Pizza Margarita en Florencia, Italia.

Tratar de no estancarme en la misma rutina culinaria, muchas veces puede convertirse en un verdadero desafío., porque cocinando bajo presupuesto, es muy fácil caer en la misma rutina repitiendo platillos.

 

Pollo y arroz, por ejemplo, representa zona de comodidad para mí (y creo también lo es que para muchas otras personas que cocinan comida casera).

 

Para ahorrar, compramos pollos enteros y los corto en partes. Siento que puedo sacar mas provecho del pollo que yo misma desmenuzo, que del que viene empaquetado en partes (paquetes de pechuga, piernas, muslos, etc.). He notado que regularmente termino cocinando algún platillo que incluye pollo y arroz por lo menos una vez a la semana.

 

Así que, hace unas noches, para salir de la rutina, decidimos divertirnos un poco con la cena y hacer pizza casera.

 

Mientras mi esposo y yo extendíamos la masa, en su debida forma circular, no muy perfecta, por cierto, recordé el viaje que hice con mi mamá por toda Europa hace un par de años; específicamente, recordé nuestro tiempo en Italia.

 

Comenzamos nuestra jornada italiana en Roma. Luego viajamos a Florencia por tren; después fuimos a Pisa y, finalmente, a Venecia. Pero fue nuestro tiempo en Florencia el que causó el mayor impacto en mi mamá y en mí.

 

Me di cuenta desde el principio que, a pesar de que mi mamá estaba en medio de una aventura viajando por Europa, no estaba tan dispuesta a aventurarse fuera de su zona de comodidad en un detalle. Estábamos en Roma cuando nos sentamos a comer y le pregunté si ella quería comer un trozo de pizza.

 

-¡Estamos en Italia, mamá! ¡Tenemos que probar pizza!

 

Pero ella simplemente se negó a comer pizza de cualquier tipo. Dijo que no le gustaba.

 

Así que en Roma, disfrutamos de otros platillos italianos – pastas, panes, calzones, carbonara, etc.

 

En Florencia, nos alojamos en un hotel que estaba en una zona céntrica, en donde pudimos salir y caminar a donde quisiéramos.

 

Entramos a diferentes tiendas y la gente local hablaba con nosotros – sin saber si hablábamos italiano – . Ayudaba un poco que yo he estudiado el idioma, y la única palabra que mi mamá sabía decir era “ciao”, así que ella constantemente saludaba y se despedía de la gente.

 

Un día, mientras caminábamos, viendo la hermosa arquitectura de Florencia, entramos a una tienda, y entablamos conversación con el dueño del establecimiento. Le dije que mi madre me había llevado a viajar por Italia; y el me dijo cuanto deseaba poder llevar a su madre a pasear por México.

 

Así que en mi italiano a medias, le pedí que nos recomendara un lugar en el que mamá y yo podíamos ir a comer. Le dije que quería ir a un restaurante que la gente local disfrutaba – no sólo a donde van turistas.

 

Nos dijo que en la “Piazza del Duomo” – la plaza junto a la Catedral de Santa María del Fiori (el Duomo), – habia un restaurante del que su amiga era la dueña, y que a menudo come ahí, nos prometió que disfrutaríamos la experiencia.

 

El chico nos acompañó a la zona de la plaza – a nuestra derecha estaba el Duomo, y a la izquierda había restaurantes, todos con mesas y sillas afuera de los locales, al aire libre, era tan “Italia”, tan perfecto, en un día con un clima tan precioso.

 

Cuando entramos en la explanada, hice lo que siempre hago cuando busco un buen lugar para comer: Busqué el restaurante con mas gente.

 

Qué coincidencia – el lugar con la mayoría de los clientes era el mismo lugar que nuestro nuevo amigo nos había recomendado.

 

Así que mamá y yo encontramos una mesa libre y nos sentamos.

 

Cuando nuestra camarera vino a tomar la orden, nos dijo de las ofertas del día, una de las cuales, era un descuento especial en pizzas. Me emocioné y voltee a mi mamá y le dije: “Mami, esta es tu oportunidad! Puedes probar su pizza!”

 

Ella finalmente empezó a ceder. Mi objetivo durante nuestro tiempo en Florencia era conseguir que mi mama probara pizza, y puedo decir que en ese momento lo estaba logrando.

 

“Si pruebo la pizza,” ella explicó. “Tiene que ser una sencilla.”

 

Asentí con la cabeza mostrando mi acuerdo.

 

“No me gustan todas esas capas de condimentos”, agregó. “Y la masa tiene que ser delgada. No me gusta la masa gruesa.”

 

Ella ni siquiera sabía que estaba describiendo un artículo con el que ya estaba familiarizada, pero la dejé que me explicara, y luego le dije que en el menú tenían Pizza Margherita (Margarita), que es una masa fina y crujiente con salsa de tomate, queso mozzarella y albahaca.

 

Ella pidió algún tipo de pasta, pero dijo que probaría mi plato e íbamos a compartir.

 

La camarera notó la vacilación de mi mamá cuando mencionamos la pizza, e inmediatamente le dijo: “Le va a gustar esta pizza!… Si no le gusta, no tiene que pagarla. Le prometo que le gustará.”

 

Cuando la comida llegó a la mesa, todavía tuve que hacer un poco de labor para convencer a mi mamá para probar la pizza, pero cuando ella finalmente dió la primera mordida a una rebanada, sus ojos se iluminaron como una noche de luna llena en Roma.

 

“¡Esto no es pizza!” Exclamó. “Esto es algo que nunca había probado antes.”

 

Era perfecta, desde la superficie de la masa, hasta la salsa y los condimentos; todo era como una sinfonía culinaria.

 

La salsa era dulce, pero perfectamente equilibrada, fusionando todos los ingredientes frescos, era una explosión de deliciosos sabores. La base era increíblemente crujiente.

 

Cuando la mesera regresó y nos preguntó sobre nuestra experiencia, mi mama le respondió con algunas nuevas palabras en italiano que había aprendido en el pasado.

 

“Bella!” Gritó ella. “Bellísima!”

 

La mesera quedo encantada por su respuesta, lo que provocó una especie de amistad entre nosotras tres. Mi mamá tendía a conseguir esa reacción por todas partes a donde íbamos – todo el mundo parecía genuinamente amarla y mostrarle mucho respeto en cuanto la conocían.

 

La mesera regresó con un postre especial, diciendo que era cortesía de la casa.

 

Después de otra breve conversación con ella, nos dimos cuenta de que la mujer que nos había atendido todo el tiempo era la dueña del restaurante – la misma persona, amiga del hombre que habíamos conocido mas temprano ese día.

 

Desde ese punto en el viaje hacia adelante, mi mama no quiso comer ninguna otra cosa, sino la Pizza Margherita, por todas partes a donde fuimos.

 

Volvimos al mismo restaurante varias veces antes de nuestra salida de Florencia, de hecho, mi mamá fue tratada como “Super Estrella” cada vez que regresamos. Ella tuvo una conexión especial con la gente de Florencia, aunque no hablaba el idioma, fue hermoso ver cómo la comunicación trasciende las palabras.

 

Yo estaba feliz de ver a mi mamá feliz. Me hace sonreír el solo recordarlo.

 

Nuestro tiempo en Florencia fue algo que nunca olvidare, y me ayudo a entender que la simplicidad de las cosas, muchas veces muestran otras cosas mas complejas.

 

Las comidas con los mas simples ingredientes, son muchas veces los mejores. En el mundo de las pizzas, en la vida. Puede ser que pienses que no tienes mucho que dar, no importa, mientras lo que sea que tengas, sea de la mejor calidad.

 

Igual que esta receta de Pizza Margarita!

 

Disfrútala!

 


 

Pizza Margherita (Margarita)

Masa:

 

1 Paquete de levadura activa

2 1/4 Tazas de harina de trigo

3/4 Tazas de Agua tibia

1 Cucharadita de sal

½ Cucharada de Aceite de oliva

 

Salsa:

 

5 Tomates pelados enteros o una lata de puré de tomate

2 Dientes de ajo

Un manojo de albahaca fresca

Un manojo de Perejil fresco finamente cortado

Un manojo Orégano fresco finamente cortado

1/4 Taza de Azúcar

2 Cucharada de aceite de oliva

Sal

Pimienta

1/3 Taza de queso Mozzarella. Si es fresco, córtalo en rodajas

 

PREPARACIÓN:

 

Masa: 

En un tazón mezcla la levadura, 1 Cucharada de harina y 1/4 Taza de agua tibia, cubre, dejando reposar durante unos 10 minutos (la mezcla debe obtener una textura cremosa pasados los 10 minutos).

 

Agregue lentamente la otra 1/2 Taza de agua, 2 Tazas de harina, aceite de oliva y sal, mezcle hasta que quede suave y un poco pegajoso. Si estas haciéndolo a mano, revuelve mezclando bien los ingredientes, amasando durante unos 5 minutos. La textura debe ser suave, elástica y un poco pegajosa.

 

Coloca en un recipiente engrasado y cubre con trozo de plástico. Deja reposar en un lugar fresco durante aproximadamente 2 horas.

 

Pre calienta el horno y ajusta a 475 * F, dejando las rejillas lo más bajo posible en el horno.

 

Si tiene piedra para hornear pizza, colócala en el horno de precalentamiento (475 * F)

 

Si no tienes piedra para hornear pizza, puedes utilizar una bandeja grande para hornear. Colocala en el horno para que se caliente mientras preparas la pizza afuera.

 

Corta una hoja de papel de horno (también llamado papel vegetal o papel sulfurizado), que sea del mismo tamaño de la bandeja en una superficie plana (en donde prepararas la pizza). Espolvorea un poco de maicena en el fondo y colocar la masa ya aplanada y con forma circular en la parte superior de la misma.

 

Si el borde de la masa se empalma con los bordes de la bandeja para hornear, intenta colocar la bandeja al revés (dejando la parte hueca hacia abajo).

 

Salsa de tomate:

 

En un sartén grande calienta (calor medio) el aceite de oliva. Saltea la cebolla y el perejil hasta que estén dorados, luego añade el ajo y el orégano durante unos segundos. Añade los tomates, aplastándolos, agrega sal y pimienta. Revuelve y deja hervir hasta que espese. (5-7 minutos)

 

Formación de la masa:

 

Una vez que esté listo para hornear la masa. Amásala, formando en una bola y aplástala, moldeándola y sobándola con tus dedos, estirándola en un forma circular delgada. Si es necesario, pon un poco mas de harina tus dedos. Trata de hacer la masa tan delgada como sea posible, alrededor de 1/16-inch o menos.

 

Extiéndela sobre el para hornear y deja reposar durante unos 10 minutos.

 

Montaje de la pizza:

 

Extiende la salsa, no en exceso, cuidando las orillas. A continuación, extiende el queso alrededor de la pizza, y hornear de 10-15 minutos.

 

Cuando la masa de la base se ha dorado (se ve crujiente), el queso es dorado y esta burbujeando está lista!

 

Cuidadosamente, saca la pizza del horno y transfiérela a una tabla de cortar. Dejar enfriar durante varios minutos.

 

Espolvorea las hojas de albahaca antes de cortar y a disfrutar!

 

Prueba esta receta y comparte con nosotros tu experiencia con #johastable 

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Las Arepas de Maita: 10 pasos fáciles para hacer arepas

Las Arepas de Maita

 

Hay un mercado cerca de nuestra casa, en donde venden hortalizas frescas cultivadas localmente, por muy buenos precios. Por ejemplo, pimientos verdes, rojos y amarillos por $ 0.69 cada uno, o bolsas de zanahorias grandes por solo $ 1.

 

Es genial para mi esposo y para mí, porque presupuestamos una cierta cantidad de dinero cada semana para comida, y también porque nos permite comprar productos frescos para alimentarnos saludablemente.

 

La semana pasada compramos maíz dulce fresco – mi esposo tenía la intención de hacer “grits” o pan de maíz.

 

No lo hizo.

 

Sin embargo, cuando vi las mazorcas me recordó un tiempo en mi niñez, cuando viví en Venezuela. Me recordó a mi abuela, Isabel. Nosotros la llamábamos “Maita”.

 

Recuerdo visitar a Maita sabiendo que iba a cocinar arepas, un pan venezolano hecho con harina de maíz, más grueso que una tortilla, pero más delgado que un bísquet.

 

Ella cocinaba algo diferente cada visita, pero algo que permaneció constante en su cocina fueron: las arepas. Y cuando Maita cocinaba arepas, las hacía desde cero.

 

Maita era una mujer de campo, pero vivía en una pequeña ciudad, Cabudare; así que su casa no era como el campo en donde creció. Pero tenía un tipo “granja miniatura” en el patio trasero de la casa. Tenía patos y gallinas, todo tipo de hierbas y verduras, varios árboles frutales… Todo en pequeña escala, en comparación con la parcela que ella y mi abuelo, Abuelito Gabino, poseían en otra zona. Tenía un molino en la esquina de la pesada mesa de madera roja en el área del comedor. Lo usaba para moler café, maíz, carnes y granos frescos.

 

Mis hermanos y yo peleábamos por ver a quién le tocaría moler maíz y café para ella. Cada vez que llegamos a su casa, y veíamos el maíz o los granos de cafe sobre la mesa, nos emocionábamos con la idea de usar el molino! Ahora veo que sutilmente nos estaba haciendo trabajar para ella, pero en ese momento, sólo pensamos que era divertido.

 

Así que una vez que el maíz se molía, ella hacía una especie de masa (harina de maíz), a la que le agregaba un poco de agua salada y la mezclaba. Nunca utilizó medidas, cocinaba “a ojo de buen cubero”, siguiendo solamente olores y sabores. Incluso si hubiera habido una receta, ella no la habría podido leer. Maita creció en una era de dictadura en Venezuela. Una época en la que a las mujeres no se les permitía asistir a la escuela, por lo que nunca aprendió a leer ni a escribir.

 

Pero no era ninguna tonta, y NADIE podía tratar de hacerla tonta. Aunque no podía leer frases de un libro, podía leer a la gente, y sabía cuando otros trataban de engañarla o “pasarse de vivos”; lo cual, conforme fue envejeciendo, muy rara vez ocurrió. La gente empezó a respetarla (y algunos a temerla ja!) por su franqueza, firmeza y obstinación.

 

Ella, para mí, era la prueba de que nada puede limitarte excepto tu mismo, y tu actitud ante la vida.

 

Así que, una vez que la mezcla ya molida se convirtió en masa, la moldeaba en pequeñas bolas, y las aplastaba dándole forma circular a la arepa con sus manos. Sus manos eran como décadas de lecciones de vida, y grandes reuniones familiares.

 

Como una mujer joven, adoptó cuatro de sus sobrinos y sobrinas, después de que su madre – su hermana Licha – murió. Así, durante sus veintes, Maita cuido a su madre y cuatro hijos, todo por sí misma. Luego, se casó con mi abuelito Gabino, alrededor de sus 30 años de edad. Durante años, antes del matrimonio, perfeccionó sus habilidades culinarias por necesidad. Usaba las manos para todo.

 

Recuerdo que cada una de sus arepas, tenía marcas de los pequeños pero fuertes dedos de Maita. Sus dedos eran tan fuertes como su voluntad – una voluntad que decidió, que la vida no iba a determinar su éxito, o el éxito de sus hijos. Una voluntad que nunca le permitió renunciar. De hecho, una vez casada, ella y abuelito Gabino tuvieron 3 hijos y una hija. (Uno de ellos mi padre). De los cuales, Todos fueron a la universidad, se graduaron y formaron sus propias familias.

 

Ella me demostró, que tus propias limitaciones no tienen que ser las limitaciones de tus generaciones venideras. Ella cocinaba las arepas en un “budare” (sartén seco o plancha), y nunca usaba una espátula, recuerdo que volteaba cada arepa con sus manos.

 

Incluso, utilizaba sus manos para distinguir si las arepas estaban bien cocidas. Ella tenía una manera especial para saber cuando cada arepa estaba lista, – las tomaba con sus manos, y les daba golpecitos con su dedo. Determinaba el grado de cocción de acuerdo al sonido que emitían al golpe.

 

Siempre hacía 2 arepas gigantes para el almuerzo de mi Abuelito, e incluso, cuando no estábamos allí para “ayudarla” a cocinar, comíamos sus arepas porque cada día nos enviaba una porción de ellas con mi padre. Ella vivió hasta sus ochentas, y murió el 29 de agosto de 2007, sólo unos años después de que mi familia se mudó a México.

 

A Maita le gustaba cocinar. Le encantaba cocinar arepas. Pero sobre todo, le encantaba cocinar arepas para nosotros. Era una de sus muchas maneras de demostrar cuánto nos amaba… Siempre la llevo conmigo en mi corazón.

 

Ahora, voy a darte un tutorial rápido de cómo hacer arepas como Maita (sin el maíz molido fresco)!

 

 

* (En Estados Unidos o en otros paises: Busca harina PAN en tiendas con productos latinoamericanos, o en cadenas de supermercado grandes con extensa selección de productos internacionales).


Cómo hacer arepas en 10 pasos sencillos (Tutorial con guía en fotos)

1. 1 Taza de agua tibia (esto es suficiente arepas para 2 personas) en un tazón de mezclar de tamaño mediano.

2. Agrega una cucharadita de sal al agua tibia.

3. Mezcla lentamente Harina PAN. En el agua

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Amasa hasta que este suave sin grumos.

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Hasta que espese (en la consistencia como puré de papas).

4. Deja reposar durante unos minutos mientras enciendes la estufa o la plancha a fuego medio-bajo y preparas el sartén antiadherente

5. Forma bolitas con la masa

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6. Aplana la bolita formando la arepa.

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7. Coloca las arepas sobre un “budare” (plancha o sartén) a fuego medio-bajo

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8. Cocina aprox. 7 minutos en cada lado (esto realmente depende del sartén.

Compara con la foto abajo, para que la arepa se parezca)

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y tápalas para mantener la humedad

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9. Retira del fuego una vez que estén listas. Sabrás que lo están cuando al darles golpecitos en el centro emiten un sonido hueco (Vee el video)

Cuando las arepas están listas 

10. Toma una arepa. Córtala por una de las orillas con un cuchillo, abriendo con cuidado, rellena con mantequilla, queso, carne, o cualquier cosa que desees y buen provecho!

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Dulce Tailandia, Dulce arroz con mango

Amo Tailandia!

 

Todo sobre ella: su gente, sus paisajes, la comida… Si… especialmente, la comida.

 

Hace unas semanas – a principios de Abril – cuando se acercaban las fechas en que se celebra el Año nuevo Tailandés, quise celebrar con uno de mis platillos tailandeses favorito: Mango Sticky Rice (Postre hecho a base de Arroz con mango y leche de coco)

 

En 2011, pase un poco mas de un mes en Tailandia. En aquel tiempo, acababa de llegar a Singapur, y tenia un contacto en Tailandia que estaba encargada de un orfanato, a quien decidí ir a ayudar, y también para explorar el país, con la intención de mudarme como misionera ahí.

 

Y déjame contarte que de verdad tuve la oportunidad de explorar.

 

Cuando llegue a Bangkok, llame desde el aeropuerto a mi único contacto en la ciudad, para confirmar en donde nos veríamos. Ella contesto, y me dijo que no estaba en la ciudad por el momento “regresa después”.

 

“Regresa después??” Como si se tratara de mi llegando después del horario de apertura de un supermercado. Esto era mas serio que llegar después de que cerraron la tienda – Yo estaba en un país completamente nuevo y mi único contacto me acababa de decir “regresa después”.

 

Sentí mucho miedo. Este era mi primer viaje a un lugar completamente desconocido.

 

Me sentí frustrada, y tiendo a culparme cuando las cosas no funcionan.

 

Enmudecí y me quede paralizada. Pensando “vete”, pero no tenia dinero para pagar un viaje de regreso. No sabia que hacer, a donde ir, a quien llamar.

 

Ni siquiera sabia como salir del aeropuerto.

 

Mi plan había fracasado.

 

Volví a la realidad – Necesitaba hacer algo. No podía solamente sentarme en el aeropuerto de Bangkok.

 

Todos mis miedos de pronto tornaron repentinamente en una nueva fuerza.

 

No se si tu que estas leyendo, crees en Dios, pero en ese momento, sentí una fuerza tan grande desde mis entrañas que la única palabra para explicarla es Dios.

El me dijo “Viniste hasta acá desde México. Saca el mejor provecho de esta oportunidad”. Sabia que Dios me había llevado a Tailandia con un propósito.

 

Los planes cambian, pero siempre hay un propósito, y normalmente, es bueno.

 

Y fue así como las cosas empezaron pasar.

 

Mis primeros días en Bangkok me aloje en una habitación en donde el único sonido que podía oír durante la noche, fueron las ratas corriendo por toda la habitación.

 

Pero sabia que de alguna manera, las cosas iban a mejorar.

 

Pocos días después de mi llegada, una muy buena amiga mía, vio una publicación que hice en Facebook y me contacto. Me dijo que se había mudado recientemente a Tailandia y vio que estábamos en la misma ciudad, así que me ofreció hospedaje, para que me quedara con ella y su bella familia.

 

En ese momento, pase de dormir en una habitación junto a ratas, a dormir en una casa junto al lago!

 

Los acontecimientos que tuvieron lugar en ese tiempo son lo que dieron forma al amor que siento por Tailandia.

 

Me di cuenta de que no necesitas pasar un tiempo muy largo con alguien para convertirte en alguien notable en su vida.

 

Pase varias semanas entre Bangkok – La mega ciudad, Chiang Mai – las áreas extremadamente turísticas, Mae Sot – la frontera con Myanmar, y Korat – la zona de campos del país.

 

Decidí que me mudaría a Tailandia.

 

Mi idea era volver a Singapur, recoger mis maletas y volver a Korat en dos semanas.

 

Ciertas circunstancias cambiaron mis planes y nunca volví. Hasta el día de hoy, me persigue esa idea… preguntándome que habría sido aquello que no sucedió.

 

Pero como dije antes, los planes cambian. Y siempre he sido del tipo de persona que sigue caminando a pesar de la tormenta.

 

Pensé en los altos y bajos de aquel viaje a Tailandia. Desde el temor aterrador que me paralizo al principio de mi viaje, hasta el primer día que salí a explorar la ciudad de Bangkok, comiendo Mango Sticky Rice (Dulce de Arroz y mango con leche de coco), ese viaje fue colorido con belleza total.

 

Recuerdo caminar por la ciudad, tomando tuk tuks, perdiéndome y encontrándome de nuevo una y otra vez. Me encontré un mercado en la calle (tianguis). Y me arriesgue a ordenar ese postre de arroz y mango.

 

Fue tan delicioso que cada que pude pedí el mismo postre en cada restaurante tailandés (probablemente si lo encuentro en el menú de algún restaurante local lo pido).

 

Todos estos pensamientos inundaron mi mente, supe que tenia que preparar este postre, solamente para satisfacer mi propio antojo.

 

No pude hacer el platillo inmediatamente. Porque se necesita equipo especial para prepararlo correctamente. Necesitaba comprar un Vaporizador de Bambú.

 

Encontré uno en oferta en un mercadito asiático local, pero se puede conseguir en línea por menos de 10 dólares.

 

Prueba esta receta y enamórate de Tailandia como yo lo hice. La preparación de este platillo requiere un poquito mas de dificultad que para otras recetas que he compartido (porque son varias cosas al mismo tiempo). Trata, valdrá la pena hacerlo.

 


 

DULCE DE ARROZ Y MANGO CON LECHE DE COCO – Mango Sticky Rice

(3 personas)

Ingredientes:

Salsa de coco dulce y Arroz:

1 Taza de arroz dulce glutinoso

2/3 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1/2 Taza de azúcar

Salsa de coco salada:

1/2 Taza de leche de coco

1/4 Cucharadita de sal

1 Cucharadita de harina de arroz / Maicena

1 Cucharadas de agua

2 Cucharadas de Mung beans tostados/ Semillas de sésamo tostadas.

2 Mango fresco pelado y cortado cuidadosamente en rodajas gruesas.

INSTRUCCIONES:

[Arroz glutinoso y Salsa Dulce]

Enjuaga el arroz en un tazón y disipar el agua hasta que el agua sea clara.

Déjalo remojando en agua durante la noche (o por unas pocas horas antes de cocinar).

A la mañana siguiente, cuela y escurre muy bien el agua.

Pon el arroz a cocer en la vaporear de bambú. Coloca una tapa encima del arroz para guardar el vapor.
(Nota: Yo tenia un pedazo de gasa en la cocina y lo puse en la parte superior del arroz antes de poner la tapa, sólo para asegurarme de que mantenía el vapor.)

Cuece a vapor sobre el agua hirviendo durante unos 30 minutos.

Mientras se cuece el arroz, en una olla pequeña a parte, a fuego medio, mezcla la leche de coco, el azúcar y la sal. Revuelve hasta que el azúcar se disuelva y apaga el fuego.

(No quieres cocinarlo durante mucho tiempo, usa el calor sólo para mezclar los ingredientes. Una vez terminado, ponlo a un lado y mantenlo caliente con su tapa puesta).

Una vez que el arroz se ha cocido, vacíalo en un recipiente y vierte inmediatamente la mezcla del dulce de leche. Revuelve y tápalo muy bien.

Es importante trabajar tan rápido como sea posible para mantener el arroz caliente.

De esta manera, mientras descansa, el arroz absorberá todo el líquido del dulce de leche.

Deja reposar durante unos 20 minutos. Después de que el tiempo haya pasado, abre y revuelve cuidadosamente otra vez. Déjalo reposar por lo menos otros 20 minutos.

Si no tienes vaporera de bambú, utiliza una vaporera de metal con una gaza alrededor del arroz para evitar que caiga en el agua hirviendo al fondo de la olla. O puedes tratar en la estufa.

Yo nunca he tratado de hacerlo de esta manera, pero aquí es una sugerencia:

Por cada 1 taza de arroz añade 1 y 1/4 Taza de agua.

Deja hervir con la tapa hasta que haya absorbido el agua (No agitar). Una vez que ha absorbido toda el agua, retíralo del calor con la tapa puesta y dejarlo reposar durante 10 minutos.

Salsa de Coco Salada:

Mezcle la harina de arroz / Maicena en agua hasta que ese disuelva.

En una olla pequeña, agrega la leche de coco, la sal y la mezcla de harina con agua. Cocina a fuego medio-bajo

Revuelve hasta que comience a hervir y a espesarse.

Apaga el fuego y déjalo enfriar.

(No lo cocines demasiado tiempo, sólo hasta que hierve la primera vez y comienza a engrosar, de lo contrario la leche de coco se disolverá y tendrás que empezar todo de nuevo!)

¡Si tus Mung beans (Moon beans) o las semillas del sésamo no están tostadas, tu puedes tostarlas!

Para los Mung beans: Hierve en una olla pequeña hasta que estén suaves.

Una vez suaves. Cuela el agua y colocarlos en toallas de papel, para que absorba el exceso de agua.

Tuéstalos en una sartén seco a fuego medio durante 3-5 minutos o hasta que estén ligeramente dorados, revolviendo de vez en cuando.

Semillas de sésamo: solo tuéstalos en el sartén hasta que doren.

Sirve una porción del dulce de arroz junto a algunas rebanadas de mango y añade un poco de la salsa de coco salado en la parte superior del arroz.

Espolvorea algunas de las semillas tostadas de Mung beans/ semillas de sésamo.

¡Disfruta!

Cocinando en Frances – Coq Au Vin

File May 05, 12 35 19 AM

Me pare en mi cocina el Domingo por la tarde y empecé a acomodar los trastes que se habían quedado desde la noche anterior secando. Teníamos amigos que nos visitarían para la cena y quería asegurarme de que todo estuviera en orden.

 

Mi esposo acababa de prender la televisión en la sala y vino a la cocina a preparar una “botanita” (pasapalo) que nos mantuviera sin tanta hambre hasta la hora que nuestros invitados llegaran para la cena.

 

Abrió el refrigerador y buscando entre los gabinetes, encontró los restos de un trozo de salami ruso que compramos la semana pasada en una tienda europea que encontramos en Baton Rouge. Después, encontró y abrió un paquete de queso de chivo y se fue a la alacena buscando galletas saladas.

File May 05, 12 35 34 AM

Corto en rebanadas delgadas el salami, apretó el plástico que cubría el queso, tomo las galletas, acomodando todo sobre nuestra tabla de madera camboyana Vandywood, convirtiéndola en una tabla de queso y charcutería, y me pregunto si quería un poco antes de que se regresara a la sala, para lo que indudablemente seria su “siesta dominguera”. Mi esposo necesita tomar una “siesta” los domingos por la tarde… Aparentemente que siente la necesidad de hacerlo, como un niño.

 

Mientras veía la preciosa bandeja de charcutería que Aarón hizo, recordé que hace un tiempo no muy largo, cuando mi mama y yo viajamos a por España, Italia y Francia, en nuestro camino para visitar a unos queridos amigos en el Reino Unido. Fue en Francia, que descubrí la esencia de la degustación de vinos y quesos.

 

Ese viaje fue hace cerca de dos años. Rente una habitación en un hotel muy pintoresco para mi madre y para mi en Paris.

 

El hotel era pequeño, pero lo suficientemente grande para tener un elevador, muy antiguo por cierto. Cuando hice la reservación, elegí la opción menos costosa porque estábamos viajando bajo presupuesto. Sin embargo, una vez que llegamos, el personal del hotel fue caluroso y atento; cuando nos vieron, nos ascendieron a una habitación con vista a la Torre Eiffel. Quizás, fue el hecho de que éramos una madre y su hija viajando y explorando vida juntas lo que los hizo ser mas generosos con nosotras.

 

El hotel ofrecía una degustación de vino y quesos cada noche. Yo había estado en degustaciones de vino y queso antes en mi vida, pero esta vez fue muy diferente! El queso era cremoso y muy sabroso; y el vino, emparejado con el queso, tenia sabores que nunca había notado antes en vino.

 

Siempre había oído a gente describiendo vinos – diciendo cosas como “es acido, o afrutado, o con sabor a nuez – honestamente, esta fue la primera vez que detecte esos sabores por mi misma. O tal vez, fue solo el hecho de que estaba en Paris, y la idea romántica del vino, queso y pan me envolvió… soy una romántica empedernida!

 

Durante ese tiempo, me acerque mas a mi mama, de una manera inexplicable. Reímos juntas, aprendimos sobre otras culturas juntas, conocimos a gente nueva juntas … y todo en un viaje en el que yo no estaba incluida.

 

Inicialmente, mi papa viajaría con mamá, pero debido a una situación con su pasaporte venezolano y retardos en una visa, no pudo ir, así que tome su lugar. (también fue bueno, porque hablo inglés y estudié francés e italiano en la escuela.)

 

Acomode el último de los platos, preparándome para nuestros invitados a la cena, me serví otra galleta con salami y queso de cabra, y empecé a recordar mi primera vez cocinando comida francesa – en la universidad, mientras estudiaba francés.

 

En la escuela a la que asistí en la Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al estudiar una lengua extranjera, nos sumergíamos en la cultura de esa lengua.

 

Así que para francés, aprendimos el idioma y entre otras cosas, algo de cocina francesa. Aunque mis habilidades en el idioma francés se han desmoronado con el paso del tiempo en mi memoria (ahora estoy tratando de recuperarlo), no creo olvidar jamás algo que una de mis profesoras nos enseñó a cocinar.

 

Coq Au Vin – Pollo al vino

 

Quizás por lo sabroso que fue, o, probablemente, lo recuerdo muy bien por las risas y la diversión que tuvimos durante su preparación con mis compañeros de clase. Como cuando supe que mi amiga/compañera de clase había contrabandeado dos botellas de vino al salón de clases para poder preparar el platillo.

 

Cuando empecé a recordar aquel Coq Au Vin, los ingredientes comenzaron a volver a mi memoria, y decidí tratar de reconstruir aquella deliciosa comida francesa… claro, sin el contrabando de vino!

 


Coq Au Vin

(Para 2 personas)

 

(Todas las medidas son aproximaciones. Yo fui ajustando las medidas conforme fui cocinando)

 

Ingredientes:

2 Piezas de muslo con piernas con hueso y piel

1 Taza de vino tinto. Tradicionalmente Burgundy (No teníamos Burgundy, así que usé Merlot – pero cualquier vino tinto seco esta bien.)

3 Tiras de Bacon cortadas en trozos (Aprox. 1/2 pulgada)

¼ Libra (1 Taza) de Champiñones, cortados en mitades

½ Cebolla amarilla picada finamente

1 Cucharadita de Aceite de oliva

1 Cucharadita de Tomillo seco (Usa un par de tallos de tomillo fresco en lugar de si puedes!!)

4 Cucharadas de mantequilla (media barra de mantequilla)

1 Cucharada de harina

½ Taza de caldo de pollo

Pimienta al gusto

Sal al gusto

 

INSTRUCCIONES:

 

Sazona el pollo con sal y pimienta. Déjalo a un lado reposando.

Precalienta el horno a 375* F (190*C)

En la estufa coloca el tocino en una cacerola – o sartén amplio – (Debe ser sartén/olla para hornear, porque mas adelante en la receta la meterás al horno)

Una vez cocido y crujiente, retira el tocino del fuego, escurriéndolo y dejando grasa en el sartén. (Si notas exceso de grasa, puedes retirar un poco)

Coloca el pollo en el sartén con la grasa del tocino. Cocina a fuego medio-alto hasta que la piel esté dorada y crujiente – no te preocupes por cocinar el pollo completamente en este paso. Se cocinará más tarde. Por ahora solo queremos darle color al pollo.

Una vez dorado, retira el pollo y colócalo a un lado.

En el mismo aceite, saltea la cebolla hasta que quede translúcida. Agrega los champiñones y cuece hasta que estén ligeramente dorados.

Añade la mantequilla hasta que se derrita y agrega la harina. Mezcla. Este paso engrosará su salsa.

Una vez muy bien mezclado, agrega el vino mientras que la cacerola esté a fuego medio por cerca de 5 minutos (en lo que se consume el alcohol). Añadir el tomillo y dejar cocer durante otros 5 minutos.

Agregue el tocino que se dejó a un lado. Vierte poco a poco el caldo de pollo, y deja cocinar unos minutos, moviéndolo según sea necesario. Prueba el caldo, añade mas sal o tomillo si es necesario.

Añade el pollo, sube la flama a fuego alto y baña (vierte cucharadas de la mezcla liquida sobre la carne) durante aprox. 2 minutos. Toma el sartén y con cuidado, colócalo en el horno en 375*F durante unos 45 minutos.

A los 30 minutos, abre el horno y con cuidado, de nuevo baña el pollo con cucharadas del jugo. Cierra el horno y déjalo terminar la cocción. Si ves que el pollo está listo antes de que los 45 minutos, sácalo del horno – El horno de cada casa trabaja diferente!

Retira del horno y dejar enfriar un poco.

¡Sírvelo con verduras frescas y Bon Appetite!

Curry indio y Naan (Pan)

File Mar 20, 11 36 01 PM

A mi esposo le encantan jugar con letras y palabras. Ha pasado la mayor parte de su carrera profesional como periodista en Mississippi y Louisiana.

 

Le gustan mucho los pasatiempos.

 

Por esa razón, disfruta mucho llenar crucigramas, que era lo que estaba haciendo la semana pasada, cuando tuvo uno de esos momentos de: “tengo la palabra en la punta de la lengua”.

 

“Amor, como se llama el pan indio? Nam? Nan?” – Me pregunto diciéndome también que era una palabra de tres letras que comenzaba con la letra “N”.

 

De pronto, mi mente se transporto a mi primer viaje a India, y empecé a oler todos aquellos diferentes aromas y sabores… me provoco ganas de preparar curry.

 

Mi primer viaje a India fue en 2010, y estuve alrededor de 6 semanas en Mumbai, trabajando en un orfanato y con la comunidad de eunucos.

 

En mi primer día en el país, me sirvieron curry, y pan indio “nan” (o naan). Mi primer bocado a aquel pan fue una experiencia celestial. Mi herencia venezolana-mexicana me llevo a describir nan como una versión mas inflada de las tortillas. Ver a la gente que preparaba la masa, maniobrando sobre sus cabezas como si fuera masa de pizza fue una hermosa experiencia para mi.

 

Por el contrario, mi experiencia con el curry… no fue tan hermosa al principio.

 

Come curry todos los días, a todas horas. Por alguna razón, no era del gusto de mi paladar. A pesar de eso, lo comí con una sonrisa, agradecida por quienes nos servían. Aunque honestamente, contaba las horas para la siguiente hora de comida, porque sabia que seria otro tipo de curry.

 

Durante ese mismo viaje a Mumbai, consideramos la posibilidad de disfrutar y ver la magnificencia del Taj Majal. No me arrepiento de muchas cosas en la vida, pero una de ellas (hasta el día de hoy), es no haber ido a verlo cuando tuve la oportunidad.

 

La verdad, es que quería ir. Pero después de expresar mi interés de ir y caminar alrededor de aquel maravilloso palacio, mi compañera de viaje en aquel tiempo me dijo “ah, es solo un edificio. No quiero ir.”

 

Así que no fuimos…

 

::carita triste::

 

Las seis semanas de viaje terminaron y deje India, regrese a Singapur, en donde estaba viviendo en aquel tiempo.

 

Un día en Singapur, alguien me dijo que podía conseguir plátanos (plátanos machos)- que es un alimento común en la comida mexicana y venezolana – en Tekah Market, in Little India, un área muy concurrida en Singapur.

 

Así que, como disfruto mucho cocinar, en especial platinos, tome el MRT en dirección a Little India un Sábado por la mañana.

 

Mientras estaba ahí, el olor de comida india siendo cocinada lleno el área de comida del mercado – la combinación de esos poderosos aromas lleno mi sentido del olfato y otros de mis sentidos, haciéndome recordar no solo India y su comida, sino que me hizo empezar a extrañar.

 

Fue en ese momento cuando me enamore de la comida india. No mientras estaba en India, sino en Singapur.

 

Así que, empecé a ir al mercado en Little India todos los sábados, observando con mas atención lo que los cocineros ponían en sus diferentes tipos de curry. Cada vez que tuve la oportunidad de hacerlo, probé curry de diferentes personas y aproveche las diferencias para empezar a definir perfiles en los sabores.

 

Probé curry en Singapur, Malasia y Tailandia. Y tiempo después recordé algo – Recordé un día mientras estaba en el orfanato en India, cuando la persona que cocinaba me explico como hacer curry!

 

En aquel momento no me importaba (aunque escuche la explicación de la mujer con una sonrisa de oreja a oreja), porque como mencione antes, el curry no era de mi interés en aquel tiempo – Creo que la razón por la que no lo disfrutaba, es porque estaba pasando por una etapa fuerte de choque cultural, y el curry tuvo mucho que ver con eso – Pero en esa nueva etapa, empecé a encontrar un nuevo amor por los sabores de la comida india, así que ahora me importaba, me importaba mucho. Y fue así como empecé a cocinar curry.

 

“Oh, olvídalo, ya me acorde. Es “nan”. Dijo mi esposo, refiriéndose a su crucigrama.

 

“Si! Es nan!” – Repetí.

 

Así que decidí hacer curry y nan.

 

Normalmente soy terrible para dar recetas, pocas veces las sigo. Pero hare mi mayor esfuerzo para compartir la receta del curry, y también del “nan”.

 

Una de las bellezas del curry – y una de las razones por las que este fue mi primer articulo – Es porque no existe una receta estricta a seguir; es únicamente una guía.

 

En la zona sur de India tienden a cocinar con condimentos y sabores mas fuertes. La leche de coco añadida en la receta ayuda a dar balance y condensar todos los condimentos uniformemente en el platillo – pero si te interesa sabores mas fuertes, añade menos leche de coco y poco mas de picante.

 

A continuación se encuentran los ingredientes del curry (como dije, hare mi mejor esfuerzo en dar las porciones aproximadas para cada ingrediente). También la receta del pan se encuentra a continuación :

 


 

CURRY

 

Aceite de coco

 

Pollo (o cualquier carne que se desee cocinar. Si es vegetariano, papas y/o tofu)

 

2 Cucharadas de curry en polvo

 

3 Dientes de ajo

 

1 Cucharada de Cardamom (sustituí con nuez moscada, porque no teníamos cardamom – que es una especia similar a una mezcla de nuez moscada, canela y jengibre)

 

1 Cucharada de nuez moscada (que fue mi sustituto)

 

1 Cucharadita de canela

 

1 Cucharadita de semillas de Cilantro (o un ramito fresco)

 

1 Pista de Cúrcuma – no añadir demasiado. Tiende a hacer el curry amargo después de un tiempo de cocción. El cilantro que agregué fue para equilibrar este efecto

 

2 Tomates, licuados

 

3 Dientes de ajo picados

 

1 Pedazo pequeño de raíz de jengibre, picada

 

½ Cebolla blanca bien picada

 

1 Tallo de Cebollín (Cebolla cambray), bien picado (se puede usar chalote en lugar de cebollín. Yo no tenía, así que lo sustituí)

 

¼ Taza de yogurt natural (Esto es una sustitución de la leche de coco que alguien me dijo en Malasia. Pero con cocina cuidado, si se cocina el yogurt demasiado tiempo, tendrá una reacción con la cúrcuma y amargara el platillo. Si es posible, sustituye la misma porción con leche de coco)

 

1/6 Taza de leche de coco. (No tenia cuando empecé a cocinar, pero mi esposo, amablemente fue a la tienda a comprar.) Asegúrate de que es leche de coco, no agua de coco.

 

Sal al gusto

 

Pimienta al gusto

 

 

Mezcla los ingredientes secos, hacerlos polvo y reservar.

 

Sazone el pollo con sal y pimienta y en aceite de coco. En un sartén a fuego medio-alto cocine hasta que se dore la superficie – no cocine a fondo – lo terminaremos de cocinar más adelante en la receta.

 

Saca y escurre la carne, deja reposando a un lado. Deja el aceite en el sartén y saltea la cebolla, el cebollín, el jengibre y el ajo. Una vez que tornen un color marrón dorado, añade el polvo seco para crear una masa pegajosa, después agrega los tomates ya licuados con cilantro (si es fresco). Revuelve continuamente mientras cocina a fuego bajo-medio.

 

Agrega el yogurt, luego la leche de coco. A continuación, añade el pollo y deje que hierva a fuego lento hasta que la carne este completamente cocida.

 

(También añadí papas a mi curry).

 

Agrega la sal y la pimienta, al gusto y deja cocer a fuego medio / bajo, revolviendo de vez en cuando.

 

¡Prueba! Si el curry sabe amargo, agrega un poco más de leche de coco y una cucharada de crema agria, o un poco de jugo de limón.

 

Sirve sobre arroz y buen provecho!

 

 

NAN

 

1 Cucharadita de azúcar

 

½ Taza de agua tibia

 

1 ½ Cucharadita de levadura seca activa

 

2 ½ Tazas de harina de trigo

 

¼ Taza de yogurt natural

 

1 Cucharada de aceite de oliva

 

Sal al gusto

 

 

Añade en un tazón el azúcar, el agua y la levadura – Deja reposar, cubierto en un lugar tibio sin mover, durante 10 minutos.

 

Toma la harina y esparce en una superficie plana en donde se amasara la masa. Haz un volcán, luego, vierte la mezcla de agua lentamente en la boca del “volcán”.

 

Mezcle con las manos hasta que se convierta en masa. Agregue mas harina si es necesario para lograr la consistencia deseada.

 

Añade yogurt, sal y aceite y continuar mezclando hasta que la masa ya no sea pegajosa.

 

Toma la masa y cubre con una toalla y deja reposar en un lugar cálido durante 45-60 minutos para permitir que la levadura surta efecto.

 

Amasa la masa un poco más.

 

Divide la masa en por lo menos 12 bolas de masa.

 

Aplana con un rodillo cada una de las bolitas de masa en forma circular. Coloca la masa aplanada en un sartén previamente calentado en la estufa con unas gotas de aceite. Cocina por ambos lados hasta que estén cocidas.