Las Arepas de Maita: 10 pasos fáciles para hacer arepas

Las Arepas de Maita

 

Hay un mercado cerca de nuestra casa, en donde venden hortalizas frescas cultivadas localmente, por muy buenos precios. Por ejemplo, pimientos verdes, rojos y amarillos por $ 0.69 cada uno, o bolsas de zanahorias grandes por solo $ 1.

 

Es genial para mi esposo y para mí, porque presupuestamos una cierta cantidad de dinero cada semana para comida, y también porque nos permite comprar productos frescos para alimentarnos saludablemente.

 

La semana pasada compramos maíz dulce fresco – mi esposo tenía la intención de hacer “grits” o pan de maíz.

 

No lo hizo.

 

Sin embargo, cuando vi las mazorcas me recordó un tiempo en mi niñez, cuando viví en Venezuela. Me recordó a mi abuela, Isabel. Nosotros la llamábamos “Maita”.

 

Recuerdo visitar a Maita sabiendo que iba a cocinar arepas, un pan venezolano hecho con harina de maíz, más grueso que una tortilla, pero más delgado que un bísquet.

 

Ella cocinaba algo diferente cada visita, pero algo que permaneció constante en su cocina fueron: las arepas. Y cuando Maita cocinaba arepas, las hacía desde cero.

 

Maita era una mujer de campo, pero vivía en una pequeña ciudad, Cabudare; así que su casa no era como el campo en donde creció. Pero tenía un tipo “granja miniatura” en el patio trasero de la casa. Tenía patos y gallinas, todo tipo de hierbas y verduras, varios árboles frutales… Todo en pequeña escala, en comparación con la parcela que ella y mi abuelo, Abuelito Gabino, poseían en otra zona. Tenía un molino en la esquina de la pesada mesa de madera roja en el área del comedor. Lo usaba para moler café, maíz, carnes y granos frescos.

 

Mis hermanos y yo peleábamos por ver a quién le tocaría moler maíz y café para ella. Cada vez que llegamos a su casa, y veíamos el maíz o los granos de cafe sobre la mesa, nos emocionábamos con la idea de usar el molino! Ahora veo que sutilmente nos estaba haciendo trabajar para ella, pero en ese momento, sólo pensamos que era divertido.

 

Así que una vez que el maíz se molía, ella hacía una especie de masa (harina de maíz), a la que le agregaba un poco de agua salada y la mezclaba. Nunca utilizó medidas, cocinaba “a ojo de buen cubero”, siguiendo solamente olores y sabores. Incluso si hubiera habido una receta, ella no la habría podido leer. Maita creció en una era de dictadura en Venezuela. Una época en la que a las mujeres no se les permitía asistir a la escuela, por lo que nunca aprendió a leer ni a escribir.

 

Pero no era ninguna tonta, y NADIE podía tratar de hacerla tonta. Aunque no podía leer frases de un libro, podía leer a la gente, y sabía cuando otros trataban de engañarla o “pasarse de vivos”; lo cual, conforme fue envejeciendo, muy rara vez ocurrió. La gente empezó a respetarla (y algunos a temerla ja!) por su franqueza, firmeza y obstinación.

 

Ella, para mí, era la prueba de que nada puede limitarte excepto tu mismo, y tu actitud ante la vida.

 

Así que, una vez que la mezcla ya molida se convirtió en masa, la moldeaba en pequeñas bolas, y las aplastaba dándole forma circular a la arepa con sus manos. Sus manos eran como décadas de lecciones de vida, y grandes reuniones familiares.

 

Como una mujer joven, adoptó cuatro de sus sobrinos y sobrinas, después de que su madre – su hermana Licha – murió. Así, durante sus veintes, Maita cuido a su madre y cuatro hijos, todo por sí misma. Luego, se casó con mi abuelito Gabino, alrededor de sus 30 años de edad. Durante años, antes del matrimonio, perfeccionó sus habilidades culinarias por necesidad. Usaba las manos para todo.

 

Recuerdo que cada una de sus arepas, tenía marcas de los pequeños pero fuertes dedos de Maita. Sus dedos eran tan fuertes como su voluntad – una voluntad que decidió, que la vida no iba a determinar su éxito, o el éxito de sus hijos. Una voluntad que nunca le permitió renunciar. De hecho, una vez casada, ella y abuelito Gabino tuvieron 3 hijos y una hija. (Uno de ellos mi padre). De los cuales, Todos fueron a la universidad, se graduaron y formaron sus propias familias.

 

Ella me demostró, que tus propias limitaciones no tienen que ser las limitaciones de tus generaciones venideras. Ella cocinaba las arepas en un “budare” (sartén seco o plancha), y nunca usaba una espátula, recuerdo que volteaba cada arepa con sus manos.

 

Incluso, utilizaba sus manos para distinguir si las arepas estaban bien cocidas. Ella tenía una manera especial para saber cuando cada arepa estaba lista, – las tomaba con sus manos, y les daba golpecitos con su dedo. Determinaba el grado de cocción de acuerdo al sonido que emitían al golpe.

 

Siempre hacía 2 arepas gigantes para el almuerzo de mi Abuelito, e incluso, cuando no estábamos allí para “ayudarla” a cocinar, comíamos sus arepas porque cada día nos enviaba una porción de ellas con mi padre. Ella vivió hasta sus ochentas, y murió el 29 de agosto de 2007, sólo unos años después de que mi familia se mudó a México.

 

A Maita le gustaba cocinar. Le encantaba cocinar arepas. Pero sobre todo, le encantaba cocinar arepas para nosotros. Era una de sus muchas maneras de demostrar cuánto nos amaba… Siempre la llevo conmigo en mi corazón.

 

Ahora, voy a darte un tutorial rápido de cómo hacer arepas como Maita (sin el maíz molido fresco)!

 

 

* (En Estados Unidos o en otros paises: Busca harina PAN en tiendas con productos latinoamericanos, o en cadenas de supermercado grandes con extensa selección de productos internacionales).


Cómo hacer arepas en 10 pasos sencillos (Tutorial con guía en fotos)

1. 1 Taza de agua tibia (esto es suficiente arepas para 2 personas) en un tazón de mezclar de tamaño mediano.

2. Agrega una cucharadita de sal al agua tibia.

3. Mezcla lentamente Harina PAN. En el agua

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Amasa hasta que este suave sin grumos.

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Hasta que espese (en la consistencia como puré de papas).

4. Deja reposar durante unos minutos mientras enciendes la estufa o la plancha a fuego medio-bajo y preparas el sartén antiadherente

5. Forma bolitas con la masa

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6. Aplana la bolita formando la arepa.

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7. Coloca las arepas sobre un “budare” (plancha o sartén) a fuego medio-bajo

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8. Cocina aprox. 7 minutos en cada lado (esto realmente depende del sartén.

Compara con la foto abajo, para que la arepa se parezca)

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y tápalas para mantener la humedad

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9. Retira del fuego una vez que estén listas. Sabrás que lo están cuando al darles golpecitos en el centro emiten un sonido hueco (Vee el video)

Cuando las arepas están listas 

10. Toma una arepa. Córtala por una de las orillas con un cuchillo, abriendo con cuidado, rellena con mantequilla, queso, carne, o cualquier cosa que desees y buen provecho!

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Maita’s Arepas; How to make Arepas in 10 easy steps

Maita’s Arepas

We have a market near our home that sells locally grown fresh vegetables for great prices. Like green, red and yellow bell peppers for $ 0.69 each, or bags of large carrots for just $1.

It’s wonderful to my husband and I, because we budget a certain amount of money each week for groceries and also because it allows us to purchase great fresh produce for healthy meals.

Last week we bought some fresh sweet corn – my husband intended to either make grits or cornbread with it.

He didn’t.

But seeing the ears of corn reminded me of a time in my youth, when I lived in Venezuela. And they reminded me of my grandmother, Isabel. We called her “Maita.”

I remember visiting Maita knowing that she was going to cook arepas, a Venezuelan bread made from corn meal, thicker than a tortilla, but thinner than a biscuit. She would cook something different each visit, but one thing always remained a constant in her kitchen – the arepas. And when Maita cooked arepas, she made them from scratch.

Maita was from the countryside, but lived in a town, so her house was not like the countryside she grew up in. But she had a miniature farm of sorts.

She had ducks and chickens, all kinds of herbs and vegetables, several fruit trees – all on a small scale compared to the farm she and my grandfather, Abuelito Gabino, owned in another area.

She had a grinder on the corner of the heavy, red, wooden dining room table. She would use it to grind fresh coffee, corn, meats, and grains.

My brothers and I would fight over who would get to grind corn and coffee for her. Anytime we arrived at her home and saw the corn sitting on the table, we would get excited at the prospect of using the grinder!

I see now that she was subtly making us work, but at the time, we just thought it was fun.

So once the corn was ground, she would make corn flour, then would add the flour to some salt water and mix it. She never used measures, but cooked on sight, scents and tastes alone. Even if there were a recipe, she may not have been able to read it anyway.

Maita grew up in an era of dictatorship in Venezuela; an era when women were not permitted to attend school, so she never learned to read or write. But she was no fool, and nobody could make a fool of her.

Though she couldn’t read words, she could read people, and knew when others were trying to cheat her, which, as she grew older, rarely happened. People actually began to fear her because of her straightforwardness, sternness and stubbornness.

She, to me, was proof that nothing can limit you except yourself and your attitude toward life.

So, once the flour became a dough, she rolled the dough into balls and formed the arepa discs with her hands. Her hands were like decades of life lessons and large family gatherings.

As a young woman, she adopted four of her nieces and nephews after their mother – her sister – died. So while in her early-to-mid 20s, Maita was caring for her mother and four children, all by herself. She went on to marry Gabino by age 30.

For years before marriage, she honed her culinary skills out of necessity.

She used her hands for everything.

I remember each arepa having indentions of Maita’s small-but-strong fingers.

Her fingers were as strong as her will – a will that decided life wasn’t going to determine her success or her children’s success. A will that never allowed her to give up.

In fact, once married, she and Gabino had 3 sons and a daughter. All of whom went to college, graduated and had families.

She proved to me that your limitations don’t have to be your offspring’s limitations.

She would cook the arepas on a dry skillet and never used a spatula. She would flip each arepa by hand.

She even used her hands to discern if the arepas were ready. She had a way to tell when each arepa was finished – she would pick them up and slap them with her finger. She’d determine the arepa’s readiness based on the thumping sound it made.

She always made 2 giant arepas for Abuelito’s lunch, and even when we weren’t there to help her cook, we would eat her arepas because every day she’d send a basketful home to us by way of my father.

She lived into her 80’s and died in 2007, just a couple of years after my family moved to Mexico.

Maita loved cooking. She loved cooking arepas. But most of all, she loved cooking arepas for us. It was one of her many ways of showing how much she loved us.

 

Now, I’ll give you a quick tutorial of how to make arepas like Maita (without the fresh ground corn)!

 

* (In the US or other countries: You can find “Harina PAN” -A special Corn meal for arepas- in Latino stores or supermarkets with a wide variety of international items).


 

How to make arepas in 10 easy steps (tutorial with picture guide)

  1. 1 Cup of warm water (this is for enough arepas for 2 people) in a medium-sized mixing bowl.
  2. Add a teaspoon of salt to warm water.
  3. Slowly mix Harina P.A.N. into water

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until smooth

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until it thickens (into mashed potato-like consistency).

4. Let sit for a few minutes while you turn on the stovetop or griddle to medium-low heat and prepare your non-stick pan.

5. Roll dough into balls

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6. Flatten dough ball into arepa

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7. Place arepas on cooking surface on medium-low heat

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8. Cook approx. 7 minutes on each side (this really depends on the pan, but see photo below for what arepa should look like)

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and cover to keep moisture in

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9. Remove from heat once they are ready. You’ll know they’re ready when they make a hollow sound when thumped in the center (see video below)

When arepas are ready

10. Cut open and fill with cheese, meat, or anything you want and enjoy!

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10 Tips to make your rice better

“You are what you eat.”

I guess it’s true, in a sense.

Many times, you can tell the personality of someone by his/her favorite foods.

What is your favorite food? What does it say about you?

I, for one, am a chameleon of sorts.

I am strong when I need to be; tender when the time calls for it; vibrant and colorful, yet neutral. I’m passionate and determined, but have insecurities and fears. Sometimes I feel underestimated, and others have the potential to bring out the best (and worst) in me. I dare myself to do crazy things, conquer my fears, and understand that details usually tell a larger story.

One of the first things I ever learned to cook, and still one of my favorite things to eat, says a lot about who I am. It is something small, something often considered a complement instead of the “main dish,” something widely overlook, but has the potential to standalone and be incredible all by itself – rice.

We always ate rice. In Venezuela it’s basically part of the daily diet –

rice, beans and plantains. You find that in every country in the Caribbean.

During my first year in Mexico after moving from Venezuela, I decided to make rice.

I had seen my mother and grandmother making it, so I thought it would be a fairly simple task. All I needed was rice, water and salt. I thought that would be easy enough.

So I grabbed a pot and added water and rice and brought it to a boil. Then I grabbed what I thought was salt and added that while the water was boiling.

I made several terrible errors in that first culinary attempt.

First, I didn’t measure anything … and I actually ended up making all of the rice. All of the rice! An entire kilogram.

For reference, 1 kg of rice was about a week’s worth of rice for our family of 5.

It started cooking, and the rice almost grew out of the pot because there was so much and the pot wasn’t large enough for an entire kilogram of rice.

Grandma never measured. I had watched her. But now I know it was just practice; she had been cooking so many years, she had it down to an art. Rice was easy for her.

And I didn’t add enough water, so in the end I found some of the rice was overcooked while a lot of it was severely undercooked. The bottom was also all burned because I didn’t know how high or low the heat should be.

And the worst thing I did was that I did not use salt to season the rice. I accidentally sprinkled in Baking Soda.

It was a truly embarrassing effort on my part.

My dad and older brother – Julio – ate it out of respect (and hunger, I think), but my mom and younger brother – Jorge – wouldn’t eat it out of wisdom. Or fear. Or maybe both.

I’ll never forget their faces. Julio actually added mayonnaise to try to mask the nasty rice taste.

After that day, my mom decided to teach me how to cook rice. She started with an easy method to make it.

A 1:2 ratio of rice to water with added onion, garlic and salt.

Then, years later, when I was about 24, I moved to Asia.

One of the first times I encountered many types of rice all in one place, I was overwhelmed by the variety, styles and colors of rice down a couple of aisles in a grocery store in India.

I had never realized there were so many types of rice – hundreds of varieties.

Long-grain, medium-grain, short-grain, yellow, white, brown, Jasmine, aromatic, Chinese black, Basmati … that’s just off the top of my head.

My friend and I walked into the grocery store after having the idea to bring rice to an orphanage where we were working at the time, and asked an employee to point us toward the rice. He asked what kind of rice we desired and we answered, “just regular rice.”

“What kind of regular rice?” he asked as he pointed toward the two aisles completely filled with different types of rice.

That’s when I learned about rice. It’s many styles, flavors, and eccentricities.

Now, I’m in America. And have more than a decade of experience with cooking rice, and though I have never claimed to be the best at it, it’s something I truly enjoy.

Most people already know how to cook rice, so I won’t be sharing a recipe in this post, but I have compiled a list of tips to cooking rice, as it can take years to perfect the art.

I do not own a rice cooker – I’d rather cook my rice in a pot on the stovetop. While living in Singapore, someone gifted me with a rice cooker, but to be honest, I simply prefer the stovetop.

 

Here are 10 easy tips to making great rice:

  1. Respect the rice – Let the rice take the time that it needs in order to cook. They’re not mashed potatoes. Put the rice in the pot and let it cook.
  2. Exact double portion of water – rice should be cooked on a 1:2 ratio with water.
  3. Cook on low heat – be patient. If you try to rush the cook of the rice you will end up burning it and undercooking it.
  4. “No lo batas” – My mother and grandmother constantly told me this, which just means don’t stir it. You don’t want to end up making sticky, smashed rice. Once it’s in the pot, put on the lid and leave it alone until it’s ready.
  5. Don’t open the lid – The secret for a fluffy, perfect rice, is to allow it to steam. The steam inside the closed-lidded pot, while the heat is on low, is what actually cooks the rice. It’s not about the water boiling, it’s about the rice cooking correctly.
  6. Sauté or rinse the rice – rice has lots of starch. When you sauté with oil, it basically coats each grain, allowing the rice to be cooked and get fluffy without sticking to the other grains. It’s a beautiful chemical reaction. Make sure not to leave it in the pan too long (you don’t want to burn the rice before you start cooking it!). When you rinse the rice, the same happens because you’re cleaning the starch off, but you must rinse it several times, and very well, to assure the starch is rinsed off fully. Also, after washing, the grain is very sensitive, so you must be careful when you put it in the pot so as to not break the grains.
  1. Use chicken stock or beef stock – To make rice more flavorful, add a stock instead of water. Flavor your rice according to your meal instead of always merely having simple white rice.
  2. Add garlic, onion and salt – I always add these ingredients before I begin boiling the rice. I like to sauté the rice (see tip 6) with onion, garlic cloves and salt. I love the slightly more intense flavors I get from this practice.
  3. Use a good pot – Make sure the bottom of the pot is not too thin, and use a pot that’s size is proportionate to the meal. A thin pot will cause the rice grains to burn more quickly.
  4. Practice – “la practica hace al maestro,” or “practice makes perfect.” Keep going! And try adding your own special flavors to make the rice your own. Also, check out recipes for more advanced types of rice, like aromatic rice and risotto. In the future, I’ll post recipes of risotto, so keep an eye out for that!
  5. Have fun and enjoy!

10 Consejos para hacer un mejor arroz

File Apr 08, 1 45 07 AM

“Eres lo que comes.”

 

Supongo que esta afirmación es verdad, de alguna manera.

 

Muchas veces, la personalidad de alguien puede deducirse por sus comidas favoritas.

 

¿Cuál es tu comida favorita? ¿Que dice sobre ti?

 

Yo, por ejemplo, creo que soy un camaleón.

 

Soy fuerte cuando necesito serlo; cuando el tiempo lo requiere; vibrante y llena de colores, pero neutral al mismo tiempo. Soy muy apasionada y decidida, pero también tengo inseguridades y miedos. A veces, me subestimo, y en otros momentos, tengo el potencial de sacar lo mejor (y lo peor) de mí misma. Me atrevo a hacer cosas locas (muy locas), conquistar mis miedos, y entender que los detalles normalmente, suelen contar una historia más grande.

 

Una de las primeras cosas que aprendí a cocinar, y todavía una de mis cosas favoritas para comer, dice mucho sobre quién soy. Es algo pequeño, algo a menudo considerado como un complemento (guarnición) en lugar del “platillo principal”, algo que se pasa por alto, pero tiene el potencial de ser independiente y ser increíble por sí solo – el arroz.

 

Siempre he comido arroz. En Venezuela es parte de la despensa básica –

 

Arroz, caraotas (frijoles) y tajadas (plátanos fritos). Se encuentran en todos los países del Caribe.

 

Durante mi primer año en México después de habernos mudado a Venezuela, un día decidí hacer arroz.

 

Había visto a mi madre y a mi abuela haciéndolo, así que pensé que sería una tarea bastante simple. Todo lo que necesitaba era arroz, agua y sal. Creí que sería bastante fácil.

 

Así que tome una olla, agregue agua y arroz; puse todo a hervir. Entonces tome del cajón de la despensa lo que pensé que era sal, y deje caer unas cuantas cucharadas sobre la olla, mientras el agua estaba hirviendo.

 

La verdad, es que cometí varios errores terribles en aquel primer intento culinario.

 

En primer lugar, no medir nada … así que terminé haciendo todo el arroz de la bolsa… Todo el arroz! Un kilo entero.

 

Para referencia, 1 kg de arroz equivalía aproximadamente a lo que mi familia de 5 consumía en una semana en diferentes comidas.

 

Comencé a cocinar, y el arroz creció hasta casi salirse de la olla, porque era tanto que la olla no era lo suficientemente grande para un kilogramo entero de arroz.

 

La abuela nunca media, yo la había observado. Pero ahora sé que era sólo práctica; había cocinado por tantos años que lo que hacia se convirtió en un tipo de arte. Hacer arroz era fácil para ella.

 

No añadí suficiente agua, así que al final, gran parte del arroz estaba cocido de mas, mientras que la otra parte estaba crudo. El fondo de la olla estaba quemado, porque yo no tenia idea de que tan alta o baja debía estar la flama.

 

Y lo peor que hice, fue que no usé sal para sazonar el arroz. Accidentalmente lo que vacié fue bicarbonato de sodio!

 

Fue una experiencia verdaderamente vergonzosa.

 

Aun recuerdo que mi papá y mi hermano mayor – Julio – lo comieron solo por respeto (y hambre, yo creo), pero mi mamá y mi hermano menor – Jorge – no lo comieron por sabiduría… o miedo, o tal vez un poco de los dos.

 

Nunca olvidaré sus caras. Julio le puso mayonesa para tratar de cubrir el sabor del arroz tan desagradable y salado.

 

Después de ese día, mi madre decidió enseñarme cómo cocinar el arroz. Comenzó con un método fácil para hacerlo.

 

Doble porción de agua sobre la proporción arroz y añadir cebolla, ajo y sal.

 

Años más tarde, cuando tenía unos 24 años, me mudé a Asia.

 

Una de las primeras veces que, me encontré con una inmensa cantidad de diferentes tipos de arroz en un solo lugar, me sentí abrumada por la variedad, los estilos y los colores del arroz, a lo largo de varios pasillos en un supermercado en la India.

 

Nunca me había dado cuenta de que había tantos tipos de arroz – cientos de variedades.

 

Desde grano largo, grano medio, hasta grano corto; diferentes colores, amarillo, blanco, marrón, jazmín, chino negro, integral, basmati, alborio… y esos son solo los que me vienen a la mente ahorita.

 

Mi amiga y yo entramos a un supermercado para llevar arroz al orfanato en donde estábamos trabajando en aquel tiempo, y le pedimos a un empleado que nos señalara en que pasillo estaba el arroz. Nos preguntó qué tipo de arroz deseábamos y respondimos, “sólo arroz regular”.

 

-¿Qué tipo de arroz regular? -preguntó mientras señalaba hacia los dos pasillos completamente llenos de diferentes tipos de arroz.

 

Ahí fue cuando empezó mi aprendizaje sobre arroz, sus diferentes tipos, estilos, sabores y excentricidades.

 

Ahora, estoy en Estados Unidos, y cuento con más de una década de experiencia cocinando arroz. Aunque nunca he afirmado ser la mejor cocinando, es algo que realmente disfruto hacer.

 

La mayoría de la gente ya sabe cómo cocinar el arroz, así que no voy a compartir una receta en este post, pero he compilado una lista de consejos para cocinar el arroz, ya que puede tomar años para perfeccionar este arte (yo sigo en proceso).

 

Yo no tengo “arrocera eléctrica” – prefiero cocinar mi arroz en una olla en la estufa. Mientras vivía en Singapur, alguien me dio una (rice cooker), pero para ser honesta, simplemente prefiero la estufa.

 

 

Aquí están 10 fáciles consejos para hacer un buen arroz:

 

  1. Respeta el arroz – Deja que el arroz tome el tiempo que necesita para cocinar. No es puré de papas. Pon el arroz en la olla y déjalo cocinar.
  2. Añade exacta doble porción de agua – arroz debe cocinarse en una proporción de 1: 2 con agua.
  3. Cocina a fuego lento – Se paciente. Si se intenta apresurar la cocción del arroz, terminarás quemándolo y cociéndolo a medias.
  4. “No lo batas” – Mi mama y mi abuela constantemente me decían esto, lo cual significa que no se mueva. No quieres terminar haciendo arroz pegajoso o una plasta. Una vez que está en la olla, se debe poner la tapa y dejarlo en paz hasta que esté listo.
  5. No abras la tapa – El secreto para un arroz esponjoso, perfecto, es cultivar vapor. El vapor dentro de la olla con tapa cerrada, mientras se cocina a fuego medio-bajo, es lo que realmente cocina el arroz. No se trata del agua hirviendo, se trata del vapor cocinando el arroz correctamente.
  6. Sofríe o enjuaga el arroz – el arroz tiene mucho almidón. Cuando se saltea (sofríe) con aceite, básicamente, el aceite cubre cada grano, permitiendo que el arroz se cocine y se moje sin pegarse a los demás granos. Es una hermosa reacción química. Asegúrate de no dejarlo en el sartén demasiado tiempo (No quieres quemar el arroz antes de empezarlo a cocinar!). Cuando se enjuaga el arroz, lo mismo sucede porque se está limpiando el almidón. Se aconseja enjuagarlo varias veces, para asegurar que el almidón se enjuaga por completo. Además, después del lavado, el grano es muy sensible, por lo que se debe tener cuidado al ponerlo en la olla para no romper los granos.
  7. Usa caldo de pollo o caldo de carne – Para hacer el arroz más sabroso agrega caldo en lugar de agua. Sazona tu arroz de acuerdo a cada comida, en vez de hacer siempre arroz blanco.

Añade ajo, cebolla y sal – Yo siempre agrego estos ingredientes antes de comenzar a hervir el arroz. Me gusta saltear el arroz (ver la punto 6) con cebolla, un par de dientes de ajo y sal. Me encantan los sabores ligeramente-intensos que resultan de este paso tan sencillo.

  1. Utiliza una buena olla – Asegúrate de que la parte inferior de la olla no es demasiado delgada, y que la olla que usaras, es de un tamaño proporcional a la cantidad de arroz por preparar. Una olla con fondo delgado hará que los granos de arroz del fondo se quemen rápidamente.
  2. Practica – “la practica hace al maestro”, o “la práctica es el camino a la perfección” ¡Sigue intentando! Y trata de añadir sabores personales para darle un toque especial a tu arroz. También, revisa recetas de tipos más avanzados de arroz, como arroz aromático y risotto. En el futuro, publicare recetas de risotto, así que “ojo pelao” a mis futuras publicaciones!

¡Diviértete y disfruta!

Pasticho: The Venezuelan Lasagna

While scrolling through Facebook, I came across a post from a friend of mine who lives in Venezuela, or so I thought. In his post, he was informing his friends that he had recently moved to Europe and was apologizing to all the people he was unable to say goodbye to.

I got a bit sentimental and said, “No. He’s the last one of the guys. He can’t leave!”

This friend – Pedro – was someone that was a childhood friend; one of several in a group of us who lived in the same apartment complex as children; we have all continued to stay in touch with one another throughout the years.

I spent the first 13 years of my life in Venezuela, before moving to Mexico. Most of the others in this group of friends in Venezuela moved away as well. Pedro was the last of us that remained.

I started thinking about those childhood days, living in that residential apartment complex. We didn’t have to go outside to play, we would just meet downstairs in the lobby area every day after getting home from school and doing homework. That’s why this group became so close.

There were 12 apartments in the building, four to each floor, and each family knew the others.

I remember making friends with the Italian family in the apartment above mine. I’m not exactly certain if they were in the country for business purposes, for family, or for some other reason, but I was glad they were there.

Venezuela, in that era, had a thriving petroleum industry, and many Europeans immigrated there in the 1940s-1980s as they left their war torn countries, seeking asylum and a better life for their families.

We had a lot of immigrants from Italy, France, Spain, Portugal and Arab nations. In the ’60s, Venezuela was becoming known as the “Dubai of Latin America.” One of the most beautiful things about Venezuela is the combination of people and their traditions, and the fact that no matter the color of a person’s skin, or the accent of one’s tongue, we’re all proud to be Venezuelan.

As I’ve grown older, I have realized the influence other countries have had on Venezuela through the many years, especially in food.

A couple of years ago, I had the opportunity to travel through Europe – My mother and I visited several countries, including France, UK, Spain, and Italy.

The first meal I ate while in Italy was lasagna. When I had that first bite of authentic Italian lasagna, my firth thought was, “wow, this tastes a lot like pasticho!”

So, a couple days ago when my friend posted that he would be leaving Venezuela, so many thoughts ran through my head, but nearly all of them ended at the same point: I want pasticho.

Pasticho is basically Venezuelan lasagna, but instead of marinara, we use a béchamel sauce, which is made with a milk-based roux.

This was one of my favorite meals as a little girl – and it’s still one of my all-time favorites.

Mom would cook the dish for me every year for my birthday. It reminds me of a simpler time; some of the best years of my life. It reminds me of myself – a mixture of flavors, some strong, some soft; a fusion of cultures, but very Venezuelan. A perfect mess.

In fact, the word “Pasticho” translated from Italian to English means “mess.”

So today, I made Pasticho. It’s similar to lasagna, but made with a cream sauce. Try it. I think you’ll like it. It is Venezuela.

 


 

Pasticho

(feeds 3-4 people)

 

Béchamel:

2 Cups of Milk

1 tsp Corn starch (maizena)

1 tsp All-purpose flour*

4 tsp Butter

1 pinch Nutmeg

1 pinch Salt

*If you don’t have cornstarch substitute it with flour.

Melt butter in the pan, on medium heat. When it starts to brown, add corn starch and flour. Continue stirring constantly, and add milk until the mix becomes smooth.

Add nutmeg and salt.

Once you get the consistency wanted take it out of the stove and letting seat in a side. (Consider that when it cools down the consistency is going to get a little thicker than when you first take it out of the fire).

** If the béchamel is too thick, add a little more of milk. If it is too light, let it simmer on low heat, stirring constantly.

 

Meat sauce and pasticho construction

2 Tbsp Olive Oil

1 Box of Lasagna pasta

1 lb ground beef

5 Chopped Tomatoes

1 clove Garlic chopped

1 Onion, finely chopped

1 Red bell pepper, finely chopped (optional)

1/2 Cup Red wine (I used brandy this time because we didn’t have red wine, and I really liked the results)

2 tsp Worcestershire sauce

Approx 7-10 stalks of fresh Parsley, finely chopped

Approx 10-12 large leaves of fresh Basil, finely chopped

1 tsp Oregano

1 bay leaf

1 pinch cumin

Pepper, to taste

Salt, to taste

2 cups Mozzarella cheese

Parmesan cheese

 

Preheat oven to 350 degrees.

Heat olive oil in large pan on medium heat and sauté garlic, onion and red bell pepper. Add tomatoes. When vegetable mix starts changing color, take half of it and blend.

Add blended mix back into vegetable mix.

Add ground beef, mix, and cook.

Add red wine and allow to simmer on low-medium heat for about 10 minutes to cook out alcohol.

Add Worcestershire Sauce, herbs, cumin, salt, pepper and bay leaf and let simmer on low for about 15 minutes.

In a square baking dish, coat sides with butter and place a few scoops of béchamel sauce on bottom of dish.

Place lasagna sheet(s) across bottom in layer-style.

Layer lasagna sheets, béchamel, meat mixture, and cheese. Then add another layer of pasta sheet, béchamel, meat and cheese – until ingredients are finished.

The last layer should be béchamel sauce with a thick layer of mozzarella and parmesan cheese.

Cover with aluminum foil and bake on 350 degrees for 25 minutes.

Remove aluminum foil and place uncovered dish back into oven for another 5 minutes to allow cheese to brown.

Remove from heat. Let cool.

Serve

Pasticho: La lasaña venezolana

File Apr 04, 12 20 45 AM

Mientras estaba revisando mi Facebook, encontré un mensaje de un amigo mío que vive -o eso pensaba- en Venezuela. En su mensaje, informaba a sus amigos que se había mudado recientemente a Europa, y se disculpaba con todas las personas de las que no pudo despedirse.

 

Me puse un poco sentimental y dije: “No. Es el último de los muchachos. ¡No puede irse!

 

Este amigo – Pedro – es mi amigo de infancia; uno de varios parte de un grupo de niños que vivíamos en el mismo complejo residencial de apartamentos. Todos, de una u otra forma, hemos seguido manteniéndonos en contacto a lo largo de los años.

 

Viví los primeros 13 años de mi vida en Venezuela, antes de mudarme a México. La mayoría de los otros aquel grupo de amigos en Venezuela, se mudaron también. Pedro fue el último de nosotros que quedó.

 

Empecé a pensar en aquellos días de mi infancia, viviendo en ese complejo residencial. No teníamos necesidad que salir a jugar a la calle, sólo nos reuníamos abajo en el “salón de fiestas” todos los día después de llegar a casa de la escuela y hacer la tarea. Es por eso que este grupo se hizo tan cercano.

 

El edificio contaba con 12 apartamentos, cuatro en cada piso, y todas las familias se conocían entre si.

 

Recuerdo haber hecho amigos con la familia italiana en el apartamento en el piso arriba del nuestro. No estoy exactamente segura de si sus antepasados llegaron al país con propósitos de negocios, por familia, o por alguna otra razón, pero me alegraba de que estuvieran ahí.

 

Venezuela, en esa época, tenía una industria petrolera próspera, y muchos europeos emigraron allí en las décadas de los cuarenta y principios de los ochenta, cuando abandonaron sus países desgarrados por la guerra, buscando asilo y una vida mejor para sus familias.

 

Teníamos muchos inmigrantes de Italia, Francia, España, Portugal y naciones árabes. Una de las cosas más bellas de Venezuela es la combinación de las personas y sus tradiciones, y el hecho de que sin importar el color de la piel de una persona, o la acento de la lengua, estamos orgullosos de ser venezolanos.

 

A medida que he crecido, me he dado cuenta de la influencia que otros países han tenido en Venezuela a través de muchos años, especialmente en la comida.

 

Hace un par de años tuve la oportunidad de viajar por Europa. Mi madre y yo visitamos varios países, incluyendo Francia, Reino Unido, España e Italia.

 

La primera comida que comimos al llegar a Italia fue lasaña. Cuando tuve ese primer bocado de auténtica lasaña italiana, mi primer pensamiento fue, “¡Wow, esto sabe como pasticho!”

 

Así que, hace un par de días, cuando mi amigo avisó que él estaría saliendo de Venezuela, muchos pensamientos pasaron por mi cabeza, que terminaron llevándome al mismo punto: quiero pasticho.

 

Pasticho, es básicamente una lasaña venezolana, pero en lugar de marinara, utilizamos una salsa béchamel, que se elabora con un ‘roux’ a base de leche.

 

Esta fue una de mis comidas favoritas cuando era niña – y sigue siendo uno de mis favoritas-

 

Mamá cocinaba este platillo cada año para mi cumpleaños. Me recuerda un tiempo más simple; algunos de los mejores años de mi vida. Me recuerda a mí misma – una mezcla de sabores, algunos fuertes, algunos suaves; una fusión de culturas, pero muy venezolana. Un lío perfecto.

 

De hecho, la palabra “Pasticho” traducido del italiano al español significa “lío”.

 

Así que hoy hice Pasticho. Es similar a la lasaña, pero hecha con una salsa de crema. Inténtalo. Creo que te gustará. Es Venezuela.

 


 

Pasticho

 

(3-4 personas)

 

Bechamel:

 

2 Tazas de leche

 

1 Cucharadita de fécula de maíz (maicena)

 

1 Cucharadita de harina de trigo*

 

4 Cucharaditas de mantequilla

 

1 Pizca de nuez moscada

 

1 Pizca de sal

 

* Si no se cuenta con maicena, sustituir la porción con harina de trigo.

 

Derrite la mantequilla en la cacerola, a fuego medio. Cuando comienza a dorar, agrega la maicena y la harina. Continua removiendo constantemente, y agrega la leche hasta que la mezcla se disuelva y se vuelva suave.

 

Añadir nuez moscada y sal.

 

Una vez que obtengas la consistencia deseada, quita de la estufa y deja reposando. (Hay que tener en cuenta que cuando se enfríe la mezcla, la consistencia será mas espesa que cuando recién se aparto del calor).

 

** Si la salsa béchamel es demasiado espesa, añade un poco más de leche. Si es demasiado ligera, deja que hierva a fuego lento, revolviendo constantemente.

 

 

Salsa para la carne y pasticho:

 

2 Cucharadas de aceite de oliva

 

1 Caja de pasta de lasaña

 

1 lb de carne de res molida (aprox. 1/2 Kg)

 

5 Tomates picados

 

1 Diente de ajo picado

 

1 Cebolla picada finamente

 

1 Pimiento rojo finamente picado (opcional)

 

1/2 Taza de vino tinto (Esta vez use brandy porque no teníamos vino tinto, y me gustó mucho el resultado, es un poco mas dulce)

 

2 Cucharaditas de salsa inglesa (Worcestershire)

 

7-10 Tallos de perejil fresco, finamente picado

 

10-12 Hojas grandes de albahaca fresca, finamente picada

 

1 Cucharadita de orégano

 

1 Hoja de laurel

 

1 Pizca de comino

 

Pimienta al gusto

 

Sal al gusto

 

2 Tazas de queso mozzarella

 

Queso parmesano rayado

 

 

INSTRUCCIONES

 

Precalentar el horno a 350 grados Fahrenheit (180*C)

En la estufa, calienta el aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio y saltea el ajo, la cebolla y el pimiento rojo. Añadir los tomates. Cuando los vegetales empiecen a cambiar un poco de color, toma la mitad de la mezcla y licúala.

Agrega la mezcla licuada de nuevo al sartén con el resto, sigue moviendo.

Agrega la carne molida, mezcla bien y deja que se cocine.

Añade el vino tinto y deje que hierva a fuego lento durante unos 10 minutos para cocinar el alcohol.

Añade la salsa inglesa, las hierbas, el comino, la sal, la pimienta y la hoja de laurel. Deja hervir a fuego lento durante unos 15 minutos.

En un traste para hornear cuadrado, engrasa las paredes del molde con mantequilla y vacía un par de cucharadas de salsa béchamel en el fondo del plato.

Coloca las laminas de lasaña en la parte inferior del molde, haciendo una capa que cubra todo el fondo. Corta y suma pedazos de laminas de pasta si es necesario, o corte si sobra.

Cubre la capa de lasaña con una capa de salsa béchamel, seguida de otra capa de carne y otra de queso. Seguidas de otra capa de pasta, otra de bechamel, una mas de carne y una de queso – hasta que los ingredientes se terminen o llegue al tope de su molde (normalmente a mi me caben 3 capas de cada ingrediente).

La última capa debe ser salsa bechamel con una gruesa capa de queso mozzarella y queso parmesano.

Cubre con papel de aluminio y hornear a 350*F (180*C) durante 25 minutos.

Retira el papel de aluminio y cuidadosamente, coloque el molde descubierto nuevamente en el horno. Esta vez solo por 5 minutos para permitir que el queso de arriba se dore.

Pasados los 5 minutos, retíralo del horno. Deja reposar por 10 minutos.

Sírvela.