el apio y los champiñones por cerca de 4 minutos.

A continuación, agrega el ajo (no lo añadí al principio porque tiende a quemarse si se fríe durante demasiado tiempo). Cocina hasta que las verduras cambien a un color dorado (no quemado).

Agrega el tomate, el comino, la pimienta de cayena, la salsa inglesa, el perejil fresco, sal, pimienta, y aproximadamente 2 cucharadas de caldo de pollo.

Combina cuidadosamente el arroz cocido y la mezcla vegetal. Si la mezcla parece demasiado seca, añade poco a poco el caldo de pollo, dándole tiempo para ser absorbido. Pon la tapa durante unos 5 minutos a fuego lento.

Prueba para confirmar si es el sabor y la consistencia deseada.

Retira del fuego, agrega más sal si es necesario y sirve acompañado de pan de maíz si es posible, y la salsa picante!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia a través de #johastable

 

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Johambalaya

Today, I was going through the refrigerator figuring out dinner ideas. There were several items that I knew I was going to have to use soon and decided to experiment by throwing together fresh vegetables from our backyard garden, with rice, sausage and a few other items.

When my husband returned home from work and settled in, I opened the pot and showed him my “experiment.”

He looked down and nonchalantly said, “oh, you made jambalaya.”

“No,” I thought. I didn’t make jambalaya. I just cooked rice with fresh tomatoes, sausage and other items I had available.

Then I thought a little more about his assessment – that’s basically what jambalaya is: a cacophony of Cajun flavors with rice and meat.

And then I started thinking about my first couple of visits to the United States. In 2010, I quit my job as a political analyst for a lobbying firm in Mexico City to become a missionary. I attended a missionary training in Singapore. The first leg of that initial trip made a three-week stop in Louisiana – my first trip to the states.

It was actually during that trip that I met the man that would become my husband.

As one of three missionaries on our way from Mexico to Singapore, we were invited to a lunch/newspaper interview with “Mr. Williams.”

A teenage homeschooled girl, Shelbi, from one of the churches we visited told us that she had been taking journalism classes given by the local newspaper’s editor, Mr Williams. In my mind, when I heard about the teacher/newspaperman, I pictured an old, probably boring, man, but when we arrived at the house for lunch I realized I was very wrong – he was around the same age as me, and not at all what I imagined. We quickly became friends and stayed in touch throughout the years. Every time I came back to the U.S., he was on my list of friends I would try to meet up with. We also stayed in touch through Skype, emails, postcards and FaceTime.

At the time, my English was not very good and I lacked any confidence in the language, so I didn’t think I could correctly pronounce his first name, Aaron, so I simply always called him “Mr. Williams.”

So during that initial trip to Louisiana, there was a long list of things locals told me I needed to do – and on the top of that list was to eat certain foods, one of which was jambalaya. We also went on a swamp tour, visited a plantation, tasted alligator, enjoyed beignets in New Orleans, visited Louisiana State University and saw their mascot, Mike, the live tiger on campus, and more.

I learned that people in the South, especially in Louisiana, take pride in their food. And Louisiana offers a unique blend of flavors and foods.

The first time I tried jambalaya was in the city of Gonzales, with a good friend, Mrs. Carolyn. She brought us to a little place called The Jambalaya Shoppe, and I couldn’t help but to simply look at the rice dish, its color and texture, and debate whether or not I should just dig in.

It reminded me a little bit of Arroz Con Pollo, a Venezuelan dish, but its appearance was a bit dry. The color wasn’t the same either. And it came with bread – it didn’t make sense to me. None of my food experiences told me I would enjoy this.

But just like any other time I’ve tried new foods in other countries, I looked around to see how others enjoy the dish. Some added salt and pepper, some added hot sauce, some Tabasco sauce, some even placed the rice in the bread; but one thing seemed unanimous, it was good. So I grabbed a spoon and ate it, and to my surprise, it was moist and exploded with flavor.

A few days later, I was invited to attend a party with some people from a church in the same city of Gonzales. When I got there and looked at the array of foods, I saw jambalaya again.

I tasted this one, and though it was different than the one I had eaten just a few days prior, it too was delicious. The color was redder than the first, and it seemed to have more meats.

I found myself eating jambalaya at nearly every event I attended around the Baton Rouge area during that trip and throughout my stays in Louisiana over the years.

I realized that every jambalaya was different. Every time I had a taste of the dish, there was something new, something different and beautiful – just like the personalities of the chefs that prepared them.

So when my husband looked at my dish and said he thought it looked like jambalaya, I told him that wasn’t what it was. It was a dish with lots of similarities, but I threw in hints of my Mexican-Venezuelan ancestry and a dash of personality, and a lot of “this is just what we had in the refrigerator.” Haha

He laughed and said, “Oh, so it’s ‘Joha’-mbalaya.”

So, here’s a recipe for my twist on jambalaya; it’s Johambalaya!


 

JOHAMBALAYA

(feeds 2-3 people)

 

1 lb of Smoked Sausage, sliced

1/2 Red Onion, cut

2 Stalks of Green Onion finely chopped

2 Cloves of Garlic finely chopped

1 Tomato, cut

1 Stalk of celery

1/2 lb Mushrooms cleaned and cut in half.

1 Cup of rice

1 Cup of Chicken Stock

A pinch of Cumin

A pinch of Cayenne pepper

1 tsp of Worcestershire Sauce

Fresh Parsley

Salt

Black Pepper

 

In a big pan, on medium-high heat, sauté the smoked sausage until browned on all sides. Take out of the pan and keep aside.

In a separate pot, pour 2 cups of water and bring to boil. When the water starts boiling, add rice, add some salt, and bring the heat to low and put a lid on the pot. Let it cook for about 10 minutes. Once it is soft, turn off the heat.

In the pan where the sausage was cooked, with the sausage’s grease still in the pan, sauté the red and green onion, celery and mushrooms for about 4 minutes. Then add the garlic (I didn’t add it at the beginning because it tends to burn if it is fried for too long). Cook down to give vegetables a brownish (not burnt) color.

Add tomatoes, cumin, cayenne pepper, Worcestershire sauce, fresh parsley, salt and pepper and about 2 Tbsp of chicken stock.

Carefully combine the cooked rice and vegetable mix. If the mix seems too dry, add more chicken stock little by little, giving it time to be absorbed. Put the lid on for about 5 minutes on low heat. Taste to check flavor and consistency.

Take it off the heat, add more salt if necessary and serve with some cornbread, if possible, and hot sauce!

Frijoles rojos y arroz estilo Nueva Orleans

File Mar 28, 8 25 54 PM

El otro día, Joha y yo estábamos caminando en uno de los pasillos del supermercado buscando arroz, que por cierto, se ha convertido en un producto esencial en nuestra casa.

 

Al tomar el arroz del estante, noté que había bolsas de frijoles rojos cerca – viviendo en el sur de Luisiana, estos artículos son bastante combinables.

 

Para aquellos que no están familiarizados con este deleite sureño, con influencia netamente criolla (o creole), los frijoles rojos y arroz es una comida muy común en toda Luisiana y Mississippi. En particular, se sirve en las cafeterías de las escuelas, generalmente los lunes.

 

¿Por qué los lunes? Bien, históricamente en el sur, los domingos se hacían comidas grandes para la familia después de la iglesia. Generalmente, consistía en una pieza grande de jamón, cocinado con diferentes tipos de vegetales. Los lunes, cuando los hombres volvían a trabajar, los niños volvían a clases, las mujeres (amas de casa), dedicaban ese día para lavar toda la ropa de la semana. De esta forma, el primer día de la semana, las madres de familia, reutilizaban el hueso del jamón sobrante del domingo, y lo cocinaban con frijoles rojos en la estufa todo el día, mientras estaban afuera de la casa lavado. Es por eso que los frijoles rojos y el arroz son conocidos en el sur como un plato de lunes.

 

Como yo estudie en casa (homeschool) mi educación básica y media-superior, ignoraba la existencia de esta tradición de los lunes, hasta que entre a la universidad y note este patrón.

 

Cada lunes durante cuatro años, frijoles rojos con arroz estaban en la lista del buffet de la cafetería de la Universidad. Todos los lunes. Y aunque no los comí cada semana, me encantaban.

 

Yo crecí en Gulfport, Mississippi – a una hora al este de Nueva Orleans; después de terminar secundaria, preparatoria y dos años de universidad (junior collage), fui a la Universidad Estatal de Luisiana, y me mudé a Baton Rouge – a una hora al oeste de Nueva Orleans.

 

He pasado mucho tiempo en el famoso mundo de Nueva Orleans. Trabajando como músico, – cantando en las populares calles de Frenchmen y Bourbon. También como fotógrafo, capturando la belleza única de la ciudad, y explorando las opciones que la misma ofrece.

 

Es como si Nueva Orleáns tuviera un imán que me atrae hacia ella y sus excentricidades, su música, y especialmente, su comida.

 

Así que mientras estábamos en el pasillo de la tienda entre el arroz y los frijoles rojos, le dije a Joha: “¿Quieres hacer frijoles rojos y arroz?”

 

“¡Sí, hay que hacer eso!”. – Respondió.

 

Sólo había cocinado el plato una vez, y aprendí mucho de esa primera experiencia. Pero estaba decidido a hacer una buena olla y mostrarle a Joha la base de los sabores criollos (creole) que he aprendido a lo largo de los años. Cosas básicas, como el término “trinidad” (que es cebolla, pimiento y apio), así como lo que conforma un “roux” decente (la base de salsa bechamel), y qué especias llevan la mayoría de los “condimentos Cajun” (sal, pimienta negra, cebolla en polvo, ajo en polvo, pimienta de cayena (chile de árbol molido), en diferentes porciones, aumentando o disminuyendo ingredientes al gusto).

 

Para muchos, en el Sur de Estados Unidos, este platillo les recuerda su infancia. Pero a mí (que realmente no crecí en medio de la cultura de frijoles rojos y arroz de los lunes, sino hasta que supe de ella hasta que ya era joven adulto), me recuerda a la música – en particular, el jazz.

 

Recuerdo cuando fui a un estudio de grabación el año pasado, en donde grabamos las pistas vocales para el próximo álbum de la banda de unos amigos.

 

El estudio era como Nueva Orleans. Era pequeño, parecía que alguna vez fue la casa de alguien; tenia montones de historia pegada en las paredes, contada a través de fotos y arte; estaba lleno de música, con instrumentos en todas partes, e incluso plasmado en el arte alrededor del estudio.

 

Cante la canción que inicialmente era mi participación en el álbum, y empezamos a jugar grabando vocales para otras canciones. Pasamos un buen tiempo escuchando partes del nuevo álbum que aun estaba en proceso.

 

Después de eso, salí del lugar y maneje unas cuantas cuadras, hasta donde hay un sitio de comida del que se dice que tiene el mejor pollo frito de Estados Unidos: Willie Mae’s Scotch House. Pedí el pollo con la guarnición de frijoles rojos y arroz, y fue increíble.

 

Los frijoles rojos también me recuerdan el jazz, por la manera en que se cocinan – Cada ingrediente tiene un sabor diferente. A algunos les gustan dulces, a otros les gustan picantes. A mí, depende de mi estado de ánimo mientras estoy cocinando.

 

Esta es otra de esas recetas que tienen miles de variantes, por lo que recomiendo revisarla y tratar de hacerla, pero diferente.

 

¡Haz tuya esta receta y diviértete. Buen provecho!

 

 

 

Frijoles rojos con arroz estilo Nueva Orleans

 

 

INGREDIENTES

 

 

1 Libra de frijoles rojos (aprox. 1/2 kg)

 

1 Hueso de jamón

 

1 Cucharada de manteca (use grasa que suelta el tocino, manteca de cerdo, aceite, etc.)

 

4 Cucharadas de mantequilla

 

1 Cebolla blanca picada

 

1 Pimiento (Pimentón), picado

 

3 Tallos de apio, picados

 

3 Dientes de ajo picados

 

Agua cuando sea necesario

 

1 Litro de caldo de pollo

 

1 Cucharada de sal

 

1 Cucharadita de pimienta negra molida

 

1 Cucharadita de ajo en polvo

 

1 Cucharadita de cebolla en polvo

 

½ Cucharadita de Pimienta Cayena (Chile de árbol molido)

 

1 Cucharadita de tomillo seco y molido

 

½ Taza de perejil fresco picado

 

2 Hojas de laurel

 

1 Paquete de Salchicha (de preferencia Andouille)

 

 

 

Enjuague los frijoles y deje que se remojen en un recipiente con agua que los cubra durante la noche. Deje remojando los frijoles por lo menos 10 horas.

 

Caliente la grasa a fuego medio en una olla grande (si planea usar una olla de cocción lenta para los frijoles rojos, fría los ingredientes en un sartén grande en lugar de una olla). Sofría el ajo, las cebollas, los pimientos, el apio y una pizca de sal y pimienta, cuando la cebolla empiece a tornar traslucida, agregue el hueso de jamón. Agregue la mantequilla y deje que la mezcla se cocine hasta obtener un color dorado.

 

(Si desea agregar hierbas que no se encuentren en la lista de ingredientes, añádalas a esta mezcla). Yo sume albahaca fresca aquí en el pasado u otras hierbas que estaban creciendo en mi jardín.

 

Una vez la mezcla torne dorada, añadir el caldo de pollo, sal, pimienta, ajo en polvo, cebolla en polvo, pimienta de cayena, tomillo y perejil.

 

(Si está usando la olla de cocción lenta, transfiera todo a la olla en este momento)

 

Escurrir el agua de los frijoles rojos y añadir los frijoles en la mezcla que ahora es mayormente liquida. Revuelva y deje hervir (a menos que use olla de cocción lenta).

 

Añadir las hojas de laurel. Cubrir y dejar cocer a fuego medio-bajo durante 3 horas. Si está usando olla de cocción lenta, cubra y deje cocinar todo el día (6-8 horas).

 

Cuando quede alrededor de una hora para terminar de cocinarse, tomar un tenedor o una cuchara y aplastar la mitad de los frijoles rojos presionando contra alguna de las paredes de la olla. Esto le dará a la mezcla un estilo cremoso suave. Si usa olla de cocción lenta, saque la mitad de los frijoles, colocándolos en un tazón separado y aplaste con un tenedor. Una vez que la consistencia sea cremosa, vuelva a colocar en la olla.

 

Agregue la salchicha a la mezcla y continúe cocinando a fuego lento bajo.

 

(Añadir salsa picante o jalapeño si se desea un sabor picante)

 

 

* Pruebe constantemente, durante el proceso de cocción, y añada condimentos según lo desee.

 

** Si usa olla de cocción lenta, abstenerse de abrir mucho la olla una vez que haya empezado a cocinarse. Los profesionales afirman que cada vez que se abre la tapa de la olla, se pierden 30 minutos de tiempo de cocción.

 

Por separado, preparar arroz blanco.

 

Servir los frijoles rojos con arroz.

New Orleans style Red Beans and Rice

Just the other day, Joha and I were walking through a grocery store aisle to buy some rice, which has become an essential food item in our household.

As we picked up the rice, I noticed bags of red beans placed nearby – living in South Louisiana, these items are synonymous with one another.

For those unfamiliar with this southern, more notably creole, delight, Red Beans and Rice is an extremely common meal throughout Louisiana and Mississippi. It’s served in every school cafeteria, usually on Mondays.

Why Mondays? Well, historically in the South, Sundays were for large meals for the family after church, usually consisting of a Sunday Ham and lots of vegetables and such, while Mondays were when the men went back to work, the children went back to school, and the women washed all the clothes. So on those Mondays, the mothers would repurpose the ham bone and cook it with red beans on the stove all day while they were outside washing. That’s why Red Beans and Rice is known in the South as a Monday dish.

As a homeschool student, I didn’t know about the Monday recurrence until I was in college when I noticed the pattern.

Every Monday for four years, Red Beans and Rice was on the cafeteria buffet line. Every single Monday. And though I didn’t eat it every single week, I loved it.

I grew up in Gulfport, Mississippi – an hour East of New Orleans; then after high school and junior college, I went to Louisiana State University and moved to Baton Rouge – an hour West of New Orleans.

I’ve spent a lot of time in the world famous New Orleans, working as a musician – singing on Frenchmen and Bourbon streets; and as a photographer, catching the unique beauty; and simply exploring what the city has to offer.

It’s almost as though New Orleans is a magnet to me, and I am drawn to it and its eccentricities; its music. And especially its food.

So as we stood in the grocery store aisle between the rice and the red beans, I said, “hey, you want to make red beans and rice?”

“Yeah, let’s do that!” she responded.

I’ve only cooked the dish once before, and I learned a lot from the first experience, so I was determined to make a good pot and show Joha the basics of creole flavors that I’ve learned throughout the years. Basics, like the term “trinity” (which is onion, bell pepper, and celery), what’s in a decent roux, and what spices are in most “Cajun seasonings” (salt, black pepper, onion powder, garlic powder, cayenne pepper in varying proportions, give or take a couple ingredients).

To many around the South, this dish reminds them of their childhoods, but to me (because I really wasn’t completely enveloped in the Red Beans and Rice Mondays culture until later in life) it reminds me of music – in particularly, Jazz music.

I remember going to a recording studio last year and laying down vocal tracks for a friend’s band’s upcoming album.

The studio was just like New Orleans – it was small; felt like it was once someone’s home; it had tons of history plastered on the walls with photos and art; and was filled with music, with instruments everywhere and even embedded in the artwork around the studio’s entirety.

I sang the song I was to be featured on, and then we played around with some vocal parts to other songs, and just had a good time listening to parts of the unreleased album.

Then I left and drove a few blocks away to a place that’s been said to have the best fried chicken in America – Willie Mae’s Scotch House. I ordered the chicken with a side of Red Beans and Rice, and it was incredible.

Red Beans also reminds me of jazz because of the way it’s cooked – everybody’s has a different flavor. Some like it sweet, some like it spicy, but for me it depends on my mood while I’m cooking.

This is another one of those recipes that has tons of variants, so I recommend looking over this recipe and then doing it, but different.

Make this recipe your own, have fun, and enjoy the meal!


New Orleans stlye creamy Red Beans and Rice

1 lb Red Beans

1 ham hock

1 tbsp. grease (use bacon grease, lard, oil, etc)

4 tbsp butter

1 white onion, chopped

1 bell pepper, chopped

3 stalks celery, chopped

3 cloves garlic, minced

Water as needed

1 container (32 oz) Chicken Stock

1 tbsp Salt

1 tsp Black Pepper

1 tsp Garlic Powder

1 tsp Onion Powder

½ tsp Cayenne Pepper

1 tsp Dried Thyme

½ cup chopped fresh Parsley

2 Bay Leaves

1 package of Andouille Sausage

Rinse beans and allow to soak in a bowl filled with water overnight. Once the beans have been soaking for at least 10 hours;

Heat grease on medium heat in a large pot (if you plan to use a crock pot for the red beans, sauté these ingredients in a large pan instead of a pot). Sauté garlic, onions, bell peppers and celery and add a pinch of salt and pepper, then add ham hock. Add butter and allow mixture to cook down to a golden color.

(If you wish to add herbs other than what is listed in ingredients list, add them to this mix. I have added fresh basil here in the past or other herbs that were growing in my garden.)

Once golden brown, add chicken stock, salt, pepper, garlic powder, onion powder, cayenne pepper, thyme and parsley.

(If using crockpot, transfer everything into the crockpot now)

Drain water from red beans and add beans into the soupy mix. Stir and let boil (unless using crockpot).

Add bay leaves. Cover and let cook on low-medium heat for 3 hours. If using crockpot, cover and let cook on low all day (6-8 hours).

With about an hour remaining, take a fork or spoon and smash about half the red beans on side of pot. This will give the mixture a smooth creamy style. If using a crockpot, remove half the beans, placing them in a separate bowl and smash them with a fork. Once creamed, place back into crockpot.

Add sausage to mix and continue to let simmer on low-medium heat.

(Add hot sauce or jalapeño pepper if desired for spice.)

*Continuously taste throughout process and add seasonings as desired.

**If using crockpot, refrain from opening top a lot. Professionals claim that each time the crockpot’s top is opened, it’s like you lose 30 minutes of cook time.

Separately, prepare rice to serve with red beans.

Serve Red Beans with Rice.